ANÁLISIS PSICOLÓGICO DEL MIEDO COMO ELEMENTO DE LA EXIMENTE DE MIEDO INSUPERABLE

YORUANYS SUÑEZ TEJERA

MAILIN RAMOS MORALES

INTRODUCCIÓN

De acuerdo con la eximente de miedo insuperable no se le puede exigir responsabilidad al individuo a pesar de tener capacidad para conocer y adecuar su actuación conforme el Derecho, por encontrarse en el momento del hecho en un estado psicológico calificado de miedo que lo conllevó a cometer el delito. De su simple análisis se deduce que su estructura se sustenta en dos elementos fundamentales: el mal y el miedo.

El miedo es el elemento esencial de la eximente, pues el sujeto infractor de la norma penal debe obrar motivado por un temor, para que se le pueda eximir de responsabilidad. De conformidad con la ley debe ser insuperable, término cuya interpretación y posterior calificación es polémica debido a la diversidad de criterios que existen al respecto.[1]

Si se interpretase el término insuperable gramaticalmente, se estaría entendiendo por este aquel miedo al que el sujeto no puede sobreponerse o es incapaz de vencer. De ser así, se trataría de un supuesto en el que la persona pierde su conciencia y consecuente voluntad, tal y como acontece en el trastorno mental transitorio, pudiéndose confundir con dicha eximente.

Debido al uso del término insuperable, el máximo órgano jurisdiccional en ocasiones exige que el sujeto haya sentido pánico o terror para que pueda reconocerse. Cuestión que resulta indispensable dilucidar, pues al igualarse la palabra insuperable con el pánico o terror, se podría estar calificando incorrectamente la eximente, considerando que el pánico alude a un estado de terror, el cual sobrepasa los límites del simple miedo, en el que el sujeto pierde la capacidad para comprender el alcance de sus acciones.

Por ello, es propósito del presente trabajo valorar el miedo como reacción del comportamiento humano en tanto constituye el elemento esencial sobre el que se estructura la eximente objeto de análisis. Siendo el principal resultado a obtener: a) Se identifican las características del miedo como afectación psicológica y principal elemento de la eximente de miedo insuperable.

  1. b) Dotar tanto a estudiosos del tema, incluyendo al órgano judicial, de conocimientos que le permitan realizar una correcta interpretación de la norma.

Según lo valorado y de acuerdo con los resultados que se obtienen, la investigación se clasifica como jurídico–psicológica-descriptiva.[2] Lo expresado está determinado por el estudio dogmático y caracterización jurisprudencial y psicológica que se realiza sobre el miedo insuperable como eximente de la responsabilidad penal.

  1. 1. La manifestación del instinto de conservación ante un mal amenazante y la motivabilidad del sujeto.

La afectividad o emotividad es la facultad por la que el organismo logra impresionarse ante los estímulos del mundo exterior o reaccionar frente a ellos, según el sentido positivo o negativo que tengan para el sujeto. Es una disposición de discriminación defensiva que tiende a la seguridad del individuo, a la conservación de su integridad, por lo que constituye un mecanismo de vigilancia, un centinela que advierte sobre quién es el amigo o el enemigo, de ahí que es pues, la facultad de guardarse, de defenderse.[3]

El estado emocional sobreviene en el sujeto siempre que entran en juego su vida, sus intereses personales o morales, los de su familia o los de la especie, pues como expresa Mira, las emociones y los sentimientos son una de las formas en que el mundo real se refleja en el hombre. Son la vivencia de que los objetos y los fenómenos reales corresponden, o no, a sus necesidades y a las exigencias de la sociedad. Esto ocurre en mayor medida con emociones como el amor y el miedo; el último, sobre todo cuando se trata de peligros inminentes, en los que no es necesaria la racionalización total del estímulo para que haya una repercusión en la esfera afectiva.[4] Por lo que, de acuerdo con Henríquez, constituye el impulso que un pensamiento o idea ejerce sobre la vida afectiva y sobre todo el cuerpo, el que no siempre corresponde al grado de claridad de la percepción consciente.[5]

Según Aristóteles el miedo es la más antigua de todas las emociones humanas y se remonta a tiempos ancestrales.[6] Desde entonces se ha intentado desentrañar su complejo entramado psicológico. Por ello, son diversas las definiciones que se han formulado acerca de este, si bien todas son coincidentes en cuanto a considerarlo una perturbación de los ánimos.

Coincidente con lo alegado, Andrade manifiesta que está en íntima relación con los instintos de conservación.[7] Por ello Quintanar opina que es la emoción choque de defensa ante un peligro inminente, real o putativo, normalmente externo, reconocido como tal por el individuo que lo padece. Es una acción psíquica que afecta el organismo inhibiéndolo o produciéndole reacciones anómalas e inesperadas, que tiene por base la perturbación anímica, que desencadena la emoción estética del temor, sufrida por un sujeto.[8]

Se trata de una respuesta emotiva que depende no sólo de la gravedad del mal con que se amenaza, sino de las especiales circunstancias[9] de la persona que lo padece, que según Mira, es una perturbación del estado de ánimo, en el que se pierde la confianza en los propios recursos para afrontar situaciones concretas, que son percibidas como peligrosas para el sujeto. El peligro puede ser real o imaginario, presente o proyectado en el futuro, pero siempre ocasiona una disminución del sentido de seguridad.[10]

De forma similar Gómez lo define como una reacción emocional primaria ante una experiencia u objeto amenazante que se presenta en forma mediata o inmediata. Es una manifestación vital y atañe al instinto de conservación que previene contra situaciones de las cuales puede desencadenarse un mal para el individuo.[11]

Por ello Espeche manifiesta que es “aquel estado psicológico que provoca en la persona una actitud de huida, evasión o inhibición cuyo cuadro puede resumirse en la presencia de los siguientes signos clínicos: estado de alerta, conducta de huida, conducta de evitación, alteraciones fisiológicas y vivencias de indefensión”.[12]

De acuerdo con lo expresado, el miedo es una emoción básica,[13] un sentimiento o un estado de ánimo defensivo, una tendencia afectiva derivada del instinto de conservación, que en su forma pura se manifiesta ante muy diversos estímulos: miedo al dolor físico, al calor, al frío, al mar, a las alturas, a la oscuridad, a la sociedad, a las enfermedades, entre otros. El miedo como una propiedad de los seres vivos se asienta sobre una base neurofisiológica,[14] con independencia, para el caso del hombre, de su connotación ética, moral o social.

