AFRONTAMIENTO DE CONFLICTOS SOCIALES
Entrevista a Carlos Martín Beristain y Francesc Riera Por Carolina Gutiérrez de Piñeres Botero Carlos Beristain y Francesc Riera participaron en Guatemala y el Salvador en la reconstrucción del tejido social con personas, organizaciones y comunidades. En Colombia trabajaron en la reconstrucción del tejido social con más de mil personas cada año y preparando al equipo de voluntarios en el Chocó, Urabá, Medellín, Bogotá y Barrancabermeja. En el 90 escribieron el libro Afirmación y Resistencia: La comunidad Como apoyo. (1993), que es considerado fundamental para aquellas personas que trabajan con victimas de la violencia política. Esta presentación evidencia que son dos interesantísimos personajes y sobretodo excelentes seres humanos, que concedieron una muy valiosa entrevista para difundir su experiencia y sabiduría a toda la comunidad de profesionales de Psicología Jurídica Org. 1. Que hacer para sensibilizar a toda la población, independientemente de que sean victimas directas o no, frente a situaciones en las que se violan los derechos humanos? Frente a delitos respecto a los cuales no ha habido información o investigación, como los que describes, la opinión pública o lo que llamamos conciencia colectiva se muestra indiferente porque no ha habido ni la información, ni la difusión de análisis u opiniones sobre ese tipo de hechos. La mayor parte de las veces porque existe una complicidad o han sido realizados directamente por agentes del Estado y permanecen ocultos salvo para los grupos más comprometidos o que se identifican más con las víctimas. En países como Guatemala o Colombia, por poner dos ejemplos cercanos, mucha gente ha vivido al margen de esos hechos dado que no se registran en los medios de comunicación masivos. Eso actúa como un factor objetivo de facilitar ese tipo de violaciones que se mantienen porque existe una dosis muy importante de silencio o indiferencia. Por otra parte todas las formas de terror mandan un mensaje de insensibilización a quienes no se sienten identificados con las víctimas, de forma que se conviertan en espectadores pasivos o se den mecanismos de conformidad con la situación (aceptarlo como mal menor, justificarlo o simplemente ignorarlo). El clima de miedo induce a la conformidad, al silencio y al escapismo. Por otra parte son frecuentes las memorias defensivas de grupos enfrentados (ser sensible frente al sufrimiento de mi grupo, pero ignorar el de los considerados adversarios). Se necesita poner puentes en esas memorias defensivas y que se dé un reconocimiento plural del sufrimiento. Para eso se necesitan procesos sociales e iniciativas más amplias, básicamente en tres sentidos: 1) que los medios de comunicación recojan en su información y análisis ese tipo de violaciones, para lo que es necesario educar a los profesionales y estimular medios más abiertos y críticos. 2) promover la denuncia y el conocimiento de esas violaciones especialmente de fuentes que cuenten con la información directa, la credibilidad y el apoyo para que puedan tener resonancia. A eso han contribuido organizaciones internacionales pero también experiencias locales como la Vicaría de la solidaridad en Chile o la oficina de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador. 3) desarrollar iniciativas que hagan que la sociedad tenga que confrontarse con la existencia de ese sufrimiento sin poner negarlo. En algunos países eso ha sido posible por el papel que han cumplido organizaciones sociales, sectores de la iglesia, entre otros, que se han comprometido en la defensa de los derechos humanos y que han publicado sus investigaciones con una fuerte relevancia pública, a través de iniciativas como Comisiones de la Verdad, etc. En el caso del REMHI en Guatemala mucha gente de la capital del país especialmente se confrontó con la historia que habían contado las víctimas y que hasta entonces no había sido escuchada: les dio una imagen de la realidad que desconocían totalmente. Se necesitan espacios para que esa historia sea validada y un proceso pedagógico para que esto sea asumido como parte de la conciencia colectiva. 2. En conflictos similares al de Colombia, según lo que han vivido ustedes, cuales son las experiencias que han tenido la una salida eficaz? Que formas alternativas de resolución de conflictos han sido utilizada eficazmente en otros países, específicamente hablando de delitos de Lesa Humanidad? Es difícil hablar de eficacia de esos procesos sin tener claro de qué estamos hablando o de eficacia para quien. Muchos de los procesos de negociación o búsqueda de salidas a conflictos armados pueden ser vistos como formas de intentar aumentar la gobernabilidad de la situación, ganar control sobre el adversario o de reconstruir el tejido social y buscar nuevos consensos sociales para la paz. Sabemos por la experiencia de América Latina y Sudáfrica, entre otros procesos que: 1- Esos procesos no pueden estar basados en la impunidad. Eso deja en la cuneta de la historia a mucha gente, y produce una herencia de corrupción, nuevas formas de violencia social y falta de mecanismos para resolver los problemas sociales ya que no se restaura el sentido de justicia. En el caso de Sudáfrica se ensayó una relación diferente entre verdad y justicia, planteando un comité de Amnistía para evaluar la oportunidad o no de indultos individuales, siempre que el perpetrador facilitara toda la información de que disponía, el hecho tuviera un claro carácter político y otras garantías más evaluadas por un comité independiente de reconocidos juristas. 