TRAUMAS Y EFECTOS PSICOSOCIALES DE LA DESAPARICIÓN FORZADA:

CASO COLOMBIANO

BEATRIZ EUGENIA ENCISO B.

GINNA PULIDO

¿Y por qué es que se desaparecen?

Porque todos no somos iguales.

¿Y cuando vuelve el desaparecido?

Cada vez que lo trae el pensamiento.

¿Y cómo se le habla al desaparecido?

Con la emoción apretada por dentro.

Rubén Blades, retomado por ASFADDES.

“La desaparición forzada es un crimen atroz que subsiste a nivel mundial y que priva de la libertad de una o varias personas mediante cualquier forma (aprehensión, detención o secuestro), seguida del ocultamiento, o la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de dar cualquier información sobre la suerte o el paradero de esa persona, privándola así de los recursos y las garantías legales”[1]. Constituye una violación de los derechos humanos cuando los hechos son cometidos por el Estado a través de sus agentes o a través de personas o grupos que actúen con su autorización o apoyo. Se considera un crimen de lesa humanidad cuando los hechos son cometidos de forma generalizada[2]  o sistemática”[3].

 

La desaparición forzada, práctica atroz, se contextualiza históricamente  en el régimen nazi, específicamente en el decreto de noche y niebla[4], expedido en 1941, donde la orden específica era desaparecer a los opositores de régimen, sin dejar ningún tipo de rastro y negando cualquier información a sus familiares. Para América Latina se convirtió en una realidad política en las décadas de los setenta y ochenta, sobre todo en aquellos países que tenían conflictos armados o sistemas de gobierno dictatoriales o autoritarios.

Desde su concepción, la desaparición forzada se ha entendido como un crimen  representado por la angustia y desesperación de los familiares, causadas por la falta de información e incertidumbre frente a la realidad de la víctima, por una presunta situación dramática de muerte, e indudablemente, por la ausencia de reconocimiento del delito por parte de los victimarios. Además está alimentada de una complejidad jurídica evidente, pues presenta impedimentos con relación al reconocimiento de ésta como crimen y delito, dejando esto como principal consecuencia la imposibilidad de desarrollar investigaciones eficaces y efectivas que deriven castigos y sanciones a los victimarios, y dificulta la prevención y protección de los derechos de las víctimas.

Se considera un delito pluriofensivo[5], pues afecta varios derechos humanos: el derecho a la integridad personal, el derecho a la vida, el debido proceso, la presunción de inocencia, la libertad física[6]. Ataca  aquel conjunto de derechos que bajo ninguna circunstancia pueden ser restringidos o el llamado “núcleo duro[7]”. Su práctica está prohibida inclusive en Estados de Excepción o de conflicto armado interno, pues dichos derechos se encuentran reconocidos y regulados por instrumentos internacionales que son adquiridos y adaptados a las legislaciones nacionales, como son los tratados de Derecho internacional de los Derechos Humanos y el Derecho internacional Humanitario. Su práctica reiterada o sistemática se constituye en un delito internacional que puede ser castigado sin importar el Estado  que recurre a ella, es decir, se convierte en un delito de lesa humanidad[8]. Es también considerado como un delito permanente o llamado también como continuado en tanto no aparezca la víctima o se establezca su paradero o destino. Así lo estipula la Corte Interamericana de Derechos Humanos

“A diferencia de las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada de personas se caracteriza por ser una violación de carácter continuo o permanente.  Lo anterior permite que la Corte pueda pronunciarse sobre una presunta desaparición forzada, aún si ésta se inicia con anterioridad a la fecha en que el Estado reconoce la competencia de la Corte, siempre y cuando dicha violación permanezca o continúe con posterioridad a dicha fecha”[9].

Al contemplar los derechos vulnerados como son la vida, la integridad personal, la privación a un debido proceso, la libertad física, entre otros, es considerado como un delito complejo[10], pues afecta el núcleo esencial de los derechos de la persona, permitiendo que el agente victimizador calle la realidad de la víctima, negando inclusive la detención y desaparición.

La crueldad, atrocidad y brutalidad de la desaparición forzada se demuestra al incluir no sólo la privación de la libertad, sino también, en muchos casos, la tortura y el asesinado de la víctima, en medio de cautiverios terroríficos que causan permanente incertidumbre y que, además, incluye ambientes de impunidad deliberada, obteniendo un sufrimiento inmenso  incentivado por  el sentimiento de impotencia. Es un delito que contempla tratos crueles, inhumanos y degradantes, que como consecuencia genera afectaciones a la familia o personas cercanas, los cuales no consiguen informaciones válidas, y sufren las secuelas permanentes de la desaparición.

Los miembros de la familia y otros parientes o dependientes sufren las consecuencias inmediatas de una desaparición. No sólo están sometidos a una incertidumbre angustiosa acerca de lo que le ha sucedido a su padre, madre, hijo o cónyuge, sino que en muchos casos las dificultades económicas y la alineación social pueden ser también parte de su triste suerte. Se ha reconocido que los efectos psicológicos en los niños son graves y en algunos casos hasta devastadores. Los niños nacidos durante el cautiverio de sus madres desaparecidas constituyen de por sí una categoría especial”[11].  

 

Es así como la familia también se constituye o convierte en víctima:

“Se podrá considerar también “víctimas” a los miembros de la familia directa o personas a cargo de la directa, así como a las personas que, al intervenir para asistir a la víctima o impedir que se produzcan otras violaciones, hayan sufrido daños físicos, mentales o económicos”[12].  Los familiares y personas cercanas se someten, por el hecho mismo de la desaparición forzada, a una situación permanente de estrés, angustia y ansiedad que puede durar mucho tiempo.

La Desaparición Forzada en Colombia

Aunque desde hace ya más de 30 años, se vienen registrando casos de desaparición forzada en el país, Colombia adoptó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, mediante la Ley 16 de 1972, por medio del artículo 9 de la misma,  “Principio de Legalidad y de Retroactividad[13].  Fue incluida en el Código Penal como delito, por la ley 589 del 2000, gracias a la presión notoria de organizaciones de víctimas, grupos políticos y ONG´S defensoras de derechos humanos, que buscaban la prevención, y sanción con relación a dicho delito. De allí surge el artículo 12 de la Constitución que prohíbe dicha práctica.

En primera instancia se contempló la desaparición forzada como una práctica dirigida exclusivamente a opositores políticos, pero el delito ha tomado un curso distinto, siendo utilizada como una estrategia de limpieza por parte de grupos paramilitares, enfocada a poblaciones vulnerables como: la población civil en medio del conflicto armado, campesinos, mujeres en situación de prostitución, habitantes de calle, ancianos, niños, población LGBTI y drogadictos, entre otros.   Esto fue acotado  por el Tribunal de Opinión sobre Desaparición Forzada en Colombia, reunido el 24 al 26 de abril de 2008, conformado por seis jueces pertenecientes a diferentes países.