En tal sentido, para Villavicencio, criterio con el que se coincide en la investigación, el miedo tiene un carácter indudablemente relativo y nunca absoluto, toda vez que no podrían esperarse respuestas idénticas en sujetos diversos, aun y cuando existiera un patrón general de conducta, puesto que las características individuales presentan suficiente argumento para esta variabilidad.[15]

Toda posibilidad de reacción defensiva o preparatoria de alarma, depende en gran medida de la situación problémica que debe enfrentar el sujeto y sus premisas neurológicas y psicológicas. La incapacidad, la impotencia y la ignorancia pueden modificar sustancialmente la calidad de las respuestas, por lo que no se puede  esperar que el miedo generado se ajuste en toda su exacta magnitud a la realidad del caso.

Por lo expresado, estimo, es una respuesta evasiva de una realidad potencialmente agresiva, independientemente de si esta respuesta es o no ilegítima, pues en su esencia, el mal temido depende del estado de apreciación del individuo. En este análisis pueden generarse a su vez procesos de retroalimentación que sobredimensionan o modifican la realidad concreta, tales como las llamadas situaciones límites, en las que se pone en peligro la vida de las personas.

Como nace de un proceso de estimulación, el cual representa un peligro, se encuentra condicionado sensiblemente por la experiencia, y en este tiene notable importancia la representación del mal que se origina del peligro. Aunque el miedo parece instintivo, se acrisola continuamente y se acrecienta en la medida en que el individuo obtenga estímulos del mundo que le rodea.[16] Por tanto, se trata de una reacción emotiva que depende no sólo de la gravedad del mal con que se amenaza, elemento objetivo, sino de las especiales circunstancias de la persona que lo padece, conforme indica Quintanar.[17]

El temor presenta varios aspectos que son susceptibles de graduación acorde a las consecuencias psíquicas y somáticas que provoca, los cuales son:[18] a) la experiencia subjetiva del temor, b) las modificaciones asociadas, c) las manifestaciones asociadas, d) las manifestaciones exteriores del miedo y e) las tentativas de evitación o huida de ciertas situaciones en una misma persona.

El miedo influye directamente en la motivación del sujeto. El término motivación se usa cuando se quiere describir las fuerzas que actúan sobre, o dentro de un organismo para iniciar y dirigir la conducta de éste. Es decir, son fuerzas que permiten la ejecución de conductas destinadas a modificar o mantener el curso de la vida mediante la obtención de objetivos que incrementan la probabilidad de supervivencia, tanto en el plano biológico como en el social.[19]

La motivación se encuentra estrechamente relacionada con la supervivencia, y con el crecimiento en general, entendida, en este caso, no sólo como la distinción vida–muerte, sino, además, en sus dimensiones psicológica y social. Causa por la cual para Palmero es un proceso adaptativo en el que resulta imprescindible considerar la existencia de diversos componentes.[20] Entre los componentes pueden citarse: el estado concreto de la sociedad, del medio social, por las normas sociales, por la posición concreta de la personalidad; por el sistema de necesidades psicológico-social, y por el sistema de formas elementales y analíticas.[21]

En tanto, para Palmero, el motivo es la necesidad y el interés del sujeto que lo incita a adoptar la decisión de actuar de determinada forma en una situación dada.[22] Al seleccionar el objetivo que se convierte en meta, el individuo decide qué necesidad satisfará, y qué meta intentará conseguir. Existe una circunstancia previa o incentivo que activa un motivo, junto con la potencial energía necesaria para ejecutar una conducta. La elección de este depende de la intensidad del mismo, de lo atractivo que resulte el incentivo, de la probabilidad subjetiva de éxito y de la estimación del esfuerzo necesario para conseguir el objetivo.[23]

La motivación, por tanto, constituye un proceso adaptativo que es el resultado de un estado interno de un organismo, que le impulsa y le dirige hacia una acción en un sentido determinado. Es decir, existe una influencia de diversos factores que activan al organismo, y le dirigen hacia la consecución de algún objetivo o meta que le es gratificante.[24]

Ayala explica la forma en que incide el miedo en la psique del sujeto, específicamente en su motivación, lo cual se sintetiza en varios aspectos:[25]

  1. El miedo es un factor motivacional, bien que se le conciba como instinto, emoción, pulsión primaria o secundaria. Lo evidente desde el terreno experimental es que incide en el proceso de motivación de todo individuo.
  2. La conducta del individuo viene normalmente determinada, no falsamente determinada, por las situaciones de conflicto en las que se encuentran dos estímulos de signo contrario.[26] El miedo se halla presente en multitud de situaciones, actúa como factor de signo negativo que o bien activa al sujeto a su evitación, huida, o bien supone el paso previo a la acción de evitación para suprimir tal estímulo, agresión.
  3. La resolución del conflicto motivacional en el que se encuentra el sujeto es el resultado de distintos factores: intensidad de los estímulos, factores de índole personal del sujeto, capacidad de aprendizaje, hábitos, habilidades, conocimiento y oportunidades. Por ende, cuando el miedo se halla presente en un conflicto motivacional son dichos factores, en su conjunto, los que determinarán la respuesta desarrollada por el sujeto.
  4. Si el miedo no está presente en la experiencia o situación concreta de un individuo, de la clase que sea aquél, puede decirse que no influye en el proceso motivacional o lo que es lo mismo, que suprimido el miedo, la respuesta del sujeto a su situación de conflicto será distinta de aquella observada cuando el miedo está presente como tal factor.

El sujeto motivado posee capacidad de compresión, es decir, conoce y es consciente de lo que desea y finalmente decide hacer para alcanzar su meta. Razón por la cual, el individuo, a pesar de sentir miedo, es capaz, comprende lo que acontece a su alrededor y reacciona adoptando una decisión, en este caso, de huida, lo cual constituye el objetivo principal de su estado motivacional.

