EL PRISIONERO No. 119.104
ARTURO LUNA VARGAS
Director Instituto Colombiano de Logoterapia
“Con torpes pasos, los prisioneros nos arrastramos hasta las puertas del campo de concentración. Tímidamente miramos a nuestro alrededor y nos mirábamos los unos a los otros interrogándonos. Seguidamente, nos aventuramos a dar unos cuantos pasos fuera del campo y esta vez nadie nos impartía órdenes a gritos, ni teníamos que apresurarnos en evitar un golpe o un puntapié… caminábamos despacio por la carretera que partía del campo. Pronto sentimos dolor en las piernas y temimos caernos, pero nos repusimos, queríamos ver los alrededores del campo con los ojos de los seres libres, por primera vez. ¡Somos libres!; nos decíamos una y otra vez y aún así no podíamos creerlo. Habíamos repetido tantas veces esta palabra durante los años que soñábamos con ella, que ya había perdido su significado. Su realidad no penetraba en nuestra conciencia; no podíamos aprehender el hecho de que la libertad nos perteneciera. Llegamos a los prados cubiertos de flores. Las contemplábamos y nos dábamos cuenta de que estaban allí, pero no despertaban en nosotros ningún sentimiento. El primer destello de alegría se produjo cuando vimos un gallo con su cola de plumas multicolores. Pero no fue más que un destello: todavía no pertenecíamos a este mundo… Finalmente caí de rodillas… no recuerdo cuánto tiempo permanecí allí, de rodillas, repitiendo una y otra vez mi jaculatoria. Pero yo sé que aquel día, en aquel momento, mi vida empezó otra vez. Fui avanzando, paso a paso, hastavolverme de nuevo un ser humano” (Viktor Frankl). (1)
El anterior párrafo es una pequeñísima muestra del drama de miles de seres humanos en el mundo que en la prisión ven aplastada su dignidad humana y ser reducidos a un simple número.
Una de las problemáticas relacionadas con la psicología jurídica es la referente al sentido y significado del sufrimiento de la persona en prisión: ¿Por qué a mí? ¿Qué sentido y significado le encuentro al estar preso? La logoterapia (Tercera escuela vienesa de psicología) o curación por medio del sentido y significado es una de las claves de lectura más utilizadas para abordar estas problemáticas. El fundador de la logoterapia, el psiquiatra Viktor Emil Frankl, prisionero de cuatro campos de concentración en la segunda guerra mundial, nos hace ver en varios de sus libros, que poseemos una inmensa capacidad para descubrir el sentido y significado oculto en lo que sucede. Y nos invita a pasar del ¿por qué a mí? al ¿para qué a mí? Freire (2), nos recuerda:
La descomunal fuerza del espíritu o dimensión noética de la persona, capaz de soportar lo insoportable, e incluso, en algunos casos, de elevarse por encima del lacerante primitivismo físico y mental generado por la vida de la prisión, hasta despertar, incluso, una profunda vida interior, un crecimiento del espíritu.
¿Por qué unos sí y otros no? Porque la persona es un ser con la capacidad interior de oponerse o dejarse arrastrar por las condiciones del destino. Es decir, el hombre acciona su libertad interior; y esa libertad interior para asumir o sucumbir ante las condiciones del campo de la prisión representa una muestra elocuente e irrefutable de la espiritualidad de la persona…
Y es que a la persona se le puede arrebatar absolutamente todo salvo una cosa: “La última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias – para decidir su propio camino (…) En un análisis último se hace patente que el tipo de persona en que se convertiría un prisionero era el resultado de una decisión íntima y no únicamente producto de la influencia del campo de concentración” (3). La fortaleza para ejercer esa capacidad de elección del espíritu emerge de la “voluntad de sentido”.
Enunciaremos brevemente algunas guías para ayudarle a la persona que sufre a que encuentre un sentido y un significado a su sufrimiento, aclarando que normalmente, desde la logoterapia, el abordaje de estas guías se hace con el diálogo socrático: (4)
“Sufrir en un contexto válido
” Un sufrimiento puede ser superado sólo si se lo concibe en un contexto válido, es decir si viene colocado en un cuadro de referencia que permita descubrir las posibilidades que aún faltan por realizar. De frente al dolor, de hecho, nos podemos relacionar de una manera masoquista o con una actitud de huida (por ejemplo con el suicidio). Pero se puede también asumir con madurez y dignidad, no obstante toda la dificultad para comprender el marco significativo. Y es entonces cuando Frankl nos indica cuatro maneras que permiten colocar el sufrimiento en un contexto significativo.
La primera, que caracteriza el dolor como un ejercicio, surge del hecho de considerar cada decisión actual como fruto natural, no obstante su fatiga, de un camino precedente, en el cual la persona ha individualizado como centrales algunos valores por realizar. En tal perspectiva, la actitud que se asume ante el sufrimiento inevitable constituye el último anillo de una completa cadena de decisiones, en cuyo origen hay un acto consciente de libertad.
