FACTORES DE EVALUACIÓN PSICOLÓGICA EN EL CONTEXTO PENITENCIARIO

 CÉSAR  ACARAPI  APAZA

Dedicado a todos los profesionales psicólogos interesados                                   en el avance de la psicología jurídica y sus áreas de especialización en el contexto boliviano.

Agradezco a la Dipl. Psych. Guiomar Bejarano, por sus observaciones y sugerencias precisas. Así como a mí esposa y familia.

RESUMEN

El presente trabajo monográfico tuvo como objetivo determinar los factores de la evaluación psicológica en el contexto penitenciario, considerando que existen distintas posiciones sobre el rol del psicólogo y la importancia de la evaluación psicológica en este medio.
A partir de la revisión bibliográfica especializada se determina que los factores a considerar en la evaluación psicológica son: personalidad; trastornos de personalidad y sintomatología psicopatológica; autocontrol; inteligencia; actitudes; depresión y suicidio; personalidades violentas que incluye delitos de naturaleza violenta: violencia doméstica, abuso sexual de menores, y psicopatía; riesgo de violencia en los casos que presentan una alta tasa de reincidencia violenta: violencia interpersonal inespecífica, violencia contra la pareja, violencia sexual y violencia juvenil.
En cuanto a la importancia de la evaluación psicológica se establece que es imprescindible para la clasificación del interno, la evaluación del proceso de adaptación, los efectos de la prisionalización, así como la evaluación del riesgo de violencia para la posible otorgación de los beneficios penitenciarios a través de la aplicación instrumentos de evaluación válidos y confiables.
Sin embargo, se concluye que estas acciones no se efectúan en el contexto penitenciario boliviano, puesto que no están contemplados en la Ley de Ejecución Penal y Supervisión (Ley 2298) específicamente en lo que respecta a la función del psicólogo. Tampoco se aplica el “sistema progresivo” y mucho menos la clasificación de los internos.
Por otro lado, tras la revisión de varios instrumentos de evaluación en el contexto penitenciario, la mayoría provienen de Norteamérica y Europa, evidenciando su carencia en Latinoamérica, en especial Bolivia, donde la adaptación y validación de los mismos es aún una tarea pendiente.

CAPITULO I

  • Introducción

Existen diferentes posiciones sobre el rol del psicólogo y la importancia de la evaluación psicológica en el contexto penitenciario. La normativa de varios países latinoamericanos reconoce a los psicólogos como parte de los equipos técnicos de los establecimientos penitenciarios. Sin embargo, estas no describen con precisión la función del psicólogo conforme a los fundamentos de la psicología jurídica.

En el contexto penitenciario boliviano se dispone la asistencia psicológica a través del apoyo o tratamiento psicoterapéutico individual o grupal a los internos, pero sólo se habla de evaluación psicológica dentro del equipo de trabajo del Concejo Penitenciario, sin especificar claramente los fines.

De esta forma, el presente trabajo monográfico tiene como objetivo general de determinar los factores de la evaluación psicológica en el contexto penitenciario, por lo que los objetivos específicos consisten en describir las variables psicológicas que se incluyen en la evaluación psicológica para la clasificación y las variables psicológicas que se consideran en el proceso de adaptación de los internos, además de los instrumentos psicológicos que se emplean, para  luego establecer la importancia de la de evaluación psicológica en este contexto.

Para la consecución de los objetivos se realiza la búsqueda de información referente a los factores de la evaluación psicológica en el contexto penitenciario a través del internet; búsqueda manual de información pertinente, además de los autores más relevantes. Así como la consulta de bibliografía especializada. También, se realiza a la revisión de la normativa legal vigente relacionada al régimen penitenciario de Bolivia.

1.2. Planteamiento del problema

De acuerdo a las leyes o códigos penitenciarios de diferentes países latinoamericanos los psicólogos forman parte de los equipos técnicos que trabajan en el tratamiento de los internos dentro de establecimientos penitenciarios. Sin embargo, no se describe con precisión la función del psicólogo, sino que se la deduce y relaciona a partir de las normas, reglamentos internos o manuales de funciones, que por lo general no establecen las funciones, procesos o procedimientos a seguir desde la psicología jurídica (Bustos, 2008).

Según el Código de Ejecución Penal del Perú, se dispone la asistencia psicológica, que es distinta a la evaluación y tratamiento psicológico. En Argentina, la Ley 12256 determina la participación del psicólogo en los equipos técnicos, pero se especifica que todos los profesionales deben tener especialización en criminología o en disciplinas afines. En México, la Ley de Ejecución de Penas Privativas y Restrictivas de la Libertad del Estado estipula que los psicólogos que trabajen en el sistema penitenciario deben tener previa capacitación en todos los niveles y que su selección depende de su aptitud, vocación y antecedentes personales (Bustos, 2008).

En Bolivia, la Ley de Ejecución Penal y Supervisión (Ley 2298), en su Art. 97 dispone la asistencia psicológica mediante el apoyo o tratamiento psicoterapéutico individual o grupal a los internos que acudan de forma voluntaria o que sean derivados por el Concejo Penitenciario. Así como la elaboración de informes psicológicos a requerimiento según reglamento, pero sólo se habla de evaluación psicológica dentro del equipo de trabajo del Concejo Penitenciario, sin especificar claramente sus fines.

A partir de la bibliografía revisada, existen distintas concepciones respecto a la función del psicólogo dentro del ambiente penitenciario; por un lado, se señala que el psicólogo realiza múltiples y diversas funciones empleando conocimientos de casi todas las especialidades de la psicología aplicada: educativa, deportiva, organizacional, laboral y clínico, pero la función más importante del psicólogo es la evaluación y tratamiento (Soria y Gonzales, 2005), por otro lado y siguiendo esta última línea, se concibe que la función del psicólogo se centra específicamente en la evaluación-diagnóstico y tratamiento-intervención (Bustos, 2008).

Sin embargo, no se considera dentro de las funciones del psicólogo la asesoría a entes del sistema legal y la realización de peritajes dentro de este contexto, puesto que es frecuente la elaboración de informes periciales. No se reconoce que todo informe que se realice en el contexto legal corresponde a un peritaje, ello refleja la subordinación del psicólogo ante el sistema penitenciario (Bustos, 2008). También, se desconocen los diferentes ámbitos y niveles de intervención  de la psicología, que en este caso recae en la psicología penitenciaria o carcelaria, áreas de especialización de la psicología jurídica (Dangond, 2007).

De acuerdo a Chavarría, Bonasa, Cartil, Checa, Espada, Fernández, López, Punset, Torres y Vásquez (citados en Arce, Fariña y Novo, 2005) la psicología penitenciaria comprende la actuación del psicólogo a través de la clasificación de los internos en etapas concretas, progresiones o regresiones de grado, valoración de la concesión de permisos de salida, libertad condicional o indulto. También, se ocupa de la organización general del centro, estudia el clima social, realiza tratamientos grupales e individuales.

En cambio, la psicología carcelaria evalúa las condiciones psicológicas de los privados de libertad en relación a las características contextuales y socioculturales del ambiente carcelario que se configuran como factores de riesgo frente a factores físicos y psicológicos de los internos. Los cuales cobran importancia cuando se ingresa a prisión ya que obstaculizan la adaptación, por medio del replanteamiento del proyecto de vida y la modificación de las rutinas personales, familiares y sociales (Ávila y Cuadros, 2015).

Conforme a lo expuesto arriba se puede decir que la evaluación psicológica se enfatiza en la valoración del proceso de adaptación del interno a la vida de la prisión desde el ingreso, la prisionalización, la desocialización y el riesgo de suicidio en prisión. Por otro lado, está orientado a la evaluación y clasificación, valoración del interno con el fin de establecer un tratamiento para la resocialización o una evaluación forense con el objetivo de orientar el proceso de evaluación del tratamiento, así como definir los beneficios penitenciarios a través de un dictamen psicológico sobre la evolución del interno (Bustos, 2008), además de la valoración del riesgo de violencia (Jiménez, 2009).

En ese sentido, en el presente trabajo monográfico se pretende realizar una revisión bibliográfica respecto los factores de evaluación psicológica en el contexto penitenciario, considerando que existe desconocimiento sobre este tema, se plantea la pregunta de investigación:

¿Cuáles son los factores de evaluación psicológica en el contexto penitenciario?

1.3. Justificación

De acuerdo a Astorga (citado en Rivas, Ortiz y Lugo, 2008) la situación social y humana en las cárceles de américa latina  se caracteriza por: sobrepoblación; hacinamiento, violencia; corrupción; tráfico de drogas en sus diferentes modalidades, producción, distribución y venta; actividades ilícitas dentro de los penales; ingreso drogas, dinero, armas y teléfonos celulares, que sirven realizar extorciones y hasta para planificar  delitos como operaciones de tráfico de drogas, vendettas y secuestros. Lo que hace pensar que las cárceles son escuelas del crimen.

Similar situación se presenta en el sistema penitenciario boliviano, dado que existe una serie de problemas estructurales: infraestructura inadecuada de los establecimientos carcelarios, sobrepoblación, mayor porcentaje de detenidos preventivos, hacinamiento, encarcelamiento de familiares, niños en las cárceles, tazas carcelarias ilegales, alimentación deficiente,  precariedad en la atención de salud e higiene y corrupción en la administración de la justicia (Borja, Romero, Valda y Miranda, 2013).

A pesar que la Ley 2298 establece la base del régimen de los establecimientos penitenciarios en función a la clasificación de los internos a cargo del Consejo Penitenciario, en la práctica sólo se ha llegado a la separación por sexos, mientras que los criterios de peligrosidad, tipología criminal, edad y situación penal siguen postergados. Cuestión que no permite la proyección de programas de reinserción social, así como la obtención de criterios claros sobre la evolución de los mismos bajo el sistema progresivo. Por otro lado, los beneficios penitenciarios terminan degenerándose (Borja y col, 2013).

