EL MALTRATO AL ADULTO MAYOR
HÉCTOR LAMAS ROJAS
FRANCISCO JAVIER LAMAS LARA
Resumen
En nuestra sociedad existen actitudes negativas frente al proceso de envejecimiento y por ende frente a las personas mayores de 60 años o adultos mayores. En el ámbito familiar estas actitudes van desde la sobreprotección hasta el maltrato en todas sus variantes, que por lo general no es denunciado por las víctimas en tanto significa un enfrentamiento con los agresores que usualmente son sus propios hijos o familiares de los que dependen afectiva y/o económicamente. Se analiza el problema y se plantea que para hacerle frente se requiere la participación de la familia, de los profesionales y de la comunidad en general.
Palabras clave: envejecimiento, ámbito´familiar, maltrato
El envejecimiento es una sucesión de modificaciones morfológicas, fisiológicas, y psicológicas de carácter irreversible, que se presenta aún antes de que las manifestaciones externas den al individuo aspecto de anciano.
La vejez es un tema impregnado de prejuicios. Por eso es necesario investigar en el imaginario social para conocer como ha ido evolucionando el concepto y los roles que se le asocian.
Según Salvarezza (1998) el imaginario social es: “La construcción colectiva más o menos arraigada en los vastos sectores sociales pero no en todos y dentro del cual tienen un lugar preponderante los prejuicios y/o creencias que no han sido adecuadamente procesados a partir de conocimientos científicamente comprobables. Aunque la estructura del imaginario social es siempre la misma, la forma que esta adquiere en relación con las distintas temáticas, estará determinada por los elementos subjetivos que se ponen en juego frente a estas últimas”…
“Los prejuicios se estructuran a partir de situaciones subjetivas basadas en expectativas, deseos y/o temores individuales que no siempre han sido procesados correctamente desde el punto de vista consciente. Muchas veces adquiere carácter irracional, una vez construido adquiere fuerza propia y actúa sobre los individuos determinando su forma de conducta más que de pensar”. (Salvarezza, 1998) En la sociedad actual existen actitudes de discriminación y segregación hacia la población vieja que Salvarezza denomina “viejismo”. Estas conductas se sustentan en prejuicios. Otro ejemplo de esto es la noción de que vejez es igual a enfermedad y el intento de biomedicalizar la vida humana. Hay quien afirma que detrás de toda esta problemática está la poderosísima industria farmacológica.
Por otra parte la gran mayoría de los profesionales de la salud participan consciente o inconscientemente de estos prejuicios y suelen estar desinformados sobre las necesidades, deseos, angustias y expectativas de los viejos. Esto se ve potenciado por la falta de formación gerontológica y/o geriátrica, en la mayoría de las universidades de nuestro país.
Se suele escuchar que el paso a la jubilación tiene un impacto negativo sobre el individuo. Pero hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos ésto no sería así si no fuera porque es compulsiva, unilateral y brusca a la vez que reduce tanto el ingreso como la categoría social.
Los prejuicios desde el punto de vista económico – laboral establecen que un anciano vale menos que un joven. Respecto de las tareas manuales se puede afirmar, de acuerdo a estudios realizados en Inglaterra, que el joven lo supera en rapidez pero el mayor es más prolijo, detallista y ahorrativo en el uso de materiales.
En cuanto a la producción intelectual, existen jóvenes improductivos y otros geniales. Del mismo modo en la vejez, ya que quienes se han dedicado a ello no han visto decrecer sus producciones.
A nivel social, circulan ideas respecto de la capacidad de aprender de las personas ancianas. Se dice que quedan atrás. Lo que ocurre en el anciano es una lentificación, no una incapacidad. Y como se vive en la era de la velocidad y la ansiedad, en tales circunstancias las personas de edad avanzada suelen declararse incompetentes.
Un calificativo apropiado para la vejez, en este mundo civilizado, sería el de soledad y si el poeta exclamó “que solos se encuentran los muertos”, el sociólogo podría comentar que ya aprendieron a estarlo en su vívida vejez; sobre todo en referencia a su vida íntima, subjetivamente sentida.
“Los viejos parecen ser portadores inocultables de una mala noticia. Que si tenemos tiempo, todos vamos a ser viejos”. (Salvarezza, 1998). Y esto conduce indefectiblemente a la reflexión sobre la propia vejez, lo que implica revisar miedos, expectativas y prejuicios.
A lo largo de la vida el hombre desarrolla y cumple una cantidad de roles sociales que son producto del intercambio con el medio. En el proceso de envejecimiento, el hombre sustituye unos roles por otros, pero en la vejez suele abandonar o perder aquellos considerados importantes para la sociedad.
Según M. Oddone “los medios de socialización emisores de mensajes que respondes a valores imperantes en la cultura, para un momento histórico y social determinado; influyen en la consolidación de la autoimagen y del papel que la sociedad asigna a los actores sociales individuales o grupos de ellos”( Salvarezza, 1998).
La violencia familiar alude a todas las formas de abuso que tienen lugar en las relaciones entre los miembros de una familia. Para que una situación se encuadre en la categoría de violencia familiar la relación de abuso debe ser crónica, permanente o periódica, quedando excluidas todas aquellas en las cuales el maltrato se produce de manera aislada. Esta acción u omisión es cometida por uno de los miembros de la familia menoscabando la integridad física o psicológica o incluso la libertad de otro miembro de la familia, causando en algunos de ellos un serio daño al desarrollo de la personalidad.
Violencia conyugal, maltrato infantil, abuso sexual, maltrato a personas ancianas, maltrato a discapacitados son algunas de las formas mas frecuentes del fenómeno, que es atinente a todas las clases sociales y niveles socio – educativos. Sus causas tienen las más diversas índoles: psicológicas, sociales, culturales, económicas, etc.
A fin de una mejor conceptualización de la violencia se describen conceptos que aparecen asociados a la misma pero que es necesario diferenciar.
* El conflicto, supone la existencia de factores que se oponen entre sí o contrastes intra o interpersonales que pueden responder a distintos intereses, deseos o valores. Este concepto fue sufriendo mutaciones llegando en la actualidad a ser valorizado en tanto disparador de habilidades y aptitudes que el sujeto pone en juego para su resolución.
