PSICOLOGÍA FORENSE DE LOS FRANCOTIRADORES EN LA ESCUELA: FORMULACIÓN DE HIPÓTESIS PARA LA INVESTIGACIÓN

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Wednesday 10 March 2010 3:36 pm

PSICOLOGÍA FORENSE DE LOS FRANCOTIRADORES EN LA ESCUELA: FORMULACIÓN DE HIPÓTESIS PARA LA INVESTIGACIÓN

José Ignacio Ruiz

Universidad Nacional de Colombia

El objetivo de este trabajo es reflexionar, a partir de los datos disponibles, acerca de los sucesos en que jóvenes y adolescentes ejecutan actos de violencia dirigida contra miembros de la comunidad escolar. Se intenta establecer lazos entre este tipo de hechos y otros aspectos de la violencia escolar y no escolar, de manera que se puedan proponer unas hipótesis de trabajo que puedan dirigir de forma acertada la investigación sobre este tema en cuanto a la comprensión del fenómeno y su prevención.

Introducción

En este trabajo se pretende realizar un análisis de los fenómenos de violencia escolar que toman la forma de tiroteos en la escuela (“school shortings”), problemática que se ha divulgado a partir de ciertos casos ocurridos en Estados Unidos y la Comunidad Europea. Este tipo de hechos es afortundamente muy minoritario en su frecuencia, pero causan un gran impacto no sólo a las víctimas sobrevivientes sino a nivel más colectivo, en forma de co-victimización a través de la prensa y la televisión, aunque un hecho de ese tipo ocurra a miles de millas del lector o televidente.

Así, de cuando en cuando, ciertos sucesos de naturaleza especialmente violenta y divulgados por los media, sacuden el sentimiento de seguridad de la opinión pública, resquebrajándolo al menos momentáneamente, sobre todo cuando se trata de eventos novedosos que, aparentemente, no se daban en épocas anteriores y que en la percepción de la ciudadanía parecen romper las reglas de juego en el uso de la violencia, es decir se salen de lo que socialmente es esperado o de lo que la gente está acostumbrada en su vida social. Ambos elementos, violencia extrema e incontrolabilidad son dos características propias de los eventos que pueden generar estrés post-traumático (APA, 1995), lo que podría explicar el importante impacto que estos sucesos tienen colectivamente.

Una manera de atenuar esta co-victimización puede ser realizar un análisis riguroso de tales hechos y proporcionar unas explicaciones y recomendaciones que puedan tanto ayudar a la gente a evaluar en sus dimensiones reales tales hechos como orientar políticas realistas y eficaces para la prevención, ya que con frecuencia, en torno a estos hechos se generan creencias y atribuciones sociales, en ocasiones transmitidas por los medias (Schneider, 1995) o construidas por la gente en sus intercambios sociales. Estas raramente coinciden con la realidad de su fenomenología, sino que suelen corresponder a estereotipos o a paralelismos con situaciones o temas parecidos de los que la gente extrae marcos explicativos y actitudinales para interpretar lo novedoso. En este marco, la psicología jurídica forense puede constituirse en una de las disciplinas más apropiadas para el abordaje de esta problemática siempre y cuando tal abordaje se realice con la suficiente distancia respecto a las presiones y anhelos sociales de seguridad y de castigo al delincuente (Ruiz Olauenaga, 1991).

Francotiradores en las escuelas

El tema de la violencia no es nuevo, pero si parecen serlo algunas de sus formas de expresión. Concretamente, a través de los medios de comunicación se han difundido en los últimos años una serie de actos de violencia que parecen presentar unas características comunes entre sí, y diferentes respecto a otras modalidades de agresión. Así, el periódico español El País, en su edición electrónica de 27 de abril del 2002 recoge los siguientes hechos:

- Francia. 27 de marzo de 2002. Un hombre de 33 años, Richard Durn, dispara contra los concejales del Ayuntamiento de Nanterre. Mata a ocho personas, hiere a 19 y se suicida al día siguiente durante un interrogatorio policial.