La evaluación psicológica permite establecer la clasificación de las personas sentenciadas en función al grado y régimen establecido en la normativa penitenciaria. Se  hace a partir de la valoración de la personalidad y el historial individual, familiar, social y criminal del interno, la duración de las penas, el medio social al que retorne el recluso y los recursos, además de las facilidades y dificultades existentes en cada caso (Soria y Gonzales, 2006).

Asimismo, se apoya en el uso de técnicas e instrumentos válidos y confiables que cuentan con respaldo científico. Su propósito es proporcionar criterios objetivos, claros y útiles, tanto, al sistema penitenciario como a los internos. De ahí su importancia en la clasificación inicial de los internos (Rodríguez, 2007).

No obstante, se observa que en la evaluación de los internos no se cuentan con los instrumentos y estrategias de evaluación pertinentes para un contexto que requiere la evaluación desde la psicología forense. Persiste la elección ambigua de instrumentos, como: Test de la Figura Humana de Machover, Tets del Árbol y MINIMUL (Bustos, 2008). Así como: Bender, RAVEN, BFQ, Betta III, MCMI II (Castillo, 2011). Mientras que en el caso de la predicción de conductas violentas existe carencia en el uso de instrumentos específicos a nivel latinoamericano, son reemplazadas con el: Rorschach, TAT, TRO, HTP y pruebas de inteligencia (Hermosilla y López, 2015).

Situación que en el contexto boliviano es mucho más informal, puesto que no existe una ley que regule el ejercicio profesional del psicólogo, distorsionándose así el uso de pruebas psicológicas, es así que un administrador de empresas podría aplicar pruebas psicométricas en el ámbito organizacional o en un informe judicial el psicólogo basarse solo en la entrevista y en el HTP (Test de la Persona, Casa y Árbol). La precisión de las evaluaciones son responsabilidad de los psicólogos, sin embargo, existen dificultades en la obtención de instrumentos más apropiados (Schulmeyer, López y Ortuño, 2013).

En ese sentido y considerando el incumplimiento de la normativa, el desconocimiento de los factores de evaluación psicológica en el contexto penitenciario, la presente monografía tiene una relevancia de tipo social, puesto que es elemental para la clasificación y el seguimiento evolutivo de los internos, para así planificar un verdadero tratamiento de resocialización.

1.4. Objetivos

1.4.1. Objetivo general

  • Determinar los factores de evaluación psicológica en el contexto penitenciario

1.4.2. Objetivos específicos

  • Describir las variables psicológicas que se incluyen en la evaluación psicológica para la clasificación de los internos
  • Describir las variables psicológicas que se incluyen en la evaluación psicológica respecto al proceso de adaptación de los internos
  • Describir los instrumentos psicológicos que se emplean y que deberían emplearse en la evaluación psicológica
  • Establecer la importancia de la de evaluación psicológica en el medio penitenciario

 

CAPITULO II

 

2.1. Sistema penitenciario boliviano

Bolivia a diferencia de varios países sudamericanos tiene un sistema penitenciario basado en sus costumbres. Su organización permite la participación de la sociedad civil por medio de los concejos penitenciarios, así como de representantes de los privados de libertad en las políticas penitenciarias y en la normativa, que yace en una autoridad civil sin poder y en una policía de asume de facto el control de los establecimientos carcelarios. Los beneficios penitenciarios son otorgados sin criterios objetivos por las autoridades judiciales (Llanos, 2015).

El sistema penitenciario boliviano más que rehabilitador está orientado al castigo, abuso y sometimiento. Los establecimientos penales carecen de infraestructura adecuada, existe hacinamiento, estrechez, desatención en la mejora de sus condiciones, contagio de enfermedades, subordinación a las redes de corrupción, drogas e ilegalidad (Borja y col, 2013).

De acuerdo al Art. 157 de la Ley 2298, las penas privativas de libertad se ejecutan a través del “Sistema Progresivo”, que consiste en el avance gradual en los distintos periodos de tratamiento, en base a la responsabilidad y aptitudes del condenado en los regímenes de disciplina, trabajo y estudio. Dicho sistema comprende cuatro   períodos:

  1. De observación y clasificación iníciales;
  2. De readaptación social en un ambiente de confianza;
  3. De prueba; y,
  4. De libertad condicional.

Para el cumplimiento de los periodos del Sistema Progresivo, se limitará a lo estrictamente necesario la permanencia del condenado en establecimientos de régimen cerrado.

Según Borja y col (2013) las  competencias  para  decidir  en  qué  fase clasificar  a  un  interno  las  asume  el  Consejo  Penitenciario de los  establecimientos carcelarios  y  las lleva a cabo mediante un sistema de entrevistas a través de las siguientes fases:

La  primera  fase “de observación y clasificación inicial” dura dos  meses donde el  interno  permanece  en  un régimen cerrado. En la fase de la “readaptación social” el interno puede mantenerse en  el  mismo  régimen  o  pasar  al abierto, que implica  la posibilidad  de  que  la  familia  del  interno  pueda  acceder  al  interior  del establecimiento.

En  la  tercera  fase “de  prueba”  se  permite  al   condenado  salidas programadas   por  periodos  de  quince  días  al   año  y también el   acceso al   beneficio de extramuros  (trabajo y/o  estudio  en  el  exterior  durante  el  día  y en la noche  pernoctar en el establecimiento carcelario) que no se aplica a los  condenados por delitos que  no  permite  el  indulto: traición a la patria, espionaje, asesinato y  parricidio , violación  de  menores,  terrorismo  o  a sentenciados por más  de  quince  años  por  la  Ley  1008  del Régimen de  la coca y sustancias  controladas.

Sin embargo, el sistema progresivo en Bolivia no se cumple, debido en gran parte, a la incoherencia e inestabilidad del sistema judicial boliviano, puesto que muchos de las sentencias recaen en las personas que no pueden pagar su defensa o cumplir con los requisitos para optar a las medidas sustitutivas  a la detención preventiva, mientras que otros acceden con mayor facilidad  a estos beneficios por la corrupción (Llanos, 2015). Situación que es más adversa en el caso de trastornos mentales, puesto que no existe en el régimen penitenciario centros especializados para la reclusión de internos que padezcan algún tipo de  patología mental (Rocha, 2014).

Según datos estadísticos de la Dirección General de Régimen Penitenciario 2014 la población penitenciaria es de 14,910 reclusos, el 84% conformada por población preventiva y solo el 16% por población sentenciada. Por otra parte, solo existe cuatro establecimientos penitenciarios reconocidos para albergar a mujeres, dos se ubican en el departamento de La Paz, uno en el departamento de Cochabamba y uno en el departamento del Beni (Llanos, 2015). También se puede apreciar que en la división de los delitos gran parte corresponde a los casos de narcotráfico, robo, violación y asesinato.

Tabla N° 1.  Delitos predominantes, gestión 2012

Delitos
Abuso deshonesto 188
Estafa y otros 448
Falsedad material 174
Hurto 270
Lesiones graves y leves 291
Tentativa de homicidio 205
Tentativa de violación 109
Homicidio 737
Asesinato 1161
Violación 2257
Robo 3202
Ley 1008 (narcotráfico) 3853
Asistencia familiar 121
Otros delitos 864

                           Fuente: Llanos, R., 2015

Otro aspecto a considerar del sistema penitenciario es la reincidencia de los privados de libertad. Si bien las leyes hablan de recintos adecuados para la rehabilitación, eso no existe. Las cárceles terminan convirtiéndose en depósitos de personas (Llanos, 2015).

También, llama la atención que Bolivia sea considerada como uno de los países con los más altos índices de violencia dirigida hacia las mujeres. Según el Centro de Información de las Naciones Unidas en Bolivia (2015) el registro de feminicidios va en aumento y es uno de los países con la más alta tasa de violencia de género, violencia sexual o violencia hacia las mujeres, en alusión a la Ley 348 (Ley integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia) que tipifica a estos como delitos de orden público.

2.2. Evaluación psicológica y clasificación de los internos

Según Soria y Gonzales (2006) la evaluación tiene como finalidad la clasificación penitenciaria de los internos, que incluye una propuesta de grado de  cumplimiento de la pena y destino al establecimiento penitenciario que corresponda, la programación de la intervención terapéutica adecuada para cada interno, la evaluación continua del tratamiento, la revisión del grado penitenciario y otros, como la solicitud de informes (de gestión, de seguimiento, de planificación y de evaluación de programa de intervención) por autoridades judiciales. Así como la evaluación de permisos de salida, pronósticos finales para la concesión de la libertad condicional (Melis, 2007).

Las variables a considerar son: personalidad, historial individual, familiar, social y criminal; duración de la pena y las medidas penales; el medio al que retornaran y las facilidades y dificultades que se presenten. Donde es necesario considerar el alto índice de simulación que puede existir en los internos (Yela y Chiclana, 2008). Por otro lado, la clasificación permite hacer una distinción entre la normalidad y la patología, además de los niveles de gravedad (Jiménez, 2009).

En ese sentido, los factores psicológicos que se consideran en la evaluación para la clasificación penitenciaria son: personalidad (configuración general, tensiones emocionales, componentes agresivos, incidencia de trastornos, rasgos psicopáticos y relaciones interpersonales), inteligencia (abstracta, practica o creativa), aptitudes (laborales y vocacionales), actitudes (y motivaciones) y el riesgo de violencia, que será mayor o menor en función a la tipología criminal (característica de los delitos graves) y a los factores de riesgo (Salgado, 2012).

