LA EJECUCIÓN DE LA INOCENCIA, (injusticias en la justicia)


Ángel Magdala y Mario Flores Urbán
BmmC editores
ISBN: 84-95485-16-8
Páginas: 144
Precio: 11,12.- euros

En contadas ocasiones disponemos de documentos que nos hagan ver la cruda realidad sobre la pena de muerte, método de ajusticiamiento que, en la actualidad, sigue vigente en el que se referencia como uno de los países más libre y avanzado: Estados Unidos de América.


“La ejecución de la inocencia” consta de dos partes:
Ángel Magdala nos introduce, con un trabajo poético desgarrador y comprometido contra la pena de muerte, en el estudio “injusticia en la justicia”, documento que Mario Flores, condenado a muerte en un juicio lleno de contradicciones y errores, ha elaborado desde el “corredor de la muerte” en Illinois, (Chicago) donde cumple condena desde 1985.


Cuando un error judicial se hace evidente ante una sentencia de índole económica, o de pérdida de libertad, existen recursos razonablemente compensatorios para el condenado; pero cuando éste ha sido ejecutado… ¿Cuál es la recompensa?
La recopilación de casos de errores judiciales que nos aporta Mario Flores, junto al suyo propio, nos hace reflexionar sobre la incongruencia y fragilidad de leyes que no garantizan su justa aplicación.

Capitulo 1

 

Sé que no fue el sol quien iluminó aquellos días felices,

sino la luz que en mi corazón fluía

cuando su “sangre de pichón” era un destello.

En un instante,

la niebla capturó su alegre brillo,

y su mágica raíz la sepultó un bosque de tierra

como un aciago augurio de muerte florecida.

Mas qué temprano…

qué pronto ha llegado el alba

en su sola apariencia

desaparecida.

¿Quién sabe lo que hay debajo?

¿Qué, si de allí nunca vinimos?

Y el perro de nuestra sombra ya no obedece,

mientras lame las úlceras de otro mendigo.

Ángel Magdala (pseudónimo)

Introducción

 

De los 50 estados de la Unión Americana, 38 de ellos aplican la pena de muerte. No obstante, en la actualidad el Gobierno Federal, el eje del país, ha suspendido temporalmente todas las ejecuciones debido a ciertos defectos apreciados en cuanto a la aplicación de dicha pena. Su sorprendente decisión de suspender todas las ejecuciones, a fin de revisar el sistema, ha motivado a otros estados la posibilidad de imponer una moratoria contra dicha aplicación en sus respectivos estados. Los sistemas de ejecución en los Estados Unidos varían en cada estado. La corte suprema tiene aprobado cinco métodos de ejecución, supuestamente menos crueles, como son: La inyección letal, la silla eléctrica, la horca, la cámara de gas y el fusilamiento. Illinois, como el gobierno federal, aplica la inyección letal. En América se ejecutan a hombres, mujeres, niños, retrasados mentales, ciudadanos de otros países, incluso inocentes. Desde 1972 América ha sentenciado a muerte a más de 7000 acusados (1) y ha ejecutado a 716. (La ejecución de Timothy McVeigh el 10 de junio de este año fue la primera ejecución, en el sistema de pena de muerte federal, en 38 años.) Desde 1972 se han producido 95 errores en el sistema de pena de muerte; es decir, noventa y cinco personas llegaron al corredor de la muerte y fueron luego excarceladas, cuando se descubrió que eran  inocentes. El reportaje de los profesores H. Bedau y M. Radalet, “A pesar de inocencia” (2), explica que, entre 1900 y 1992, en América se ejecutaron a 23 inocentes. A esta lista se pueden añadir cinco casos más: el de Joseph O´Dell, ejecutado en Virginia en 1997; el de David Spence, ejecutado en Texas en 1997; el de Leo Jones, ejecutado en Florida, en 1998; y el de Gary Grahan, ejecutado en Texas en 2000. De forma permanente hay unos 3700 sentenciados en los corredores de la muerte en Norteamérica. Probablemente, algunos son inocentes; otros, aunque no inocentes, no son merecedores, técnicamente, de la pena de muerte; y otros, aunque completamente culpables… ya no son los mismos monstruos que eran en los tiempos y circunstancias en que cometieron sus crímenes. De hecho, durante los años de prisión, muchos de ellos han podido rehabilitarse, a pesar de las escasas oportunidades que tienen para ello. De estos últimos se puede decir que durante los años de prisión se han sabido “habilitar” no “re-habilitar”, puesto que muchos de ellos nunca tuvieron la oportunidad de aprender cómo ser “hábil” para, efectivamente, poderse “re-habilitar”. En 1972, en un caso llamado Furman contra Georgia (3), la Corte Suprema de EE.UU. anuló todas las sentencias de los condenados a muerte en el país. (A cambio, se les sentenció a cadena perpetua.) La corte hizo esto porque, en aquel entonces, los sistemas de pena de muerte de cada estado contenían dos graves defectos: 1) No eran estructuralmente similar o comparables los unos con los otros, tal como exige la Constitución del país; y 2) No garantizaban justicia e imparcialidad en cada caso, como exige la Constitución.

En 1976, en el caso Gregg contra Georgia, (4) la Corte Suprema de la nación revisó y aprobó los nuevos sistemas estatales de pena de muerte, dándole un nuevo incremento a la pena de muerte en América, la cual vino a ocasionar más injusticia e ignominias. En 1991, el juez de la Corte Suprema, Lewis Powell, admitió, durante una entrevista, que había llagado a la conclusión de que la pena de muerte no se puede aplicar de una manera justa e imparcial, como lo exige la Constitución de EE.UU. También expresó su remordimiento por haber votado a favor de los nuevos sistemas de pena de muerte en 1976, en el emblemático caso de Gregg contra Georgia. En 1994, el juez Harry Blackmun, perteneciente a la Corte Suprema del país, expresó los mismos sentimientos que el juez anteriormente mencionado, Powell, con respecto a la imposibilidad de administrar la pena de muerte justamente; así como su profundo remordimiento por haber votado a favor de los nuevos sistemas de pena de muerte, tal como hizo su colega en 1976, en el caso Gregg. Pero evidentemente lo más triste no es que la pena de muerte sea aplicada no sólo de forma caprichosa y discriminatoria, sino que se aplique a personas inocentes.

I. William J. Brennan, Jr., (5)

Juez de la Corte Suprema de EE.UU.

 

Mario Flores Urbán (Actualente en el corredor de la muerte)

Para citar este artículo según las normas APA, escribir:  Magdala, A., & Urbán, M.  (marzo, 2010).  La ejecución de la inocencia, (injusticias en la justicia).  Recuperado de http://psicologiajuridica.org/archives/246

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