JUEGOS COLUSIVOS EN LOS TRIBUNALES DE FAMÍLIA

DENISE MARIA PERISSINI DA SILVA 

“En los Tribunales de Família oyese el eco de las apelaciones insatisfechas, los desencuentros amorosos causando la demanda de una reparación, esperando que la Leyi pueda ponerse en la posición de regular el irregulable.” (Barros, 1997:40).

“Durante el matrimonio, las personas dicem: ‘Mi bien!’, pero en el momento de la separación, dicem: ‘Mis bienes!’. Alguien ya no há oído essa frase repetida? Pues infelizmente essa afirmación se renueva todas las veces en que las personas ingressam con una ación en los Tribunales de Família, con el objetivo de exigir una espécie de “indenización” por todas las tristezas, ofensas, frustraciones y incertezas sufridas o interpretadas como tal, y atribuindo a el otro – generalmente ex-conjuge o ex-compañeiro(a) – la responsabilidad y la culpa por eso. Lo que se ve es una serie de situaciones complicadas que quedam prejudicando las ya deterioradas relaciones familiares, una vez que los procesos puedem prolongarse por meses – y as veces por años! – como una solución mágica y inmediata para resolver las questiones de família.

Pero en los últimos tiempos, los procesos judiciales que tramitam en los Tribunales de Família empiezan a ser vistos no solamente bajo el punto de vista jurídico – legitimidad de acción, plazos processuales, competencia jurisdicional etc. – pero también bajo el punto de vista psicológico, exigindo cada vez más la participación del psicólogo judiciário para analizar y discutir el diálogo emocional inconsciente y oculto que permeia la relación procesual, y a partir de ahí elaborar un documento que servirá de subsídio para la decisión judicial. La perícia realizada por el psicólogo judiciário en los Tribunales de Família es un medio de prueba que incorre em ônus para el profissional que emite el documento, una vez que ele debe opinar sobre la “verdad” de los hechos (que es un elemento amplamente discutible, pues vez que cada parte del proceso buscará argumentar sobre “su” verdad!). Para la adecuada realización de su trabajo, el psicólogo debe tener total liberdad para entrar en la vida de las personas, porque él necesita de todas las informaciones que esa família puede fornecer para redigir su laudo y formar su opinión bajo el punto de vista psicológico.

Sin embargo las personas que acorren a el Judiciário en busca de “solución” para la questión familiar se encuentran frustradas, magoadas, desesperadas excesivamente para questionar, juntamente com el psicólogo, quales son los conflictos emocionales y la comunicación inconsciente que permeiam las relaciones familiares. Por eso, no son todas las personas que estan dispuestas a colaborar con el trabajo de la Psicologia en el Judiciário: pocas entiendem la importancia del análisis de la estructura afetiva para la comprensión de la dinamica familiar.

En verdad, el Judiciário, y más especificamente la figura del juez, es visto bajo una optica paternalista, como autoridad máxima, que debe determinar lo que es “cierto” y “errado” y imponer límites que debem ser obligatoriamente acatados. Ocurre que, a despecho de los conocimientos técnicos y jurídicos, el juez presenta limitaciones para analisar el proceso, porque hay factores que estan además de esse conocimiento jurídico y del alcance de la legislación. Por ese motivo, el juez puede (y debe) recorrer al Sector Técnico de la Psicologia, afim de obtener subsídios para su decisión, apartir de elementos específicos del campo de la Psicologia.

En los Tribunales de Família, los casos envuelvem separación (consensual u litigiosa) con o sin disputa de guarda de hijos menores, divorcio (consensual u litigioso) con o sin disputa de guarda de hijos menores, regulamentacion de visitas, modificacion de guarda, pensión alimentícia, investigación de paternidad, y el trabalo del psicólogo se limita a la avaliación y elaboración del laudo, para determinar cual es el genitor “más adeqcado” para cuidar del niño y/o adolescente, y cual es la mejor manera de instituirse las visitas sin prejudicar aun más los ya deteriorados lazos familiares.