En el caso del factor riesgo de violencia, de acuerdo a los últimos avances en la prevención de la violencia se ha propuesto sustituir el concepto de peligrosidad por la valoración del riesgo de violencia (peligro que puede acontecer con una cierta probabilidad en el futuro, no se comprende en su totalidad las causas o éstas no se pueden controlar de forma absoluta) dado que esta última tiene una mayor capacidad predictiva del comportamiento violento a futuro. Mientras que la peligrosidad es definida como la propensión de una persona a cometer actos violentos ligada a la enfermedad mental grave, historia criminal y el nivel de adaptación social. En la valoración de riesgo no se requiere determinar las causas de la violencia, sino los factores de riesgo asociados a ella, para luego promover la adopción de medidas de seguridad y de protección para la víctima en función del resultado. Su aplicación en el ámbito penitenciario facilita la toma de decisiones en cuanto a la urgencia y necesidad de tratamiento, concesión de beneficios penitenciarios, cambio de régimen o acceso a la libertad condicional (Pueyo y Echeburúa, 2010).

Según Jiménez (2009) en la valoración del riesgo de violencia es preciso la inclusión de información relacionada con aspectos personales, familiares, sociales y laborales de los internos, tal como se describen en el siguiente cuadro.

Tabla N° 2. Antecedentes para determinar el riesgo de violencia

Personales Datos relacionados con las habilidades deficientes para el control de situaciones problemáticas, distorsiones cognitivas, impulsividad, rigidez cognitiva, locus de control externo, egocentrismo, baja autoestima, drogodependencia, conducta violenta, hostilidad, rasgos psicopáticos y trastornos psicopatológicos.
Sociales y laborales Datos relacionados con el entorno rural/urbano, contactos sociales: bandas, pandillas o traficantes, contexto humano marginal: modelo de valores, conducta desadaptada, entorno profesional, cualificación y tipo de trabajo, motivación para aprender una profesión y metas realistas de futuro.
 

 

 

Familiares

Relacionado con los valores y el estilo de vida delictiva en la familia, alcoholismo, ludopatía o salud mental en los progenitores, familia desestructurada, discrepancias conyugales, criterios educacionales inexistentes, contradictorios, ambiguos o caprichosos, criterios normativos autoritarios, rígidos, cambiantes, marginación socioeconómica (barrio marginal, hacinamiento, etc.), escasos recursos económicos y familias numerosas con hijos no deseados.

Por otro lado, el objetivo de la clasificación es la determinación de los perfiles de personalidad de los internos y así identificar las diferencias o similitudes que se presentan en la población penitenciaria. También permite una mejor división laboral en los puestos de trabajo y talleres de los establecimientos penitenciarios (Salgado, 2012).

Además de la emisión de informes para las autoridades judiciales: valoración psicológica de la imputabilidad y de la responsabilidad criminal, existencia de trastornos mentales graves que contra indiquen el cumplimiento de penas de prisión, y posible aplicación de medidas de seguridad (Melis, 2007). Por medio de la evaluación psicológica jurídico-forense a través de un dictamen psicológico sobre la situación del interno en función a las fases del tratamiento (Bustos, 2008).

Finalmente, se considera la valoración de drogodependencias bajo los siguientes criterios: edad de inicio de consumo de sustancias, vía de administración (nasal, intravenosa, inhalación, etc.), ultima vez de consumo, tratamiento realizado anteriormente y situación actual (Romero, 2006, citado por Salgado, 2012).

2.3. Evaluación psicológica y proceso de adaptación de los internos

La cárcel como institución es un entorno fijo y cerrado que exige a las personas internas el máximo esfuerzo adaptativo posible. La privación de libertad es de 24 horas, 7 días de la semana y 52 semanas del año. Situación que puede ocasionar una serie de alteraciones afectivas, emocionales, cognitivas y perceptivas que se inician desde el momento de la detención (Echeverri, 2010).

Las características ambientales de los establecimientos penitenciarios (hacinamiento, condiciones de insalubridad, maltrato, práctica de valores deformados, violencia en general) se constituyen en factores de riesgo que provocan enfermedades físicas y mentales que conducen en la desorganización de la conducta de los reclusos (Ávila y Cuadros, 2015) y que intervendrán de forma distinta en los diferentes internos en función de sus características de personalidad (Mendieta y Larrauri, 2013).

El proceso de adaptación y asimilación al entorno penitenciario, la restricción del comportamiento y la unificación de las costumbres, usos, hábitos y cultura es lo que se define como el fenómeno de la prisionalización, resultado de la permanencia en una institución penitenciaria que se relaciona con consecuencias psíquicas y sociales que dificultarían a futura la reinserción social de los internos. Las consecuencias varían según el tiempo de permanencia en prisión (Mendieta y Larrauri, 2013).

Los efectos de la prisionalización se divide en tres etapas; el primero consiste en un comportamiento regresivo, inmaduro, ansioso e inestable afectivamente como respuesta al ingreso de la prisión. Lo cual da pasó a la segunda etapa: desórdenes de la conducta, marcados por comportamientos agresivos, aparición de un deterioro afectivo depresivo o la presencia de episodios relacionados con trastornos de ansiedad. Finalmente en la tercera etapa, aparece la patología mental severa, con brotes psicóticos, trastornos afectivos severos, reacciones vivenciales anormales o graves crisis de ansiedad e inadaptación a la prisión (Lucero, 2009).

Según Rincón y Manzanares (citado por Lucero, 2009) los efectos de la prisionalización afectan varias áreas de la persona: biológico: Relacionado con el aumento del instinto de ataque dado que no es posible la huida, problemas para conciliar el sueño, problemas de privación sexual y sensorial (visión, auditivo, gusto y olfativo);  psicológico: Perdida de la autoestima, deterioro de la imagen del mundo exterior debido a la vida monótona y minuciosamente reglada, acentuación de la ansiedad, la depresión, el conformismo, la indefensión aprendida y la dependencia; y  social: Contaminación criminal, alejamiento familiar, laboral, aprendizaje de supervivencia extremas (mentir, dar pena, etc.). Sin embargo, los efectos de la prisionalización también pueden ser vistos como formas de adaptación al medio penitenciario (Yela y Chiclana, 2008).

2.3.1. Efectos de la prisionalización

Existen una serie de efectos que se producen a partir de factores ambientales y las características de personalidad de los internos. A partir de las investigaciones de Echeverri (2010), Medina, Cardona y Arcila (2011) y Salgado (2012) se señalan los siguientes:

Tabla N° 3.  Efectos de la prisionalización

Ansiedad El nivel de la ansiedad se incrementa en función de factores ambientales y personales. Es experimentada en diferente intensidad, sobre todo al inicio, está presente el en transcurso de toda la estadía en prisión.
Despersonalización Consecuencias inmediata del ingreso a la prisión, es la pérdida de la propia individualidad. Puede presentarse como el resultado de las agresiones a las que se está expuesto o que responda como un modo de adaptación.
Perdida de la Intimidad Producto de la convivencia grupal forzada en espacios limitados, con el riesgo de ser peligroso o desagradable y provocar el aislamiento o la necesidad de momentos de soledad.
Autoestima Área afectada, considerando que dependen de los logros personales que ya no se pueden obtener por la privación de libertad, afecta la valía personal.
Falta de control La situación privativa conlleva a la imposibilidad de decisión sobre la evolución de las propias circunstancias personales, familiares y sociales.
Ausencia de expectativas Relacionada con la falta de interés con la propia vida, generalmente la conducta y actitud de los internos se orientan a la consecución de un solo objetivo, salir de prisión.
Depresión y suicidio El ingreso a prisión es una situación estresante, que implica el aprendizaje nuevas reglas de conducta, la capacidad de acción es limitada, al igual que la posibilidad de autocontrol, lo que conlleva a sentimientos depresivos y de desesperanza con ideación y conductas autodestructivas. En el caso de las cárceles la depresión y el riesgo de suicidio se encuentran por encima de la taza normal de la población general.
Consumo de alcohol y/o drogas   El consumo de alcohol es un aspecto que se observa de forma recurrente en los establecimientos penitenciarios, lo cual ocasiona serios problemas de adicción.

Las drogas llegan de afuera a través de visitas familiares o amistades, pero también por parte de los propios custodios y autoridades. Las drogas de mayor uso son el crack, la marihuana y la cocaína.

 

2.3.2. Efectos de la prisionalización en la fase de confianza del sistema progresivo

A partir del estudio realizado por Castillo y Corrales (2011) sobre los efectos psicológicos del encarcelamiento presentes en el proceso de reinserción social en la fase de confianza, en una muestra de hombres pertenecientes a la Penitenciaría Central “La Esperanza” del Salvador, se identificaron los siguientes:

Tabla Nº 4. Efectos de la prisionalización en la fase de confianza

Inmadurez emocional En relación a la dependencia de las redes de apoyo social externas a la cárcel. Así, como a las pocas experiencias y oportunidades para la toma de decisiones trascendentales para sus propias vidas.
Agresividad La privación de libertad se relaciona con el desarrollo de cierto nivel de agresividad dirigido a la defensa frente al ambiente carcelario, un nivel bajo de agresividad puede conducir a la sumisión para con los demás.
Inadaptación  a las normas y valores sociales Aceptación del autoritarismo y respuesta de fidelidad a los valores carcelarios. Las condiciones de la cárcel llevan a negar preguntas o acusaciones relacionadas con dificultades para adaptarse a las normas y valores sociales.
Paranoidismo (desconfianza) Desarrollo de un patrón de desconfianza e interpretación maliciosa de las intenciones de los demás, que lleva a la suspicacia, inseguridad y selección de relaciones interpersonales.
Distancia en relaciones interpersonales Dificultades para expresar las emociones y pensamientos de manera asertiva en sus relaciones interpersonales. Se relaciona con el aislamiento, ensimismamiento, y contactos sociales débiles.
Dificultades en las relaciones familiares La privación de libertad conduce a un distanciamiento de la familia. Su reincorporación supone un reto para la adopción de nuevos roles y reintegración a la estructura familiar.
Incertidumbre hacia las actividades laborales Los internos tienen poca variedad de oportunidades de desarrollo y formación profesional. En muchas ocasiones se pierde la práctica respecto a su previa ocupación laboral al encarcelamiento o al salir obtengan un empleo poco cualificado.
Dificultades en  el área sexual La cárcel ocasiona problemas en el ejercicio “normal” de la sexualidad. Las relaciones sexuales en las visitas íntimas son inadecuadas debido a la limitación del tiempo y el espacio, que conlleva a la insatisfacción sexual y al desarrollo de dificultades en torno a ésta área (represión de los deseos sexuales, masturbación, práctica de la homosexualidad, etc.).