La lista de desparecidos en Colombia está alimentada por miles de nombres. Para la Asociación  de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Colombia (ASFADDES) el reporte aproximado es de  un total de 1.189 víctimas anuales  Naciones Unidas reporta aproximadamente 17 mil,  las organizaciones de Derechos Humanos aseguran que son 24 mil aproximadamente, y la Fiscalía General de la Nación asegura que la cifra rodea las 50 mil personas.

Para mejorar la eliminación de la  desaparición forzada del panorama colombiano no basta con la eliminación de la competencia de la jurisdicción penal militar[14], sino que es fundamental la creación de políticas públicas que  admitan efectivamente encontrar desaparecidos con vida, o los restos de quienes ya perecieron, acompañadas de la pertinente investigación que lleve a inquirir por las circunstancias de modo, lugar y tiempo en las que ocurrieron los hechos.  Se han realizado acciones que lleven al establecimiento de dichas políticas; es así como se forma la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, en donde participa la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Colombia (ASFADDES) y la Comisión Colombiana de Juristas, como representación de las organizaciones no gubernamentales y de víctimas;  se crea

un Registro Nacional de desaparecidos y restos hallados; se instaura un mecanismo de búsqueda urgente, entre otros. Sin embargo, sigue existiendo desaparición forzada dentro del territorio nacional,  por la incapacidad de las instituciones de asumir la responsabilidad frente a los hechos, la inoperancia del Estado, por la falta de rigurosidad y tecnicidad con la que se adelantan las investigaciones y la desarticulación jurídica del mismo.

“Y es que la rigurosidad y tecnicidad con que se adelante la investigación de las desapariciones forzadas dependerá, en buena medida que los derechos de las víctimas a la justicia, verdad, la reparación y la garantía de no repetición puedan ser satisfechos. En efecto, aunque el corolario evidente de la investigación criminal es la identificación y consecuente sanción de los perpetradores del crimen, dicha investigación no sólo permite la satisfacción del derecho de las víctimas a la justicia”[15].

 

Mitos de la Desaparición Forzada en Colombia

 

 

Dentro de los Mitos erróneos elaborados alrededor de la desaparición forzada en Colombia se hallan:

  • Los desaparecidos obligatoriamente están muertos y por lo tanto no serán encontrados, factor que hace que los familiares obtengan menos apoyo y ayuda de la necesaria en el proceso de búsqueda
  • Algo hicieron los desaparecidos que los hace merecedores de su suerte, eran guerrilleros, eran subversivos, eran traidores de la patria, lo que lleva a dañar el buen nombre de la víctima, estigmatizarla y marginalizar a su familia, siempre estarán inmersos en la ilegalidad.
  • Las actividades erróneas o fuera del contexto social realizadas por el desaparecido, y que lo llevaron a su suerte, pudieron ser remediadas, evitadas o eliminadas si la familia, comunidad o red de apoyo social cercano hubiera asumido una forma distinta de acción o asumido un comportamiento más adecuado.

 

El daño en la Desaparición Forzada

Yo siempre te sueño

que llegas corriendo

te siento presente

no importan los años.

Te sueño muy guapo

también por los años

pero nunca, nunca

te imagino muerto.

Aura María Díaz, ASFADDES

Como pérdida o separación súbita e inesperada de un ser querido, la reacción ante la desaparición forzada suele definirse como duelo, proceso en el cual los familiares no solo enfrentan una serie de etapas, como lo haríamos ante una muerte natural, sino que además la impunidad, el terror, el miedo, la mentira, la incertidumbre, el silencio, el olvido, el ocultamiento, la tortura y la violación de todo derecho humano, que rondan la desaparición y posible muerte de la víctima, dificultan su recuperación. Ya no es solo una pérdida repentina, una agonía dolorosa ó una muerte traumática, es la soledad angustiosa, el espacio clandestino, la detención injusta, ilegitima, ilegal, el encubrimiento del victimario, la transgresión del derecho y la furtividad del hecho[16]

Dentro de la desaparición forzada se reconstruye una pérdida que no tiene respuesta, un proceso de duelo inconcluso al encontrarse con la imposibilidad de conocer la verdad de los hechos, la forma en la que se produjo y el destino final de la víctima. La soledad, la rabia, la culpa, la incertidumbre, la desesperanza, el resentimiento, el sentirse perseguidos, dejan secuelas graves a nivel psicológico. Como producto de lo anterior la familia, se desestabiliza, se desmiembra, se desorienta, y entonces el único apoyo real y firme con el que contaban se pierde.

 El tiempo se estanca y las posibilidades de superación del trauma son mínimas en razón de no lograr ni si quiera realizar los rituales establecidos para el duelo por el contexto cultural propio, que encausan en dolor y permiten asumir la pérdida.

“Es probable que el encuentro con el psicólogo forense sea una oportunidad para resignificar la situación, aceptar que se está siendo vulnerado, que se requiere de ayuda o que conviene derivar a otras instancias que no sean judiciales”[17].

La desaparición forzada se ve permeada por unas sensación de angustia permanente como consecuencia de saber cercana la posibilidad del familiar o ser querido, lo que provoca constantemente una situación de abandono psíquico y físico, en medio de un desvalimiento dependiente del saber o no sobre el paradero y destino final de su ser querido, así que también es dependiente del victimario, que conoce y reconoce la suerte y verdad de lo que realmente sucedió.

“La indagación yerma y la búsqueda infructuosa lleva a una alteración de nuestra cotidianidad a nivel físico, emocional, afectivo, espiritual y social: se altera el sueño, se pierde el apetito y como consecuencia se pierde peso, hay fatiga, tensión, nerviosismo, aumento en la morbilidad, llanto, sensación de cansancio, ansiedad, depresión tristeza, ira, culpa, confusión, desesperanza, apatía, sensación de incomprensión, aislamiento y hasta cambio de amigos, trabajo y de rol, la vida pierde sentido, se reniega de Dios, se debilita la fe”[18].

El daño producido por  la desaparición forzada no se limita exclusivamente a la víctima, sino que, como ya se había explicado anteriormente, se extiende también a su familia, e inclusive a la sociedad entera. El insondable daño psicosocial se da a partir del grado de poder que normalmente tiene el victimario, lo que produce en los individuos uno profundos sentimientos de impotencia, miedo, indefensión y culpa ante la posibilidad casi inexistente de encontrar a su familiar, o peor aún, de ser víctimas directas también.