Es necesario acuerdar constantemente a los padres, y traer más seguranza a los hijos, de que con la separación o divórcio, extinguese la conjugalidad, y no la parentalidad. Los hijos, en cualquer edad, necesitam sentirse seguros, protegidos y amados por ambos los padres, juntos o separados, afim de que se prossiga la identificación parental que, segun Dolto (1989), ocurre de dos maneras, bajo el punto de vista psicoanalíctico: una de forma consciente, por ejemplo, cuando el hijo, voluntariamente, imita los comportamientos y valores del(a) genitor(a) com quien se identifica, tornandolo(a) su ídolo; otra de forma inconsciente, cuando son captadas actitudes espontáneas, emociones, sentimientos y deseos ocultos, tomandolos para si. Ambas las identificaciones son importantes para la formación del ego del niño, y por eso debem ser preservadas, mismo con la separación de los padres.

Ocurre, sin embargo, que hay casales que no poseen hijos y son relegados a segundo plano en los Tribunales de Família, debido a la prioridad que la própia legislación del niño y adolescente (en Brasil, Estatuto da Criança e do Adolescente) confere a los derechos y garantias fundamentales de los hijos menores. Sin embargo, ni por eso, los conflictos conjugales debem ser desprezados, porque refletem las dificuldades emocionales de los própios indivíduos (marido y mujer) en sus formaciones familiares de origen, y que se repetiram na elección del compañero y en la manutención de la relación durante el matrimonio (Vainer, 1999).

Las principales dificultades entre en casal, y que resueltam en acciones de separación o divórcio de manera litigiosa, disputa de guarda, regulamentación de visitas, pedido de pensión alimentícia o reconocimiento de paternidad derivam de la estructura de personalidad de cada uno de los ex-conjuges, y de la manera cómo ambos construyem la relación familiar (Vainer, 1999).

 

La motivación para la elección del(a) compañero(a) es, en general, inconsciente. Raramente escapan de respuestas banales, cuando, en máximo, exaltam las buenas calidades del indivíduo amado. Pero eses contenidos inconscientes, originários de los relacionamientos de la infancia, son los que realmente actuam como ímã para a elección del compañero y el establecimiento y manutención del contracto secreto del matrimonio, una vez que presentan padrones repetitivos de comportamiento derivados de las primeras etapas del desarrollo con las figuras parentales, seam ellas los padres o las personas significativas que cuidaram de esas personas cuando eran niños (Dias, 1990).

Al iniciar la relación, cada uno de los cônjuges busca en el otro la satisfación de sus própras fantasias inconscientes, como una forma de libertarse de los conflictos y heridas libidinales originárias de sus relaciones parentales. Se forman entonces los “pactos inconscientes” o “conluyos”, en los cuales las personas buscan defenderse de ses temores inconscientes, al mismo tiempo en que intentam inmovilizar neuroticamente el otro, a traves de juegos de dominación y dependencia. Sin embargo, cuando ese pacto es rompido, las personas tienen que depararse nuevamente con sus conflictos y temores que habiam reprimido durante el vínculo conjugal, y empiezan a agredirse mutuamente por el rompimiento del “pacto”. Según Dias (1999), los lutos a serem elaborados se refierem no solo al pesar delante de lo que no se va a vivir más por estar lejos de lo otro, con su pérdida, como tambiém la dificultad en soportar que su própia imagen sea destruída en la consciencia del otro.

 

La separación se torna, entonces, el único medio de solución de tales conflictos. Pero mismo delante de decisión de separación, el casal percibe que no es tan fácil así: existen sentimientos ambivalentes (ex.: amor/ódio, atración/rejeición, plazer/desplazer) en relación al otro, y que, por refletirem sentimientos inconscientes tambiém no elaborados en sus relaciones parentales (con las famílias de origen), son intensificados ahora, a traves de disputas judiciales. Además, hay total ausencia de elaboración de pérdidas y cambios de situación que comprometem la estructura de personalidad de cada conjuge. Si esas dificultades no sean superadas, la separación será mucho más conflictuosa y fuente de sufrimientos para todos los envolvidos.