El miedo según lo analizado, no anula la capacidad del sujeto, que tiene conocimiento y es consciente de lo que decide hacer, a pesar de sentirse constreñido a actuar contrario a la norma, en tanto se encuentra motivado hacerlo debido a su instinto de conservación, el cual se activa ante un mal que le amenaza.

  1. 2. La pérdida de autocontrol y de libertad de voluntad ante un temor al que no puede sobreponerse.

El miedo es normal; sin él le faltaría al individuo la protección más efectiva que posee, pues constituye una reacción en situaciones amenazantes. Puede, sin embargo, encontrársele en formas pervertidas o exageradas. Por lo que, según Mira, se diversifica en varias etapas o grados las cuales son:[27]

La prudencia; en la que el sujeto pretende pasar desapercibido, con tendencia a auto justificarse y racionalizar la circunstancia. El estado de cautela; en el que el individuo en situación de desconfianza domina intelectualmente la situación, pero le invade el pesimismo. La alarma; en la que predomina la sensación de insuficiencia, se pierde claridad y el sujeto desconfía plenamente. La angustia; en la que la unidad intencional se desorganiza, al reducir las posibilidades de reacción, con desequilibrio de los procesos de excitación e inhibición. La fase de pánico, en el que la conducta se automatiza, aparecen crisis convulsivas en la que de forma paradójica puede llevar a acciones sorprendentes, con reducción de los niveles de conciencia sin que se elimine totalmente. El terror, en el que el individuo pierde no sólo la intelección y sensibilidad afectiva, sino toda su potencia motriz y de memoria.

El terror, la última de las fases, suele confundirse con el simple miedo, cuando los efectos que causa son totalmente diferentes.[28] En esta etapa la conducta evidencia la desorganización funcional provocada por el miedo que ya ha destruido toda intención e inhabilitado las mejores posibilidades de reacción, y esto es vivenciado con altos niveles de ansiedad y angustia. A continuación la conducta toma una dirección automática netamente relacionada con la esfera motriz; aquí es cuando puede producirse la huida como respuesta a la incontrolada liberación de dispositivos motores, cuando el sujeto apenas se da cuenta de cuánto ocurre o realiza.[29] Finalmente no se evidencian facultades cognitivas, pues únicamente se conservan las actividades mínimas para asegurar la persistencia del ser, al que lo caracteriza una absoluta apatía, indolencia e indiferencia.

De ahí que el terror es una forma de miedo intenso en la que aparecen fenómenos fisiológicos y psicológicos coherentes con esa emoción que le hacen perder al sujeto el autocontrol.[30] Según los enfoques cognitivos, durante su desarrollo una imagen mental, real o imaginaria, desencadena un rápido proceso que involucra al cerebro y al cuerpo. La espiral creciente de sucesos, de percepciones, de amenazas y reacciones corporales que se producen en el organismo, desencadenan una serie de síntomas que desembocan en una inminente sensación de pérdida de control por parte del afectado que superan la voluntad y minan instantáneamente su confianza y seguridad.

El terror afecta la libre voluntad o autodeterminación del sujeto provocando la pérdida del autocontrol necesario para reaccionar adecuadamente ante el mal que lo amenaza.

Entendiendo por libertad de voluntad el conocimiento de la necesidad, lo cual significa el dominio práctico del hombre sobre las leyes de la naturaleza y de la sociedad. Representa actividad práctica que coincide con la necesidad y que utiliza para la obtención de sus fines.[31]

Para Rodríguez Pérez, la libertad es reconocimiento de la realidad, es no todo lo que se quiera sino esencialmente todo lo que se pueda con arreglo a la necesidad. El hombre actúa conscientemente, con excepción de los anormales, por ello actuar libremente es tener representadas las consecuencias en el mundo objetivo de su actuar, de su conducta, y valorarla con arreglo a las normas morales y jurídicas.[32]

El hombre actúa, primero que todo, conscientemente, con excepción de los anormales, por ello actuar libremente es tener representadas las consecuencias en el mundo objetivo de su actuar, de su conducta y valorarla con arreglo a las normas de morales y jurídicas. Otra cosa distinta es qué les lleva a actuar de esa manera, pues no es nada ajeno a ellos mismos sino a sus propias necesidades, materiales y espirituales que se forman, cambian y desaparecen en dependencia de la actividad que desarrollen en concretas condiciones materiales-socio-culturales, de las cuales se puede tener conciencia o no. Estas expresan el nexo necesario, esencial, pero no el único.

Pérez es del criterio que la conducta humana sana es el fruto de la voluntad del sujeto que refleja sus necesidades elementales y sociales.[33] Por eso el sujeto que siente miedo a pesar de que su motivabilidad no es normal, es consiente, libre y por tanto tiene necesidades, entre las que se encuentran evadir el mal que le amenaza, lo cual dependerá del temor que éste ejerza en él, pudiendo ser de diversa intensidad la emoción que se desencadene.

En tal sentido, Reid describe dos etapas en el desarrollo de la crisis de pánico, en las que el sujeto carece de seguridad y autodeterminación, las cuales son:[34]

En la primera etapa, de ansiedad anticipatoria, existe una comunicación inconsciente entre la mente y el cuerpo. La mente considera que se aproxima una situación temida y estimula un proceso de pensamiento cuando recuerda una situación pasada difícil. En ese momento crea una imagen que indica al cuerpo a responder como si se produjeran dificultades pasadas. Con esta información sobre crisis antes ocurridas, la mente comienza a cuestionarse su capacidad para hacer frente a la actual crisis. Estas preguntas instruyen al cuerpo para prepararse contra cualquiera de las peores consecuencias posibles, pues provoca la evocación de imágenes en las que el sujeto no ha podido controlar el episodio con anterioridad y envía un mensaje de protección al cuerpo.