 

Ante la negación de la práctica, los altos niveles de impunidad y la estigmatización de las víctimas se produce una escalada de pérdida de confianza en las instituciones y el Estado mismo, así como la eliminación de valores básicos para la convivencia. Se evidencia una violencia estructural y cultural fuertemente enraizada que lleva a que paulatinamente a la falta de acción social frente a la violación de los derechos humanos, así como la asimilación de las acciones físicas violentas como válidas.

La práctica de la desaparición forzada termina siendo una marca indeleble en la historia familiar e individual.  La única realidad es la incertidumbre.

“La incertidumbre lleva a los dolientes inicialmente a buscar con la mirada, a llamar con el llanto, a repetir una y otra vez el nombre de la persona que falleció con la intención de despertarlo de un sueño del cual no volverá; en la desaparición forzada, la incertidumbre tiene una mayor carga emocional, viene a la imaginación la posibilidad de las más crueles torturas, abusos, vejaciones, humillaciones, maltratos, mutilaciones, tocamientos morbosos, violaciones . Existe incertidumbre si lo van a volver a ver con vida, si va a volver, cuando va a volver, se esperan ansiosamente noticias”[19]

Para analizar los daños en víctimas de desaparición forzada o sus familiares se utilizan protocolos que permiten medir el mismo. Esto es explicado por varios autores.

“Protocolo, sintetizado en cuatro pasos que contingentemente serán ampliados.

1. Diagnosticar si existe alteración psicopatológica.

2. Definir si la alteración se presentó posterior al daño sufrido e informado es decir, descartar niveles pre– mórbidos.

3. Determinar si la perturbación psicológica es coherente con el daño inflingido y con el perfil victimológico conocido por la ciencia.

4. Informar sobre el pronóstico (es decir, si va a mejorar, en cuanto tiempo, de qué depende) y el tratamiento psicojurídico sugerido como medida eficaz”[20].

Los daños e impactos han sido abordados en varios aspectos como las características de los hechos; el daño al proyecto de vida comunitario, familiar y social; y el daño al proyecto de vida individual.

“1) Primero, las características de los hechos, nos permiten tener una mayor comprensión del impacto que se produce en la víctima. Los hechos deben ser considerados como conjunto con otros posibles hechos anteriores y posteriores a los hechos objeto de la evaluación. Se analiza el carácter súbito, inesperado, masivo e incontrolable de lo sucedido reflejando las siguientes situaciones: a) características socioculturales como la edad y sexo de las personas afectadas; b) los hechos dentro de la masacre como los autores involucrados en el hecho, si existió concentración de la población, la duración de la masacre, la existencia de Metodología para la realización de peritajes 69 delatores, la eliminación selectiva de personas representativas de la colectividad, el número de personas muertas, robos, saqueos, quema de casas y otros bienes, y la persecución anterior y posterior de la población sobreviviente; c) el carácter de crueldad extrema, y/o la existencia de violaciones sexuales y torturas. 2) Segundo, analizar el daño al proyecto de vida comunitario, familiar y social donde se recoge el clima emocional de las víctimas y víctimas sobrevivientes en el momento de la masacre y momentos posteriores; los procesos de duelo alterado como consecuencia de la imposibilidad de enterrar a sus seres queridos según los ritos de la comunidad; la desestructuración comunitaria y los efectos de la impunidad y falta de justicia Cómo se mencionaba en apartados anteriores, para la documentación del clima emocional, se recogerán los siguientes aspectos relativos a las relaciones interpersonales: a) deterioro en las relaciones de confianza; b) existencia de silencios e inhibición de la comunicación; c) aislamiento social; d) acusaciones entre las personas; e) etiquetamiento – estigmatización hacia las víctimas y sobrevivientes; f) convivencia forzada con los victimarios; g) existencia de denuncia de los hechos ante autoridades locales y la respuesta recibida en caso de que se haya realizado; h) búsqueda de apoyo en servicios de salud; i) grado de miedo o tensión permanente; j) grado de inseguridad. La desestructuración comunitaria recogerá las formas de organización de la comunidad, las prácticas y expresiones de la cultura; estructura, roles y dinámica familiar; el rol de la mujer y 70 Peritaje psicosocial por violaciones a derechos humanos la violación sexual, normas y autoridades tradicionales, que quedan sustituidos por otro tipo de normas y autoridades como la militarización; destrucción comunitaria; el desplazamiento, situación de la niñez: niños/as huérfanos y secuestrados por victimarios y el daño en la segunda generación. 3) En tercer lugar se reflejará el daño al proyecto de vida individual, relativo al daño individual en las víctimas o sus familiares, en relación con los siguientes cuatro aspectos: Trastorno por estrés postraumático, Duelo alterado como consecuencia de las pérdidas humanas, materiales y del proyecto de vida individual y comunitario,  Las enfermedades psicosomáticas o trastornos somatomorfos: según DSM-IV: trastorno por somatización y trastorno somatomorfo indiferenciado, El susto”[21].

Dentro del proceso de daño psicológico causado por este delito en familiares de desaparecidos se evidencian cuatro momentos: la detención,  la acción de búsqueda,  la renegación social del desaparecido y asimilación de posible muerte.

Dentro del primer momento o detención, la incertidumbre, el desasosiego que genera la falta de información y negación de la desaparición en sí misma por parte de las autoridades, genera en los familiares un sentimiento de impotencia propia y de incredulidad e inseguridad judicial. Así mismo, si no se conoce su paradero, la justicia parece no poder llevar a cabo ninguna acción, pues  ante las autoridades siempre cabe la posibilidad de estar en algún sitio por voluntad propia, haber sido liberado o estar simplemente perdido. Esto genera una sensación de desamparo, de marginalización y de inseguridad simbólica y material. Así mismo se da una alteración del sentido de legalidad.

“Un efecto negativo en los familiares: la percepción de cambio de los referentes habituales. El desaparecido de alguna manera impuso a la familia algún grado de relación con sus grupos de pertenencia específicos (sindicatos, partidos políticos, organizaciones vecinales, etc). Con este tipo de detenciones se da una alteración del sentido de la legalidad y se comienza a generar todo un largo y dañino proceso de percepción de estigma de los proyectos políticos, representado en la figura del detenido que no aparece”[22].

 

En el segundo momento se evidencia la acción de búsqueda, representativa por la incertidumbre permanente por la espera del ser querido, pues acá se mantiene la esperanza de que el desaparecido sigue vivo. De allí surge la necesidad permanente de buscar, no sólo al ausente, sino también las explicaciones permanentes sobre la forma y la causa de la desaparición, es una exigencia de verdad.

Por ahora, la distancia es momentánea más  no una pérdida.  Así mismo, se comienza a evidenciar el daño familiar pues el cambio de roles afectivos y económicos genera circunstancias disfuncionales:

El desaparecido pasa a ser un centro sobre el que se dirigen las actividades diarias: un núcleo intangible. Aquí comienza a gestarse una negación de la esperanza y una vivencia cotidiana de frustración”[23].