Incluso la cuestión de la comunicación familiar queda perjudicada. El pacto de defensas hace con que el diálogo sea obstruído, por miedo de que eclodam los temas-conflictos y la família necesite enfrentar sus dificultades. En ese sentido, cada miembro desarrolla um contacto cada vez menos autentico, lo que favorece la soledad, mismo cuando pertenece a ua grande família. Es necesario que el psicólogo judiciário, encuanto profesional capacitado a evaluar la dinamica familiar y sus implicaciones, observe no solo la comunicación verbal sino tambiém la no-verbal, demostrado a traves de actitudes, pequeños gestos y expresiones, del posicionamiento espacial con los otros y demás comportamientos no-verbales, así como de la própia possibilidad de múltiplas interpretaciones de lo que es dicho o no-dicho. La comunicacióno no-verbal, al lado de la verbal, se torna entonces importante elemento indicador de la estructura psíquica del grupo familiar.

El médico psiquiatra Jürg Willi (1985), referido por Vainer (1999), há criado el concepto de colusão, basado de la teoria psicoanalíctica del inconsciente y en las fases de desenvolvimiento de la libido, bien como en el concepto de recalque e en las dinamicas de los mecanismos de defensa de la teoria de Freud. ‘Colusão’ es un juego inconsciente establecido entre los conjuges, que se desarrolla desde la elección del(a) compañero(a) y que se aprofundiza en la relación conjugal, y en el cual los conflictos son constantemente repetidos, inmovilizando el otro en la situación neurótica. El proceso que se extiende (a veces por años!) en los Tribunales puede terse iniciado en la elección inconsciente del compañero, en la realización del matrimonio, en el tiempo de la vida conjugal, en el significado de los hijos, profesión y demás cuestiones familiares para el casal, y finalmente, la maneira como ese casal se separa y resuelve sus cuestiones en litígio.

Willi (1985) parte de la idea de que problemas y conflictos de misma orden o de clases complementares exercem una grande atración entre las personas desde la primera fase de la relación conjugal, o sea, en la eleicción inconsciente del compañero. El casal en formación pude encontrar en el otro las própras dificultades. Lass fantasias y idealizaciones basadas en la represión y, por tanto, inconscientes, emergentes del encuentro del casal, constituyem la predisposición para la formación de un inconsciente comum. Ambos depositam en el otro la esperanza de serem curados de las própras lesiones y frustraciones de primera infancia y, así, libertados de los temores y culpas que provienen de las relaciones anteriores.

Esa postura de los conjuges concentrase cada vez más en las identificaciones fundamentales de las patologias comunes inconscientes, en un juego proyectivo-introjectivo del inconsciente comum de la relación. Como los conflictos de base generalmente son de la misma orden, se puede visualizar la relación como neurótica, yá que poseen un inconsciente comum.

 

Apartir de esas colocaciones, Willi (1985) define cuatro conceptos modulares de conflicto neurótico de relación, que serán analisados más adelante:

‘colusión’ narcisista – el amor como ser un sólo;

‘colusión’ oral – el amor como preocupación de uno por el otro;

‘colusión’ anal-sádica – el amor como pertenecerse uno al otro;

‘colusão’ fálico-edipal – el amor como afirmación masculina.

Willi (1985) enfatiza que los tipos de ‘colusión’ no son categorias matrimoniales y si una tentativa de diagnóstico de los conflictos básicos envolvidos en la relación. Añade aún que eses conflictos no son puros, podendo ocurrir miesclas o superposiciones en una misma relación.

No se puede pretender que el concepto de ‘colusión’ englobe definitivamente todas las explicaciones acerca de las relaciones conjugales. Lo que se establece aqui es la construcción de un modelo teórico que busca entender lo que ocurre por detrás de los litígios llevados al Judiciário. Se debe observar que, em muchos casos, las personas utilizam el própro Judiciário como elemento de manutención del vínculo neurótico colusivo.

El concepto de ‘colusión’, aunque no tenga ninguna pretensión classificatória, permite que tegamos una visión sistémica, circular, de las relaciones, evitando una lectura de causalidad linear, en que haya, como en la lectura jurídica, un culpado y un inocente en el casal y en el ex-casal. Además, en el análisis de los casos presentados al Juício, puede predominar un tipo de ‘colusión’, o puede aparecer una combinación de dos u más tipos colusivos que interagen entre si.