Para finalizar con esta parte, según Echeverri (2010) la adaptación psicológica al contexto penitenciario está determinada por tres factores: edad, nivel cultural y trayectoria criminal, los cuales permiten realizar el pronóstico de la capacidad adaptativa.

Tabla N° 5. Factores relacionados con la adaptación penitenciaria

Edad del individuo A mayor cúmulo de experiencias personales, mayor facilidad de adaptación al medio carcelario.
Nivel cultural A mayor número de capacidades y de conocimientos personales, mayor facilidad de adaptación al medio carcelario.
Trayectoria criminal A mayor reincidencia delictiva, mayor facilidad de adaptación al medio carcelario.

2.4. Instrumentos de evaluación psicológica en el contexto penitenciario

La evaluación psicológica en el contexto penitenciario se enmarca dentro del ámbito penal por medio de la psicología forense que realiza la evaluación mediante el empleo de una serie de instrumentos que cuentan con fiabilidad y validez científica (Melis, 2007).

Según Burgos (2008) para la evaluación de los factores psicológicos descritos anteriormente, la evaluación psicológica en el ambiente penitenciario puede apoyarse en diversas estrategias e instrumentos de evaluación: observación, entrevistas (estructurada o semiestructurada), pruebas psicológicas clínico forenses (test, escalas, cuestionarios e inventarios). Además de procedimientos y técnicas para la valoración del riesgo de violencia: clínico no estructurado, actuarial, y clínico estructurado (Pueyo y Redondo, 2007).

Asimismo, incluye la revisión de archivos, expedientes, protocolos, testimonio de sentencia y el testimonio de familiares y amigos para la correlación de información. La evaluación se efectúa en diferentes momentos: ingreso, permanencia y egreso (Jiménez, 2009).

Los instrumentos de evaluación de mayor uso en el contexto clínico y forense son las pruebas psicológicas y las entrevistas (Echeburúa y Corral, 2003). Sin embargo, es importante destacar la aplicación entrevistas en un principio, mientras que la administración de pruebas psicologías se realizaría después de algunas semanas hasta que el interno se adapte al medio penitenciario (Urra, 2002, citado en Salgado, 2007).

Sin embargo, persiste el uso de instrumentos inadecuados para el contexto penitenciario, como: test del árbol, Wartegg, entre otros (Bustos, 2008). De la misma forma, se observa que en Centro y Sur América son pocos conocidos y utilizados los instrumentos para la valoración del riesgo de violencia (Pigliacampo y Yesuron, 2015).

2.4.1. Observación

Estrategia dirigida a conocer el comportamiento de los internos dentro del establecimiento penitenciario. Puede realizarse de manera directa, el observador se mantiene al margen de la situación. O de manera documental mediante la revisión de otras fuentes como: actas judiciales, datos biográficos y la historia clínica (Garrido, Stangeland y Redondo, 2001, citados en Burgos, 2008).  

Según Romero (citado en Salgado, 2012) los aspectos a contemplar en la observación del comportamiento de los internos incluye aspectos individuales: aspecto físico, higiene personal, higiene celda, llamadas externas y estado de ánimo; grupales: interacción con otros, grupo de presos al que pertenece, papel que desarrolla en el grupo, nivel de influencia y colaboración en las actividades; actitudinales: actitud hacia compañeros, funcionarios, tratamiento, familia y las actividades.

2.4.2. Entrevistas

Las entrevistas permiten conocer el desarrollo biopsicosocial de los internos previo y posterior a la privación de libertad. La ventaja se centra en la posibilidad de realizar preguntas sobre situaciones concretas que permiten hacer una distinción entre las situacionales problemáticas de los rasgos de personalidad y su adaptación al ambiente carcelario (Echeburúa, 1996, citado en Burgos, 2008).

Las entrevistas se dividen en estructuradas y semiestructuradas. En el caso del primero, estas están diseñadas para la obtención de información para un propósito específico y cuentan con un guion ya establecido. En el caso del segundo (técnica fundamental de la psicología forense), es un estilo de entrevista que no está excesivamente direccionado al sondeo de síntomas psicopatológicos, por lo que puede neutralizar parcialmente la oposición a ser examinado, ya que permite abordar de manera sistematizada, pero flexible la exploración psicobibliografica, el examen del estado mental actual y los aspectos relevantes en relación con el objetivo de evaluación (Echeburúa y Corral, 2003).

2.4.3. Pruebas psicológicas

2.4.3.1. Pruebas psicológicos para la evaluación de la personalidad

Según Melis (2007) el objeto de la evaluación de la personalidad está dirigido a la identificar los patrones de comportamiento o rasgos característicos de un determinado tipo de personalidad. Entre las pruebas de evaluación psicológica se destacan dos grupos: los que evalúan dimensiones de la personalidad no patológica. Y los que evalúan la presencia de trastornos de personalidad y sintomatología psicopatológica:

Tabla N° 6. Pruebas psicológicas para la evaluación de la personalidad

EPQ-R: Cuestionario de Personalidad de Eysenck-Revisado (Eysenck y Eysenck, 1997). Evalúa tres dimensiones de la personalidad: extroversión, emotividad y dureza. Asimismo, incluye una escala de sinceridad de modo que identifica a las personas que intentan presentarse a sí mismo con características de personalidad socialmente deseables. Consta de 83 ítems.
NEO PI-R: Inventario de Personalidad Revisado (Costa y McCrae, 2001). Inventario que mide cinco grandes factores de la personalidad como: neuroticismo, extraversión, abertura a la experiencia, amabilidad y concienciación, cada factor de personalidad incluye una conjunto de seis subescalas.
BFQ: Cuestionario Big Five (Caprara, Barbaranelli y Borgogni, 1998). Formado por 185 ítems que evalúa cinco dimensiones (energía, afabilidad, tesón, estabilidad emocional y apertura mental) y diez subdimensiones (dinamismo, dominancia, cooperación, cordialidad, escrupulosidad, perseverancia, control/emociones, control/impulsos, apertura/cultura, apertura/experiencial) de la personalidad y una escala de distorsión.
16 PF-5: Cuestionario de 16 factores de la personalidad (R.B. Cattell, A.K. Cattell y E.P Cattell, 2000). Es un instrumento de evaluación que permite una buena descripción de la personalidad. Se aplica en los ámbitos de clínico, educativo, organizacional y jurídico.

Tabla N° 7. Pruebas psicológicas para la evaluación de trastornos de personalidad y sintomatología psicopatológica

MMPI-2: Inventario Multifásico  de Personalidad de Minnesota-2 (Hathaway y McKinley, 2000). Adaptación española por Ávila-Espada y Jiménez-Gómez, 1999. Es un instrumento de amplio espectro diseñado para evaluar un gran número de patrones de personalidad y trastornos emocionales. Generalmente se aplica en el ámbito clínico y forense.
MCMI-III: Inventario Clínico Multiaxial de Millon-III (Davis y Millon, 2006). Adaptación española por Cardenal y Sánchez, 2007. Los principales objetivos de la prueba se centran en la identificación de posibles trastornos de personalidad y valoración de los estilos cognitivos potencialmente significativos respecto a los trastornos psicológicos.
IPDE: Examen Internacional de los Trastornos de Personalidad (Loranger, 1996). Instrumento de evaluación de los trastornos de la personalidad. Aprobada por la OMS y cuenta con versiones del DSM-IV y la CIE-10.
PAI: Cuestionario De Personalidad (Leslie C. Morey, 1991). Adaptada en muestra española por Ortiz y Santamaria. Es un instrumento de evaluación de la personalidad que aporta información relevante para el diagnóstico clínico, los programas de intervención psicológica y el cribaje de psicopatología en paralelo a la clasificación del DSM-IV. Se ha observado que resulta de especial utilidad en los ámbitos forense y médico-legal.
SCL-90-R: Cuestionario de 90 Síntomas Revisado (Derogatis, Rickels y Rock, 2001). Adaptado por Maganto y Cruz. Se trata de un cuestionario autoinformado de 90 ítems que se agrupan en diez dimensiones sintomáticas de psicopatología. Las dimensiones son: somatización, obsesión-compulsión, sensibilidad interpersonal, depresión, ansiedad, hostilidad, ansiedad fóbica, ideación paranoide, psicoticismo y síntomas misceláneos.
STAI: Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (Spielberger, Gorsuch, Lshene, Vagg y Jacob, 1988). Se trata de una prueba que evalúa dos conceptos,  la ansiedad como estado y la ansiedad como rasgo. Consta de 40 ítems.
PDQ-4+: Cuestionario de Personalidad. Adaptación española por Calvo y Torrubia, 1999. Es un instrumento de autoinforme diseñado para la evaluación de los trastornos de personalidad según los criterios del DSM-IV. Consta de 99 ítems.

 

2.4.3.2. Pruebas psicológicas para la evaluación del autocontrol

Son una serie de factores y escalas más específicas para la evaluación de la impulsividad y los rasgos asociados a esta (Melis, 2007).

Tabla N° 8. Pruebas psicológicas para la valuación del autocontrol

BIS-11: Escala de Impulsividad de Barrat, (Barratt, 1985). Instrumento diseñado para la evaluación de la impulsividad. Consta de 30 ítems que evalúan tres componentes de la impulsividad: Impulsividad motora, Impulsividad cognitiva e Impulsividad no planificada.
STAXI-2: Inventario de Expresión de Ira Estado-Rasgo (Tobal, Casado, Cano Vindel y Spielberger, 2001). Es un instrumento que evalúa las distintas facetas de la ira como estado y como rasgo, además de su expresión y control. Consta de 49 elementos a través de los cuales se pretende recabar información sobre la experiencia, la expresión y el control de la ira.
IRS: Escala de Valoración de la Impulsividad.