* La agresividad es la capacidad humana para oponer resistencia a las influencias del medio. La agresión es la conducta a través de la cual se ejerce la agresividad y sus formas pueden ser motoras, verbales, etc. En toda agresión hay un agresor, un agredido y una intencionalidad.
El término violencia, etimológicamente, remite al concepto de fuerza, ejercicio de poder permanente o momentáneo de un sujeto sobre otro.
“El maltrato de ancianos, en todas sus formas es el reflejo de una familia con problemas y de una sociedad que directa o indirectamente no proporciona los medios para hacerle frente”. Pero la dimensión social no se agota únicamente en el aporte de soluciones a estos problemas. La sociedad actual es también generadora de violencia.
En el año 1991, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 46/91 que establece los principios en favor de las personas de edad bajo el lema “dar más vida a los años que se han agregado a la vida”. Entre estos se cuentan el derecho a la independencia garantizado a través del acceso a bienes, servicios, asistencia y formación; participación social, política y civil; cuidados de la familia y comunidad para mantener y/o recuperar el nivel óptimo de bienestar físico, mental y emocional, así como también de las instituciones donde residan, respetando su dignidad, creencias, necesidades e intimidad; autorrealización a través del uso de recursos educativos, culturales y religiosos; y por último el principio de dignidad que implica seguridad, libertad, exigiendo un trato digno libre de malos tratos físicos y/o mentales.
El maltrato no solo se ejerce a nivel individual y en forma personalizada, sino que va desde la estructura socio política dado por el haber jubilatorio insuficiente, prestaciones medicas deficitarias, barreras arquitectónicas, hasta las características de la vida actual en relación a la tecnificación y computarización aceleradas, que acentúan y cuantifican los hechos violentos.
En los diferentes ámbitos donde se desarrolla la vida cotidiana subyace la idea de cierto grado de inferioridad del grupo etáreo correspondiente a los ancianos y se los descalifica para varias actividades, responsabilidades, etc.
Se deben tener en cuenta, en principio, las relaciones interpersonales, inmersas en una estructura socio – cultural con sus características particulares. Esto posibilita el análisis de los distintos factores que intervienen en la emergencia del fenómeno de la violencia a los que se suma el concepto social de la vejez y la visión que se tiene de ella.
Por qué se habla de maltrato
Parece ser que el término que más se utiliza para denominar esa nueva situación de “discriminación por edad”, identificada en la problemática de los adultos mayores, es el de maltrato, aunque no pocas veces se menciona conjuntamente con el de abuso. Desde esta perspectiva, si pensamos en la condición de invisibilidad a la que son sometidas las personas de edad por ser consideradas improductivas, todas ellas, sin excepción son objeto de maltrato y abuso.
Pero para entender lo que subyace en el concepto de maltrato a las personas de edad, valdría la pena revisar definiciones presentadas en algunos estudios:
Álvarez (1997) plantea que “el maltrato al viejo es toda acción voluntaria, accidental y fortuita que conduzca a una ofensa o descuido físico, psicológico, emocional, social o económico, infringido a persona mayor de 60 años por los hijos, los sobrinos, hermanos, familiares, terceros, la sociedad o por el medio en el cual se desenvuelve”
En otro contexto, el grupo de estudio del Concejo de Europa (1992) definió el abuso o los malos tratos como “el acto no accidental u omisión que menoscaba la vida, la integridad física psicológica de una persona anciana o que amenaza seriamente su personalidad o afecta o daña su seguridad financiera”
En relación con esta última definición, Russel (1999), afirma que es el resultado de la discusión establecida por el grupo mencionado, frente a otros intentos de identificación de violencia intrafamiliar y con el propósito de reconocer tres grandes dimensiones: La Familia entendida como cualquier persona relacionada con el anciano/a por sangre, matrimonio, o cohabitación; la violencia como cualquier acto u omisión que podría ser dañina; y las personas ancianas, o sea quienes están en edad, o sobre la edad de retiro.
Así mismo comenta que ese intento de conceptualización fue la base para que -en la época- otros investigadores desarrollaran sus propuestas, discutiendo los elementos contenidos en la definición presentada. Sin embargo, llega a la conclusión, citando a Phillipson (1993, citado por Márquez, 2004), que “tanto los conceptos como las teorías explicativas utilizadas y la posición adoptada por los investigadores, han excluido la posibilidad de conceptualizar el maltrato a personas mayores que tenga en cuenta su larga historia en medios distintos del familiar”
Aún así, la dimensión identificada como la familiar (que también es un eje que se resalta en la definición presentada por Álvarez) sigue siendo el referente primordial cuando se aborda el tema en cuestión, y ello involucra un sesgo en la investigación por la limitación que crea en el análisis. Además, deja ver claramente que para los otros grupos de edad -tanto como para las personas viejas- el único espacio en que se puede pensar a hombres y mujeres que han cumplido la edad del retiro o la jubilación es el de la familia. Y eso ya es una forma de exclusión.
Por ello, nuevos intentos de reconceptualización, desde la visión de los derechos humanos, plantean “los malos tratos como el conjunto de violencias, por acción u omisión de la que son víctimas los ancianos, que conllevan un perjuicio para su salud integral” Pochtar/Pszemiarower (1999). Sin embargo, a esta última conceptualización, habría que agregarle que no sólo afecta su salud, sino también y especialmente su bienestar, y desde una perspectiva integral, su desarrollo humano y en consecuencia su calidad de vida.
A este nivel, Barreto y Viera (1999, citados por Márquez, 2004) entienden el maltrato de una manera más amplia definiéndolo como “todo hecho o situación que ocasiona algún tipo de daño a una persona y que le impide su bienestar”
En 1985, el Congreso de los Estados Unidos definió técnicamente el abuso como: “Deseo de infligir daño, confinamiento injustificado, intimidación o castigo cruel, que de origen a daño físico, dolor o angustia mental, también deseos de privar de los cuidados, alimentos o servicios al anciano”.
El maltrato al anciano es una conducta destructiva que está dirigida a una persona mayor, que según su intensidad o frecuencia puede producir efectos nocivos de tipo físico, psicológico, financiero, descuido sexual, negligencia de derecho y su dimensión (daño, frecuencia, severidad, duración e intensidad). Se habla de negligencia cuando no se atiende a las necesidades físicas o psíquicas, y de maltrato, cuando hay un daño efectivo para la salud o bienestar de una persona anciana.
