Posted on January 24, 2010 | Category: CONFERENCIAS
PERSPECTIVA VICTIMOLÓGICA EN LA SOLUCIÓN DE CONFLICTOS SOCIALES
Fernando Díaz Colorado
Uno de los valores fundamentales de la existencia humana es la justicia,
Que no es otra cosa, que la búsqueda permanente por aliviar el sufrimiento.
FDC
La situación actual del conflicto en Colombia, amerita una reflexión crítica del escenario futuro en relación con el proceso de paz y el punto final de este. Lo dramático de la guerra, lo deshumanizante de sus procedimientos, los crímenes que en nombre de la razón de cada uno de los contendiente en él argumentan cada cual por su lado, requieren de una análisis que contemple la perspectiva histórica, donde se devele lo sucedido a través de la memoria colectiva y no del olvido cómplice que sólo nos conduciría a la impunidad y a la injusticia. De igual manera, la solución al conflicto debe ir de la mano de un proceso que se fundamente en la verdad, la justicia y el perdón, como bien lo señaló Francisco Estrada (2) tras el asesinato de los jesuitas en el Salvador durante el conflicto que esta nación padeció recientemente. La historia ha sido entendida hasta hace muy poco como la que relata lo sucedido, pero no hay duda que el relato es el que elaboran los que vencen en la confrontación; las víctimas no tienen quien les narre su historia, bien decía un antiguo proverbio africano que solo hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.
En opinión de Walter Benjamín (3), hay dos formas de concebir la historia. La primera como un agregado de datos que conforman una imagen global con la que se puede y se debe identificar un pueblo y de las cuales las generaciones actuales se deben sentir orgullosas y para eso hay que saber olvidar y saber recordar. Y la segunda como posibilidad o imposibilidad de que un acto comprometa al todo, es decir, una visión de la historia como intersección y no como mera continuidad, donde hay hechos concretos que comprometen toda una época y que requieren ser conocidos. Sin duda que la realidad social entendida desde esta perspectiva, solo puede comprenderse cuando se produce un encuentro entre la experiencia histórica y la reflexión teórica; la razón es histórica y solo hay reflexión donde se descubre la opresión. La historia de nuestro conflicto debe contemplar una reflexión donde se descubre la opresión. La historia de nuestro conflicto debe contemplar una reflexión debe contemplar una reflexión sobre la razón de la violencia, la humillación y la barbarie desde la víctima y no desde el opresor; la voz de las víctimas debe ser oída, escrita, contada, creída y debe formar parte de nuestra historia, como afirmaba Foucault (4) los relatos de la historia forman parte de la historia.
La narración de los hechos execrables de nuestra violencia deben contemplar nuestro pasado con la esperanza de que ni siquiera los muertos estén a salvo del enemigo que ha vencido.
La paz que anhelamos todos los Colombianos se debe construir partiendo de la verdad de lo sucedido. La verdad debe contemplar el reconocimiento de lo que ocasionaron la barbarie, de todo aquellos que participaron: guerrilla, paramilitares, cómplices, organismos del Estado, organizaciones civiles, benefactores de la violencia, traficantes de armas, etc. La verdad es una necesidad humana, una necesidad de las víctimas que reclaman, que quieren saber porque ellos y cuales fueron las razones de su tragedia y quienes fueron. Las guerras modernas buscan ganar el control sobre el tejido social para destruir al enemigo. Los asesinatos, masacres, desplazamientos masivos eliminan a las víctimas y regalan a los vencedores una verdad indiscutible. No hay nadie que recuerde a los vencedores, que esas casas tuvieron otros dueños, o que en esa tierra otros enterraron a sus muertos. La victoria encierra al vencedor en un olvido que les libra de la vergüenza y el remordimiento, sentimientos básicos para hallar la verdad. La paz no se puede construir sin conocer la verdad de lo sucedido; nuestra historia esta llena de olvidos, la violencia de hoy tiene su razón de ser en las injusticias del ayer, en las deudas pendientes del pasado. Se debe propiciar un escenario legal que permita a los victimarios la posibilidad de contar lo sucedido, dentro de un proceso con garantías y libre de intenciones revanchistas y sesgada; un proceso humano y comprensivo, pero firme y justo. Se requiere de la verdad de los verdugos, así como la verdad las víctimas. Pero la verdad no se centra en lo factual únicamente, se necesita la verdad moral, la que nos dice el por qué y a causa de quien, como lo recuerda Tojeira.J.(5) Comprender el fenómeno de esta manera implica también definir el contexto en que se desarrolla y las raíces de éste; se debe buscar la racionalidad dentro de lo irracional, de tal manera que con todas las dificultades que esto representa, la voz persistente de las víctimas permita que los victimarios soliciten el perdón a la sociedad por los crímenes cometidos.
