HOMICIDIOS DE MENORES A MANOS DE SUS MADRES: ¿ALTRUISMO, SEVICIA, PATOLOGÍA MENTAL O SOCIAL?

POSIBLES EXPLICACIONES DESDE LA PSICOLOGÍA FORENSE

CLAUDIA RODRÍGUEZ Y.

Recientemente, los medios de comunicación Colombianos han dado enorme cobertura a casos en los que la madre o el padre (o padrastros) de menores de edad, han maltratado, abusado o asesinado a sus hijos. El inicio de esta gran difusión puede estar en el incremento de los casos, en el de las denuncias (más probable que el anterior), en el despertar de la sensibilidad social hacia los menores o, incluso, en el morbo que suscita entre las cadenas noticiosas y sus respectivos televidentes. Lo cierto es que esa cobertura ha generado múltiples opiniones y grandes interrogantes; entre las primeras, cabe citar la de un político que, en plena campaña electoral ha propuesto la pena de muerte para los padres maltratadores de su menores hijos…, u opiniones que deberían llevar a una acción eficaz por parte de todos los funcionarios públicos que devengan sus salarios gracias a temas afines: “el problema del maltrato infantil es tan grave, tan grave que Herodes se pondría colorado” (Luis Eduardo Garzón, Alcalde de Bogotá). Todo lo anterior, ayuda a que se suscite un interrogante entre la opinión pública en general: ¿Por que razón una madre es capaz de maltratar, torturar e incluso asesinar a su menor hijo?. Esto sin contar que el interrogante se extiende a los padres varones, y a las parejas de estos y aquellas.

El objetivo de este artículo es el de aproximarse a una respuesta, desde la perspectiva de la psicología forense. Es un intento de exploración para saber que está pasando con las madres que asesinan a sus hijos en Colombia y, qué efectos tendría dicha exploración en la psicología forense Colombiana. Aunque quisiera abarcarse el tema en cuanto a los padres varones, los padrastros y al dúo maltrato infantil- filicidio, solo se ceñirá –por limitaciones propias de un congreso virtual- al tema arriba titulado. Además, como comprenderá el lector, no se trata de una investigación exhaustiva, puesto que el filicidio e infanticidio adolece de investigaciones amplias y rigurosas en nuestro país (al menos a partir de la revisión de la autora), e incluso, de datos certeros pues, penosamente, solo se cuenta con unas incipientes estadísticas.

El presente artículo más que la puesta en escena de una realidad actual e inquietante, es el llamado a la investigación científica del tema, con la cual se pueda dar respuesta al fenómeno de las madres que asesinan a sus hijos. Si bien es cierto que en países aún mas desarrollados lo han atribuido a ciertas patologías mentales, aquí en Colombia, éstas no se han estudiado en profundidad, razón por la cual la opinión pública (e incluso abogados, jueces y fiscales) ha adjudicado esa conducta de maltrato y asesinato a mera ignorancia, a la violencia propia del país y al salvajismo parental (advirtiendo, que todo esto también podría hacer parte de patologías mentales asociadas).

En este orden de ideas, al dar claridad al asunto, además de que se ayudaría a fomentar campañas o programas acertados de prevención y rehabilitación (o reeducación parental), resultaría clave para el área de la psicología forense Colombiana. Es este último aspecto el inspirador de este artículo. Es perentorio obtener conclusiones científicas a partir de serios estudios psicológicos, que conlleven al diseño de metodologías o técnicas adecuadas de peritación psicológica que sirvan como prueba a los funcionarios judiciales y que, de paso, ayude al posicionamiento del psicólogo forense dentro de la administración de justicia Colombiana. Dicho procedimiento se hace más perentorio aún si se tiene en cuenta que, para la justicia es determinante saber si la madre (o padre) cometió el homicidio con intención criminal o no (lo cual marca la diferencia entre dolo y culpa), hecho del que depende la cantidad de años a cumplir por pena. Para ejemplificar, se puede traer a colación un caso ocurrido en Estados Unidos en el que una mujer estaba bañando a su bebé y este murió ahogado. Una correcta peritación psicológica ayudó a demostrar que la madre sufría de depresiones profundas anteriores que le impedían atender adecuadamente las necesidades del menor. Esta conclusión pericial fue determinante para la calificación del delito como culposo y de su correspondiente reducción en años de condena. “Se comprobó que lo cometió y obtuvo la justa pena por ello”, diría su abogado defensor.