 

En tercera instancia la renegación social del desaparecido se referencia en la dificultad que vivencia la familia debido a la estigmatización y polarización social frente al delito.  En muchas ocasiones, ni las redes de soporte más cercanas, como lo son la familia misma o los amigos, terminan siendo un soporte; al contrario, dan muestras de un evidente aislamiento debido a la desconfianza.  Esto genera un sentimiento de soledad permanente y de aislamiento, acompañado de la confusión producida por la falta de apoyo. La marginación y la impotencia frente al daño del buen nombre del familiar desaparecido hace que se pierda la valoración social a cambio de un rechazo evidente, su víctima ha sido denigrada.

Se presenta un deterioro afectivo y subjetivo pues se convive con sentimientos contradictorios y ambivalentes como fuerza e impotencia, vergüenza y odio, miedo y fortaleza, esperanza y desesperanza.  Es un periodo de fuerte angustia que lleva a intentar asimilar la desaparición en una constante incertidumbre de si está vivo o muerto, pero siempre relacionada con daños extremos como tortura, enfermedad, estado físico y mental lamentable, lo que ayuda a que se produzca un efecto de culpa y pérdida. El aislamiento se convierte en un mecanismo de salvaguardia ante ver el tiempo estancado en el momento de la desaparición y la imposibilidad de rehacer la vida.

La imagen se fija en un pasado, aún cuando se reconocen necesidades afectivas en el presente. Esto se refleja en que el daño más prolongado de esta situación está dado por la imposibilidad de que los familiares de detenidos desaparecidos se reorganicen y reordenen su vida, su proyecto vital. Se da una situación permanente de angustia que se realimenta de la vivencia familiar y social: se da una cronificación de la tortura psicológica al interior de la familia”[24].

Se presentan cuadros de Trastorno[25] depresivo[26] alimentados por la soledad e indefensión por parte de la sociedad y el estado, que no comprenden el dolor que se padece.

 

“De igual modo, sería un error creer que los trastornos mentales no están relacionados con factores o procesos físicos o biológicos, o que los trastornos físicos no están relacionados con factores o procesos comportamentales o psicosociales”.[27]

 

“En la desaparición forzada no hay huellas, ni cuerpo, ni explicación legítima sobre lo sucedido. Lo anterior se traduce en agudos cuadros depresivos y desestructuración emocional, sentimientos de angustia y desesperanza. En negación y en rechazo consciente de esta posibilidad”[28].

El cuarto y último momento se relaciona con la asimilación de posible muerte en medio de un duelo de imposible elaboración pues aquí la muerte no tiene explicación y se entiende como un castigo; un duelo inconcluso que conlleva desesperación, melancolía y confusión.

“Se enfrenta la posibilidad concreta de la muerte: el familiar FUE eliminado y no existe ninguna respuesta oficial desde el Estado ni tampoco una respuesta social, de la comunidad que ayude a cerrar el ciclo de la espera. Como la muerte es imprecisa (¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?), la figura pasa a ser una extraña mezcla de vida y muerte, lo que obstaculiza asumir la muerte y elaborar el proceso de duelo”[29].

En un duelo normal la pérdida tiene una temporalidad, es momentánea, mientras que en la desaparición forzada se convierte en permanente donde se cronifica la rabia, el dolor, el sufrimiento, el odio, mostrando alteraciones de los proyectos vitales y daños a la integridad  de los familiares. La desaparición forzada se contextualiza entonces no sólo en un castigo para la víctima, sino para toda su familia.

Cuando una familia pierde un miembro, ya sea por muerte natural, enfermedad, accidente vial, muerte violenta, etc. los familiares entran en un proceso natural de duelo, en el cual el doliente pasa por una serie de etapas entre las que pueden estar el estado de shock, la negación, la ira o el enojo, el pacto, la depresión y finalmente la aceptación, este proceso lleva a los familiares a superar y asimilar finalmente la pérdida del ser amado.  Sin embargo en el fenómeno de desaparición forzada, la situación es diferente, en estos casos los familiares sufren un proceso de duelo interrumpido o un dolor suspendido”[30].

Aparece como manifestación contra la impotencia la articulación con grupos y organizaciones de víctimas que generan acciones de movilización social colectiva.

La desaparición forzada, la amenaza constante y variada hacia la integridad física de las personas y especialmente de sus familia, el rumor, el chantaje, el secuestro, el despliegue de la fuerza, las condiciones de vida humillantes, los mensajes macabros enviados a través de los cuerpos de los asesinados en tortura, son apenas algunas de las formas como en nuestros países se ejerce la tortura psicológica… La Tortura a una persona se reproduce por sí misma en su familia y en la sociedad.  Los seres queridos son atormentados por la visión terrorífica del cuerpo del otro torturado, la crueldad con que se realiza la misma en Colombia es también una amenaza contra el grupo social”[31]

 

Los Efectos psicosociales de la desaparición forzada

Dentro de los elementos objetivos fundamentales de la desaparición forzada se encuentran la de deslegitimizar a las víctimas y garantizar su impunidad. El vacío producido por la ausencia de justicia y de condenas  contra los culpables, la negación de la práctica y el estigma impuesto a los desaparecidos como actores con actuaciones erróneas o desviadas, han hecho que  sean vistos (ellos y sus familias) como objetos políticos sin identidad, sin calidad humana y social.

Una sociedad en la que se vive el terror provocado por las desapariciones, sometida al silencio, sin mecanismos legales de reparación del daño inflingido, será una sociedad prisionera de sí misma en la que seguirán vigentes el ciclo del miedo y la deslegitimación de los portadores de la verdad sobre los hechos ocurridos”[32].

Esto ha generado en la sociedad colombiana  una serie de formas de actuar o creencias que evidencian los procesos de violencia cultural arraigadas alrededor de la práctica.

Éstas son:

  • La oposición política es una forma ilegal e ilegítima. Es una forma de inadaptación ajena a la sociedad. Por algo lo desaparecieron. Las víctimas son siempre culpables, en algo andaba. La desaparición es sinónimo de culpabilidad e ilegalidad.
  • La familia y el entorno cercano es culpable de la forma de acción del desaparecido por el tipo de educación, la aparente falta de acompañamiento o atención, la transmisión de determinadas ideologías políticas o ausencia de valores.
  • Se alimenta una constante sensación de miedo por parte de los familiares alrededor del tener que hacer públicas las acusaciones y/o sospechas de quienes podrían ser los responsables de la desaparición. Además, los altos niveles de impunidad por la falta de acción por parte de las entidades o instituciones responsables, hacen que el problema se agrave.
  • El desaparecido está muerto y hay que olvidarlo socialmente hablando. Los familiares pierden paulatinamente todas las redes de apoyo, esperanza visible de seguir buscando o encontrar a su ser querido.