- Suiza. Septiembre de 2001. Un desequilibrado abre fuego durante una asamblea local del cantón de Zug, en el centro del país, y mata a 14 miembros del Parlamento y el Gobierno locales. Otros 10 resultan heridos y el asesino se suicida.

- Gran Bretaña. 13 de marzo de 1996. Thomas Hamilton irrumpe con cuatro pistolas automáticas en un colegio de Dunblane, en el centro de Escocia, y mata a 16 niños y a su maestra. Se suicida tras el ataque.

- Alemania. 19 de febrero de 2002. Un joven de 22 años mata al director de su antiguo instituto de formación profesional en Freising (Baviera) y hiere a otra persona al lanzar dos granadas artesanales. Antes había matado a dos jefes de la empresa de la que había sido despedido. Se suicida.

-Alemania: 16 de marzo de 2000. Un joven de 16 años mata de un disparo en la cabeza al director del internado del que había sido expulsado en Brannenburg, y después intenta suicidarse.

-Alemania: 9 de noviembre de 1999. Un joven de 15 años mata de 22 puñaladas a su profesora de historia, de 44 años, ante el resto de los alumnos en un colegio de Meissen, al norte del país.

Esta serie de sucesos muestran una serie de características comunes en los protagonistas, en el modus operandi y en las consecuencias de los hechos, al menos desde la descripción periodística. En efecto, todos los protagonistas son hombres, relativamente jóvenes, causan múltiples víctimas y varios de ellos tienen lugar en contextos escolares. En añadidura prácticamente en todos los casos el autor se suicida o intenta hacerlo.

Otras inferencias que pueden realizarse es que en general no se trata de sujetos descontrolados impulsivamente, es decir, el hecho no ocurre repentinamente, sino que hay un mínimo grado de planificación ya que los autores primero obtienen un arma y después se trasladan al lugar donde cometen el crimen. Se trata pues de una violencia dirigida (Reddy, Borum, Vossekuil, Fein, Berglund y Modzeleski, 2001) contra unos objetivos concretos.

En cuanto a los hechos que ocurren en contextos escolares, en la literatura anglosajona se ha acuñado el término “school shooting” para referirse a estos actos de violencia consistentes en tiroteos en las escuelas. Heide, Hopkins Eyles y Spencer (2000) diferencian entre cuatro categorías de tiroteos en escuelas. La primera es motivada por conflictos interpersonales o por deseos de venganza, y suelen ir dirigidas contra miembros concretos de la comunidad académica, estudiantes, profesores o miembros del staff, a quienes el agresor les hace responsable de un daño o humillación. El segundo tipo lo constituyen los tiroteos como consecuencia de enfrentamientos entre miembros de bandas, en los que coincidencialmente la escuela se convierte en el espacio en que tiene lugar el enfrentamiento. La tercera clase de tiroteos no tiene un motivo claro, es decir, no parece haber una interacción previa entre el agresor y las víctimas, por lo que no se trata ni de enfrentamientos entre bandas ni una forma de respuesta violenta a una agresión previa. El cuarto tipo corresponde a los casos en los que el agresor elige sus víctimas al azar, con el objetivo de canalizar unos sentimientos muy fuertes y enviar un mensaje a la sociedad. Estos casos presentan las siguientes características: se hacen múltiples disparos, los autores pertenecían a la escuela cuando ocurrieron los hechos, hubo heridos y muertos, las víctimas pertenecían también a la escuela y al menos alguna de las víctimas fue elegida al azar.

En lo que sigue nos centraremos en la primera de las cuatro categorías señaladas por estos autores, si bien en la práctica puede resultar distinguir claramente uno u otro tipo de hecho, como se mostrará en los párrafos siguientes. Este tipo de sucesos no es nuevo en los Estados Unidos, lo cual llevó a solicitar al Servicio Secreto de Estados Unidos una investigación (USSS, 2002; Vossekuil, Fein, Reddy, Borum y Modzeleski, 2002) sobre los sucesos de tiroteos en las escuelas, aprovechando la experiencia de esta organización en la prevención de violencia dirigida contra líderes nacionales. De esta manera se conceptualizó la violencia dirigida (“targered violence”) como aquella caracterizada por que el atacante selecciona un blanco particular antes del acto violento. Vossekuil y colaboradores (2002) analizan exaustivamente 37 casos ocurridos entre 1974 y el 2000 de francontiradores de escuelas, es decir de jóvenes que en un contexto escolar abren fuego contra sus compañeros y/o profesores. A continuación se resumen las conclusiones a las que llegan en su investigación.