A continuación, se enunciarán algunos casos ocurridos en nuestro país que, además de conmover y mover a la sociedad, justifican la profundización científica del tema en esta latitud:

Caso 1. En Bogotá, en mayo de 2005, una madre de 19 años informó que unos hombres le habían arrebatado a su hijo cuando cruzaba el caño Yomasa y que procedieron a arrojarlo al nombrado lugar. Meses después, ella confesó a un noticiero nacional la forma como ella misma había arrojado a su hijo de un año de edad: “lo tiré y después me di cuenta que también se me había caído el celular, entonces me bajé del puente hasta donde había caído el niño y le di una patada para que se lo llevara la corriente. Lo hice por vengarme del padre”. El 25 de enero, esta mujer fue condenada a 25 años de prisión, según un noticiero nacional, no sin antes resaltar la “indiferencia y frialdad que se observaba en esta joven madre”.

Caso 2. En Cúcuta (ciudad capital al oriente Colombiano), en agosto de 2005, una madre envenenó a sus hijos de 5 y 7 años, luego de lo cual ella también ingirió el veneno.

Caso 3. En Bogotá, una madre ahogó a su hijo de dos años con un colchón porque estaba llorando y después lo lanzó a un río. Argumentó no recordar nada ni saber porque lo hizo. Adicionó el que la cabeza le diera vueltas durante el suceso.

Caso 4. En Bogotá, un hombre arrojó por la ventana a su hijo de once años, desde el tercer piso de su casa, ocasionándole múltiples fracturas y dejando en duda la capacidad de volver a caminar. Los vecinos comentaron que no era la primera vez que se escuchaba al padre maltratando al menor.

Caso 5. El 12 de enero de 2006, dos casos consternaron al país. Uno, en la Costa Atlántica en el que un padrastro dejó en coma a una bebe de quince meses, como producto de una golpiza recibida en venganza a una discusión sostenida con la madre de la menor. El 16 de enero, esta menor falleció. El otro, en Bogotá, un padre y su compañera, asesinaron a golpes al hijo del hombre, quien tenía tres años de edad y presentaba según Medicina legal, heridas en la cabeza, mutilación en los labios, quemaduras de cigarrillo en el tórax, laceraciones en la base del pene, una costilla rota y lesiones en los pies. Cabe anotar, que este padre y la madre, según los medios, se habían disputado la custodia del menor en una Comisaría de familia, ella intentó quedarse con el niño a pesar de la orden judicial, tuvo que devolverlo al padre porque la policía intervino para ello. Luego cabe preguntarse en qué criterios de idoneidad parental se basó el comisario o juez de familia que asignó la custodia a ese padre y, más aún, si participaría algún psicólogo en la asignación de esa custodia y si fue así, es evidente que su participación no fue óptima (Aunque es penoso citarse a sí mismo, estas observaciones ya habían sido presentadas por la autora en un artículo anterior, en el que se resaltan los nocivos efectos de no contratar a psicólogos forenses dentro de los juzgados de familia Colombianos, advirtiendo que ni siquiera se cuenta con psicólogos generales). En pocas palabras, se puede afirmar que somos muchos los involucrados en la muerte de este menor (los que no denunciamos, los que trabajamos para el Estado y no somos idóneos en esos cargos, los que sabemos como realizar pericias idóneas pero no publicamos los conocimientos, métodos o hallazgos, etc). Obviamente, la reacción de la madre no se hizo esperar. El mismo día de las exequias de este pequeño, anunció una demanda contra la Comisaría de familia, del barrio Samper Mendoza de Bogotá.

Los casos 1 y 3 configuran en infanticidio. El caso 2 en filicidio. Los casos 4 y 5 en maltrato infantil reiterado, culminados en asesinato. Las definiciones de cada término se describen como sigue:

Filicidio. Forma de parricidio. Homicidio de un menor mayor de dos años causado por uno o ambos padres. Se clasifica en: filicidio altruista, eutanasia, psicosis aguda, trastorno mental posparto, hijo no deseado, explosión de violencia, venganza contra el cónyuge, abuso sexual, síndrome de Munchausen por poderes, hijo violento, imprudencia y abandono, actos de castigo sádico, abuso de alcohol y drogas, trastornos de comportamiento. Un tercio de las madres se suicidan después de cometido el acto.

Neonaticidio. Ocurre en menores de menos de 24 horas de nacido. El asesinato ocurre por ser fruto de una relación difícil o extra conyugal. En algunas culturas se practica para “equilibrar” el número de hembras y varones, por la tendencia natural a ser mayor el número de las primeras que de los segundos.