El daño causado por esta grotesca práctica muestra sus efectos, no sólo con relación a la ausencia de la persona desaparecida y la incertidumbre por la falta de conocimiento de su situación o paradero, resquebraja fundamentalmente todas los contextos cercanos a la víctima: su espacio individual, su familia, su espacio comunitario y laboral, político. Tiene unas consecuencias devastadoras pues logra destruir procesos y generar miedo ante la figura del desvanecimiento social, perderse sin respuestas, una pérdida autoritaria  y total de discernimiento sobre alguien. El temor, las amenazas y el miedo hacen más difícil la comunicación, afectan la identidad individual, familiar y colectiva, dificulta los procesos de ayuda conjunta, crea estigmatizaciones sociales en las acciones en el ámbito público.

Para llegar a conocer la dimensión del daño se debe establecer el rol y el papel que jugaba la víctima dentro de la familia y dentro de la comunidad, la situación de derechos humanos en el lugar,  el contexto social, el apoyo o no de autoridades estatales y posible re victimización.

Son numerosos los casos de víctimas que acuden al sistema judicial. Por ejemplo, las personas que han padecido abuso sexual, las víctimas de violencia familiar, las víctimas de lesiones personales, las víctimas por accidentes de tránsito, las víctimas de terrorismo, las víctimas por intento de homicidio, las víctimas de accidentes de trabajo, etc. En todos estos procesos, la detección de secuelas psicológicas puede aumentar la pena de quien infligió el daño o puede favorecer la consecución de una indemnización pecuniaria civil por el padecimiento, aumentando así la aplicación de una medida justa, de ahí la responsabilidad social de quien emite el informe psicológico forense. En todos estos casos, el psicólogo forense debe proceder con los lineamientos generales para la evaluación pericial, pero específicamente para evaluar las secuelas psicológicas generadas por la victimización”.[33]

 

Se evidencias daños individuales alrededor de la aparición de sentimientos de impotencia, miedo, frustración, nostalgia, incertidumbre.  En lo familiar se dan cambios representativos alrededor del cambio de roles, sentimientos de dolor, tristeza y zozobra. Sus relaciones a partir de allí serán desconfiadas, vulnerables y desesperanzadoras, especialmente con relación a las instituciones y las redes sociales cercanas, el ser querido siempre está presente y se le debe lealtad y fidelidad, aunque se encuentre ausente.

Por otro lado, algunas familias rompen con sus lazos sociales, se aíslan, la misma comunidad los identifica como un factor de riesgo por la victimización  que sufrieron y el Estado agrava la situación al no dar un debido tratamiento  a las víctimas. Desde el ámbito colectivo, la desaparición forzada genera un  alto impacto, por lo cual un programa de acompañamiento psicosocial debe  incluir la promoción de espacios que den respuesta a la alteración de los ámbitos, prácticas y usos sociales que se abandonan. Los hechos violentos causan un impacto que con el paso del tiempo no  aminora, por el contrario, tiende a mantenerse y con frecuencia a incrementarse, causando mayor dolor. Esto se debe principalmente a la imposibilidad de las víctimas para elaborar el duelo, por la ausencia de certeza  respecto de lo ocurrido y la incertidumbre en relación con el paradero de  la víctima. Así, las víctimas imaginan de manera recurrente qué les pudo  ocurrir a sus seres queridos, por qué y dónde, e imaginan todo tipo de situaciones en las cuales ellos son objeto de todo tipo de torturas”[34].

Hay que plantear acá la figura del trauma[35] psicosocial[36]  donde le miedo se convierte en el instrumento regulador de las interacciones sociales, pues la idea

de tortura inflingida a la víctima se hace permanente, el miedo, el exilio, la desaparición son realidades cercanas y permanentes, todas las peores pesadillas son posibles y probablemente ciertas.

“Un aporte fundamental que se deriva de lo anterior es, entonces, que el trauma psicosocial no radica en un momento violento y agudo que irrumpe sino que se da en un proceso histórico – social. Así, la experiencia traumática se cronifica y arraiga cada vez más si la situación social no se modifica”[37].

 

Como se ha venido planteando a lo largo de este escrito, el factor impunidad incrementa el daño causado en las víctimas de la desaparición forzada, especialmente para su familia.

 

“Se entiende por impunidad  la ausencia o insuficiencia de investigación, enjuiciamiento y castigo a los responsables de violaciones de derechos humanos”[38].

 

La impunidad se convierte en una constante vulneración de los derechos humanos, y al ser generalmente resultado de las políticas meditadas conllevan romper el sentido común, sembrando dudas alrededor de las reglas de convivencia social;  se alimenta la idea de que los objetivos se pueden conseguir mediante la violencia; le recuerda a la sociedad el haber quedado inmune a la acción de la justicia;  amenaza los marcos sociales de los simbólico;  se incrementa el trauma psicosocial, y por último, niega la memoria.

 

La Revictimización  se evidencia en las familias víctimas de desaparición forzada,  mostrando variados daños o agravamiento del mismo como lo son el dolor por la pérdida,  angustia, ansiedad, depresión, ideas fóbicas, sentimientos de culpa, entre otros. Lamentablemente, los servidores públicos generan desaciertos, negativas, faltas de información o información poco clara,  ausencia de respuestas durante la denuncia, la búsqueda, etc, que no tienen en cuenta el dolor y padecimiento de las víctimas y que como consecuencia las lleva a los sentimientos de incomprensión, desamparo, aislamiento. Esto se agrava al  tener en cuenta que la desaparición forzada es antecedida, mediada o continuada por acciones violentas en su conjunto.  Es común que observar como los familiares de detenidos desaparecidos son víctimas de amenazas, hostigamientos hurtos, lesiones personales, tortura.  Los daños e impactos psicosociales también dependen del momento en el que se dan (búsqueda, exhumación, identificación) o contexto social-cultural y político.

Para analizar los daños en víctimas de desaparición forzada o sus familiares se utilizan protocolos que permiten medir el mismo. Esto es explicado por varios autores.

Afectaciones en la salud, cambios en la vida personal, daños a la reputación y bloqueo en la elaboración del duelo

La salud de las personas víctimas de desaparición forzada, pero especialmente sus familiares presentan afectaciones visibles en su salud, tanto en trastornos psicosomáticos (síntomas físicos incrementados o evidenciados por la afectación psicológica), como en trastornos mentales, o ambos.  Esto se agrava si además los familiares tienen que padecer nuevos hostigamientos.