Según informe de grupos de expertos, la definición de maltrato como forma de violencia dependerá del propósito de la investigación.
En el año 1987 la Asociación Médica Americana definió el abuso como “todo aquel acto de omisión que lleve como resultado un daño o amenaza de daño contra la salud o el bienestar de una persona anciana”, se trata de una definición muy amplia que incluye tres categorías esenciales, física, psicológica y económica.
El maltrato, objeto de discusión en la problemática de las personas de edad, ha sido visto desde dos enfoques: el primero está en relación con la noción de protección -asistencialista- y por lo tanto de custodia. Esto hace que se trabaje con el fin de minimizar el riesgo que implican los actos indeseables -por acción u omisión- de los cuidadores en relación con la persona protegida. En segundo lugar, se piensa como efecto negativo en la salud física y mental. Pero todo, en función de responder a un compromiso moral con aquellas personas con las que se tiene algún tipo de vínculo, y sobre la idea de que ellas mismas ya no tienen la capacidad de hacerse cargo de sus propias vidas.
Sin embargo, señala con acierto A.Márquez( 2004 ) existen otros aspectos relacionados con la noción de calidad de vida, y desde una perspectiva todavía más amplia, con el disfrute de todos los derechos que las personas deben tener como seres humanos, independientemente de la edad; lo cual a la luz del mismo derecho, significa gozar de la condición de sujeto. Y ese es el enfoque que me interesa desarrollar en el presente artículo, pues solo así se podrá entender la necesidad de trabajar líneas de investigación para la definición de políticas públicas adecuadas, y romper con el esquema de la aplicación de programas poco efectivos que surgen de la buena voluntad de los funcionarios de turno.
Por ello, para abordar el tema del maltrato y la violencia en relación con la calidad de vida de las personas de edad, hay que partir de hacer una rápida reflexión sobre varios aspectos fundamentales:
1. La manera en que envejecen las personas depende, en gran medida, de las condiciones y las oportunidades que le hayan sido dadas en el transcurso de su vida, lo cual significa que “El envejecimiento es primero un destino social y después una modificación funcional u orgánica” (Hans Thomae / Ursula Lehr , 1968, citados por Márquez, 2004).
2. Es importante reconocer las diferencias regionales y de la época en que nacieron y crecieron hombres viejos y mujeres viejas -estableciendo la diferencia de género-, porque ello plantea una serie de costumbres, hábitos y relaciones distintas a las que se viven hoy. De lo contrario estamos hablando de maltrato cultural . Así mismo, hay que identificar las características de su entorno actual, en el marco de la crisis económica y social, y de los sistemas de seguridad social, educación y salud. Problema que es general para América Latina y el Caribe, aunque en el caso de Colombia también está el de la violencia.
3. Hablar del maltrato en la vejez como un problema generalizado, que surge por la alta vulnerabilidad biológica y psicológica de las personas viejas en razón de su edad, conlleva una visión estereotipada. Dicha visión, omite una realidad social, económica y política, en la cual se encuentran diferentes agentes generadores de maltrato, y está relacionada con la violación de los derechos humanos.
4. La persona de edad no sólo puede llegar a ser maltratada. Ella también puede ser quien maltrate. Este aspecto es mas difícil de abordar, porque plantea la necesidad de romper con la imagen de bondad y de ternura que la sociedad ha decidido otorgarle. Sin embargo, es una realidad necesaria de visualizar porque afecta un grupo de población importante. Por una lado están los cuidadores, y por el otro, aquellos familiares que conviven con las personas de edad, o se encuentran muy cerca de ellas, como puede ser el caso de las hijas adultas.
La violencia contra las personas adultas mayores es un problema del cual nuestro país no está ajeno, sin embargo son escasas las cifras y datos al respecto
Un estudio del House Select Committee on Aging reporta que entre 1 y 2 millones de adulto mayores americanos experimentan maltrato cada año.
Según datos del Estudio Epidemiológico Metropolitano en Salud Mental 2002 (Anales de Salud Mental, Vol XVIII, Nª 1 y 2) realizado en Lima Metropolitana y Callao ( Perú), se encontró que alrededor de una cuarta parte de la población adulta mayor pasapor situaciones de alto estrés, siendo mayor en aquellas relacionadas con la salud . Se indica que el adulto mayor se encuentra en serias desventajas para defenderse por sí mismo de las agresiones de personas de su entorno. Una cuarta parte de la población adulta mayor ha recibido algún tipo de maltrato en el último año y un 9.8% lo recibe en forma sistemàtica, es decir una o dos veces por mes. La forma más frecuente de maltrato es por insultos, agresiones verbales, u ofensas (20.9%) y 8.6 en forma sistemática. Humillaciones, manipulaciones y chantajes se reportan en un 6% al igual que situaciones de abandono o negligencia ( como no haber recibido medicinas, ropa adecuada u otras atenciones básicas.
En Cuba, se realizó un estudio descriptivo, de corte transversal, en una muestra de 226 ancianos del Consejo Popular Belén, Municipio Habana Vieja, en el primer semestre de 1999; se les aplicó una encuesta sobre maltrato al adulto mayor con el objetivo de identificar su existencia. Los viejos jóvenes fueron los más maltratados, con predominio en orden de frecuencia del maltrato social, psicológico y familiar. Los viejos viejos recibieron en menor cuantía abusos físicos y económicos. Los hombres fueron las más maltratados, y la familia, fue quien más maltrató al anciano mediante la variante psicológica, mientras que otros abusaron más, pero socialmente. La mayoría sugirió evitar el maltrato al adulto mayor denunciándolo a las autoridades, inculcándole respeto hacia ellos desde la escuela y la familia, así como divulgándolo mediante los principales medios de difusión masiva.
En Chile, los Centros Emergencia Mujer (CEM) del Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual (PNCVFS) del MIMDES, bajo el marco de la ley de protección contra la violencia familiar y sexual, en su labor de atención registró durante al año 2002 a 1,120 personas adultas mayores víctimas de violencia familiar y/o sexual. Esta cifra representa el 3.6% del total de casos atendidos en los 38 CEM a nivel nacional durante el período 2002 ( 29,759 casos).