Infanticidio. Muerte delictiva del hijo o hija con mas de 24 horas de nacido y con menos de dos años de edad.

Cabe anotar que, aunque el aborto también implica la terminación de la vida de un hijo, no se incluye en la anterior clasificación por tratarse de menores no nacidos, mientras que dicho listado sólo abarca a quienes si alcanzaron aquella condición.

La breve revisión de escritos foráneos realizada por parte de la autora, arroja como resultado la descripción de algunas de las explicaciones científicas a estos tipos de homicidio de menores, que se describen como sigue:

El síndrome de alta gravedad puerperal, es descrito por Robles (2002), como el conjunto de trastornos que abarca a los siguientes (los cuales no deben presentarse todos al mismo tiempo):

1. Psicosis puerperal. El riesgo de su presentación está en los tres primeros meses después del parto. Los desencadenantes son de tipo biológico y predominan sobre los psicosociales. Se presentan agitación, confusión, alucinaciones (muy vívidas), delírios y comportamientos violentos, todo lo cual incrementa el riesgo de infanticidio y suicidio.

2. Depresión mayor posparto. Comienza 20 días después del parto y en forma lenta. La mujer piensa en el fracaso como madre. Experimenta excesiva fatiga, siendo el suicidio el peor riesgo.

3. Depresión psicótica posparto. Episodios psicóticos ocasionales y ocultos, episodios alucinatorios con la característica de ser recurrentes y repentinos. Hay una mejoría aparente. El infanticidio ocurre a las diez semanas del parto debido a lo ordenado por la alucinación.

El síndrome de baja gravedad puerperal o materny blues es un síndrome transitorio caracterizado por episodios de llanto, confusión, insomnio, inquietud, sensación de agotamiento y muchas veces cefalea. Puede desaparecer en pocas horas para luego reaparecer. Es una respuesta normal y fisiológica. Está presente en el 30-60% de las primíparas. Guarda relación con variaciones de estrógenos y progesterona, se atribuye a activación del sistema límbico por oxitocina que disminuye en hipotálamo anterior en los últimos días del embarazo y mañana siguiente al parto, para aumentar concentraciones en zonas cerebrales relacionadas con el comportamiento maternal. No requiere tratamiento farmacológico, tal vez tranquilizantes o hipnóticos esporádicos (Robles, 2002).

Todos los anteriores, son algunos trastornos asociados al ciclo reproductivo de la mujer, entre los cuales también cabe mencionar al síndrome premenstrual y al síndrome climatérico. Adicionalmente, existe una íntima relación entre los estados de ánimo durante las etapas del ciclo reproductivo femenino, con niveles hormonales y estos con neurotransmisores cerebrales (Revista Argentina de clínica neuropsiquiátrica, 2002).

La depresión posparto es sufrida por 1 de cada 10 mujeres. Sus principales síntomas son la tristeza, irritabilidad, fatiga, insomnio, pérdida del apetito, incapacidad para disfrutar, desbordamiento, ansiedad. Como factores de riesgo se tienen la historia previa de depresión, falta de afecto de la pareja, bebé prematuro o enfermo, acontecimientos vitales adversos (fallecimiento de ser querido, problemas económicos, perdida de empleo o pareja). Al parecer, es ocasionada por cambios hormonales, en los que estrógenos y la progesterona bajan bruscamente al momento del parto.

La depresión posparto, tiene como otra de sus características el que algunas mujeres, especialmente las primerizas, sienten miedo terrible de no estar preparadas para atender bien al bebé.

Una de cada 1.000 mujeres con este tipo de depresión, es víctima de psicosis hasta el punto de poner en peligro la vida propia y la de sus familiares.

Si la madre tiene algún familiar con historia de depresión y además experimenta demasiada tristeza en el embarazo, síndrome premenstrual, problemas económicos, divorcio reciente, pérdida del trabajo o, el embarazo se presentó como una sorpresa desagradable, el riesgo de depresión posparto se incrementará considerablemente.

Pérez Martín, Jordán Jimeno y Fuentes Albenza del Hospital Psiquiátrico de Foncalet (1994), afirman que el 90% de los casos de homicidios de menores ocurre en el curso de trastornos psicóticos funcionales. Más de los dos tercios de estos filicídas tienen trastorno de personalidad previo. El 10% de los casos ocurre cuando uno de los dos cónyuges no convive con el otro en el momento del delito.