  • Los síntomas de tipo psicosomático se evidencia cuando los síntomas físicos están influenciados por tensiones emocionales  o situaciones con un alto grado de estrés.  “En algunos casos los problemas  de salud son de carácter invalidante y crónico, con un periodo de enorme gravedad”[39].
  • Se dan trastornos emocionales  como la ansiedad, hipervigilancia, insomnio, alteraciones del estado de ánimo, evitación fóbica, pensamientos y recuerdos intrusivos y pesadillas. Se encuentran diagnósticos de estrés postraumático: El Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales  describe el curso general del trastorno por estrés postraumático en donde especifica que “Los síntomas del trastorno y la predominación relativa de la re experimentación, comportamiento de evitación y síntomas de activación (arousal) pueden variar ampliamente a lo largo del tiempo. La duración de los síntomas muestra considerables variaciones; la mitad de los casos suele recuperarse completamente en los primeros 3 meses; en otras ocasiones todavía pueden persistir algunos síntomas más allá de los 12 meses posteriores al acontecimiento traumático. En algunos, el curso se caracteriza por oscilaciones en los síntomasLa reactivación de éstos puede aparecer en respuesta a los recuerdos del traumatismo original a estresores de la vida o a nuevos acontecimientos traumáticos”[40].
  • Se presentan casos donde se logra diagnosticar trastorno depresivo mayor: “La característica fundamental de este trastorno es la aparición de síntomas que siguen de la exposición a un acontecimiento estresante y extremadamente traumático, y donde el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para su vida o cualquier otra amenaza para su integridad física… o existe una amenaza para la vida de otras personas”[41].
  • Sufrimiento emocional  se refiere al dolor que causan las pérdidas irrecuperables donde la elaboración no puede completarse, como en el caso del duelo complicado[42] o permanente vivido por los familiares de desaparecidos forzados. Esto lleva a una sensación de insatisfacción personal, frustración y dolor emocional permanente, temor, desconfianza, tristeza, pesimismo, preocupación, incertidumbre, ideas recurrentes de daños y violencia, culpa. El duelo abierto permanentemente al no poder encontrar a sus seres queridos, tener sus restos o saber la verdad de los hechos, generan un dolor psicológico continuo. “Los recuerdos e imágenes traumáticas se convierten en parte de la vida cotidiana sin posibilidad de verificación de un cierre de la situación”[43].
  • Se genera una constante incomodidad por el sentimiento de inseguridad, se pierde la libertad de movimiento y el derecho a la intimidad. Se pueden dar cambios representativos en la personalidad como la pasividad, el aislamiento o el mutismo.

“Los familiares han sufrido una falta de reconocimiento social como víctimas y un estigma que ha conllevado un mayor aislamiento y cuestionamiento de sus derechos y su dignidad”[44].

La desaparición forzada se ve atravesada por una sensación de ansia permanente como resultado de saber colindante la posibilidad de pérdida definitiva del familiar o ser querido, lo que conlleva una permanente circunstancia de abandono psíquico y físico, en medio de un desamparo adjunto del conocer o  no  la suerte  sobre el lugar y  final de su familiar, así que también depende del agresor, lo que lo hace mayormente vulnerable, pues por quien siente mayor irá es quien sabe la verdad de lo que  sucedió.

El daño trasciende el concepto de elaboración de duelo, quebranta al ser humano, elimina la ilusión y afecta notoriamente el proyecto de vida.

“Este proceso trasciende el concepto de duelo, pues lo único en lo que se relacionan la muerte y la desaparición son el dolor, pero en la desaparición no hay cuerpo, no hay un nombre, no hay una tumba, no hubo misa ni funeral, no hay certidumbre.  Sin un cuerpo para enterrar no se marca la línea que separa a los vivos de los muertos. La incertidumbre ante la muerte parece detener el tiempo y congelar el espacio”[45].

Todavía cantamos, todavía pedimos, 
todavía soñamos, todavía esperamos;
por un día distinto
sin apremios ni ayuno
sin temor y sin llanto,
porque vuelvan al nido
nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos…

 

Víctor Heredia


[1] La Desaparición Forzada de personas en Colombia. Cartilla para víctimas. Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Colombia. ISBN: 978-958-8558-03-5. Primera edición, Bogotá, D.C., agosto de 2009.

[2] Se entiende como generalizada cuando contempla una multiplicidad de víctimas.

[3] Se entiende como sistemática cuando hace parte de una práctica frecuente.

[4] Decreto expedido y desarrollado por las autoridades del Tercer Reich para la represión y eliminación física de oponentes políticos al régimen nazi en los territorios ocupados, así como de combatientes enemigos miembros de la resistencia, o prisioneros de guerra durante la Segunda Guerra Mundial.

[5] Para el derecho penal se entiende el derecho pluriofensivo como aquel que  ataca a más de un bien jurídico protegible a la vez.

[6] Párrafo cuarto del Preámbulo de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas: «la desaparición forzada de personas viola múltiples derechos esenciales de la persona humana de carácter inderogable…».

[7] Se refiere a la consagración de las cláusulas de no suspensión de derechos humanos bajo ningún tipo de circunstancia, ni siquiera en las condiciones más graves.

[8]Los crímenes de lesa humanidad se refieren a crímenes que por su naturaleza aberrante y violenta ofende a la humanidad en su conjunto.

[9] Caso Heliodoro Portugal contra Panamá,  Sentencia de 12 de agosto de 200 ,( Excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas).

[10] Se entiende por delito complejo aquel que con dos o más acciones, que por sí mismas son infracciones tipificadas en distinto lugar del código penal,  pero que el legislador las integra en un mismo tipo penal.

[11] Naciones Unidas. Consejo Económico y Social. Comisión de Derechos Humanos. 46° Período de sesiones. Informe del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias.

[12] Comisión de Derechos Humanos

[13] Artículo 9: “Nadie puede ser condenado por acciones u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el derecho aplicable. Tampoco se puede imponer pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con posterioridad a la comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente se beneficiará de ello”

[14] Las violaciones a derechos humanos cometidas por miembros de la fuerza pública no pueden ser consideradas como acciones u omisiones relacionadas con el servicio, y por lo tanto, deben ser sancionadas y penalizadas por la justicia ordinaria.

[15] Uprimmy Yepes, Rodrigo. Saffon, María Paula.  Los retos jurídicos de la desaparición forzada: de la lucha por el reconocimiento a la lucha por la eficacia de un crimen atroz. DeJuSticia: Centro de Estudios de derecho, justicia y Sociedad. Bogotá, 2009.

 

[16] GUTIÉRREZ DE PIÑERES, Carolina. Procesos de duelo en víctimas de desaparición forzada. Disponible en http://psicologiajuridica.org/psj137.html. Consultado el 29 de marzo de 2013.

[17] TAPIAS SALDAÑA, Angela. Aproximaciones técnico-tecnológicas  para la evaluación de la psicopatología en el medio forense. Revista colombiana de Psicología.  N. 13, páginas 50-56. 2004

[18] GUTIÉRREZ DE PIÑERES, Carolina. Procesos de duelo en víctimas de desaparición forzada. Disponible en http://psicologiajuridica.org/psj137.html. Consultado el 29 de marzo de 2013.