En la segunda etapa, de ataque de pánico, los mensajes transmitidos entre la mente y el cuerpo ya no son silenciosos, aunque sus efectos son los mismos.[35] El individuo afectado tiene miedo de los síntomas percibidos e inconscientemente emite instrucciones al cuerpo para protegerse, con las cuales comienza a cambiar su química con el fin de protegerse de la emergencia.[36]

Miedo y terror no es lo mismo. El primero constituye la aprensión fundada de un peligro que deja libre toda la energía de los movimientos corporales, lo cual le permite a la mente observar y calcular las condiciones de un hecho sintiéndose motivado a evadir la amenaza, mientras el pánico lo priva de libertad de voluntad y, por tanto, la pérdida del autocontrol ante el mal al que no puede sobreponerse.

El sujeto que obra en estado de miedo posee autocontrol y, por tanto, libertad de decisión o de voluntad, pues tiene consciencia del mal al que teme, de los riesgos que implica, y en tal sentido selecciona la opción que le resulta más favorable, aún en contra del mal ajeno, motivado por la necesidad de salvaguardarse. De ahí que tenga libertad de voluntad, aunque ésta se encuentre constriña al querer ajeno por estar influenciada la toma de decisión por el mal al que teme. En los supuestos en los que la persona actúa bajo la influencia de un terror el sujeto es inconsciente, no decide, actúa automáticamente, no tiene control de sus acciones, y por tanto, carece de voluntad.

  1. 3. La insuperabilidad del miedo.

El simple análisis gramatical del término insuperable conduce a estimar como tal aquello que no puede ser superado o vencido. En cuanto a su interpretación desde una perspectiva jurídica, existe diversidad de criterios, algunos de los cuales son coincidentes con lo expresado, razón por la que en el presente acápite se procede a realizar un examen de tal aspecto en el contexto de la eximente objeto de análisis.

Ayala, por ejemplo, es del criterio que lo insuperable no es el conflicto físico que el miedo desencadena, pues si así fuera habría que buscar la exención por la vía de la inimputabilidad. Lo insuperable según su criterio, es la respuesta al conflicto que el ordenamiento se ve obligado a tolerar por no ser exigible otra conducta distinta.[37] Su posición se basa en el principio de inexigibilidad de una conducta acorde a Derecho.

De forma diferente Rodríguez y Mourullo sostienen que la cualidad de insuperable debiera entenderse, dado el contenido de la realidad psicológica del miedo, en el sentido de imposibilidad de vencimiento o apartamiento del estado emotivo por el sujeto.[38] En este supuesto, de ser así, se estaría ante una eximente diferente, la enfermedad mental, en tanto el sujeto no posee capacidad de culpabilidad.

Entre tanto Cobo y Vives refieren que la insuperabilidad, dado el miedo con que se opera, no puede ser entendida en sentido técnico-psicológico, como imposibilidad de vencimiento o apartamiento de un determinado estado emotivo, sino en sentido deóntico, como inexigibilidad. Estiman que la valoración de los aludidos estados debe realizarse a través de los preceptos legales que regulan el trastorno mental transitorio y las atenuantes pertinentes, por lo que al final coinciden con lo expresado al inicio del epígrafe.[39]

Opina Rodríguez que lo insuperable es el temor que hubiera determinado a una persona, de constitución psíquica sana y reacciones normales, a actuar en las mismas circunstancias como lo hizo el que obró por miedo. Por tanto, el miedo que interesa al Derecho Penal, según su criterio, es aquel que afecta psíquicamente al sujeto[40] y deja, como dice acertadamente Muñoz, una opción o posibilidad de actuación. Lo cual induce a considerar que el término insuperable no es calificativo acertado para caracterizarlo.[41]

La insuperabilidad del miedo, para Cuerda, es el requisito nuclear de la eximente, el que determina la eficacia jurídica. Por ello, para la determinación de éste, refiere que “tienen razón quienes equiparan la insuperabilidad del miedo con la inexigibilidad de una conducta distinta, puesto que al Derecho en este caso no le interesa la cualidad de superable o insuperable desde el terreno psíquico individual”.[42] No obstante, no precisa en qué supuestos no le es exigible al sujeto que obrare de forma diferente a la que lo hizo.

Tratar de explicar qué se entiende por insuperable es una tarea compleja, pues el miedo insuperable no es un término psicológico, y entenderlo gramaticalmente, supondría estimarlo como aquel que provoca que en el organismo se desencadenen síntomas que producen una inminente sensación de pérdida de control que supera la voluntad del sujeto y debilita su seguridad. De ser así, se estaría ante un trastorno mental, por lo que la interpretación que se realice deberá ser jurídica.

El confundir o igualar lo insuperable con el pánico, trae consigo que se exija que el miedo que el sujeto sienta sobrepase los límites del simple miedo. Al ser el pánico una forma de miedo intenso en la que aparecen fenómenos fisiológicos y psicológicos coherentes con dicha emoción, pero en la cual el sujeto pierde la capacidad para comprender el alcance de sus acciones, se estaría exigiendo requisitos que no están en consonancia con la eximente de miedo.

Al respecto, expresa acertadamente Varona, que la referencia legislativa al miedo insuperable no ha de interpretarse en términos exclusivamente psicológicos que aboquen a la exigencia de un estado de terror o pánico incapacitador. La alusión al miedo debe comprenderse como la exigencia de cierto estado emocional en el individuo, provocado por la amenaza de un mal y caracterizado por el temor de la persona al advenimiento de un hecho desagradable, frente al cual ésta puede reaccionar de diversas formas.[43] Lógicamente la reacción que interesa al Derecho Penal es aquélla en la que, para evitar el mal amenazante, se lesionan bienes jurídicos ajenos.