La segunda modalidad es aquella del crecimiento, gracias al cual la persona ve la situación desde una perspectiva diferente, podríamos decir desde las raíces mismas, y por lo tanto haciéndose la pregunta existencial de qué puede hacer con su dolor. La consecuencia es el redimensionar ciertas fijaciones, la caída de ciertas pretensiones absurdas, un mayor contacto con la realidad.
La tercera modalidad es aquella de la maduración que “se apoya sobre el hecho que el hombre llega a una libertad interior no obstante la dependencia exterior” y por lo tanto logra valorar mejor el estilo de vida precedente, superando la simple fase de la vanalidad y de la superficialidad del cotidiano anónimo. No se está más arrullado por las ondas tranquilas y seguras, sino que se encuentra por fuerza afrontando los peligros y los obstáculos, los interrogantes y los llamados. ¡Y esto hace madurar!
La cuarta modalidad es aquella del enriquecimiento, unida al hecho que “el sufrimiento vuelve al hombre perspicaz y el mundo transparente”, y por lo tanto capaz de coger la verdad en su forma genuina, sin los oropeles, que las estructuras, las expectativas ambientales y sociales imponen pesadamente sobre su cara.
Sufrir “por amor de… “
La segunda condición necesaria para ayudar a las personas a hacer frente a las pruebas dolorosas de la vida es aquella de que descubran la posibilidad de sufrir por “amor de alguien o de algo”. Esto quiere decir volver a la concepción de la intencionalidad, de la orientación hacia valores y significados, de la superación de una relación egocéntrica y solipsística, incapaz de alzar la mirada más allá de las propias necesidades y aspiraciones. La superación del placer como objetivo e ideal de nuestra propia búsqueda. En realidad “el hombre que busca ansiosamente el placer no lo alcanza jamás. El placer puede ser sólo un efecto (un premio), no una intención; él se deja sólo realizar, no entender”.
Es muy conocido el ejemplo que da Frankl del médico que estaba muy deprimido a raíz de la muerte de su esposa y que va a consulta donde Frankl .El verdadero problema por el cual venía a pedir consejo era porque con este dolor “no ayudaba a ninguno”, como él mismo se expresó. Como voluntariamente él habría sufrido si existiera al menos alguno por el cual sufrir, alguno por el cual poder consagrar su dolor como sacrificio.
Una simple reflexión le hizo comprender que también su sufrimiento no estaba ausente de significado, del significado oblativo. Para mostrarle un tal significado bastó invitarlo a que pensara un momento en qué habría pasado si él hubiera muerto antes que su esposa y por lo tanto ella estuviera viviendo: o sea si era preferible para él que su mujer hoy día estuviera llorando y lamentándose. En ese momento le apareció claro que las cosas se habrían presentado de tal manera que le permitían a su esposa no sufrir por su muerte; y este hecho de alguna manera debería ser pagado con el precio de su sufrimiento. En este instante su vida, su dolor asumieron un significado, “habían sido dotados de significado: la tristeza “por” alguno se transformó en sacrificio “por amor de” este alguien. Se trató de un diálogo que duró pocos minutos. El consultante en tiempo breve realizó una revolución copernicana”.
El dolor pertenece a la esfera más íntima y personal del hombre. La persona no educada por el dolor permanece siempre un niño. El crecimiento, la maduración, el enriquecimiento de una vida humana están unidos al dolor y a la respuesta a la pregunta: “¿Para qué sufrir?”. Y una respuesta de estas no es pronunciada en voz alta, con soberbia, sino viene pronunciada en el profundo del propio corazón, en el íntimo del ser propio. “La respuesta que el hombre sufriente da a la pregunta sobre el por qué del dolor a través de cómo él lo soporta es siempre una respuesta sin palabras…”. Y no obstante, “esa es la única respuesta significativa”.
Y aquel que se acerca a la persona sufriente ¿cuál actitud debe tomar cuando se encuentra en situaciones en las cuales no es posible curarse, no es posible disminuir los dolores y los sufrimientos físicos? ¿No se está tal vez tentados de distraerse con escapes contraproducentes e inútiles? Frankl nos dice: “una última palabra no a la persona que sufre, sino a la persona que se acerca al que sufre y sufre con él: como el dolor, es significativo el vivir juntos, el sufrir juntos! Pero también esto es significativo y silencioso: el consolar tiene límites: donde todas las palabras serían muy poca cosa, allí cada palabra es de sobra”.
Para terminar recordemos la frase de Esquilo: “Al que ha sufrido le queda la alegría de comprender al otro”.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Freire, J. V., El humanismo de la logoterapia de Viktor Frankl, Eunsa, Pamplona, 2002.
Tercer módulo diplomado logoterapia convenio Instituto Colombiano de Logoterapia – Universidad Santo Tomás.
Para citar este artículo según las normas APA, escribir: Vargas, A. (mayo, 2010). El prisionero No. 119.104. Recuperado de http://psicologiajuridica.org/archives/281.