[19] DÍAZ FACIO LINCE, Victoria Eugenia. Del dolor al duelo: limites al anhelo frente a la desaparición forzada. Disponible en http://psicologiajuridica.org/psj137.html. Consultado el 31 de marzo de 2013.

[20] TAPIAS SALDAÑA, Angela. Aproximaciones técnico-tecnológicas  para la evaluación de la psicopatología en el medio forense. Revista colombiana de Psicología.  N. 13, páginas 50-56. 2004

[21] GÓMEZ DUPIS, Nieves. Peritaje psicosocial por violaciones a derechos Humanos.  Colección Psicología Social ECAP (Equipo de estudios comunitarios y acción psicosocial) Guatemala, 2009.

 

[22] CABANILLAS SÁEZ, Beatriz. LA DESAPARICION FORZADA COMO MODALIDAD REPRESIVA. CENTRAL DE LA GUERRA PSICOLOGICA EN UN CONTEXTO DE TERRORISMO DE ESTADO. Miedo, silenciamiento colectivo y trauma psicosocial. El caso de la dictadura militar de A. Pinochet en Chile. 1973-1990. Universidad de Deusto,Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe. Bilbao. Marzo de 2005

 

[23] IBID

[24] IBID

[25] Según el DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, los conocimientos actuales indican que hay mucho de «físico» en los trastornos «mentales» y mucho de «mental» en los trastornos «físicos».  Cada trastorno mental es conceptualizado como un síndrome o un patrón comportamental o psicológico de significación clínica, que aparece asociado a un malestar (p. ej., dolor), a una discapacidad (p. ej., deterioro en una o más áreas de funcionamiento) o a un riesgo significativamente aumentado de morir o de sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad. Además, este síndrome o patrón no debe ser meramente una respuesta culturalmente aceptada a un acontecimiento particular (p. ej., la muerte de un ser querido). Cualquiera que sea su causa, debe considerarse como la manifestación individual de una disfunción comportamental, psicológica o biológica. Ni el comportamiento desviado (p. ej., político, religioso o sexual) ni los conflictos entre el individuo y la sociedad son trastornos mentales, a no ser que la desviación o el conflicto sean síntomas de una disfunción.

[26] Un estado depresivo no tiene nada que ver con una tristeza pasajera, como erróneamente suele interpretarse. A medida que la depresión avanza la vida se ve afectada notoriamente, pues es difícil encarar hasta los hábitos cotidianos, afecta el sueño y la alimentación,  e inclusive, puede llevar a la persona a tener ideas suicidas o efectos graves de abandono.  La autoestima está notoriamente distorsionada, cambia la realidad drásticamente.

[27] PICHOT, Pierre. DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana. Versión española de la cuarta edición de la obra original en lengua inglesa.  Editorial Masson. Barcelona, 1995.

[28] CABANILLAS SÁEZ, Beatriz. Op. cit.

[29] CABANILLAS SÁEZ, Beatriz. Op. Cit.

[30] GUTIÉRREZ DE PIÑERES, Carolina. Procesos de duelo en víctimas de desaparición forzada. Disponible en http://psicologiajuridica.org/psj137.html. Consultado el 29 de marzo de 2013.

 

[31] CASTAÑO, B.L. Violencia socio-política en Colombia. Repercusión en la salud mental de las víctimas. En ASFADDES. Veinte años de historia y lucha. Asfaddes con todo el derecho.  Rodríguez Quito editores. Bogotá, 2003.

 

[32] DÍAZ FACIO LINCE, Victoria Eugenia. Del dolor al duelo: limites al anhelo frente a la desaparición forzada. Disponible en http://psicologiajuridica.org/psj137.html. Consultado el 31 de marzo de 2013.

[33] TAPIAS SALDAÑA, Angela. Aproximaciones técnico-tecnológicas  para la evaluación de la psicopatología en el medio forense. Revista colombiana de Psicología.  N. 13, páginas 50-56. 2004

[34] OFICINA DEL ALTO COMISIONADO PARA LOS DERECHOS HUMANOS COLOMBIA. Recomendaciones para una política pública con enfoque psicosocial en contra de la desaparición forzada. Primera edición, Bogotá. Mayo 2009.

[35] El concepto de trauma es introducido por Freud en 1926. Éste se refiere a los efectos suscitados por unos hechos que pueden tener gran influencia patógena, afectando de manera persistente el funcionamiento psíquico de la persona. Posteriormente, Bruno Betthelheim en 1943 agrega la idea de situación límite como aquella que destruye todas las barreras psíquicas y deviene en un estado de traumatización extrema

[36] Término intruducido por Martín Baró en 1990 que explica como siempre la realidad social concreta está vedada y cuando se da un movimiento en el plano social los individuos desaparecen, lo que implica fragmentar la situación.  Existen dos aspectos a la hora de entender la violencia política en América Latina:  la herida  o trauma producido socialmente s da no en el individuo sino en la sociedad (situación de emergencia social); y segundo, el trauma por su naturaleza se alimenta y mantiene en la relación individuo sociedad a través de diversas mediaciones institucionales, grupales e individuales

[37] Martín Baró, Ignacio. “La violencia política y la guerra como causas del trauma psicsocial en El Salvador”. El Salvador, 1990.

[38] OFICINA DEL ALTO COMISIONADO PARA LOS DERECHOS HUMANOS COLOMBIA. Recomendaciones para una política pública con enfoque psicosocial en contra de la desaparición forzada. Primera edición, Bogotá. Mayo 2009.

[39] ASFADDES. Veinte años de historia y lucha. Asfaddes con todo el derecho.  Rodríguez Quito editores. Bogotá, 2003.

 

[40] PICHOT, Pierre. DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana. Versión española de la cuarta edición de la obra original en lengua inglesa.  Editorial Masson. Barcelona, 1995.

[41] IBID

[42] Deseo persistente de la presencia del ausente, impacto permanente por la pérdida o rechazo hacia ésta. Aumenta el sentimiento de impacto por la pérdida, aumentan las preocupaciones por la constante búsqueda, genera estrés y sufrimiento emocional.

[43] ASFADDES. Op cit.

 

[44] IBID

[45] IBID.

18 Comments

  • Andres Hernandez dice:

    El caso citado de Ruben Blades sobre desaparición forzada me parece un estudio detallado y excelente ya que la desaparición forzada causa un alto impacto a nivel sociedad ya que considero que independientemente de ser un delito pluriofensivo es una conducta antisocial agravante, indignante y repudiante, ya que viola todos los derechos de la victima u ofendido y tal y como se menciona en el texto causan afectacion a nivel sociedad y en los mienbros de la familia, parientes y dependientes ya que alteran la economia, integridad y los valores de la misma adi como las alteraciones psicologicas sufridad en la misma.