De ello se deriva que la insuperabilidad del miedo debe interpretarse en un sentido normativo: miedo insuperable es aquel que, normativamente, no se exige a la persona que lo supere. Pues como expresa Varona, el aspecto decisivo no descansa en la cantidad de presión psíquica que recibe el afectado, sino en determinar qué exigencias normativas pueden y deben requerirse a una persona amenazada por un mal que le provoque miedo para afirmar que se está ante un miedo insuperable.[44]

Pérez, coincidente con lo anterior, estima apropiadamente que la ley sustantiva, refiriéndose al Código Penal cubano, asume un enfoque jurídico erróneo toda vez que la insuperabilidad se configura cuando se produce un estado emocional al cual no puede dominar u oponerse la persona.[45] Es decir, el término empleado no es consecuente con la eximente objeto de análisis, puesto que representa la falta de capacidad del sujeto para calcular el alcance de sus acciones, lo cual es típico del trastorno mental transitorio.[46]

El aludido autor propone emplear los adjetivos intenso e influyente, en vez de insuperable. Según su criterio es posible que dicha fórmula sea más precisa y a la vez más fácil de establecer por los jueces al momento de reconocer la aludida eximente. De acuerdo con ello, por intenso se entendería lo agudo o penetrante, y por influyente, lo acreditado.

Comprendiendo por intenso lo vehemente, se interpretaría dicho término como el grado de fuerza con que se manifiesta un fenómeno, en este caso el miedo, o los efectos que el mismo causa, específicamente, en el ánimo del sujeto o en su motivabilidad normal por encontrarse bajo la presión de un mal o amenaza que lo obliga a actuar de determinada forma. En cuanto a la influencia, se entendería como tal la capacidad que posee el fenómeno, dígase el miedo, para ejercer determinado control sobre el poder de alguien o algo, en este supuesto, en el sujeto que lo experimenta.

De acuerdo con lo expresado, se estaría requiriendo que el miedo fuese lo suficientemente intenso como para influir en la conducta del sujeto conduciéndolo a obrar contrario a la norma. Con respecto a lo intenso, da lo mismo que lo sea o no, en tanto debe ser lo sobradamente influyente como para constreñir la voluntad afectando la motivabilidad normal del individuo, por lo que no le es exigible la conducta contraria a Derecho que ejecutara, según la concepción normativa de la culpabilidad que se asume en la investigación.

El que el miedo sea insuperable implica que la sensación de temor es superior a la experimentada por la mayoría de los individuos al soportar males y peligros; por eso no opera tal causal cuando se puede probar que la situación que provoca el estado anímico es perfectamente controlable por una persona normal,[47] y que son las características personales las que hacen que el sujeto procesado no las tolere de la misma forma, prefiriendo cometer el ilícito. Lo anterior no indica que el juicio de la personalidad[48] no sea determinante al momento de argumentar la causal en un caso concreto, pues el miedo insuperable exigirá una evaluación de las condiciones psíquicas, entendiéndose la insuperabilidad como la imposibilidad personal[49] de adaptarse al estado de alteración psicológica creado por el miedo.

CONCLUSIONES

Una vez finalizada la investigación, se corrobora la hipótesis planteada y se establecen las conclusiones en los términos que siguen:

PRIMERA: El miedo es una manifestación del instinto de conservación, un estado emocional que sobreviene en el sujeto ante la amenaza de un mal, influyendo en su motivabilidad. Afecta el organismo inhibiéndolo o produciéndole reacciones anómalas e inesperadas, que tiene por base la perturbación anímica y depende no solo de la gravedad del mal, sino de las características de la persona que lo padece.

SEGUNDA: La motivación es un proceso adaptativo, resultado de un estado interno del organismo que le impulsa y le dirige hacia la consecución de algún objetivo o meta que le es gratificante, por lo que se encuentra estrechamente relacionada con la supervivencia. El sujeto actúa en condiciones de motivabilidad normal cuando no se encuentra influenciado por la amenaza de un mal que lo constriñe a actuar en detrimento del mal ajeno, en vez del propio, aún y cuando ha escogido esta opción consiente y voluntariamente.

TERCERA: El miedo y el terror no son lo mismo. El primero constituye la aprensión fundada de un peligro que deja libre toda la energía de los movimientos corporales, lo cual le permite a la mente observar y calcular las condiciones de un hecho sintiéndose el sujeto motivado a evadir la amenaza, mientras el segundo lo priva de libertad de voluntad y, por tanto, la pérdida del autocontrol ante el mal al que no puede sobreponerse, actuando automáticamente.

CUARTA: La libertad no es independencia absoluta, ni soledad, sino relación y toma de postura ante los seres circundantes. El hombre es libre de alguien o de algo y para algo, concretamente para darse o encerrarse en sí mismo. Entendiendo por libertad de voluntad el conocimiento de la necesidad, lo cual significa el dominio práctico del hombre sobre las leyes de la naturaleza y de la sociedad que utiliza para la obtención de sus fines. El sujeto que obra influenciado por la amenaza de un mal, a pesar de ello, lo hace libremente, pues fue quien  seleccionó dicha opción de entre una variedad de posibilidades.

QUINTA: La eximente de miedo insuperable se estructura sobre la base de dos elementos fundamentales: la existencia de una situación de miedo y el mal causante de éste. El primero se debe a que se halla constituida por una particular situación psíquica, de índole personal, constituida precisamente por el miedo.

SEXTA: Para lograr una configuración eficaz de la eximente de miedo en el Código Penal se ha de regular en los siguientes términos: está exento de responsabilidad penal el que obra impulsado por un miedo influyente.  Entendiendo por influeyente lo acreditado, aquello que goza de influencia.

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[1] Un aspecto esencial es definir qué se entiende por miedo, desde lo psicológico, así como los efectos que puede alcanzar, las diferentes etapas a través de las que se desarrolla, para finalmente, entender la implicación que tiene en el Derecho Penal.

[2] García Añón, José, Métodos y técnicas para la realización de trabajos de investigación, Universidad de Valencia, Valencia, 1993, pp. 21 – 22.

[3] Coincidente con lo expresado, Faure manifiesta que “la afectividad es la facultad de experimentar sentimientos como la alegría, la tristeza, la inquietud, el miedo, entre otros.” Faure, Henri, Elements the semiologie in psychologie pathologique, Bulleltin the Psychologie, Grouped´ Etudes de Psycholgie the l´ Université the Paris, Paris, 1967, p. 84.

[4] “La emoción aparece ligada a todo lo que contribuye de un modo directo al progreso o perjuicio del ser humano; apareciendo como un mecanismo primitivo de protección del ser y de la especie.” Mira y López, Emilio, Cuatro gigantes del alma: el miedo, la ira, el amor y el deber, 13ra edición, El Ateneo, Buenos Aires, 2003.