En cuanto a las víctimas

En 22 de los incidentes el blanco fue un funcionario escolar (profesor, del staff, administrador) y en 15 casos fueron estudiantes.

Antes del incidente, en la mitad de los casos el agresor había escogido más de un blanco de su ataque.

Una gran parte de los agresores sentía haber sido agraviado por alguna de las víctimas posteriores, entendiendo por agravio la creencia de que que alguna persona u organizaciòn era el responsable de un daño sufrido por el agresor o por alguien a quien este estimaba.

Sin embargo, en menos de la mitad de los sucesos (17) las víctimas habían sido elegidas previamente como blancos. Ello sugiere que aunque el ataque es inicialmente planeado contra blancos concretos, en la dinámica de los hechos resultan victimizadas más personas.

En cuanto a las características del autor

Todos eran varones, adolescentes o jóvenes y en cuanto a la raza, la mayoría de los atacantes eran blancos (31). En cuanto a la edad, no hay un perfil claro, ya que aparte del género, la edad de los agresores osciló entre los 11 y 21 años, con picos entre los 13 y 18.

Tampoco los antecedentes familiares apuntan a un perfil determinado. Los agresores provenían de familias tanto con historia de abandono como con buenos lazos comunitarios. En 26 casos el agresor provenía de familias con ambos padres (biológicos o uno no biológico), y en 9 casos vivía con sólo uno de los padres biológicos (8).

En cuanto a los logros escolares, muchos tenían un buen promedio de notas (A y B en EEUU, 17 casos) y, en el otro extremo sólo dos podrían clasificarse como casos de fracaso escolar. En 23 casos no se notó antes del ataque un cambio en el rendimiento escolar, en el interés en la escuela (24 casos), en las amistades (30), ni en cuestiones de disciplina (28).

Acerca de las relaciones sociales, muchos fueron clasificados como estudiantes populares (17). Otro grupo (11) tenían amigos entre estudiantes que habían sido rechazados por los líderes, cinco atacantes no tenían amigos cercanos, y un tercio fue caracterizado por los demás o por ellos mismos como solitarios, aunque 18 participaban en alguna actividad social organizada.

En cuanto a problemas de sanción en la escuela, casi dos tercios de los sujetos nunca había recibido un castigo disciplinario, 11 fue suspendido alguna vez de la escuela y otros cuatro habían sido expulsados en alguna ocasión.

En cambio, tres cuartos partes de los agresores se habían sentido persequidos, intimidado, amenazado, atacado o lesionado por otros, antes del incidentes (29 sujetos). En varios de estos casos, esta experiencia tuvo, al menos aparentemente, un papel determinante en la decisión del ataque, y los informes de compañeros de los agresores indican que en muchos casos, antes del ataque, el estudiante intimidado pareció soportar mejor el agravio de lo acostumbrado.

No hubo en general antecedentes de trastornos mentales ni de consumo de drogas, pero muchos de los agresores tenían un historial de pensamientos o intentos de suicidio, o de extrema depresión o desesperación. Ello lleva a Reddy, Borum, Berglund, Vossekuil y Fein (2001) ha concluir que los enfoques clásicos de perfilación no son útiles en la comprensión y esclarecimiento de estos casos. Sin embargo, una conclusión más acertada sería que la información que se posee sobre las características de estos agresores es muy escasa, que es necesario indagar más y que por tanto, no son útiles los perfiles psicológico-criminales que parecen caracterizar a los autores de otro tipo de actos violentos.

Volviendo sobre los sentimientos de depresión, el informe de Vossekuil y colaboradores (2002), encontró que más de la mitad de los agresores tenía algún registro de sentimientos de mucha desesperación o depresión. Esto podría guardar relación con que muchos de estos jóvenes tenían dificultades de afrontar ciertas pérdidas, fracasos u otras dificultades importantes. En correspondencia con esto, muchos de estos jóvenes, a la luz de la información dada por sus compañeros, profesores o familiares, habían mostrado en los días anteriores conductas de demanda de ayuda.