  • lizeth mejia dice:

    considero que la desaparición forzosa fue creada por las fuerzas armadas y todas esos grupos armados que por querer tener el poder en nuestro pais iniciaron intimidando alas familias inocentes con el secuestro sin después hallar rastros de ellos. el narcotrafico fue la gran influencia a estos actos atroces que acabaron con la paz de muchas familias. debe considerarse una pena mayor a esos actores actuales que continúan con la desaparición forzosa sin rebajas de pena y jusgados segun sus delitos pero todos con una pena maxima ya que sus atrocidades han sido las causantes de tanta violencia

  • Dr. Wilmer Ortega dice:

    Un tema dificil, que genera mucha controversia y tardará en cicatrizar en la sociedad. Valioso aporte

  • Gonzalo Lira dice:

    Estimadas Beatriz y Ginna: Este año se cumplieron en Chile 40 años desde el Golpe Militar de 1973, conmemoración que puso en evidencia los dolores pendientes de la represión política de la Dictadura del general Pinochet, y el drama de los detenidos desaparecidos que aún persiste.
    Las felicito por abordar un tema tan relevante y complejo, como el expuesto.

    Un saludo desde Chile

    Gonzalo Lira Mendiguren
    Escuela de Psicología
    Universidad de Valparaíso
    Chile

  • Hector Luis Guerra dice:

    Muy buen tema el tratado,en nuestro País sufrió la dictadura por Gobiernos Militares, que dejaron grades heridas a causa de detenidos desaparecidos lo que aún persiste,situaciones vividas que le costo al País, mucho dolor y perdidas humanas.- Felicitaciones por tratar un tema tan importante.-
    Gracias.-

  • Javier Zavalia dice:

    Tema muy álgido en casi toda Latinoamerica. No obstante necesita ser debatido, pues sirve para elaborar esa ausencia desencarnada. Felicitaciones

  • Deisy Carolina Castiblanco Huertas dice:

    Los grupos armados como la guerrilla, que supuestamente luchan por el pueblo…incoherencia total, lo muestran con actos como lo es el secuestro. Lo mas triste de todo es que su guerra es contra los grupos mas vulnerables como la gente del común, por intereses internos.

  • Ana María Hernández Galindo dice:

    definitivamente un tema de difícil acceso, pero muy interesante.
    la desaparición afecta a toda la familia y hay que darle tratamiento a toda la sociedad

  • Juan F. Cadena dice:

    Hay que tener presente que los factores para determinantes de efectos sociales radican en los factores de riesgo y factores de protección. Cada uno denota su aparecimiento en la sociedad, que desde la cual se debe tomar las herramientas para poder resolver contratiempos.

  • Vania Cecilia Tovilla Quesada dice:

    Muchas gracias por su aportación, realmente es un tema que toca las fibras más sensibles del ser humano, esta clase de crímenes no deberían quedar en la sombra de la impunidad, las familias de aquellas personas que han padecido viven un duelo inconcluso y muchos de los aspectos ya retomados en su ponencia. Saludos cordiales.

  • Pedro Alvarado dice:

    Felicidades un tema muy interesante,resulta muy debastador para la familia de la victima directa y sumamente perturbador para las victimas secundarias este tipo de crimenes tanto que tenemos que emplearnos a fondo para acompañarles y ofrecerles herramientas para que puedan elaborar un proceso que les ayude a manejar esta situacion.

  • Martín Covarrubias dice:

    Este es uno de los más graves problemas de violación sistemática y generalizada de los derechos humanos en sus vertientes de la generación del terror general y específico que ha traspasado cualquier frontera en nuestra América Latina. A pesar de los avances formales y el impacto del trabajo de ONG’s este fenómeno parece no ceder. Mucho por reflexionar y por hacer. Excelente exposición.

  • Felicitaciones el tema que abordaron representa una de las grandes cicatrices que ha rasgado a latinoamerica. Aun sigue herida. Recordar la historia es importante porque no se nos puede olvidar. No podemos ser ajenos a las realidades que viven nuestros paises, una persecución por los que luchan por los derechos humanos.

    Concluyo retomando esta frase de las autoras

    “La práctica de la desaparición forzada termina siendo una marca indeleble en la historia familiar e individual. La única realidad es la incertidumbre”.

  • excelente articulo. felicitaciones.

  • alejandro roque carrasco dice:

    Un tema mu recurrente en nuestros dias y muy grave que deja secuelas en todo el conjunto familiar, amigos, sociedad etc., de la victima. De una menera u otra todos padecen el miedo y en otros paises aun mas por lo que se demuestra a a diario en las noticias. Seguramente deja cicatrices irreparables. Tiene que existir rigurosas politicas de seguridad y penalidad de estos delitos que terminan casi siempre en fatalidad. Para pensar y excelente aporte

  • JOSE MANUEL BEZANILLA dice:

    excelente trabajo, solo quisiera preguntarles sobre el tratamiento a la victima cuando es encontrada viva, y a las familiar mientras el familiar se encuentra desaparecido

  • feliciano jojoa hidalgo dice:

    Es un tema lamentablemente común en Colombia, donde se ha perdido la sensibilidad ante la crueldad, atrocidad y brutalidad de la desaparición forzada, en muchos casos culmina con la tortura y el asesinado de la víctima, en medio de cautiverios terroríficos, donde finalmente sus familiares sufren lo indescifrable en búsqueda de apoyo ante los organismos gubernamentales que son paquidérmicos en sus investigaciones.- Difiero de los conceptos de algunos foristas que me antecedieron donde se le endilga la culpa culpa a la guerrilla o paramilitares.- en gran parte son los autores materiales, pero detrás de estos están las grandes potencias con sus industrias de ventas de armas, o los gobiernos dentro de un mundo globalizado que imponen sus políticas de estado. Los latinos tenemos a E.U. los otros a la ya desparecida URS

  • CARLOS LUNA dice:

    Buenas noches

    En mi concepto el peor de los crimenes es este:
    DESAPARICIÓN FORZADA CON FINES HOMICIDAS

    ya que a la familia se le niega el derecho de qué le paso a su ser querido, y durante años albergan la ilusión que la persona va a llamar, a venir y le rezan, lo esperan, le cuidan su alcoba, sus esposas los esperan, muchas veces perdiendo la belleza, la fuerza, la vitalidad porque asi duela la Biblia dice “hasta que la muerte los separe” y esas mujeres que quedan viudas tan jovenes siguen guardando la ilusión de reencontrarse con su pareja.
    No importa quien es el victimario, el daño es el mismo, desaparición forzada = Delito de lesa humanidad.

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