 

Cuestionario heteroaplicado que consta de siete ítems que se agrupan en siete subescalas: irritabilidad; paciencia-impaciencia; tiempo para tomar decisiones; capacidad para mantener una actividad; agresividad; control de las respuestas; y capacidad para diferir.
Escala de Impulsividad de Plutchik (Plutchik y Van Praag, 1989). Escala diseñada para la evaluación de conductas impulsivas. Consta de 15 ítems, que se refieren a la tendencia a hacer cosas sin pensar o de forma impulsiva.
Escala de búsqueda de sensaciones forma V (Pérez y Torrubia, 1986).

 

Escala diseñada para la evaluación de búsqueda de sensaciones, como: la necesidad de sensaciones y experiencias nuevas, variadas y complejas y el deseo de arriesgarse con el fin de obtenerlas. Consta de 40   reactivos.
BHDI: Inventario de Hostilidad de Buss-Durkee (Buss y Durkee, 1957). Inventario diseñado para medir la agresión organizada en siete escalas y 75 ítems. Las escalas son: hostilidad indirecta, hostilidad verbal, negativismo, ataque/asalto, resentimiento, irritabilidad y recelo/suspicacia.

 

2.4.3.3. Pruebas psicológicas para la evaluación de la Inteligencia

Para la aplicación de este tipo de pruebas de evaluación es preciso tomar en cuenta las variables culturales, socio-familiares y educativas. Las pruebas que resultan más recomendadas para su utilización dentro del medio penitenciario son:

Tabla N° 9. Pruebas psicológicas para la valuación de la inteligencia

RAVEN: Test de Matrices Progresivas  (J. C. Raven) Se usa para estudios diferenciales y sociales de las capacidades intelectuales, según la edad, sexo, medio, estatus económico-social y profesional.
Escala de Alexander (Alexander). Prueba que se usa más en centros penitenciarios, considerando que se encuentra libre de influencias culturales, y es muy útil para evaluar personas con desconocimiento del idioma o que presentan dificultades verbales.
K-BIT: Test Breve de Inteligencia de Kaufman (Kaufman y Kaufman, 1999). Adaptación española por TEA, 1997.

 

Es un test de screening, de rápida aplicación y fácil corrección, que puede servir de apoyo para tomar decisiones o para sugerir la conveniencia de una exploración de la inteligencia en mayor profundidad con instrumentos de mayor amplitud. Mide la inteligencia verbal y no verbal en niños, adolescentes y adulto. Consta de 48 ítems.
WAIS-III: Escala de Inteligencia de Wechsler para Adultos-III  (Wechsler, 1999).

 

El WAIS-III está formado por catorce subtests: siete que se agrupan en la escala verbal y siete en la escala motriz. Se utiliza, preferentemente, en ámbitos clínicos y de la salud, forense, escolar y de recursos humanos.

 

2.4.3.4. Pruebas psicológicas para la evaluación de las actitudes

Este tipo de pruebas ayudan a establecer indicadores de la evolución personal del interno a y ayudan a configurar en cierta forma el pronóstico a futuro (Melis, 2007).

Tabla N° 10. Pruebas psicológicas para la valuación de las actitudes

Escala de Actitudes Hacia la Delincuencia Mide actitudes sobre causas, prevención y tratamiento de la delincuencia. Es una escala tipo likert de cinco puntos y formada por tres subescalas: Causas de la delincuencia, Prevención de la delincuencia y Tratamiento de los delincuentes.

 

2.4.3.5. Pruebas psicológicas para medir la depresión y suicidio

El objetivo de estos instrumentos en la prevención y/o intervención del riesgo de suicidio en prisión.

Tabla N° 11. Pruebas psicológicas para la valuación de la depresión y suicidio

BDI: Inventario de Depresión de Beck (Beck, Rusch, Shaw y Emery, 1976). Instrumento de autoinforme empleado para la medición de sintomatología depresiva. Consta de 21 ítems que evalúan fundamentalmente los síntomas clínicos de la melancolía y los pensamientos intrusivos presentes en la depresión.
HDRS: Escala de Hamilton para la Depresión (Hamilton, 1985). Escala que evalúa el perfil sintomatológico y la gravedad del Tabla depresivo. Consta de 25 ítems
Escala de Desesperanza de Beck (Beck, Weissman, Lester y Trexler, 1974) Es una escala diseñada para la evaluación de las expectativas negativas que tiene la persona sobre su futuro y bienestar. Es un predictor útil sobre posibles suicidios.

 

2.4.3.6. Pruebas psicológicas para la evaluación de personalidades violentas

Orientado especialmente a la evaluación de delitos de naturaleza violenta, es decir aquellos que atentan contra la integridad psicológica, física y/o sexual, como: la violencia doméstica, agresión o abuso sexual infantil, lesiones, homicidios y asesinatos, transgresiones que correlacionan positivamente con la psicopatía (Melis, 2007). Puesto a que son delitos que presentan una alta tasa de reincidencia violenta (Pueya, 2007).

Tabla Nº 12. Pruebas psicológicas para la evaluación de la violencia domestica

Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer y sobre el uso de la Violencia (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 1997). Consiste en un listado de 29 ítems dirigidos a la detección de pensamientos irracionales relacionados con los roles sexuales y la inferioridad de la mujer, y aquellos que están relacionados con el uso de la violencia como una forma aceptable de resolver conflictos.
Entrevista General Estructurada de Maltratadores (Echeburua y Fernández-Montalvo, 1997). Consta de cinco apartados que recogen datos sobre las características demográficas y las dificultades laborales, el desarrollo evolutivo, los posibles problemas de maltrato en relaciones de pareja anteriores y la situación de pareja y familiar actual, así como del estado de salud, los antecedentes penales y las relaciones del sujeto.
Cuestionario de Variables Dependientes del Maltrato (Echeburua y Fernández-Montalvo, 1997). Consta de seis ítems que miden, por un lado, la frecuencia y la duración de los episodios de maltrato y, por otro, la percepción que se tiene sobre la gravedad de dichas variables, así como las consecuencias físicas y psicológicas en la pareja.
Escala de Inadaptación (Echeburúa y Corral, 1987) Consta de seis ítems tipo likert, en los que se refleja el grado en que los problemas actuales afectan a diferentes áreas de la vida cotidiana: trabajo, vida social, tiempo libre, relación de pareja y vida familiar. A mayor puntaje mayor inadaptación.
Escala de Autoestima (Rosenberg, 1965). Versión española de Fernández-Montalvo y Echeburua, 1998. Compuesta por 10 ítems tipo likert que evalúan el sentimiento de satisfacción que una persona tiene consigo mismo. Este instrumento resulta útil para evaluar el nivel de interferencia del maltrato en la autoestima del sujeto

 

Tabla Nº 13. Pruebas psicológicas para la evaluación de la agresión y abuso sexual de menores

IRI: Índice de Respuesta Interpersonal (Davis, 1980). Versión española de Garrido y Beneyto, 1995. Consta de 28 ítems tipo likert, que miden cuatro componentes de la empatía: toma de perspectiva, interés empático, fantasía y aflicción personal.
Test de Competencia Situacional

(Garrido y Beneyto, 1995).

Consta de 12 ítems que describen situaciones: frustración y enojo, tentación interpersonal, estados emocionales negativos y tentación intrapersonal. Evalúa qué es lo que causa el impulso sexual agresivo.
MSI: Inventario Multifásico de la

Sexualidad (Nichols y

Molinder, 1984)

Identifica las características psicosexuales y evalúa el grado de negación de tales características, al igual que la evolución del agresor en tratamiento. Consta de 300 ítems y está compuesto por seis subescalas: validez, parafilias (desviación sexual), parafilias (conducta sexual atípica), disfunción sexual, conocimientos y creencias sobre la sexualidad e historia sexual.
EPAS: Escala de Evaluación Psicológica de Agresores Sexuales

 

Escala tipo likert que se empezó a aplicar desde el 2006 en las instituciones penitenciarias españolas, como una de las principales pruebas que conforman el protocolo de evaluación de delitos sexuales, pretende ser un instrumento único e integrado, que sirva para evaluar las diversas variables psicológicas que el tratamiento de los agresores sexuales puede modificar. En la actualidad está en fase de validación y, por lo tanto, en proceso de estudio de su fiabilidad y validez.

 

Tabla Nº 14. Pruebas psicológicas para la evaluación de la psicopatía

PCL-R: Psychopathy Checklist-Revised (Hare, 1991). Adaptación española por Cuquerella, Torrubia, Navarro, López y Genís, 2001. Evalua la presencia de psicopatía por medio de información procedente de archivos penitenciarios y clínico-biográficos, de una entrevista semiestructurada y de la aplicación de los 20 ítems de la escala. Incluye ítems relacionados con la vida afectiva, relaciones interpersonales y hábitos antisociales, así como con algunos aspectos de la biografía personal y delictiva.
PCL-SV: Psychopathy Checklist: Screening Versión  (Hart, Cox y Hare, 1995). Adaptación española por Cuquerella, Torrubia, Navarro, López y Genís, 2001. Es una entrevista semiestructurada que incluye información complementaria relativa a antecedentes biográficos. Evalúa 12 ítems para realizar el diagnóstico de psicopatía, con las implicaciones directas respecto al futuro penitenciario y penal posterior. Los ítems se agrupan en dos factores: factor 1 (egoísmo, insensibilidad y falta de remordimiento) y factor 2 (estilo de vida socialmente desviado).
MMPI-2: Inventario Multifasico de Personalidad de Minnnesota 2 (Hathaway y Mckinley). Versión española, Ávila y Jiménez (2002). Es un instrumento de amplio espectro diseñado para evaluar un gran número de patrones de personalidad y trastornos emocionales. Generalmente se aplica en el ámbito clínico y forense.
16 PF-5: Cuestionario de 16 Factores de la Personalidad (R.B. Cattell, A.K. Cattell y E.P Cattell, 2000). Existen indicios de presencia de rasgos de personalidad psicopática cuando se da la siguiente puntuación en las escalas: G-(atención a las normas), F+ (dominancia), H+ (atrevimiento), O-(aprensión) y Q3- (perfeccionismo).
ETAPA: Escala para el Trastorno Antisocial de la Personalidad (Aluja) Consta de 47 ítems, que evalúa cuatro factores: conducta delictiva, impulsividad, inhibición de obligaciones y comportamientos disociales. Correlaciona positivamente en las investigaciones del autor con instrumentos más potentes, como la escala de Desviación psicopática del MMPI-2 y el PCL-R.