 

Por la lectura bajo el prisma del concepto de Willi (1985), se percibe la misma co-responsabilidad en la manutención de los conflictos, tanto emocionalmente como juridicamente, a traves de los abogados y del Tribunal. No hay culpados o víctimas en una relación o em su ruptura, pero solo co-responsables, aunque involuntariamente, en la manutención de conflictos no resolvidos a lo largo de sus vidas.

COLUSIÓN – CONCEPTOS Y CLASSIFICACIÓN

COLUSIÓN NARCISISTA:

Según la teoria psicoanalíctica, el narcisismo no se incluye directamente en la representación de los grados de desarrollo de la libido: ocurre paralelamente como otro aspecto del desarrollo de la primeira infancia. Freud distinguia dos momentos del narcisismo: el primário y el secundário.

La elección del compañero ocurre segun sus características de personalidad narcísica ya tan sobejamente descritas en la literatura psicoanalíctica, y la busca se concentra en encontrar alguien que no tenga aspiraciones própias, que lo adore y lo idealize. El consorte que atiende a esas expectativas del compañero se adecua facilmente en el modelo, una vez que, en función de un ego muy diferente, renuncia a la aspiración de una identidad própia, idealizando ser absorvido “misticamente” por el otro. El narcisista complementar encuentra, por tanto, en el narcisista idealizado, su própia identificación.

Colocado en uno modelo circular de interación, se podría esquematizar la relación por seguiente manera: al mismo tiempo sientese aprisionado a las expectativas del otro y intenta defenderse agredindo el compañeiro y luchando para conservar su identidad, pues está cada vez más impregnado con las proyecciones del conjuge y, de cierta forma, se afirma en ellas.

Tanto el pólo narcísico como el pólo complementar de la relación se encuentran presos uno al otro, pues uno es la possibilidad de existir idealizadamente del otro, en un juego de proyección y introyección. Se encuentran presos a una armadilla en que al sujeto narcisista solo seria possible uuna relación superficial y el sujeto complementar solo admire una relación simbiótica absoluta.

COLUSIÓN ORAL:

Esa colusión tiene como temática la relación madre-niño en el primer año de vida, en que hay satisfación del placer a través del contacto oral con el mundo externo (ex.: amamentación).

 

En la elección del compañero, el conjuge en la posición de “niño-lactente” adotivo tiene expectativas de satisfación de sus necessidades orales. Em función de sus problemas de la primera infancia, oriundos de una madre con dificuldad de lidar con la fase oral del bebé (tal vez en función de las própias dificultades que pueda tener tido en esta fase), a él le gustaria ponerse en una posición regresiva-pasiva y recuperar la satisfación de su oralidad. Se recusa a tomar cualquier posición progresiva, en la posición madre, temiendo repetir ahí la madre mala, internalizada, como objeto malo. Esas funciones maternas son entonces transferidas al compañero, de forma idealizada, que seria visto como una madre ideal.

El compañero que se halla en la posición “materna”, en función de reaciones progresivas antifóbicas en relación a las própias dificultades orales, busca encontrar alguien que pueda salvar, cuidar y se preocupar, transferindo al otro sus própias necessidades y apetites orales recalcados, miedo de su própia regresión y dependencia. En esa fijación oral comun, el “lactente” se pone en una regresión oral y la “madre” en progresión oral. La regresión de uno y la progresión del otro son interdependientes.

El activo, en su progresividad (o sea, en su acción), seafirma afastando sus temores de abandono y dependencia, encuanto el passivo, agindo regresivamente (o sea, en su omisión ou recepción), seprotege del miedo de la pérdida de la dependencia y de la solitud.

 

A lo largo de la convivencia, como consecuencia del fondo neurótico de base de esta relación, los conflictos terminam por aflorar en razon del retorno del recalque, tendendo entonces a la repetición de los conflictos no resueltos. El “lactente” empieza a perseguir la “madre ideal”, ahora tan frustradora, relacionandose con ella por el papiel de “madre mala” introyectada. Retrocede cada vez más en su conducta, poniendo el compañero “madre” en una posición de fracaso, en ese juego, una vez que no más reconoce o valoriza los cuidados del compañero; al mismo tiempo teme que, por sus actos agresivos, esgote la fuente de cuidados, terminando por perderla, como en la situación original de la infancia. Cuanto más el conjuge


“madre” se esfuerza, más es rechazado por el conjuge “lactente”, que ahora lo teme como la proyección del objeto malo.