Por otra parte, el informe encontró que estos agresores habían mostrado algún interés en temas de violencia, en alguna de sus formas –videos, libros, juegos de video, o escritos propios-, sin embargo los datos no permiten concluir acerca de la importancia o intensidad de este interés. Por lo demás, la mayoría de estos jóvenes no tenía antecedentes de comportamiento violento, con 11 casos con historial de arresto.

En cuanto a las características del suceso, en el estudio del USSS (2001) se desprende el siguiente perfil

De 37 sucesos y 41 atacantes, hubo al menos un muerto (estudiante, profesor u otro personal de la escuela). En los demás casos hubo al menos una persona de la escuela herida y en un caso el estudiante asesinó a su familia.

22 sucesos ocurrieron durante la jornada escolar, 8 antes y 6 después.

De los 41 atacantes, 39 eran estudiantes regulares y 2 habían sido estudiantes de la institución con anterioridad.

Casi todos los sucesos fueron realizados en solitario (30), en cuatro casos fue realizado en solitario aunque con apoyo previo en la planificación, y en 3 casos el ataque fue realizado por dos o más jóvenes.

En cuanto al arma, tres cuartos de los agresores emplearon solamente una, que consistió en la mayoría de los casos en un revolver, rigle, o arma o arma corta.

El informe de Vossekuil y colaboradores (2002) permite concluir además que los ataques raramente eran actos impulsivos o repentinos. La mayoría de los sujetos desarrollaron la idea del ataque con antelación al mismo, y la planificación efectiva se dio en muchos casos el mismo día o uno o dos días antes. También, casi nunca hubo amenazas o advertencias previas del agresor a la víctima acerca de la proximidad del ataque.

También se encontró que casi la mitad de los atacantes (18) fueron influídos por otros sujetos en la decisión de planear o realizar el ataque, o en ayudar a conseguir armas para llevarlo a cabo. En otros casos, existían armas en el hogar del agresor y en algunos casos éstas habían sido regaladas al joven por sus padres.

Otro dato de interés es que en la mayoría de los casos el atacante informó de sus intenciones a alguien cercano a él, concretamente 30 de los agresores confiaron su propósito a al menos una persona, y en 22 casos a más de una persona. Frecuentemente los receptores de esta información eran compañeros de la escuela, un amigo o hermanos. Sólo en dos casos el confidente fue un adulto, y esta información incluyó en varios casos la fecha y hora del ataque.

Llama la atención el hecho de que estos confidentes no informaron nunca a otros adultos con capacidad de intervenir acerca de los hechos que se avecinaban. Quizá la razón de este comportamiento se fundamente en una solidaridad intra-generacional y de estatus en la escuela –complicidad de los estudiantes frente a los profesores u otros adultos. Sin embargo este es un aspecto que los autores indican que es necesario investigar más a fondo, ya que la prevención de estos hechos podría encontrar en una temprana detección del riesgo uno de sus pilares. Es de destacar también que en muchos casos el tiroteo cesó por la intervención del personal de la escuela o por propia decisión del agresor, que abandonaba el lugar, y sólo en 10 casos por intervención de las fuerzas de orden público.

La victimización en la escuela como posible factor precipitante de los tiroteos

El fenómeno del bullyng-victim no es ajeno a la vida de los jóvenes en las escuelas. Por ejemplo, un estudio de Bidwell (www.ssta.sk.ca) encontró que en estudiantes de secundaria irlandeses esta forma de “intimidación” o matonismo había sido experimentada al menos una vez por el 68% de los sujetos, y algunas o muchas veces por el 37%. Se podría hipotetizar que los casos de jóvenes francotiradores en las escuelas resultan, al menos en algunos casos de una interacción entre experiencias de victimización por parte de pares, procesos de evaluación y de afrontamiento de tales hechos, procesos que pueden depender de características de personalidad y de otras experiencias vitales, como los antecedentes familiares. Por ejemplo, Cerezo (2001) encontró en una muestra de 17 jóvenes victimizados por bullyng que presentaban altas puntuaciones en neuroticismo e introversión, y en ansiedad y en timidez, lo cual en ocasiones los llevaba al retraimiento y al aislamiento social. Así mismo se evaluaban como poco sinceros, es decir, que mostraban una marcada tendencia a disimular. Para Brunet y Negro (1991), desde un punto de vista grupal, la víctima del bullyng suele ser alguien que se desvía de las normas del grupo, por su forma de vestir, por un defecto físico o por ser percibido “diferente” por los demás.