2.4.4. Procedimientos y técnicas para la valoración del riesgo de violencia

Según Hart (citado en Hermosilla y López, 2015) el procedimiento de la recolección de información y las decisiones sobre la predicción del riesgo de violencia se realizan a través de tres grandes procedimientos: valoración clínica no estructurada, valoración actuarial y valoración clínica estructurada. Que tienen como objetivo la toma de una decisión sobre el pronóstico, en base a la información relevante (factores de riesgo y protección) de cada comportamiento a predecir (violencia física, sexual, etc.).

2.4.4.1. Valoración clínica no estructurada

Según Pueyo y Redondo (2007) consiste en la aplicación de los recursos clínicos de evaluación y pronóstico tradicionales al pronóstico del comportamiento violento. Se caracteriza por no tener protocolos o reglas, salvo las propias de cada clínico experto. En este procedimiento se incluye instrumentos objetivos de evaluación como los tests u otras informaciones objetivas, derivadas de registros históricos y similares, pero los datos que se obtienen son procesados sin atender a ninguna regla explícita conocida. Por lo que presenta una notable dificultad para encontrar justificaciones empíricas y sistemáticas ya que existen bajos niveles de acuerdo inter-jueces, poca precisión y una débil justificación teórica. Asimismo, se presupone que todas las carreras violentas son estáticas, inmutables, y que las personas violentas están destinadas a comportarse de ese modo (Elbogen, Calkins, Scalora y Tomkins, 2002; Maden, 2007, citado en Pueyo y Redondo, 2010).

2.4.4.2. Valoración actuarial

De acuerdo a Pueyo y Echeburua (2010) se trata de un procedimiento que emplea instrumentos objetivos ad hoc que permiten cuantificar el riesgo de violencia por medio de un registro detallado de los datos relevantes de la historia personal del sujeto. La información se obtiene a través de entrevistas (al sujeto o a otras personas importantes), o buscando en expedientes o ficheros. Este procedimiento implica la ponderación de cada información por medio de reglas matemáticas empíricamente sustentadas. Reglas que permiten obtener una puntuación de probabilidad determinada que refleja el riesgo a que ocurran conductas violentas, no obstante, no hay ningún modelo teórico que explique las causas.

Los protocolos actuariales se han diseñado con la finalidad de predecir el riesgo de comportamientos violentos específicos, en un período temporal concreto, para una población determinada y en un contexto sociocultural específico. El riesgo de error depende de la heterogeneidad de los individuos dentro de un grupo, siendo esta la limitación más importante de este procedimiento, que, no obstante, es de gran utilidad (Echeburua y Pueyo, 2010).

2.4.4.3. Valoración basada en el juicio clínico estructurado

Se trata de un procedimiento mixto “clínico actuarial” del que forman parte aspectos propios de la valoración clínica (evaluación clínica estructurada y toma de decisión final) y de la actuarial (recogida e inclusión de datos predictores empíricamente verificados). Este tipo de evaluación se realiza con la ayuda de las guías de valoración del riesgo, basadas en la investigación clínica y en los estudios epidemiológicos. El procedimiento es completo, pero requiere protocolizar el proceso de evaluación y adiestrar adecuadamente a los profesionales. En general estas guías de juicio estructurado, que incluyen los factores de riesgo y protección mínimos que hay que valorar para cada tipo de violencia y grupo poblacional, son las más útiles para la valoración de riesgo de violencia porque ayudan a evitar los errores más habituales en la predicción (Pueyo y Redondo, 2007).

2.4.4.4. Instrumentos para la evaluación del riesgo de violencia

Entre las guías de valoración del riesgo actuales existen algunas más genéricas que están orientadas a la violencia física grave en pacientes psiquiátricos y reclusos. También hay guías referidas a tipos de violencia específicos y otras vinculadas a la violencia sexual o a la violencia juvenil (Pueyo y Echeburua, 2010).

En el caso de las guías para la valoración del riesgo de violencia sexual estos no son tests, ni cuestionarios psicológicos, sino protocolos que incluyen factores de riesgo estáticos y dinámicos (Pigliacampo y Yesuron, 2015). Al igual que las guías de valoración del comportamiento violento (Tapias, 2011).

Tabla Nº15. Algunos factores de riesgo estáticos y dinámicos, según el tipo de violencia al que están relacionados

Violencia sexual Violencia contra la pareja Violencia domestica
 

Estáticos

– Abusos sexuales sufridos en infancia

– Historia de violencia anterior

– Historia de violencia contra la pareja

– Quebrantamiento de órdenes de alejamiento

– Malos tratos sufridos en la infancia

– Historia de violencia física

 

Dinámicos

– Consumo de alcohol

– Creencias erróneas sobre las relaciones sexuales

– Celos

– Consumo de alcohol

– Actitudes machistas

– Consumo de alcohol

– Dificultades económicas

– Trastornos afectivos

Fuente: Pueyo y Redondo, 2007

Se divide en: violencia interpersonal inespecífica, violencia contra la pareja, violencia sexual y violencia juvenil. Considerando que cada tipo de violencia tiene sus propios factores de riesgo y protección específicos (Garrido, Stangeland y Redondo, 2006, citado en Pueya y Redondo, 2007).

Tabla N°16. Instrumentos para la evaluación violencia interpersonal inespecífica

HCR-20: Assessing Risk for Violence (Webster, Douglas, Eaves y Hart, 1997). Adaptación española por Hilterman y Andrés-Pueyo, 2005. Es una guía para predecir el riesgo de violencia física en pacientes mentales y reclusos violentos. Identifica el riesgo de violencia a futuro a través de juicios probabilísticos. Incluye 20 factores de riesgo, organizados en tres subescalas: factores de riesgo pasados, presentes y futuros. Contiene factores de riesgo estáticos y dinámicos que permiten hacer evaluaciones repetidas en función de los cambios de las circunstancias personales o contextuales. Los niveles de riesgo son: bajo, moderado o alto.
VRAG: Violent Risk Appraisal Guide (Harris, Rice y Quinsey, 1993). A

adaptada española por Ballesteros, Graña y Andreu, 2006

Es una escala para la valoración del riesgo de reincidencia violenta en pacientes mentales y en delincuentes en prisión, predice la violencia a futuro. Su utilidad está circunscrita mayoritariamente al ámbito penitenciario. Consta de un listado de 12 ítems (entre los que se incluye la valoración total de la PCL-R) relacionados con los aspectos biográficos y clínicos.
PCL-R: Psychopathy Checklist-Revised (Hare, 1991) y adaptada a muestras españolas por Cuquerella, Torrubia, Navarro, López y Genís (2001). Evalúa la presencia de psicopatía por medio de información procedente de archivos penitenciarios y clínico-biográficos, de una entrevista semiestructurada y de la aplicación de los 20 ítems de la escala. Incluye ítems sobre la vida afectiva, las relaciones interpersonales y los hábitos antisociales, así como con algunos aspectos de la biografía personal y delictiva del evaluado.
PICTS: Psychological Inventory of Criminal Thinking Styles (Walters, 2002) Inventario que permite conocer y medir los patrones cognoscitivos que mantienen el comportamiento antisocial, la personalidad y las habilidades en agresores. Evalúa ocho estilos de pensamiento criminal a través de 80 reactivos.
TVR: Tabla De Variables de Riesgo (Clemente, 1993) Instrumento compuesto por diez variables: extranjería, drogodependencia, profesionalidad, reincidencia, quebrantamiento de las reglas penitenciarias, peligrosidad, ausencia de permisos, deficiencias convivencial, lejanía del permiso y presiones internas. Variables que permiten conocer el riesgo de fuga en los permisos de salida.

Tabla Nº 17. Instrumentos para la evaluación de la violencia contra la pareja

SARA: Spousal Aussault Risk Assessment guide (Kropp, Hart, Webster y Eaves, 1995). Adaptación al español por Andrés-Pueyo y López, 2005) Es una guía o protocolo, con formato de listado de chequeo clínico de los factores de riesgo para la violencia contra la pareja. Comprende 20 ítems identificados a partir de una revisión extensa de estudios empíricos realizados. Los parámetros de pronóstico son: bajo, moderado o alto (inminente).
EPV: Escala de Predicción de Riesgo de Violencia Grave contra la Pareja (Echeburúa, Fernández-Montalvo, Corral y López-Goñi, 2009) Es un instrumento de valoración del riesgo de violencia grave contra la pareja o ex pareja. Esta escala se centra en la predicción del riesgo de homicidio o de violencia grave, no se limita al riesgo de agresión a la esposa (sino a la pareja). Permite cuantificar el riesgo de violencia: bajo, moderado y alto.
ODARA: Ontario Domestic Assessment Risk Scale (Hilton y Harris, 2004). Es una guía diseñada para la valoración del riesgo de violencia doméstica. Consta de 13 factores de riesgo de violencia en la pareja en la familia.

 

 

 

Tabla Nº 18. Instrumentos para la evaluación de la violencia sexual

SVR-20: Guide for Assessment of Sexual Risk Violence (Boert, Hart, Kropp y Webster, 1997). Adaptada en población

Penitenciaria española por Martínez, Hilterman y Andrés Pueyo, 2005).