  1. 36.

[5] A este tipo de percepción es a lo que se denomina “percepción intuitiva”, por oposición a la “percepción conceptual”. Henríquez, Enrique, Trastornos mentales transitorios y responsabilidad criminal, Editor Jesús Montero, La Habana, 1949, p. 104.

[6] Lo definió como la espera de un mal. Cfr. Aristóteles, Ética a Nicomaco, Clásicos políticos, edición bilingüe y traducción de María Araujo y Julián Marías, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1985, p. 41.

[7] García Andrade, José Antonio, Reflexiones sobre la responsabilidad médica, Edersa, Madrid, 1998, pp. 83 – 84.

[8] Quintanar Díez, Manuel, op. cit., p. 41.

[9] Alude a características tales como la edad, el sexo, nivel cognoscitivo y vivencias personales del sujeto.

[10] Mira y López, Emilio, Cuatro gigantes del alma…, op. cit., p. 36.

[11] Gómez López, Jesús, El delito emocional, edición Doctrina y Ley, Universidad Santiago de Cali, Bogotá, 1995, p. 266.

[12] Espeche, Bárbara, Flores de Bach: clínica terapéutica, Ediciones Continente, Buenos aires, 1997, passim.

[13] Una persona con miedo vivencia un agotamiento importante del campo de sus facultades intelectuales y de su atención ante la realidad, por lo que es incapaz de tener juicios o razonamientos coherentes. Sus ideas pueden volverse vagas y desordenadas. No realiza análisis discursivos ni argumentaciones desde la lógica.

[14] De índole psicofísica.

[15] De Villavicencio, Núñez, La personalidad como aspecto regulador de la conducta. Psicología y salud, Ciencias Sociales, La Habana, 2003, pp. 56 – 60.

[16] Idem.

[17] Quintanar Díez, Manuel, op. cit., p. 45.

[18] Paredes Vargas, Cesar Augusto, La eximente de miedo insuperable en el Código Penal Peruano de 1991. Su aplicación por los Juzgados y las Salas Penales de Junín, tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Jurídicas, Universidad Nacional Mayor de San Marco, Lima, 2002, p. 59.

[19] Además, como señala Petri, también se puede utilizar el término motivación para explicar y entender las diferencias en la intensidad de la conducta. Es decir, las conductas más intensas pueden ser consideradas como el resultado de los más elevados niveles de motivación. Igualmente, el aludido término puede usarse para indicar la dirección selectiva de una conducta. Petri, Herbert, Motivation, theory, research and applications, Wadsworth Publishing Company, California, 2000, passim.

[20] Palmero, Francesc, “Motivación, conducta y proceso”, REME, Revista Electrónica de Motivación y Emoción, No. 20 – 21, volumen 8, 1997, Universidad Jaume I, Castellón de la Plana, passim.

[21] Deckers ha propuesto un sencillo esquema en el que establece los momentos que pueden distinguirse en el proceso de motivación. En cierta medida dicha propuesta es bastante similar a lo que señalara Kuhl, aunque los intentos de éste no han tenido mucha repercusión en el ámbito de la Psicología de la Motivación. A grandes rasgos la secuencia que proponen considera tres momentos, elección del objetivo, dinamismo conductual y finalización o control sobre la acción realizada. Deckers, Lambert, Motivation. Biological, Psychological and environmental, Allyn and Bacon, Boston, 2001, pp. 5 y ss. Kuhl, Jesper, Motivation and information processing. A new look at decision making, dynamic change and action control, Motivation and Cognition, Foundations of Social Behavior, Guilford Press, Higgins ediciones, Nueva York, 1996, pp. 404 – 434.

[22] Hay algunos aspectos de la conducta instrumental que reflejan el nivel de motivación; tales aspectos se refieren a la frecuencia, la intensidad y la duración. La frecuencia se refiere al número de veces que un individuo inicia una actividad para conseguir el objetivo; se puede asumir que cuanto mayor es la frecuencia con la que realiza actividades en pos de un objetivo tanto mayor es su motivación. La intensidad se refiere al vigor o la fuerza con la que realiza la actividad o conducta instrumental; por regla general, también existe una asociación entre la intensidad de la actividad y el nivel de motivación. La duración se refiere al tiempo que un individuo se dedica a la satisfacción de un motivo. Palmero, Francesc, op. cit., passim.

[23] El dinamismo conductual se refiere a las actividades que realiza un individuo para intentar conseguir la meta elegida. Es decir, a partir del motivo y del incentivo seleccionado para satisfacerlo, el sujeto decide qué acciones le permitirán conseguir lo propuesto, con lo cual ejecuta la conducta instrumental apropiada para ese fin. La aludida conducta se refiere al conjunto de todas aquellas diligencias motivadas en las cuales se implica una persona para satisfacer un motivo y constituye un aspecto relevante, pues puede ser considerada como el nexo de unión entre un motivo y su satisfacción. De su correcta ejecución depende que se consiga o no la meta que se ha elegido. Idem.

[24] En este proceso interactivo son de suma relevancia los objetos meta, con sus características de incentivo, así como la expectativa o probabilidad de conseguir esos objetos meta. Entre los factores internos se encuentran las necesidades fisiológicas, propias de todo organismo vivo. Entre las externas pueden citarse aquellas que se relacionan con el medio o con otros, y motivan deseos o aspiraciones personales.

[25] Ayala Gómez, Ignacio, El concepto de miedo en la circunstancia 10 del artículo 8 del Código Penal, Política Criminal y reforma penal, en homenaje al profesor Manuel Cobo del Rosal, Editoriales de Derecho Reunidas, Madrid, 1993, pp. 98 – 99.

[26] Ciertos elementos constitucionales y rasgos de la personalidad, la timidez e inseguridad, por ejemplo, predisponen al miedo o refuerzan sus efectos, especialmente entre los individuos que presentan un terreno favorable para su aparición.