 

Cada uno de ellos por su própio fundo neurótico aumenta los conflictos internos del otro, que desarrolla entonces defensas cada vez más rígidas. El “lactente”, de saciado y reconocido del início de la relación, se muestra insaciáble y mal-grato, y la “madre ideal” del início empieza a cobrar y desaprovar las actitudes del primero en uno desarrollo circular intermináble.

 

COLUSIÓN ANAL-SÁDICA

De acuerdo con la psicología psicoanalíctica del desarrollo, la fase anal-sádica ocurre en el niño entre los dos y los cuatro años, aproximadamente. Escapar de la madre y correr adquiere un significado de experimentación importante, en que madre y hijo juegam el juego de la dessimbiotización y se preparan para una nueva forma de relación.

 

La possibilidad de dissociación entre sujeto y objeto, el mayor desarrollo egóico y la autonomia contrastam con la seguridad y el acogimento de la fase simbiótica anterior. Ese conflicto entre la sensación de ser uno con la madre y la sensación de pérdida de esa unicidad se expresan por las polarizaiones características de este momento: dependencia versus autonomia, domínio versus submissión, actividad versus pasividad, construcción versus destrucción, retorno al estado amorfo versus experimento de individuación.

En caso en que los padres, por su vez, encuentran ellos mismos dificultades en la fase anal, será aún más fácil que se dejem arrastar por ese juego de poder. La madre o los padres puedem desear imponer o cobrar determinadas posturas del niño, de forma a se afirmaren en el poder, pero si estén presos a conflictos entre autonomia y heteronomia, quedarán divididos entre ir o no contra la vontad del niño. Introyecta un padrón de relación que hará parte importante en una relación matrimonial futura. Quiem no desea ser dominado tendrá de dominar el otro, sea por la sedución cariñosa y obediente, sea por la confrontación directa, llevando el outro a la exasperación y impotencia.

 

El dominante activo – aunque actúe com una avidez de poder y sadismo – parece poseer una formación reactiva en relación al miedo de ceder al su própio deseo de se sumeter al otro. En el matrimonio y família, él exige adesión incondicional como expressión de su conflicto. Esa adesión visa atenuar el miedo de la separación y del abandono. En contrapartida, el sujeto pasivo de la relación acepta aparentemente todas las imposiciones de la otra parte, feliz por no necesitar posicionarse ou assumir qualquier responsabilidad directa en relación al matrimonio y incluso su própia vida. Sin embargo, esa posición es solo aparente, una vez que, por detrás de esa docilidad y submissión, hay la intención de mantener el poder y el control de la relación por la obediencia y tolerância.

 

Colusión Dominante-Dominado:

“Esta forma de ‘colusión’ adviene del juego conjunto de un caracter anal activo con otro pasivo” (Will, 1985, p.121). Se torna entonces un derivado de la ‘colusión’ anal-sádica.

El activo, en su progresividad, se afirma afastando sus temores de abandono y dependencia, encuanto el passivo, agindo regresivamente, se protege del miedo de la pérdida de la dependencia y solitud. El sujeto activo de la relación muchas veces no tiene consciencia de sus temores porque estos se expressan por el sujeto pasivo, que se recusa a tener autonomia, abandonandose en la mano de su consorte.

Ese padrón relacional se mantiene hasta que el conflicto se manifieste por el retorno del reprimido. El pasivo reage, ahora buscando una mayor autonomia y eqüidad de valor en relación al conjuge, no admitindo sentirse explorado. Rejecta las tentativas de manutención de poder del conjuge activo, dejandolo impotente, abandonado y confuso.

En la medida en que la intensidad de ese juego de poder cresce, se puede llegar a una forma más elevada de la relación de poder, a que Willi nomea ‘colusão’ sadomasoquista. Todos los esfuerzos en la conquista de poder permeam a lucha interna contra su própia impotencia. El objetivo es colocarse al menos algunos centímetros adelante del otro.