Es una guía o protocolo para la evaluación del riesgo de violencia sexual de delincuentes adultos. Consta de 20 ítems,  organizados en factores de riesgo estático y dinámico que se agrupan en tres subescalas (históricos, clínicos y de riesgo futuro). Los ítems son cualitativos y hacen referencia a la presencia/ausencia y evolución reciente de los factores de riesgo específicos para la violencia sexual. La evaluación global del riesgo se categoriza: Bajo, Moderado o Alto (inminente).
RRASOR: Rapid Risk Assessment for Sexual Offence Recidivsm (Tapias y Avendaño, 2004). Instrumento que es el resultado de la correlación entre los resultados de varios estudios sobre la reincidencia de la agresión sexual. Incluye cuatro variables: número de denuncias por agresión sexual, edad en que fue liberado, algunas víctimas de sexo masculino, y algunas víctimas no conocidas. Los cuales permiten predecir la reincidencia de la agresión sexual.

Tabla Nº 19. Instrumentos para la evaluación de la violencia juvenil

SAVRY (Borum et al., 2003). Adaptación española y catalán por Hilterman y Vallés, 2007. Se trata de la única guía existente que valora el riesgo de violencia futura física y sexual en el ámbito juvenil. Se organiza en 30 factores de riesgo agrupados en cuatro categorías. Es aplicable a partir de los 12 años y sirve adecuadamente hasta los 18 años.
ERASOR: Escala de Estimación del Riesgo de Reincidencia de Ofensa Sexual en Adolescentes (Venegas, 2009). Es una lista de comproba­ción empírica semiestructurada, diseñado para estimar a corto plazo el riesgo de reofensa sexual para adolescentes de 12 a 18 años de edad. Consta de 25 factores de riesgo: 16 dinámicos y 9 está­ticos, que incluyen 5 categorías: intereses sexuales, actitudes y comportamiento; historia de asaltos sexuales; funcionamiento psicológico; funcionamiento ambiente familiar, funcionamiento sicosocial; tratamiento.

Estos instrumentos constituyen procedimientos que tienen como objetivo la estimación de la probabilidad de ocurrencia del comportamiento violento a futuro. Los resultados sirven para que la autoridad judicial tome las decisiones adecuadas (por ejemplo: suspensión condicional de la pena y sinónimo a un tratamiento reeducativo) teniendo en cuenta el riesgo estimado de reincidencia del agresor (Echeburua y Pueya, 2010).

 

CAPITULO III

 

3.1. Conclusiones

Desde la promulgación de la Ley 2298 (20 de diciembre de 2001) el sistema penitenciario boliviano actual arrastra varios problemas estructurales y funcionales. Hasta la fecha no se aplica el “sistema progresivo”, así como el avance gradual de los privados de libertad por los periodos: “de observación y clasificación iníciales”, “de readaptación social en un ambiente de confianza”, “de prueba” y “de libertad condicional” de tratamiento para la readaptación social. La evaluación psicológica no tiene un objetivo claro, a pesar de la inclusión del psicólogo en el equipo de trabajo del Concejo Penitenciario de los establecimientos penitenciarios.

No obstante, a partir de la revisión bibliográfica se determina que los factores a considerar en la evaluación psicológica son: personalidad; trastornos de personalidad y sintomatología psicopatológica; autocontrol; inteligencia; actitudes; depresión y suicidio; personalidades violentas que engloba delitos de naturaleza violenta: violencia doméstica, agresión o abuso sexual de menores, homicidios, asesinatos y psicopatía; y riesgo de violencia. Factores que pueden ser considerados en el periodo de “observación y clasificación inicial”.

Asimismo, la alta tasa de la reincidencia violenta, que caracteriza, a los casos violencia interpersonal inespecífica, violencia contra la pareja, violencia sexual y violencia juvenil, sugiere  considerar la evaluación del factor riesgo de violencia al momento de la fijación de los beneficios penitenciarios en los periodos “de prueba” y “de libertad condicional” del sistema progresivo boliviano. Particularmente, en los casos de violencia contra la pareja y violencia sexual contra las mujeres la valorización de este factor se podría efectuar antes del juicio, antes de la sentencia y al momento de la excarcelación, considerando que Bolivia presenta altos índices de violencia contra la mujer e incremento de delitos de feminicidios.

Con relación a los factores psicológicos a considerar en la evaluación psicológica sobre la adaptación de los internos al medio penitenciario, la literatura psicológica no especifica si hay efectos de la prisionalización concretos para cada periodo de tratamiento. Pero señala que al ingreso a la cárcel surgen los efectos de: ansiedad, despersonalización, deterioro de la autoestima, falta de control, perdida de la intimidad, ausencia de expectativas, depresión y suicidio, consumo de sustancias psicoactivas y/o drogas. Mientras que en el periodo de confianza se observan los efectos de: inmadurez emocional, agresividad, inadaptación a las normas y valores, paranoidismo (desconfianza), distanciamiento en relaciones interpersonales, dificultades en las relaciones familiares, incertidumbre hacia las actividades laborales y dificultades en el área sexual. Para lo cual, además, se considera la edad, filiación cultural y trayectoria criminal, factores que facilitan o dificultan la adaptación al medio carcelario.

Sin embargo, en el contexto penitenciario boliviano la presencia de alguno de estos efectos de la prisionalización es cuestionable y en otras es inquietante, puesto que en los establecimientos penitenciarios se permite la presencia de la familia (esposa e hijos) que contrarrestaría los efectos del distanciamiento de la familia o alteraciones emocionales en cierta forma. Pero, que agravaría otros, como por ejemplo: la falta de intimidad, inadaptación a las normas y valores, falta de control y agresividad. Considerando las características ambientales de las cárceles bolivianas (hacinamiento, consumo de bebidas y/o drogas, etc.) y por falta de clasificación hace que internos con amplia carrera criminal convivan con reclusos preventivos o sentenciados por delitos menores.

Respecto a los instrumentos de evaluación psicológica que se emplean en los establecimientos penitenciarios se identifica que en varios países latinoamericanos se emplean pruebas proyectivas de personalidad (HTP, TAT, TRO, Test del Árbol, Test de la Figura Humana de Machover), así como pruebas psicométricas (MINIMUL,  BFQ, Betta III, MCMI II) y pruebas de inteligencia (RAVEN, WAIS), que en algunos casos son empleados para la evaluación del riesgo de violencia a falta de instrumentos para la predicción de este factor. Lo cual refleja una ambigüedad en cuanto a su selección.

No obstante, en la actualidad existen una variedad de instrumentos de evaluación específicos para el contexto penitenciario con los que pueden complementarse. Estos se aplican en función a diversos factores: para la evaluación de personalidad la revisión bibliográfica sugiere las pruebas: EPQ-R, NEO PI-R, BFQ, 16 PF-5; para la evaluación de trastornos de personalidad y sintomatología psicopatológica: MMPI-2, MCMI-III, IPDE, PAI, SCL-90-R, STAI, PDQ-4+;  para la valuación del autocontrol: BIS-11, STAXI-2, IRS, Escala de Impulsividad de Plutchik, Escala de Búsqueda de Sensaciones Forma V, BHDI; para la evaluación de la inteligencia: RAVEN, Escala de Alexander, K-BIT, WAIS-III; para la evaluación de las actitudes: Escala de Actitudes Hacia la Delincuencia; para la evaluación de la depresión y suicidio: BDI, HDRS, Escala de Desesperanza de Beck; para la evaluación de personalidades violentas: Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer y sobre el uso de la Violencia, Entrevista General Estructurada de Maltratadores, Cuestionario de Variables Dependientes del Maltrato, Escala de Inadaptación, Escala de Autoestima; para la evaluación de la agresión y abuso sexual de menores: IRI, Test de Competencia Situacional, MSI, EPAS; para la evaluación de la psicopatía: PCL-R, PCL-SV, 16 PF-5, MMPI-2, ETAPA; para la evaluación del riesgo de violencia: violencia interpersonal inespecífica: HCR-20, VRAG, PCL-R, PICTS, TVR; violencia contra la pareja: SARA, EPV, ODARA; violencia sexual: SVR-20, RRASOR; violencia juvenil: SAVRY y ERASOR.

En cuanto a la importancia de la evaluación psicológica en el medio penitenciario, se puede establecer que esta se centra en la capacidad de aportar información concreta y especifica respecto a los diferentes factores (mencionados anteriormente) que hacen únicos a los internos, independientemente al grado de clasificación, afiliación cultural, edad, carrera criminal y condena. Por otra parte, contribuye a las autoridades judiciales para la toma de decisiones adecuadas respecto a la clasificación, progresión o regresión de grado, concesión de permisos, libertad condicional o indulto.

Sin embargo, estas cuestiones no se efectúan porque no están contemplados específicamente en la Ley de Ejecución Penal y Supervisión en lo que respecta a la función del psicólogo. Considerando que la opinión técnica del psicólogo tendría un mayor peso al momento del estudio criminológico del privado de libertad en el equipo técnico de los establecimientos penitenciarios. Tampoco se aplica el “sistema progresivo”, al igual que la clasificación de los internos.

Por otro lado, tras la revisión de los distintos instrumentos de evaluación en el contexto penitenciario, la gran mayoría de estos provienen de Norteamérica y Europa, evidenciando su ausencia en los países latinoamericanos, en especial Bolivia, donde es imperioso empezar a trabajar en la adaptación y validación de los mismos, por lo que la aplicación de los instrumentos mencionados en el presente trabajo monográfico tendrían que ser aplicados con cuidado y mucho criterio. Considerando además que la gran mayoría de los internos del sistema penitenciario boliviano no tienen sentencia ejecutoriada.

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25 Comments

  • Aaron Euan dice:

    He tenido la oportunidad de conocer algunos de los procedimientos y funciones de los psicólogos en los centros penitenciarios de estado de Yucatán, México y sin duda, la evaluación es ua de las tantas deficiencias del sistema, sobre todo al momento de elegir los instrumentos para ello. Este es un buen artículo que permite está reflexión y que además aporta de forma útil, instrumentos que pueden ser utilizados. Muchas gracias!