De acuerdo a las estadísticas del PNCVFS, los principales victimarios de los adultos mayores lo representan sus propios hijos adultos con el 44.4%, los cónyuges 14.6%, pareja actual (afectivo y/o sexual) 9.7%, u otros familiares (nuera, yerno, etc) 17%. Es necesario destacar que las edades de los hijos/as agresores fluctúan entre 26 y 45 años y son en un 68% varones.
En el ámbito familiar el tipo de violencia que mayoritariamente se ejerce contra los adultos mayores es el maltrato psicológico hasta en un 95%. Siendo la agresión mas frecuente los insultos(85%), humillación y desvalorización (66.3%), amenazas de muerte (40%), y rechazo ( 48.8%).
Sin embargo, los Adultos Mayores no están exentos de la violencia física, en el 2002 representó el 39% del total de casos registrados en los CEM. Las bofetadas, empujones, puntapiés y puñetazos fueron las formas de agresión más frecuentes.
Un 2% del total de casos (22 casos) señalaron ser víctimas de violencia sexual, siendo principalmente afectadas las Personas Adultas Mayores (PAM) de sexo femenino. De este grupo 8 denunciaron violación y 12 acoso o chantaje sexual. Ambos delitos fueron referidos únicamente por las mujeres. El único adulto mayor varón que denunció violencia sexual dijo ser víctima de tocamiento en contra de su voluntad La violencia familiar y sexual tiene como principal víctima a la mujer a través de todas las etapas de su vida, y en lo que respecta a la mujer adulta mayor, esta etapa no le exime de este mal social. Del total de casos de violencia familiar y/o sexual de PAM registrado por los CEMs, el 76% corresponde a hechos en la que las personas de sexo femenino son las afectadas.
Sin embargo, es importante anotar que es en el grupo etáreo del Adulto Mayor en el que se denota menos diferencia en la relación mujer/varón maltratado. Es decir en esta etapa hay 3 mujeres por cada varón maltratado, mientras que en el grupo de 18 a 35 años, existen 18 mujeres por cada varón maltratado.
A diferencia del perfil nacional de personas atendidas en los CEM, que establece que la mayoría de las victimas tiene por lo menos algún grado de educación secundaria, en el grupo de PAM el nivel educativo es escaso: primaria 46.0%, 28.6% sin ningún nivel educativo. Asimismo, el 70.4% señaló no efectuar ninguna actividad que le brindara ingresos.
El 35% de las Personas Adultas Mayores (PAM) que acudieron al CEM por maltrato señalan como motivo de la violencia, la actitud de parte del agresor/a en el extremo de querer controlar su vida, el 31.7% el carácter dominante e impulsivo del victimario/a, 21.9% los motivos económicos, 27.5% motivos familiares, 9.8% celos e infidelidad y el 12.4% refiere que no hubo motivo o razón aparente.
En Colombia, las personas que hoy son identificadas como de la “tercera edad”, es decir, mayores de 60 años, nacieron en 1941 y quienes hoy cuentan con 70 años nacieron en 1931. En ese momento la proporción de población rural era de más del 70%. Es decir, que crecieron en la época que los investigadores han denominado “la primera violencia”. Hoy, muchas de estas personas (generalmente las más pobres) están viviendo el conflicto armado y el desplazamiento forzado.
Esta forma de violencia ha afectado a las personas de edad de diferente manera. Algunos han sido obligados a abandonar los lugares donde han construido sus vidas y las de sus familias. Otros -la mayoría de acuerdo con diferentes expertos en este tema- han permanecido en sus sitios de vivienda. Pero en ambos casos han sufrido la pérdida de sus terruños, sus parejas, sus hijos, o sus nietos. En consecuencia, no pocas mujeres de edad, han quedado con la obligación de la crianza de sus nietos, hijos de los hijos desplazados o asesinados. Todos en condición de abandono y situación de miseria.
“El desplazamiento forzado constituye hoy en Colombia la más grave crisis humanitaria de su historia. No sólo por su magnitud, que alcanza en los últimos quince años a cerca de un 5% de la población, sino que ha significado la fragmentación del tejido social de las comunidades afectadas, la modificación por la fuerza de la estructura socio-demográfica de las zonas de expulsión, la urbanización marginal en las grandes y medianas ciudades y un empeoramiento progresivo de los niveles de vida de la población”.
Desafortunadamente esta situación ha sido poco estudiada. No existen cifras por grupos de edad, sino estimaciones generales en las que no se puede tener información específica sobre la población mayor de 60 años. Menos aún, programas de apoyo para este grupo de población porque desafortunadamente no se considera como prioritario.
A medida que nuestra sociedad envejece, que el porcentaje de adultos mayores aumenta aceleradamente, los temas que les atañen deben transformarse, cada vez más, en una preocupación nacional. Los paradigmas relacionados con la vejez, el viejismo como una actitud aceptada en nuestra sociedad, hacen del adulto mayor un ser tremendamente vulnerable al maltrato y al abuso. La organización de los adultos mayores autovalentes pasa a constituirse en una factor protector de este tipo de situaciones. Sin embargo, al no existir un canal adecuado que permita derivar y resolver este tipo de situaciones, estas se seguirán produciendo ante la impotencia de quienes trabajamos diariamente con éste grupo etáreo.
Cuando hablamos de colaborar en el mejoramiento de la calidad de vida, debemos considerar los factores que hacen del adulto mayor una persona vulnerable frente al maltrato:
- Pérdida de rol social
- Baja autoestima
- Niveles de dependencia, derivada de algunas patologías.
- Bajos niveles de ingreso, lo que les obliga a vivir con otros o a depender económicamente de ellos.
En nuestra sociedad existen actitudes negativas frente al proceso de envejecimiento y por ende frente a las personas mayores de 60 años o adultos mayores. En el ámbito familiar estas actitudes van desde la sobreprotección hasta el maltrato en todas sus variantes, que por lo general no es denunciado por las víctimas en tanto significa un enfrentamiento con los agresores que usualmente son sus propios hijos o familiares de los que dependen afectiva y/o económicamente.