Por otra parte, como consecuencias de esta victimización, Ericson (2001) señala que el bully-victim tiene efectos tanto en el victimario como en las víctimas. Estas ultimas experimentan, como consecuencia de los agravios de los pares, humillación, inseguridad y perdida de autoestima, lo que les puede llevar a tener miedo a ir a la escuela, y puede aumentar el riesgo de sufrir depresión y otros problemas de salud mental, como la esquizofrenia, y en casos muy raros el joven puede llegar al suicidio.

Conclusiones

En primer lugar, la relativamente baja frecuencia de este tipo de hechos y la dificultad de su investigación –por ejemplo, en muchos casos el agresor acaba suicidándose- determina que la información de la que se disponga permita la mayoría de las veces realizar descripciones externas de los hechos y de las características de los agresores y de las víctimas. Por ello, las distinciones o tipologías que se proponen obedecen a esas características externas, que indican que existen varías clases de homicidios de masa de violencia selectivamente dirigida. En cambio, los datos acerca de los procesos intrapsíquicos que ocurrirían en la mente de los agresores es mucho más escasa, por lo cual dos hechos que externamente presentan características semejantes pueden ser el resultado de factores psicológicos –y situaciones- diferentes, y, a la inversa, dos hechos que aparentemente son distintos –en la forma de realización, por ejemplo- pueden obedecer a un conjunto similar de factores. Por ello, las tipologías que diferentes autores proponen deberían ser consideradas como provisionales y con un valor meramente orientativo para la comprensión de este tipo de sucesos.

En segundo lugar, estos casos de violencia escolar selectiva por parte de jóvenes varones agresores como actos de venganza, plantean algunos interrogantes acerca de los criterios que desde el Derecho Penal se manejan al considerar una posible inimputabilidad del agresor por razones de trastorno mental. Para el Derecho Penal son criterios para reconocer esta inimputabilidad, entre otros, la ausencia de planificación del hecho y la presencia de un trastorno mental que afecte a la cognición y la voluntad del sujeto, es decir, que afecte al control que de su comportamiento tiene el sujeto. Al igual que en los casos de crímenes de psicópatas, los estudios aquí revisados sobre agresores escolares muestran que hay un mínimo de planificación del ataque, medida por ejemplo por el tiempo que pasa desde la idea del ataque hasta su ejecución, la búsqueda de armas para llevarlo a cabo, la elección del espacio escolar y de un horario determinados. Además, de manera similar a los psicópatas, no se detecta en estos francotiradores de escuelas la presencia de un trastorno mental que afecte de forma determinante a las facultades intelectivas y de autodeterminación del propio comportamiento. Sin embargo, así como la investigación más reciente muestra que “algo” pasa en el cerebro de los psicópatas por ejemplo en la experiencia y procesamiento de emociones empáticas y de agresión (por ejemplo, ver Hare, 1999), es indudable que algo ocurre en la mente de un joven que decide –y actúa- disparar contra compañeros de clase y/o profesores, y este “algo” es lo que permitiría explicar porqué, por ejemplo, no todos los jóvenes víctimas del bullyng, resuelven su situación de la misma manera, atacando a otros. Creemos que la información proporcionada por este tipo de sucesos y otros apunta a la existencia de alteraciones del comportamiento, que sin afectan al conocimiento que el sujeto tiene de su entorno y de su conducta, la determinan fatalmente. Así, los datos muestran una frecuente presencia de intensos sentimientos de depresión y desesperación en estos agresores, que probablemente tengan una conexión con una autoestima muy baja, la cual podría ser también una dimensión presente en aquellos casos de francotiradores que parecen responder no a una humillación por parte de los pares, sino a una frustación académica –por ejemplo, expectativas muy altas de logro y una nota muy baja-.