  • Gladys Camacho dice:

    Es importante hacer una evaluación psicológica de todas las personas que salen de un centro carcelario antes de integrarse a la vida social

  • Lesbia Gonzalez dice:

    buen trabajo, un área que requiere mucho trabajo y aportes de la psicologia juridica y forense, puesto que generar una mejor poblacion y evitar que hayan más delincuentes es la meta de todo país en desarrollo de una nueva ingenieria social que toca plantearse seriamente. Felicidades

  • Angela T dice:

    Apreciado Cesar:
    Coincido con las variables que propones estudiar y me alegra que en Bolivia esten llegando a este tipo de investigaciones y reflexiones. Excelente estudiante y buena maestra!

  • Milena Betancur dice:

    Excelente ponencia!

    La evaluación psicológica y el rol del psicólogo, juegan un papel fundamental en el contexto penitenciario.Es necesario adaptar dicha evaluación en Latinoamérica.

  • Greiling Arlette Guerrero Ceballos dice:

    fue muy importante este tema ya que al realizar la evaluación psicológica a las personas que se encuentran en los centros carcelario de esta manera podemos identificar los patrones de comportamientos o rasgos característicos de un determinado tipo de personalidad. a la vez ayudarlo para la integración a la sociedad.

  • Ana Yajaira Bula Vasquez dice:

    Conozco algunas instrumentos de aplicación, me parece importante las citas de estos instrumentos de aplicación por que le brindan la oportunidad conocer de una forma mas especifica otros instrumentos que pueden servir de mucha ayuda y que se pueden utilizar de acuerdo al caso que de desee evaluar, estoy de acuerdo en cuanto a las deficiencias que existen en algunos régimen carcelarios en cuanto a la atención psicológica apropiada que debe de recibir el interno especialmente en la etapa de aceptación o adaptación del centro penitenciario, me parece exente ponencia.

  • PAULA TERESA LLERENA LEÓN dice:

    Hay que destacar la correcta apreciación respecto a que el ingreso a la cárcel genera efectos psicológicos determinantes para el reo y su conducta posterior, tales como ansiedad, despersonalización, deterioro de la autoestima, falta de control… que a veces llevan a la depresión, suicidio y consumo de drogas. Si no entendemos esto, la prisión seguirá siendo vista como centro de expiación y tortura, antes que como parte del proceso de resocialización que debería impulsarse con un tratamiento integral.

  • Daniela SB dice:

    Es muy importante tener claro los roles del psicólogo como evaluador de factores psicológico en el centro penitenciario ya que es un labor muy necesario dentro de ámbito penitenciario. El uso de instrumentos adecuados sirve para poder conocer al interno de manera mas especifica y detallada así como los factores que afectan en el comportamiento del interno.

  • Susana Crotti dice:

    Es un tema excelente ya que si realizamos en los centros penitenciarios evaluaciones psicológicas a quienes estan privados de sus libertad, se conocería cuales son los patrones de conducta o los rasgos de la personalidad de quienes delinquen y así poder ayudarlos a reinsertarse en la sociedad. Agradezco el aporte de su conocimiento.

  • Gabriela Arana dice:

    Esta temática en primer punto abarca de forma general las evaluaciones pertinentes dentro de un contexto penitenciario. Estas evaluaciones psicológicas permiten el estudio de temas como la personalidad, los trastornos de personalidad, sintomatología psicopatológica, autocontrol, inteligencia, actitudes, depresión y suicidio, personalidades violentas y riesgos de violencia. Con estos puntos generales, se puede comprender que la evaluación realizada en el contexto penitenciario comprende un análisis completo de las actitudes que se presentan de forma normalizada sobre las penitencia.
    Muchas veces, la labor del psicólogo dentro de este ambiente se tiende a comprender como en menor magnitud que las diversas ciencias de aplicación como abogados, jueces, entre otros; sin embargo, la labor del psicólogo dentro del mismo permite dar paso a múltiples resultados en ellos un objetivo que no siempre es claro.
    Dentro de estas labores se encuentran en la capacidad de aportar información concreta y especifica respecto a los diferentes factores (mencionados anteriormente) que hacen únicos a los internos, independientemente al grado de clasificación, afiliación cultural, edad, carrera criminal y condena. Por otra parte, contribuye a las autoridades judiciales para la toma de decisiones adecuadas respecto a la clasificación, progresión o regresión de grado, concesión de permisos, libertad condicional o indulto.

  • Gabriela Arana dice:

    Cuando se aborda esta temática sobre los factores de evaluación psicológica se pretende el hacer uso de técnicas y metodologías acordes a las realidades de aplicación de la misma, sin embargo, los países de Latinoamérica (como bien se retoma en la lectura) son los que evidencian una carencia máxima en autenticidad de instrumentos de evaluación.
    Esto concibe la generación de dificultades en la aplicación y resultados de las mismas; la razón se debe a que un mal uso de las técnicas puede permitir encontrar o delimitar ciertas consecuencias sin una razón verdadera. Por lo que es necesario comprender correctamente en ambas áreas, teorías y aplicaciones.
    Muchas veces (este es un caso), se generan investigaciones basadas en conceptualizaciones sobre diversos test, técnicas, métodos, etc. que retoman cierta novedad y como población latinoamericana se tiende a echar de menos sus conceptualizaciones generales; sin embargo se puede deber al desconocimiento y la falta de apertura a las aplicaciones para conocimiento y sus adecuaciones.
    Estas características retomadas son las pertinentes para una evaluación psicológica eficaz dentro del contexto penitenciario; estas debido a que permiten de forma global una correcta investigación sobre las características, perfiles, etc. que permiten determinar las causas y consecuencias de los victimarios o testigos y las veracidades o falsedades sobre las víctimas.

  • Magdalena Chavez mariscal dice:

    Excelente aporte sobre todo tomando en cuenta la deficiente situación que se vive en los centros penitenciales de México, en cuanto a la atención y derivación Psicológica del reo.

  • Julio Cesar Abarca Cordero dice:

    Quiero resaltar todas las pruebas mencionadas en la ponencia, acogiendo el valor de la psicologia forense y su evaluacion, como dicen los entendidos del tema:
    Entendemos por forense a la actividad profesional específica, dentro del campo más amplio de judicial, cuya orientación es fundamentalmente clínica, es decir, una actividad que es desarrollada por psicólogos clínicos o con experiencia clínica, que desempeñan su trabajo en o para la administración de justicia.

  • Sergio Garcia Jimenez dice:

    Al igual que Aarón, hace años tuve esa dificultad al laborar en un Centro de Internación para Menores Infractores, no se ha hecho un esfuerzo real para poder evaluar a los reclusos de una manera objetiva y óptima, excelente aportación.

  • Maria Cecilia Leon Anduquia dice:

    Excelente aporte

  • Carolina dice:

    Excelente aporte para la Psicología

  • Gloria Torres dice:

    Excelente las reflexiones que se generan del trabajo investigativo,que seria una alternativa valida en los escenario penitenciarios

  • Daniela SB dice:

    La evaluación psicológica tiene un gran aporte en los centros penitenciarios, especialmente a las autoridades judiciales por medio de la información de los factores personales del interno logran tomar decisiones adecuadas sobre la vida del interno.

  • Dr. Carlos Ruiz dice:

    importante trabajo,muy agradecido.. Gracias

  • pablo amezcua rios dice:

    excelente trabajo, y muy interesante, tomare algunas ideas para el proyecto que estoy realizando gracias

  • Mailin Ramos dice:

    Estoy muy de acuerdo con lo expuesto, es un tema interesante y es necesario investigar más sobre él, muchas gracias por su aporte.

  • JUAN PABLO ANGULO MARTINEZ dice:

    EN MEXICO SE CUENTA CON UN EQUIPO TECNICO INTERDICIPLINARIO PARA EVALUAR DIVERSOS ASPECTOS DE UN INDIVIDUO QUE HA SIDO PRIVADO DE SU LIBERTAD. CORRESPONDE AL CRIMINOLOGO SOLICITAR AL PSICOLOGO INFORMACION ACERCA DE LOS TRANSTORNOS, RASGOS DE PERSONALIDAD Y OTRA INFORMACION QUE PUEDA SERVIR A LA HORA DE REALIZAR LA SINTESIS CRIMINOLOGICA, MISMA QUE SERA REDACTADA EN UN INFORME EN EL CUAL SE PLASMARA EL DICTAMEN CRIMINOLOGICO.

    POR DESGRACIA MUCHOS PSICOLOGOS SOLO SE QUEDAN CON LOS TEST CLASICOS, POR LO QUE SE DEJA DELADO VALIOSA INFORMACION QUE ENRIQUECERIA LA INFORMACION ACERCA DEL INIVIDUO.

    LAS ACTIVIDADES DEL PSICOLOGO EN MEXICO SI ESTAN DEFINIDAS CUANDO SE TRABAJA EN UNA PRISION, SIN EMBARGO, NO DEBE SER EXCLUSVA, PUESTO QUE SI ALGO MAS ES REQUERIDA POR EL CRIMINOLOGO DEBE DERSE CUMPLIMIENTO.

  • Mertín Gilberto Covarrubias González dice:

    Excelente trabajo tanto por sus aportaciones teóricas, epistemológicas y Metodológicas, especialmente si nos atenemos a lo que en México se pretende que el sistema penitenciario sea un medio adecuado para la llamada reinserción social y se cumplan con los criterios fijados por la ONU. Felicidades.

  • Jessica García dice:

    Tiene mucha razón este trabajo acerca de la evaluación psicológica pues en ocasiones las pruebas aplicadas no son las adecuadas para tratar de llegar a una conclusión pues se ha llegado a abusar de su uso y se aplican en ocasiones la mayoría sin discriminar las que no arrojan resultados sobre lo que se está buscando.

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