[27] Mira y López, Emilio, Cuatro gigantes del alma…, op. cit., pp. 54 – 62.

[28] Suñez Tejera, Yoruanys, “Valoraciones teóricos jurídicas en torno a la eximente de miedo insuperable”, Revista caribeña de ciencias sociales, mayo de 2013, España, passim.

[29] Algunas vivencias de pesadilla seguidas de rápida amnesia es todo cuanto llega a producirse en su plano consciente.

[30] El autocontrol, es la habilidad de dominar las propias emociones, comportamientos y deseos.

[31] “La libertad no consiste en la independencia del hombre con respecto a la necesidad, en su no sujeción a ésta, y a las leyes objetivas, sino en el conocimiento de estas leyes y de la posibilidad, vinculada a este conocimiento, de utilizarlas en forma planificada y para lograr la obtención de los objetivos que el hombre se propone”. Colectivo de autores, Lecciones de filosofía Marxista-Leninista, tomo II, Dirección de Marxismo-Leninismo, Ministerio de Educación Superior, La Habana, 2007, p. 86.

[32] Otra cosa bien distinta es por qué se va a actuar así, qué les lleva a actuar de esa manera, lo cual tampoco es ajeno a ellos mismos sino a sus propias necesidades, materiales y espirituales, las cuales se forman, cambian y desaparecen en dependencia de la actividad que desarrollen en concretas condiciones materiales, socio-culturales y de las cuales se puede tener conciencia o no, si bien ellas expresan el nexo necesario, esencial, pero no el único. Rodríguez Pérez de Agreda, Gabriel, “La culpabilidad ¿un concepto en crisis?”, Revista Cubana de Derecho, No. 16, julio – diciembre 2000, La Habana, p. 32.

[33] Según su opinión “la conducta es la expresión de la psicología en el medio material del sujeto; la resultante final de su proceso psicológico, mediante la cual deviene en mucho más que pasivo observador y conocedor de la realidad, para convertirse en su actor transformador, orientado por sus necesidades, motivaciones, conocimientos, sentimientos y emociones”. Más adelante expresa que “la conducta tendrá una primera fase intrapsíquica o psicomotora, en la cual se selecciona, valora y planifica en la subjetividad, antes de pasar a la segunda etapa o de acción explícita, en la que ya se ejecuta o materializa en la realidad”. Pérez González, Ernesto, Derecho Penal y Criminología, Ediciones ONBC, La Habana, 2010, pp. 38 – 39.

[34] La carencia de seguridad suele provocar un gran deseo de huida y una amenazante sensación de miedo a morir, enloquecer o provocar una escena indeseada. Según los enfoques cognitivo- conductuales, una vez concebida la idea que desencadena el pánico, la crisis fisiológica y psicológica se activa como consecuencia del círculo creciente de percepciones mentales y reacciones corporales de miedo. La incapacidad del sujeto para activar estrategias eficaces para detener el fenómeno creciente desata el denominado ataque de pánico. Reid, Wilson, ¡No al pánico! Cómo controlar los ataques de angustia, Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 2001, p. 62.

[35] Provoca sensaciones físicas que el cuerpo genera, como las taquicardias.

[36] Como consecuencia se produce un aumento de los síntomas físicos, lo que a su vez crea el ciclo auto-reforzado de percepciones de amenaza y reacciones que se sufren durante el ataque de pánico.

[37] Ayala Gómez, Ignacio, op. cit., p. 92.

[38] Córdoba Roda, Rodríguez y Rodríguez Mourullo, I., Comentarios al Código Penal, tomo I, Ariel, Barcelona, 1976, pp. 336 – 337.

[39] Cobo del Rosal, Manuel y Vives Anton, Tomas, Derecho Penal Parte General, 4ta edición, Tirant Lo Blanch, Madrid, 1976, p. 628.

[40] Rodríguez Devesa, José María y Gómez Alfonso, María Serrano, Derecho Penal Español Parte General, 16ta edición, Dykinson, Madrid, 1993, p. 647.

[41] Muñoz Conde, Francisco, Teoría Jurídica del delito, Tirant lo Blanch, Valencia, 1989, p. 151.

[42] Cuerda citada por Vives. Vid., Vives Antón, Tomas, Comentario al Código Penal de 1995, Tirant lo Blanch, Valencia, 1996, p. 176.

[43] Varona Gómez, Daniel, El miedo insuperable y la ética…, cit., p. 59.

[44] Idem.

[45] Pérez González, Ernesto, Manual de Psiquiatría Forense, Ediciones ONBC, La Habana, 2005, p. 48.

[46] La incapacidad de autodeterminación, a la cual hace referencia el miedo insuperable, es aquella que está determinada por una simple afectación y no en la nulidad o ausencia absoluta de las capacidades mentales del sujeto.

[47] Se ha de entender por una persona que no se encuentra enferma mentalmente.

[48] El que se realiza sobre las características psicológicas del sujeto.

[49] Entendiéndose como la dificultad psicológica que posee la persona.

26 Comments

  • Gloria Torres dice:

    excelente aporte a la sociedad, un criterio de avanzada en materia del abordaje como descriptor es el inicio investigativo del miedo como elemento que nos lleva a reflexionar

  • Licda. Greiling Arlette Guerrero Ceballos dice:

    Cabe de destacar en esta exponencia es que La afectividad o emotividad es la facultad por la que el organismo logra impresionarse ante los estímulos del mundo exterior o reaccionar frente a ellos, según el sentido positivo o negativo que tengan para el sujeto. Es una disposición de discriminación defensiva que tiende a la seguridad del individuo, a la conservación de su integridad, por lo que constituye un mecanismo de vigilancia, un centinela que advierte sobre quién es el amigo o el enemigo, de ahí que es pues, la facultad de guardarse, de defenderse.

    Además la forma en que incide el miedo en la psique del sujeto, específicamente en su motivación, lo cual se sintetiza en varios aspectos:

    El miedo es un factor motivacional, bien que se le conciba como instinto, emoción, pulsión primaria o secundaria. Lo evidente desde el terreno experimental es que incide en el proceso de motivación de todo individuo.