 

Como en la relación dominante-dominado, en general el sádico tiene también la fantasia de entregarse al poder e a la dependencia del conjuge, por eso busca alguién que se entregue totalmente a él, em completa dependencia, para no sentirse amenazado.

En ese juego, el masoquista puede sentir un enorme placer al dejar el sádico enraivecido, denunciando así su fragilidad. Ambos hablam al mismo tiempo, e por eso los diálogos verbal y no-verbal quedam prejudicados.

 

Al nível sexual lo mismo ocurre. Esa dificuldad de dar algo al compañero aparece incluso en la dificuldad del orgasmo, tanto del marido como de la mujer. El orgasmo seria la derrota, la entrega y la pérdida de la dignidad, al admitir que no es possible perpetuarse indefinidamente el auto-placer (masturbación), habiendo necesidad del otro para proporcionar placer sexual. Se torna entonces una lucha contra la tendencia a la regresión oral, originada en la dependencia paterna y en la ambivalencia de romper y mantener ese tipo de vinculación objetal.

La lucha anal por el poder se caracteriza muchas veces por la mistura poderosa de miedo e placer. Gracias, contudo, al emarañado de la lucha, la separación tornase muy distante, sin embargo muchas veces parezca iminente a los ojos de los que están de fuera. Esa lucha ocurre muchas veces de forma cruel, tocando los límites del suportable, contudo solo hasta el punto en que el compañero suporte, pues la intención no es la separación y si la continuidad de la lucha.

COLUSIÓN FÁLICO-EDIPAL

La llamada fase fálico-edipal del desarrollo, descrita por Freud, encuentra aun muchas críticas, porque Freud parece no haber llevado en consideración el contexto de tiempo histórico y el contexto sociocultural y sus influencias en la criación de paples, en la época. Entendió como universal un núcleo sociocultural de la família burguesa vitoriana.

De acuerdo con su teoria, Freud afirma que la fase fálico-edipal abrange el período entre el cuarto y el septimo año de vida del niño, con la descubierta de la sexualidad y el complejo de Édipo.

En ese tipo de ‘colusión’, el amor es visto como afirmación masculina; delante del contexto biopsicossocial de las relaciones, ocurre aqui una construción de estereótipos de los papéles masculino e feminino en la sociedad, e que se esperan determinadas tareas y comportamientos, que son tanto más cristalizados cuanto más neuróticas sean las relaciones; se basa en la dificuldad en identificarse con las figuras parentales (muy fracas o muy poderosas) y con las cuales los conjuges no consiguen rivalizar y dissociarse. Actualmente existe una grande inseguridad sobre quanto a la peculiaridad de la mujer es consecuencia de una situación social desvantajosa o quanto puede ser fundamentada biologicamente.

 

Cuando Willi (1985) se refiere a la invidia del pénis mencionada por Freud, no lo hace en el sentido literal del término, pero como la invidia de los privilégios masculinos. De la misma manera, el miedo de castración es visto como ligado a la pérdidaa del papiel masculino y todas sus implicaciones.

 

En las formas de ‘colusión’ vistas hasta aqui no se observam ligaciones directas entre conflictos y sexo, excepto de la anal-sádica, en que el papiel activo es identificado más por el marido, y el pasivo-masoquista por la esposa, segun Willi (1985).

La superación de ese conflicto, segun Willi (1985), está intimamente ligada a la conducta de los padres, que podrão ayudarlos a transcenderlo o, por el contrário, dificultarles decisivamente su resolución. Una madre en conflicto con el marido puede sentirse neuroticamente envolvida con los deseos sexuais del hijo, estimulandolos u divertindose con ellos, depositando en el hijo las proyecciones de un compañeiro ideal que el marido no logra desempeñar. Estimula muchas veces als expectativas del hijo para romperlas bruscamente, tiempos despues, debido a los impedimientos y recalques de la prohibición del incesto. El comportamiento variáble y previsible de la madre puede crear dificultades a la renúncia, por parte del hijo, a la madre como objeto sexual y, cuando este lo hace, es com el sentimiento de masculinidad herido. Hijos culpados por superar los padres o to reprimidos por la fuerza de la figura parental puedem sumeterse homossexualmente a las fantasias de poder de los padres. Así, “el complejo de Édipo puede convertirse en uno verdadero conflicto de consortes, en un juego neurótico, en sentido de una ‘colusión’ ” (Willi, 1985, p. 152).