Tipos de maltrato
La investigación propiamente tal recién está comenzando, sin embargo se reconoce que el adulto mayor se ve afectado por este problema social, el que se caracteriza por su invisibilidad y deficiente registro; la existencia de instituciones que no cuentan con sistemas de detección precoz o apropiada; así como también, la escasa comprensión de la dinámica de las relaciones violentas y de las experiencias de las personas mayores afectadas.
No obstante, en general, es posible distinguir los siguientes tipos de maltratos (J. Lowick R, 1999):
- El maltrato físico
- El abuso sexual
- El maltrato psicológico o emocional
- El abuso patrimonial o maltrato económico
- La negligencia o abandono
Maltrato físico: es toda forma de castigo corporal. Se manifiesta mediante el golpe o daño físico, tales como pellizcos, jalones de pelo o cualquier lesión en el cuerpo.
Abuso sexual: al realizarse un acto de naturaleza sexual contra la voluntad de la persona adulta mayor.
Maltrato emocional o psicológico: comprende desde insultos, burlas, rechazo, desvalorización y/o ausencia de expresiones positivas hacia el adulto mayor.
Maltrato por descuido o por abandono: También se le llama maltrato por negligencia, se producen cuando no se atienden las necesidades de alimentación, salud y afecto que las personas adultas mayores requieren y se merecen.
Maltrato económico : Cuando hablamos de abuso patrimonial o maltrato económico nos referimos al “mal uso o explotación de dinero o de las posesiones del anciano, así como el bloqueo de acceso a éste de dichos bienes” (Ruipérez y Llorente, 1996), lo que implica ” daño, pérdida, transformación, sustracción, destrucción, retención o falsificación de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores, derechos o recursos económicos destinados a satisfacer las necesidades de las personas mayores” (Jimenez y Román, 1996).
Todas estas formas de violencia en su mayoría son ejercidas por familiares cercanos al adulto mayor, generándole sentimientos contradictorio, de afecto, de rechazo y dependencia emocional ante quien ejerce la violencia hacia él . La observación sensible, la escucha atenta y la actitud receptiva son algunos de los recursos con que contamos para identificar aun adulto mayor maltratado
En los estudios realizados con mujeres, se aprecia que los tipos de maltratos más prevalentes son: maltrato psicológico, físico, negligencia o abandono y abuso patrimonial o económico.
Factores que contribuyen al maltrato de las PAM
- La presencia de ciertas dinámicas familiares (violencia familiar, falta de comunicación, inversión de roles).
- La naturaleza y la calidad de la relación que se establece entre la persona mayor y quien le cuida en el entorno familiar.
- La descalificación, falta de reconocimiento a la sabiduría y la experiencia de las personas mayores de 60 años. La sociedad tiene un culto muy elevado por la juventud y tiende a excluir y marginar a las personas mayores.
Factores de riesgo
Se han encontrado una multitud de factores de riesgo alrededor del abuso al anciano como lo son: la discapacidad del adulto mayor, su dependencia a otras personas, la psicopatología de los cuidadores, el abuso de substancias por parte del cuidador, y los antecedentes de violencia en la familia, entre otros.
Hablar del maltrato del anciano en su mismo hogar resulta difícil de aceptar como un hecho real. Sobre todo por que implica dos conceptos que tienen un valor importante en la sociedad Hogar y Familia.
Estos conceptos Hogar y Familia representan un lugar de seguridad, tranquilidad, en donde viven personas generosas, cariñosas, preocupadas por el bienestar de los demás.
Desafortunadamente el hogar y la familia no han sido inmunes a las diferentes formas de violencia que se están presentado en la actualidad.
El maltrato se puede presentar en sus diferentes modalidades que son las de: abuso físico, psicológico, sexual o financiero o en forma de negligencia física o psicológica y también como auto-negligencia.
En relación a los factores de riesgo, existe a nivel comunitario una actitud negativa, de rechazo, miedo y en ocasiones de sobreprotección del anciano, cuya práctica da lugar a la existencia de una gerontofobia y/o edaísmo, es decir discriminación en base a mitos y prejuicios. La falta de oportunidades para interactuar socialmente conduce al aislamiento social y esto se origina a partir de la carencia de espacios en común.
En el ámbito de la familia encontramos la delegación indiscriminada de responsabilidades y tareas que no corresponden a su condición, tal es el caso del cuidado y asistencia de menores, discapacitados, etc.
Otros factores de riesgo son: solvencia económica y dependencia, género, discapacidad, nivel socio cultural y educativo, aspectos de la personalidad (conformismo, indefensión aprehendida). Otros tales como la existencia de duelos propios de esta etapa de la vida y carencia de contención familiar y ausencia de credibilidad; merecen una consideración especial. También se agrega la conducta del anciano, quien al encontrarse solo descuida su aspecto y condición, se repliega sobre sí mismo como resultado de un sentimiento de vaciamiento interior.
La noción de vejez como enfermedad y la cercanía de la propia muerte ubican a algunos viejos en una situación de fragilidad y dependencia acentuados; induciendo al maltrato. En otras, en una situación de permanente frustración o insatisfacción que se proyecta a las personas que lo rodean. “Una persona violenta es una vejez violenta y genera un clima que se revierte en violencia”. En las relaciones violentas, el victimario, en el 70% de los casos pertenece al entorno directo : hijos/as ya viejos o nietos/as adultos o cónyuge. El resto del porcentual corresponde a los cuidadores domiciliarios y personal de instituciones que albergan a ancianos.
La víctima de violencia es un sujeto que se encuentra en situación de indefensión y que piensa y siente, entre otras cosas, lo siguiente: * Que es normal, que tienen derecho a tratarlo así, (naturalización).
* Se siente culpable, considera que nunca hace las cosas bien, que se equivoca, que da motivos para el enojo (baja autoestima).
* No puede reaccionar queda sometido a esta situación, no imagina respuestas adecuadas (indefensión).
* Piensa: lo que pasa no es tan grave “solo se enoja a veces’(minimización).
* Opina: “la familia es para toda la vida”, “este es mi destino, es lo que me tocó vivir”, “ya no se puede hacer nada” (fatalismo).
* Imagina que con el tiempo las cosas van a cambiar, una vez que se resuelvan los problemas (esperanza de cambio).