Sin verdad no puede haber justicia; conocida la verdad podemos aplicar justicia. La pretensión de esta es la de reparar los daños y permitir el reconocimiento de la culpa. Se debe iniciar el camino hacia la reparación y la responsabilidad. La responsabilidad implica no sólo responder por lo hecho, sino la firme convicción de que en el futuro no vuelva a ocurrir, el compromiso es hacia el futuro y no solo saldar la deuda del pasado. Se hace necesario dar un vuelco a la racionalidad actual, dando más importancia a la pena que al delito. La justicia implica determinar las complicidades personales e institucionales e impedir la impunidad, mediante el enjuiciamiento y la sanción. Hacer justicia conduce a escuchar la opinión de las víctimas mediante su participación activa dentro del proceso. La sociedad victimizada debe alzar su voz para solicitar y proponer alternativas penales que amplíen la tradicional e ineficaz pena de prisión. Quien humilló a la sociedad debe servir a la sociedad de tal manera, que la humillación sea resarcida desde lo factual y desde lo moral. La justicia no puede ser meramente retributiva, acá es importante la restauración y la reparación que se establezca desde el daño, el sufrimiento y las necesidades de las víctimas. El proceso penal actual requiere de mecanismos y alternativas que permitan una apertura a las necesidades de las víctimas; la pena debe corresponder al daño ocasionado a un ser humano real y concreto y no a una entidad jurídica y abstracta alejada del sufrimiento ocasionado. El tradicional proceso vindicativo requiere un vuelco urgente. No es posible la justicia si la víctima, la directamente perjudicada y el victimario no cuentan con alternativas que hagan posible el acercamiento, la comprensión, la reparación y el perdón.
La justicia se fundamenta en la verdad, cuando falta la justicia la verdad se niega fácilmente, nos dice muy sabiamente Ignatieff (6). Pero la justicia no siempre facilita la reconciliación es imprescindible el perdón que conduzca a la reconciliación y de esta manera a la anhelada paz. Un perdón sin olvido; pues el perdón es contrario al olvido. El perdón como dice Ricouer (7) se refiera a la deuda cuya carga paraliza la memoria y dificulta su proyección hacia el futuro; no se olvida el acontecimiento pasado, el acto criminal, sino su sentido y su lugar en la dialéctica global de la conciencia histórica. El perdón supone la mediación de la víctima que es la única que puede perdonar. Mucha razón tenía Primo Levi cuando afirmaba que él no había perdonado a los nazis, pues estos nunca le habían pedido perdón. Perdonar no significa amnistía, no es ofrecer la otra mejilla; implica que los verdugos se dejen perdonar, que reconozcan la ofensa y que asuman su responsabilidad por la ofensa. Es bueno recordar lo expresado por Eduardo Galeano (8) “Las leyes de la impunidad: obediencia debida, amnistía, indultos, etc. Están todas cortadas por la misma tijera. La sociedad enferma de miedo, dolor y desaliento, necesita de una nueva vitalidad que la democracia prometió y no ha podido dar.”
Un proceso de paz sólo es posible mediante una acción conjunta de una sociedad que no olvide su historia, reconozca su pasado, conozca la verdad y sobre estos pilares administre y construya una justicia que de nacimiento al perdón y a la reconciliación, solo así es posible la paz.
Fernando Díaz Colorado. Psicólogo. Director Postgrado Psicología Jurídica Universidad Santo Tomás.
Rector de la UCA. Señalaba que el camino de acción correspondía tanto a una experiencia como a un programa Verdad, Justici y Perdón. José María Tojeira, Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología San Sebastía, No. 11, 1.997.
W. Benjamín citado por Reyes Mate en su libro. La razón de los vencidos (1991)Ed. Antrophos:Barcelona
Foucault. Genealogía del racismo. Ediciones la Piqueta, Madrid, 1.992
Tojheira, J. (1.997) Verdad, justicia y perdón. En E. Guzkilore, cuaderno del Instituto Vasco de Criminología, 10, 11.
Ignatieff (1.999) A sust Measure of pain. London, Mcmillan
Ricoeur, Paul. La lectura del tiempo pasado: memoria y olvido, Editorial Arrecife. 1.999
Eduardo Galeano (1.997) Le Monde Diplomatique. Ed. Española, Julio-Agosto 77
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