El hijo puede no ser capaz de romper con la madre cuando casase, quedando por incluirla en la relación. El padre, ciumento del genro o inferiorizado por las victórias del hijo, lo agride y lo diminui. Ese proceso queda traduciendose en una relación de tensión también em nível geracional, influyendo muchas veces fuera del campo familiar y entrando en campo profesional, por ejemplo, en que por detrás de las dificultades de trabajo se encuentran ‘colusiones’ edipales padres-hijos no resueltas.

Sexualmente, esa manobra sedutora se basa en el facto de hallar que por la entrega sexual puede satisfacer el compañeiro, sin que necesite dar más nada de si además del contacto genital.

 

Como paño de fondo de esa conducta de sedución, poco envolvimiento e miedo de la entrega, encontramos un complejo de Édipo no resuelto. Esa postura dificulta la superación del complejo de Édipo y interfiere en la relación marital posterior, pues queda ocurriendo la reactivación de la situación edípica.

Com mucha dificuldad de libertarse de la figura materna, esos hombres viven con las madres y se casan tarde. Como formación reactiva praticam deportes peligrosos y arriscados en una tentativa de desgarrarse de la “invencible sujeción a la madre-tierra” por medio de su masculinidad espectacular. En esa busca, necesitam de una mujer que les proteja de sus própias tendências pasivo-femeninas que, de acuerdo con Willi (1985), puedem ser la defensa de la problemática edípica y de castración no superadas. Adquieren en el matrimonio la postura del hombre que se sacrifica por la família, siendo el padre y el marido provedor y indispensable, responsable único por el exito del matrimonio. Renuncian a sus própias necesidades pasivas en prol del matrimonio, evitando así caer otra vez en la dependencia de una figura materna. Deslocam para la mujer sus necesidades exhibicionistas, usufruyendo de toda la movimentación dramática de la esposa. Willi denomina ese sujeto de ‘marido neurótico’.

Para la mujer, la figura materna generalmente es fraca, ausente, ofuscada por la figura sedutora del padre, poco femenina y de difícil identificación para la hija. Ella proyecta en el hombre sus própias expectativas cuanto a la masculinidad, al mismo tiempo en que lo invidia por ejercer su masculinidad. La relación proyectiva de la histeria se complementa con la necesidad del marido histeriófilo de recibir esas proyecciones como la auto-afirmación de que necesita. Esa tolerância infinita atormenta esta mujer, pondole culpa y en ella proyecta la própia impotência delante del masoquismo pronunciado de ese marido pasivo-femenino. Por veces, es el aspecto edípico que se hace muy presente en el juego de fuerzas de la relación, sea en la identificación en el conjuge del própio genitor y su repetición, sea en la elección, por una contraidentificación, del oposto al genitor, para evitar, al menos ilusoriamente, la repetición del modelo de los padres. Por otras predomina oelaspecto fálico de la relación, cuando existe la necesidad básica de reprimir tendencias masculinas en la mujer y tendencias pasivo-femeninas en el hombre, en un juego de proyección mútua de papeles. Esa postura dificulta la superación del complejo de Édipo y interfiere en la relación marital posterior, pues acaba ocurrendo la reactivación de la situación edípica.

En la elección del compañero, lo que se ve es una mujer victimizada, fragilizada, sea por la pérdida de un grande amor, o por la difícil convivencia con padres, que le tratan mal, y que necesita de un hombre que la salve de su infelicidad. Y para el compañero, esa gratitud femenina es una fuente de garantias de satisfación narcísica que, por su vez, se nutre de la garantia de la doación femenina e de la perene garantia de afeto. Dejandose seducir por esas expectativas de relación, es manipulado a la vontad por la compañera.