* La situación le provoca mucho temor, a veces terror e inmovilidad. Se avergüenza de lo que le sucede y no se atreve a comunicárselo a nadie (vergüenza, miedo, ocultamiento).
Cuando el anciano ve que al normal y progresivo deterioro físico y mental se le suman enfermedades, siente menoscabar sus capacidades que en el pasado le otorgaban un espacio socialmente reconocido. Decae el amor propio, la autoestima, la confianza en sí mismo y esto origina un terreno fértil donde se desarrolla la situación de abuso.
Los sentimientos mas comunes que surgen en los ancianos agredidos son el de inutilidad desvalorización, dependencia; fruto de la descalificación provocada por el macro sistema socio – cultural junto a la perdida de status social – laboral. La pérdida de la identidad se da como resultado del concepto que se utiliza para referirse a ellos “pasivos” convirtiéndolos en objeto – cosa sin valor real.
Dentro del perfil del adulto mayor maltratado se han encontrado las siguientes características que denotan riesgo: ser una persona dependiente, aislada, demenciada, con conducta problemática, deprimida, con necesidades prolongadas y que para el cuidador resulta ser una carga pesada.
La invisibilidad una forma de maltrato que nos involucra a todos
Decir que se es un hombre viejo o una mujer vieja es igual a decir que se es invisible. La invisibilidad, en términos del no ser, no tener, no sentir, no ser reconocido, es resultado de la falta de reconocimiento social y político y finalmente lleva al desconocimiento de la misma persona, de su condición de ser individual y social, y en consecuencia, afecta cualquier posibilidad de participación y por supuesto, de exigibilidad de los derechos. Es un problema fundamental de justicia social y dentro de este marco es un problema tan importante como el de la redistribución de los recursos (Fraser,1997, citado por Márquez, 2004).
Sin embargo, no es sólo un problema de alto nivel político o conceptual. Está presente en los diversos tipos de relación y en consecuencia es parte del lenguaje. “El lenguaje está atravesado por relaciones de fuerza, ya sean de edad, clase, sexo o raza; es en y por el lenguaje y sus imágenes que se juega la dominación simbólica, es decir, la definición y la imposición de las percepciones del mundo y de las representaciones socialmente legitimadas” (Eribon, 1999, citado por Márquez, 2004).
En esa medida, la invisibilidad existe no solo cuando se desconoce o se margina; así mismo está presente cuando se decide por los otros y este aspecto es muy común en el mundo de las personas de edad. Tanto los familiares, como los amigos, los funcionarios de instituciones públicas y privadas, los profesionales, las personas encargadas de la definición de políticas, planes y programas, todos de una u otra forma tienen un nivel de responsabilidad en la invisibilidad de la que son objeto las personas de edad, en tanto se apropian de su autonomía individual, de su derecho a la libre determinación, decidiendo por ellas qué es mejor para sus vidas.
Con mucha facilidad profesionales del área de la salud y del derecho pueden considerar que una persona en razón de su edad (ya no tanto a los 60 años como después de los 75 u 80 años) no tiene lucidez mental para manejar sus vidas o sus bienes, o para decidir si quiere que le practiquen una cirugía, o seguir un tratamiento.
Percepción y vivencia del maltrato
Los estudios consultados coinciden en reconocer como factores condicionantes a la denuncia del maltrato los siguientes:
- limitaciones físicas y/o psicológicas
- vergüenza
- miedo frente a la pérdida de apoyo económico familiar o social
- miedo frente a la pérdida de afecto
- miedo a la institucionalización
- baja autoestima
- desconocimiento de sus derechos
- desconocimiento de organizaciones y trámites para tal fin.
Si se observan con atención dichos factores, se puede deducir con facilidad que están relacionados con la pérdida de la autonomía. La dependencia genera en las personas incapacidad y crea una condición desigual en la que la personas de edad asumen el papel de protegidas y los otros, la función de protectores.
Álvarez (1997) afirma que “aunque poco se ha estudiado en Colombia, se ha detectado que el maltrato consuetudinario genera un aumento de los índices de alcoholismo, de depresiones crónicas y de suicidio.” Entre estas consecuencias resalta especialmente el problema del suicido aclarando que su incremento se da “tanto en los países desarrollados como en aquellos de la franja de transición, poseyendo inclusive algunas veces el más alto porcentaje de incidencia con respecto a la totalidad de la población”. Parece ser que el fenómeno es más frecuente en los hombres.
Desde esta perspectiva, el análisis debe darse con un enfoque de género. En el estudio del tema de la jubilación se puede observar la diferencia entre la relación del hombre y la mujer con su contexto. Para el primero su mundo ha sido más el laboral, el cual se termina con el retiro; en cambio para la mujer ha sido la familia y la comunidad y ese cambia, pero no se termina.
¿Qué se puede hacer frente al maltrato del adulto mayor ?
Las próximas generaciones de adultos mayores tenemos que prepararnos para entablar relaciones afectivas y sanas con nuestros familiares. Para hacer frente al problema del maltrato a las personas adultas mayores se requiere la participación de la familia, de los profesionales y de la comunidad en general.
Desde la Familia:
- Revalorar el aporte de las personas adultas mayores dentro de la vida y economía del hogar
- Generar los mecanismos para que las personas adultas mayores se sientan útiles y con la posibilidad de opinar y decidir en acuerdos familiares
- Crear un ambiente que brinde afecto, respeto y constituya un real soporte para sus miembros mayores, especialmente para aquellos que tienen algún grado de discapacidad.
Desde los Medios de Comunicación:
- Contribuir a mejorar la imagen de las personas adultas mayores desterrando mitos y estereotipos que generalmente rodean la figura de éstas.
Desde los Gobiernos Locales:
- Fomentar su integración, generando en la comunidad espacios integradores e intergeneracionales.
- Promover una mayor participación de este grupo poblacional, a fin de que pueda contribuir con alternativas de solución a esta problemática y continúe aportando al desarrollo de su comunidad.
Propuestas
- Fomentar la creación de redes comunales de VIF, con la participación de todos los organismos involucrados, con tareas y límites claramente definidos.
- Seguir promoviendo la creación de redes comunales de Adultos Mayores, solicitándoles incorporar entre sus preocupaciones el tema de la VIF.