Por otra parte, recordando la ecuación agresor-delito-oportunidad no hay que olvidar que los sujetos agresores revisados por el Servicio Secreto de Estados Unidos tuvieron un acceso relatívamente fácil a las armas con las cuales después realizaron los crímenes. Este tipo de relación es muy distinta a las afirmaciones y creencias populares acerca de que este tipo de episodios se dan más en la actualidad debido a la presencia de la violencia en los media y/o al elevado componente de agresividad de las sociedades contemporáneas. Hay que recordar que carecemos de datos empíricos que confirmen esta conexión entre contexto cultural o mediático y estos episodios de violencia, y que este tipo de teorías ingenuas no explican por que no todos los jóvenes victimizados se convierten en agresores. Lo que sí se puede afirmar es que el acceso a armas posibilita la ocurrencia de estos hechos o aumenta su gravedad –en términos de número de víctimas o intensidad del daño a ellas infringido. Por ejemplo, Hitoshi (1975) explica la baja frecuencia de robos en ciudades japonesas como Tokio, comparadas con las tasas de ciudades como Nueva York, por la menor facilidad de circulación de armas de fuego en Japón en comparación con Estados Unidos.

Finalmente, la investigación de este tipo de homicidios debería procurar independizarse del sensacionalismo y de las urgencias que parecen promover cuando aquellos ocurren, que aunque explicables por la alarma social que generan y la necesidad de comprender sus causas, pueden desviar su análisis riguroso y objetivo, creando tipologías de valor relativo, y olvidando posibles explicaciones alternativas que recojan las aportaciones que desde otras áreas del saber puedan aportar luces desde el estudio de temas conexos.

REFERENCIAS

American Psychological Association (1995) Manual Diagnóstico de Desórdenes Mentales. Madrid: Masson.

Bidwell, N.M. (www.ssta.sk.ca). The Nature and Prevalence of Bullying in Elementary Schools

Brunet, J.J.; Negro, J.L. (1991). Tutoría con adolescentes. Madrid: San Pío X.

Cerezo, F. (2001). Variables de personalidad asociadas en la dinamica bullyng (agresores versus victimas) en ninos y ninas de 10 a 15 anos. Anales de Psicologia 17, 17-43.

Ericson, N. (2001). Addressing the problem of juvenile Bullyng. Fact Shhet, 27

Heide, K.M.; Hopkins Eyles, C.; Spencer, E. (2000). School shootings in the United States: A typology of lethal and nonlethal Injury. En P.H.Blackman, V.L.Leggett, B.L.Olson y J.P.Jarvis (Eds.). The Varieties of Homicide and Its Research: Proceedings of the 1999 meeting of the Homicide Research Working Group.Washington, D.C.; Federal Bureau of Investigation. 174-178.

Hitoshi Aiba (1975). Crime in Tokyo and others cities: a cross-cultural study. Hiroshima Forum for Psychology. 2, 35-38

Reddy, M.; Borum, R.; Berglund, J.; Vossekuil, B.; Fein, R. (2001). Evaluating risk for targered violence in schools: comparing risk assessment, threat assessment, and other approaches. Psychology in the Schools 38 (2), 157-172.

Ruiz Olabuenaga, J.I. (1991). Una visión sociológica de la inseguridad ciudadana (I). En A.Beristain y J.L.de la Cuesta (Coordi.). Inseguridad y vida ciudadana. San Sebastián: Servicio Editorial Universidad del País Vasco.. 57-64.

Schneider, H.J. (1995). La criminalité et sa representation par les mass media. Revue internationale de criminologie et de police technique. 2, 148-158.

U.S Secret Service (2002). Preventing School Shootings. NIJ Journal, 248, 10-15.

Vossekuil, B.; Fein, R.; Borum, R.; Modzeleski, W. (2002). The Final Report and Findings of The Safe School Initiative. Washington, D.C: U.S. Department of Education.

No Comments

No comments yet.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Sorry, the comment form is closed at this time.

soccerine Wordpress Theme