Como se puede apreciar, la investigación a realizar en Colombia sobre los menores que mueren a manos de sus madres, tendría muchos puntos a explorar, mencionando entre otros:

Conocer si los trastornos anteriormente citados se presentan en la población y su incidencia.

Conocer de que manera afecta o hace más críticos a los trastornos, variables propias de la población Colombiana como lo es la escasez de recursos, la cultura de infringir castigos físicos a los niños como forma de educación, el desempleo, el desplazamiento, el abandono del padre, la maternidad de las adolescentes, la crisis económica, social y laboral del país.

Determinar si en la población femenina Colombiana existe relación entre los estados de ánimo durante las etapas del ciclo reproductivo femenino, con niveles hormonales y estos con neurotransmisores cerebrales.

Determinar si existe alguna relación entre el filicidio altruista y variables de tipo socioeconómico en la población materna y paterna Colombiana.

En cuanto al plano de la psicología forense, la investigación sería más exhaustiva al intentar determinar los criterios de diagnóstico para cada trastorno, árboles de decisión e incluso instrumentos de evaluación forense que ayuden a llegar al mismo diagnóstico.

Una de las dificultades que muy probablemente se encontrarán al realizar la investigación psicológica forense, será la falta de estadísticas especializadas, puesto que las que se encuentran son de tipo judicial o médico legal, las cuales no presentan variables importantes para la investigación psicológica forense, por lo que se debe empezar por buscar a la población e indagar en aspectos tales como patologías mentales anteriores (psicosis, depresión, trastornos de personalidad, episodios psicóticos), desencadenantes biológicos y psicosociales, examen mental, historia familiar, social, académica, afectiva, sueño, alimentación, redes de apoyo, reacción frente al embarazo, si es hijo deseado, historia de negligencia, abandono o maltrato hacia ese menor y hacia sus hermanitos; situación actual de la relación con el padre del menor; situación actual en el plano laboral y económico e, historia de consumo de S.P.A.

Para finalizar, todo lo anterior será inocuo si los psicólogos Colombianos seguimos empeñados en guardar celosamente (o por simple comodidad) los resultados de nuestros trabajos o, las aclaraciones o precisiones que se deban hacer cuando en la opinión pública no exista un conocimiento certero sobre un tema que nos ataña directamente a los profesionales del comportamiento. Para ejemplificar, cuando un niño se intoxica, en los noticieros entrevistan a pediatras y toxicólogos; cuando hay nuevos o confusos descubrimientos en materia de medicina o cirugía plástica, estos profesionales aportan sus conocimientos a través de cadenas noticiosas, siendo las principales agremiaciones las cabezas visibles; cuando se comete un delito sea de corte, político, social o económico, prestigiosos abogados aparecen en televisión argumentando lo que legalmente debería o no debió hacerse. ¿Por qué cuando un niño aparece maltratado, abusado o asesinado a través de los medios, los psicólogos jurídicos o forenses no están posteriormente ofreciendo una declaración acorde?, ¿Por qué hasta hoy 27 de enero la autora no ha visto a ningún psicólogo jurídico o forense en televisión, afirmando que el incremento de las penas para los maltratadores o abusadores sexuales no tendrá mayores efectos sobre ellos, si no va acompañado de un tratamiento especializado para este tipo de delitos?

Queridos colegas: creo que TENEMOS que salir en televisión, por el poder informativo y educativo que ello entraña. Si eso no fuese importante nuestro presidente Uribe no lo haría a diario. No transmitiría sus consejos comunales de los sábados y, no mostraría los resultados de las encuestas que lo dan como próximo presidente de los Colombianos, a través de las cadenas noticiosas. La psicología forense Colombiana necesita posicionarse y más aún en un país con unas características sociales tan extremas como las que aquí se presentan. La Psicología forense de Medicina Legal (en lo poco que existe) no puede seguir quedándose sólo allí. Debe extenderse hacía hacia otros puntos físicos y académicos y, los medios son un buen comienzo o una buena llegada, pero la Psicología forense debería mostrarse también a través de estos, si quiere ser tan reconocida como los delincuentes a los que evalúa.

REFERENCIAS

Fundación Argentina de Clínica neuropsiquiátrica (2002). Revista Argentina de clínica neuropsiquiátrica. Buenos aires: Argentina

Robles, Diana Inés (2002). Médica psiquiatra. Clínica Avenida Ciudad de Rosario, Santa Fe, Argentina.

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