- Tener un rol más activo en la detección y la acción que se requiere asumir frente a todo tipo de maltratos. En este sentido, aparece como fundamental, continuar capacitando a los adultos mayores sobre sus derechos.
- Promover y evaluar adecuadamente el Programa de Atención Domiciliaria para el adulto mayor, de manera de ir perfeccionándolo y adecuándolo a las necesidades percibidas.
- Fomentar las redes de apoyo, para disminuir en parte el aislamiento y el maltrato, los que se ven acrecentados cuando el adulto se siente desamparado.
- Promover los Servicios Sociales como una herramienta para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores, a través de actividades tales como el fomento de la asociatividad, la alfabetización como elemento de habilitación social, el autocuidado de la salud, como una manera de mantener y preservar la autovalencia, entre otros.
Di Carlo (1997) plantea que cuando se está trabajando democráticamente con un grupo para que aprendan a entenderse, a comunicarse en la definición de objetivos y en la realización de los mismos, está intentando la construcción de una nueva realidad. En relación a lo cual, se plantean dos tareas fundamentales: Restaurar la ciudadanía y Crear el vínculo social.
1) Implica acciones para que los beneficiarios de la acción profesional tengan acceso a los derechos sociales y a los derechos cívicos.
Los derechos sociales son los que identifican socialmente a través de un número de seguridad social, derecho a la salud y a las prestaciones sociales diversas.
Los derechos cívicos constituyen la base de toda sociedad democrática que permite a la persona expresarse como elector, ciudadano, formando parte de la vida social.
Estos derechos permiten ocupar espacios sociales y hacer un reconocimiento de la persona convirtiéndola en actor y aumentando su dignidad.
2) Se basa en la creación o dinamización del vínculo social que permite al Trabajador Social la puesta en relación de las personas con otras personas y con las instituciones y circuitos institucionales.
Esto brinda oportunidades de intercambio, dinamiza las redes primarias de las personas ayudadas y su participación en las actividades y en los sitios, todo lo cual genera la creación de lazos, la consolidación de tejido social y la inserción de las personas que, cuando son encontradas, frecuentemente están excluidas, habiendo perdido sus vínculos afectivos y sociales.
Un concepto de Michel, Director de las Instituciones Universitarias de Geriatría de Ginebra, aparece como muy importante para este trabajo. Este se denomina flor relacional y refiere a la importancia de preguntarle a la persona sobre la trayectoria de relaciones sociales que ha tenido y aún tiene, sobre sus expectativas: que quiere ser, como concibe su propia vida; con que vínculos comunitarios cuenta.
Todos estos datos son importantes si se procura mantener la calidad de vida.
Lo antes expuesto condice con el informe de la “Cohesion Social y Prevención de la Exclusión”, que señala como objetivos:
1) Permitir el acceso a los derechos.
2) Crear una oferta de inserción.
3) Contribuir a la restauración del vínculo social.
De estos objetivos derivan las dos funciones principales del interventor social: 1) La función de ayuda a la persona y 2) La de la lucha contra la exclusión.
Para cumplir con estas funciones se cuenta con distintos ámbitos: el social – comunitario, institucional y privado.
El rol se ejerce tanto en el diseño y planificación de políticas sociales como en la administración de recursos y prestación de servicios. Inherente a este rol se cuentan las asociaciones en pro de la detección de necesidades y la articulación de medidas para satisfacerlas.
Referencias bibliográficas.
Álvarez, M. Crisis intergeneracional y anomia cultural, la marginalización y maltrato al anciano. En: Memorias del Foro Nacional sobre Tercera Edad “Hacia una política de participación de los Viejos. Procuraduría delegada para la defensa del menor y de la familia. Bogotá. 1997.
Cáceres, Virgen M. ” Puerto Rico, El maltrato a las personas de edad avanzada desde una perspectiva biopsicosocial”, en Cuadernos Mujer Salud, Red de Salud de las mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC).
Cordonnier,M, Olivera, V y Tabera, E ( 1999) . Los viejos los otros. El maltrato hacia los ancianos desde un enfoque social. Primer Encuentro Nacional Sobre Calidad de Vida en la Tercera Edad .Universidad de Buenos Aires
Jimenez R, S. Y Román G., Norbel. ” Los problemas del abuso que presentan las personas mayores de 60 años, atendidas en los servicios de valoración y consulta externa del hospital nacional de geriatría y gerontología Dr. Raúl Blanco Cervantes”, Costa Rica, 1996.
Márquez, A (2004). Consideraciones sobre el maltrato y violencia en la vejez. A la luz de la calidad de vida. Red Latinoamericana de Gerontología. Boletín, Agosto.
Mesa de Trabajo sobre Ancianidad – Perú. Del maltrato al trato digno. Manual de Promoción de una Cultura de respeto hacia las personas mayores. Marzo. 1999.
Neumann R., Irene. ” El Concepto de Abuso y Maltrato en la Vejez”, Tesis para optar al grado académico de Diplomado en Geriatría y Gerontología, Universidad de Concepción 1998.
Pszemiarower S. (compilador). Ancianidad y Derechos Humanos. Asamblea Permanente por los derechos humanos. Argentina. 1999.
Ruipérez Cantera, I. Y Llorente Domingo, p. ” Los malos tratos”, cap.22, en Guía para auxiliares y cuidadores del anciano. Fundamento y procedimiento. Ed. Mac Grawhill, España, 1996.
Russell Avalos, Jenny Lowick, ” Maltrato en la Vejez, orientaciones generales para su investigación y un estudio local exploratorio”. Serie Estudios y Documentos Centro de Capacitación C.E.C., Santiago, 1999.
Salvarezza, Leopoldo; (1998) (Compilador). La Vejez, una mirada gerontológica actual,
Bs. As. Editorial Paidós.
Importante destacar que se mencione a los medios de comunicación porque en efecto muchos de ellos (sobre todo a través de la televisión) transmiten estereotipos contra las personas adultas mayores y crean la imagen falaz de que el “viejo” es inservible, menos que el “joven”. Y ello fomenta el maltrato contra el adulto mayor.
Excelente tema aunque con una realidad muy fuerte, el adulto mayor es muy vulnerado y no se le tiene en cuenta solo se le maltrata y se le excluye cuando ya cumple determinada edad, el problema esta en la manera de nosotros ver la situación y no hacer nada por ello, mientras se nos de la oportunidad de hacerlo.