La mujer, a princípio, intenta sublimar, en la relación matrimonial, su sensación de inferioridad femenina como forma de identificación con el marido. Al darse cuenta del poder que posee en controlar la masculinidad del marido, sexual y emocionalmente, tiene la sensación de robarle el pênis, apoderandose del control de su funcionamiento. Este marido, por su vez, se encuentra resignado a la situación de represión fálico-agresiva, manteniendo así sus fantasias edipales bajo el control. Coloca su potencia en la esposa, liberandose así de ses própios temores.

 

Los conflictos de base fálico-edipal tienen muchas veces una fijaciön oral adicional, lo que desloca la interacciön del casal, en nível de ‘colusão’ oral, del cuidar y ser cuidado. Lo “cuidado” acepta la posiciön, pues también identificase con las mismas necesidades orales, transferindo las expectativas de la madre para el marido.

 

Además del matrimonio histérico, reduto más comum de los conflictos fálico-edipales, hay una otra variación en la que el marido lanza mano de una conducta fálico-exhibicionista, alardeando masculinidad y exito profesional como forma de huir del miedo de la dependencia y de la castración. Sin embargo, nuevamente necesita de reafirmación constante de la mujer, que se ve obligada a reafirmarlo para que no fracase u busque esta afirmación en otras mujeres, pero, en fondo, lo considere solamente un “niñón”.

Esos conceptos de ‘colusiön’ y la classificación de las relaciones neuróticas facilita la comprensiön de la dinâmica conjugal y de los conflictos emocionales relaticvos a la separación. Con eso, es possble entender cual es el papiel de cada uno de los ex-conjuges durante el proceso de separaciön, y cual deberá ser, entonces, el papiel del Poder Judiciário, del juez, de los abogados, del Sector de Psicología y Servicio Social de los Tribunales de Família.

Esa busca interna de soluciones para los conflictos traedos al Judiciário, que tramitam en los Tribunales de Família, significam una ampliación del trabajo del psicólogo judiciário, para allá de la simple verificación de los factos y redación del laudo. Sin pretender, en hipótesis alguna, substituir el psicoterapeuta familiar (psicólogo especialista en terapia de casal y família), el psicólogo judiciário también debe ser llamado a ocupar un lugar en la dinamica familiar, y permanecer atento al proceso de inconsciente grupal que comporta las fantasias inconscientes de cada miembro de la família que são compartidas con todos y las ansiedades geradas por esas fantasias, que inducem los miembros de la família a utilizarem defensas complementares entre si.

 

Es obvio que no se pretende substituir la psicoterapia familiar (em ámbito clínico), porque no es esa la función del psicólogo judiciário. La psicoterapia de casal debe hacer parte del proceso de comprensión de la dinamica familiar, con mucho más recursos y tiempo hábil de lo que ocurreria en el espacio limitado destinado a la Psicología en el sistema judiciário.

 

BIBLIOGRAFIA:

BARROS, Fernanda Otoni de. O amor e a lei. O processo de separação no Tribunal de Família. Psicologia, Ciência e Profissão, Brasília (DF), n. 3, 1997, pp.40-47.

DIAS, Maria Luíza. O que é Psicoterapia de Família. São Paulo: Brasiliense, 1990 (Coleção Primeiros Passos).

DOLTO, Françoise. Quando os pais se separam. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor, 1989.

WILLI, Jürg. La Pareja Humana – Relación y Conflicto. Ediciones Morata S.A. Citado por VAINER, Ricardo. Anatomia de um Divórcio Interminável – o litígio como forma de vínculo. Uma abordagem interdisciplinar. São Paulo: Casa do Psicólogo Editora, 1999.

DENISE MARIA PERISSINI DA SILVA

Psicóloga clínica e assistente técnica judiciária em processos nas Varas da Família e nas Varas da Infância de São Paulo (SP) – Brasil; ministra cursos, palestras e grupos de estudos sobre psicologia jurídica civil; autora do livro PSICOLOGIA JURÍDICA NO PROCESSO CIVIL BRASILEIRO (São Paulo: Casa do Psicólogo Editora, 2003). Autora de artigos acerca de temas de Psicologia Jurídica civil, publicados no Brasil. Cursando Especialização em Rorschach pela Sociedade Rorschach de São Paulo.

Comments are closed.