2. Se necesitan nuevos consensos sociales para la paz. En países como El Salvador o Guatemala, el cierre del espacio social después de la firma de Acuerdos de Paz, la falta de garantías en el cumplimiento de los mismos o la falta de cambios económicos o sociales significativos ha hecho que se reproduzcan formas de violencia social y política muy negativas que vuelven a amenazar a las mismas víctimas, los procesos de convivencia y la estabilidad social. En el caso de Timor del Este y Sudáfrica son los dos únicos casos en los que las víctimas y marginados de los regímenes anteriores tuvieron un cierto control del proceso posterior (en un caso la población negra víctima del apartheid y en el otro la población Timorense que vivió la ocupación Indonesia), cosa que no se ha dado en América Latina. 3. Se necesita promover el reconocimiento de los hechos, la investigación de la verdad que esclarezca lo sucedido y las responsabilidades, promover la dignificación de las víctimas. En varios países ese trabajo ha sido encomendado a comisiones de la verdad independientes que han contribuido al reconocimiento de los hechos y han puesto en la agenda de la reconstrucción las necesidades de reforma del estado, afrontar los conflictos sociales o la desigualdad económica, y atender a las necesidades de las víctimas. Sin embargo la falta de mecanismos de supervisión de muchas de esas medidas ha hecho que se queden en papel mojado y no se hayan dado pasos significativos. 4. Es importante la participación de la sociedad civil en el proceso, de forma que las salidas al conflicto no sean decididas por las élites dominantes o por las cúpulas militares enfrentadas en el conflicto. En ese sentido la experiencia de El Salvador con el Comité del Debate Nacional o la experiencia de Guatemala a través de la Asamblea de Sectores civiles fueron una buena muestra de cómo el protagonismo de la sociedad puede convertirse en una energía positiva en la búsqueda de salidas políticas al conflicto armado. 3. Como en el libro de Viktor Frankl, ” El Hombre en Busca de Sentido”, en muchas situaciones quienes han sido victimas, vuelven a ser victimizadas y revictimizadas; que mecanismos de afrontamiento han utilizado dichas personas para sobrevivir y sobreponerse. Por ejemplo recuerdo en este momento a Fabiola Lalinde (una mujer ejemplo de vida para muchos) cuyo mecanismo ha sido, la denuncia permanente, pero también el “humor” constante, como ella misma lo dice. Muchas víctimas de violaciones de derechos humanos nos han enseñado formas constructivas de enfrentar el dolor y el sufrimiento. Sabemos también por la investigación que las personas que se culpabilizan o se vuelven pasivas, enfrentan peor las consecuencias de hechos traumáticos. La auto-revelación y regulación de emociones – no la mera descarga y expresión emocional- son un factor de protección. También las formas de evaluar la situación o encontrar un significado a lo sucedido – a partir de elementos ideológicos, culturales o religiosos- así como las formas de dar un sentido positivo a su lucha pueden ser muy positivas. Sabemos que la gente que se aisla o que no ha encontrado espacios sociales para compartir su experiencia se va a encontrar peor que las personas que han podido integrarse en su grupo o relaciones sociales y han buscado formas de gratificación realistas. Sin embargo no hay cosas que siempre sean positivas o siempre negativas, hablamos más de cosas que son adaptativas a un contexto, por ejemplo la desconfianza extrema es un mecanismo adaptativo en un contexto muy hostil como la tortura, pero muy negativo en el contexto familiar de reintegración de una persona que fue capturada. Depende también de variables personales, dado que hay gente más expresiva y personas más inhibidas habitualmente. Por otra parte están los mecanismos colectivos. También hay grupos o comunidades que afrontan los hechos traumáticos de diferentes formas. En el caso del trabajo del proyecto de Reconstrucción de la Memoria histórica de Guatemala analizamos los testimonios de 5000 personas que vinieron a dar su testimonio. Las formas de afrontamiento que encontramos fueron individuales y colectivas y las resumimos en estos cinco puntos: a) Vivir en medio de la violencia. Mucha gente tuvo que adaptarse a vivir en un contexto militarizado durante años, utilizando para ello: las formas de preservación (como el no hablar y tratar de controlarse), el apoyo mutuo (como las conductas de solidaridad), tratar de hacer algo para enfrentar los hechos (como buscar a sus familiares), o las formas de afrontamiento religioso (sentimientos de protección de los sobrevivientes). b) Huir para defender la vida. Las migraciones forzadas han conllevado también muchas formas de defensa activa: un afrontamiento colectivo de huida, asociado a la experiencia del exilio (en México, especialmente) y desplazamiento a la montaña, donde decenas de miles de personas encontraron refugio temporal. c) Defensa de la comunidad. La precaución, vigilancia y organización comunitaria, fue parte de las la vida de las comunidades en el exilio o en la montaña, donde se dio una reestructuración de la vida cotidiana y del poder local. Muestra un afrontamiento instrumental colectivo. d) Resistencia en situaciones límite. Muchas personas manifestaron graves consecuencias a causa de la tortura y vida en la montaña, pero también demostraron una enorme capacidad de enfrentar las experiencias traumáticas. En el afrontamiento de esas experiencias límite aparecieron como recursos importantes, las propias convicciones personales y el apoyo de otros. En el caso de la cultura maya, los sueños tienen una interpretación cultural en relación con la vida de la persona o la comunicación con los ancestros. Muchos sobrevivientes describen sueños que tuvieron en general un significado positivo, y que les ayudaron a estar mentalmente activos y mantener la esperanza. e) Tratar de cambiar la realidad. Otros testimonios refieren el compromiso sociopolítico y la reinterpretación positiva de lo ocurrido, como una manera de enfrentar la violencia. Globalmente es una dimensión menos frecuente de afrontamiento cognitivo e ideológico. A pesar del gran efecto desmovilizador de la represión política, también hubo personas que se organizaron en grupos como consecuencia de haber sufrido directamente la violencia. En un primer momento esos procesos organizativos obedecieron a razones prácticas y a formas de apoyo mutuo frente al miedo. Pero para muchas personas ésta ha sido también una manera de luchar contra las causas de la pobreza e injusticia. 4. Sabiendo que la cárcel no es una solución cuando son muchos los victimarios, pero que tampoco se puede acudir a leyes de “perdón y olvido”, ni de amnistía, ni de indulto, podría pensarse en Justicia Restaurativa como una forma alternativa de salida al conflicto Colombia, por lo menos en alguna medida? La primera cuestión es entender que la justicia restaurativa se puede dar sólo después de un proceso de investigación, reconocimiento de la verdad y sanción social a los responsables de atrocidades contra la población civil y violaciones graves de los derechos humanos o del DIH. Se necesita conocer la verdad, validar socialmente la experiencia de las víctimas, convertir esa memoria en parte de la conciencia colectiva, y desmantelar los mecanismos que han hecho posible el horror. La justicia restaurativa es un intento de explorar formas de reparación que incluyan penas o medidas de compensación, etc. por parte de los perpetradores, pero para que sea efectiva necesita tener en cuenta las demandas y expectativas de las propias víctimas. No puede ser considerado desde afuera como un sustituto de la justicia penal. Las formas de reparación, o mejor dicho las medidas tendentes a mitigar el daño -puesto que hay muchas cosas que no se pueden reparar ni restaurar- deberían considerar los principios que ya han sido investigados internacionalmente y considerados por la ONU como componentes del derecho de reparación (habitualmente llamados Principios de Joinet), tales como: Según la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la reparación debe cubrir la globalidad de perjuicios que sufrió la víctima; comprende las medidas individuales relativas al derecho a la restitución, a la indemnización y readaptación, de una parte, por medios de reparación de alcance general como medidas satisfactorias, así como garantías de no ser sometidos de nuevo a dichas acciones por otra. • Por medidas de restitución se entienden aquellas que tiendan a poner a las víctimas en una situación parecida a como se encontraban antes de las violaciones (empleo, propiedades, retorno al país). • Las medidas de indemnización se refieren a las compensaciones económicas por los daños sufridos, como por ejemplo el perjuicio físico o moral, la pérdida de oportunidades y educación, la falta de ganancias secundaria, y los atentados a la reputación y la dignidad. • Por medidas de readaptación se entienden aquellas destinadas a cubrir los gastos de atención medica y psicológica o psiquiátrica, así como servicios sociales, jurídicos y otros. • Por último, entre las medidas de reparación de carácter general se incluyen las de tipo simbólico tales como el reconocimiento público de su responsabilidad por parte del Estado; las declaraciones oficiales rehabilitando víctimas en su dignidad; las ceremonias conmemorativas, monumentos y homenajes a las víctimas; o la consideración –en los manuales de historia y de capacitación de los derechos humanos– de la narración fiel de las violaciones de gravedad excepcional cometidas. • El derecho de reparación incluye también las garantías de que no se seguirán cometiendo las violaciones a los derechos de la gente: disolución de los grupos armados para-estatales; eliminación de dispositivos excepcionales, legislativos u otros, que favorezcan las violaciones; y las medidas administrativas que conciernen a los agentes del Estado que han tenido responsabilidades en las violaciones y atrocidades.