Mil gracias
Es realmente un tema interesante y que proporciona información valiosa para nuestro quehacer, en realidad en Colombia existen muchos invisibles, no sólo desde la perspectiva jurídica, sino desde nuestro devenir diario, desde nuestras familias y pequeños grupos, si tomamos conciencia de ello, el trabajo que se puede hacer será gratificante y constructivo. En este tema, me parece importante manejar ciertos conocimientos como la rsl 46/91 de las Naciones Unidas, pues, proporciona elementos valorativos y concretos para el trato y respeto de esta población.
Interesante propuesta, me dinamiza para conocer más del tema y movilizarme hacía trabajos en el área.
Este es un tema real que nos atraviesa personal y profesionalmente. Una problematica social clara, se deberian utilizar los medios de difusion para cambiar la forma de ver al adulto mayor como algo sin valor. Hay muchos espacios hoy para ellos donde se busca que continuen en actividad y no se sientan inutiles ni pierdan su relacion con el entorno, pero el anciano como persona llega a esta etapa de su vida muy sujestionado por lo que la sociedad y su familia cree que no es capaz de integrarse positivamente en esta nueva etapa. Muy interesante para pensar.
Buena tarde.
Han expuesto ustedes un tema muy sensible, que nos toca a todos. Más allá de los roles profesionales, está la consideración que desde los propios hogares tengamos por nuestros adultos mayores en nuestro entorno familiar.
Un tema muy pertinente, gracias.
Gloria L. García A.
Unidad de Psicólogos Consultores
Evidencia Digital
Universidad Católica de Colombia
Es importante retomar los derechos del adulto mayor, y mucho más cuando ellos asumen roles cuidadores hacia sus nietos menores de edad, que es lo que usualmente se observa en mi pais.
EL TEMA DE LA PRESENTE PONENCIA ES ALGO QUE DEBEMOS DE CONSIDERAR MAS A FONDO PUES TENEMOS QUE ENFRENTARNOS CON DOS PUNTOS POR UN LADO EL FENOMENO Y POR OTRO LOS AFECTOS QUE AL CONFLUIR PUEDEN HACER AFLORAR MUCHAS REACIONES QUE DEBEMOS DE SABER IDENTIFICAR Y MANEJAR PUES ES EL PUNTO PRINCIPAL POR EL QUE NO TENEMOS LOS DATOS REALES DE ESTE TEMA SALUDOS
Es muy importante la aportación que se hace en esta investigación no sólo hacia la atención adecuada de la persona de la 3r. edad, sino tamibié el preparase integralmente para el momento.
María Martha González Villanueva
El tema del maltrato a los adeltos mayores es algo que se evidencia cada día más en nuestras sociedades, y al que las politicas públicas le deberian prestar mayor atención. Asi mismo los medios de comunicación ejercen un papel fundamental respecto a denunciar y evidenciar, educar y sensibilizar a niños, jovenes y adultos (toda la poblacion en general) respecto a dichas practicas.
Este documento, es valioso porque toca un tema en mi país (Bolivia sino en la mayoría) aún es invisible, no reconocemos al adulto mayor como persona, lo vemos como un bulto. En La Paz (Bolivia) existe una iniciativa de la Iglesia Católica que permite formación a los y las adultos adultas mayores. Me llamo mucho la atención, ya que se muestra vivencialmente que las personas aprendemos durante toda nuestra vida y se en en esta iniciativa que se llama Universidad del Adulto Mayor. ahí pasan diversas materias que incluye psicología, salud y la verdad es una nueva experiencia de ver a los adultos mayores, haciendo tareas, pasando clases y compartiendo con otras personas
desafortunadamente este documento refleja la realidad que se ve en algunas familias colombianas, muchas veces no valoran a los ancianos ni los ven como personas sabias y en quienes se puede confiar, sino que los ven como un estorbo o una carga más para los hijos o las personas que cumplen el papel de cuidadores, es por ello que muchos de ellos terminan su vida compartiendo con personas desconocidas en asilos, fundaciones o algo por el estilo incluso lastimosamente terminan hasta en la calle de limosnero porque los hijos no le brindan el cuidado y atención necesaria que ellos merecen
Muy oportuno el tema y bien expuesto. Sobre todo en una época histórica donde se aumenta la población vieja, y disminuye la natalidad y por ende los jóvenes. Más siembargo se desprecia al viejo ” por desechable” como lo es todo en la sociedad de consumo y de la globalizació, emprendedores, jóvenes etc. Esto hace que se vea aumento de suicidio en Grecia por ejemplo. La edad, la vejez, la pensión no acaban con el ser humano físicamente sino que lo acaba la sociedad y la escases de políticas publicas que vayan hacia el reconocimiento de este amplio sector de lqa población colombiana,latinoamericana . Le felicito por su ponencia, muy del hoy .
es un tem mucho mas comun de lo que se cree, se debe de sencibilizar, debemos de caer en cuenta que sera una condicion en la que todos estaremos tarde o temprano y que si educamos a las generaciones de hoy, mejoraremos nuestra misma condicion el dia de mañana…
Un tema interesante y doloroso. Pienso que hay que analizar la historia familiar y analizar porque ese anciano llegó a esa situación de maltrato, que pasó con esa familía, con esos padres, con esos hijos,hay que analizar caso x caso y no se puede hacer generalidades. Por eso lo importante de la prevención, de poder detectar la violencia familar tempranamente. En muchos casos esos ancianos fueron padres violentos de alguna forma con sus hijos, y hoy esos hijos son violentos con esos padres ancianos y también con sus hijos.
También es cierto que hay un naltrato desde la sociedad hacia el anciano, porque lamentablemente estamos en una sociedad cada vez violenta, intolerante, agresiva y los más débiles o desprotegidos son los ancianos, los niños.
Felicitaciones por el desarrollo del tema.
Muy adecuado el momento en que aparece este trabajo sobre la vejez. Más cuando en la sociedad tanto de paises ” desarrollados” como los llamados “del tercer mundo”aumentan los mayores de 60 y con mayor posibilidad de aumentar años, lo que no indica que aumenta la calidad de vida. Felicitaciones