    La conducta del individuo viene normalmente determinada, no falsamente determinada, por las situaciones de conflicto en las que se encuentran dos estímulos de signo contrario.

    El miedo se halla presente en multitud de situaciones, actúa como factor de signo negativo que o bien activa al sujeto a su evitación, huida, o bien supone el paso previo a la acción de evitación para suprimir tal estímulo, agresión.

    La resolución del conflicto motivacional en el que se encuentra el sujeto es el resultado de distintos factores: intensidad de los estímulos, factores de índole personal del sujeto, capacidad de aprendizaje, hábitos, habilidades, conocimiento y oportunidades.

    Por ende, cuando el miedo se halla presente en un conflicto motivacional son dichos factores, en su conjunto, los que determinarán la respuesta desarrollada por el sujeto.

    Si el miedo no está presente en la experiencia o situación concreta de un individuo, de la clase que sea aquél, puede decirse que no influye en el proceso motivacional o lo que es lo mismo, que suprimido el miedo, la respuesta del sujeto a su situación de conflicto será distinta de aquella observada cuando el miedo está presente como tal factor.

    El sujeto motivado posee capacidad de compresión, es decir, conoce y es consciente de lo que desea y finalmente decide hacer para alcanzar su meta. Razón por la cual, el individuo, a pesar de sentir miedo, es capaz, comprende lo que acontece a su alrededor y reacciona adoptando una decisión, en este caso, de huida, lo cual constituye el objetivo principal de su estado motivacional.

  • Oriana Mosquera dice:

    Interesante análisis sobre el “miedo insuperable” y lo que supone como eximente. Si bien es necesaria una evaluación de la personalidad de quien lo alega y corroborar datos por diversos medios.

    Oriana Mosquera
    psicomforense.com

  • Alma Delia Soto Acosta dice:

    Estoy de acuerdo con uno de los comentarios que el miedo solo es parte de un estado motivacional, y no signifca que se considera que es el que realiza la acción total, sino que se incluyen diversos factores que son parte, y si se habla de miedo insuperable, significa que es parte de un trastorno del pensamiento que se conjuga con trastornos de ansiedad o alguno similar, pero también nos percatamos que el miedo es aprendido y le damos el significado según nuestro contexto, por eso cuando se identifica que causa el miedo se trabaja con el reaprendizaje de los pensamientos así como los factores motivacionales.

  • Gloria Lucía García Alvarez dice:

    Cordial saludo. Comparto con ustedes sus planteamientos acerca del miedo. En particular la distinción entre el miedo y el terror me parece muy pertinente. Gracias por su aporte.

  • Dr. Carlos Ruiz dice:

    muy buen trabajo, ademas muy buenas las apreciaciones adicionales de los foristas, gracias por tan invaluable información.

  • Gloria Terrats Ruiz dice:

    Me ha parecido interesante la relación expuesta entre miedo y motivación
    Felicidades por la ponencia

  • pablo amezcua rios dice:

    Que interesante tema, sin duda muy importante conocer todo esto. Felicidades

  • Susana Inés Crotti dice:

    Es realmente un trabajo innovador ya que hace diferencia entre el miedo y el terror. Agradezco mucho su aporte.

  • Sergio García Jiménez dice:

    Felicidades por el tema, me hace pensar en lo que es miedo y lo que es terror y cómo el terror me hace pensar en el terrorismo. Me interesó mucho por la relación entre miedo y motivación.

  • Lesbia Gonzalez dice:

    Felicidades, escelente trabajo y aporte a nuestra profesion, Es muy importante el abordaje, antropologico de quienes, somos, porque lo somos, el desarrollo evolutivo del cerebro desde lo primitivo hasta la corteza superior nos abre un campo extrordibnario de trabajo pa. ra la comprension del ser humano y sus conductas y buscar soluciones a eventos que nos afectan. Gracias, Saludos

  • Ana Yajaira Bula Vasquez dice:

    Muy interesante, que bueno traer este tema a colación, pues es muy cierto que el miedo puede llevar a un individuo en muchas ocasione acometer actos que ni el mismo sabe que los podría realizar, es ese otro yo oculto que se apodera en un momento determinado de la persona, donde ella puede reaccionar de una forma negativa ante un estimulo que para él le produce miedo absoluto o terror, es así como la persona poseída por el miedo puede hacer cosas que no hubiese realizado si se encontrara en un situación normal.

    es importante destacar que muchas personas después de experimentar miedos profundos pueden desencadenar crisis escénica derivada del mismo miedo que se apodera de la persona ya sea por un evento real o imaginario.

  • Graciela Hernandez Alvarez dice:

    Gracias interesante tema

  • waldo Jara dice:

    Se dice que el Miedo……nos conduce a realizar conductas que ni uno mismo espera que sucedan….reaccionan de manera diferente, a veces paraliza..otros actuan con sobrevaloracion al estimulo que se les presenta………interesante ponencia que nos permite conocer sobre el tema.

  • ULISES ZEPEDA dice:

    EL TEMA ES MUY COMPLEJO Y A MI OPINION CREO QUE ES EL INICIO DE UN CAMINO QUE HAY QUE COMENZAR A CAMINAR PERO FELICIDADES AL PONENTE

  • Gabriela Arana dice:

    El miedo es una emoción primaria que sobreviene al sujeto ante una amenaza de un mal, influyendo sus motivaciones; es por eso que dentro del análisis psicológico de la persona este miedo puede encontrar salidas como problemáticas; es decir, encontrar un miedo insuperable y volverse una dificultad mayor.
    Asimismo es importante conocer el medio de desarrollo del miedo, es decir, el miedo en los menores de edad es muy diferente que en la adultez ya que en este se comprende un mayor fundamento de emociones y vivencias que se consideran como negativas lo que promueve el miedo con mayor facilidad. A partir de estos fundamentes se generaliza el miedo insuperable, es decir, este aparece con facilidad sin embargo no todas las personas comprenden esas causas ni comprenden la razón de la mayor afectación.
    Es a partir de estas conductas que en los adultos aparece con mayor agilidad el miedo insuperable, a pesar de ello en los menores de edad pueden aparecer pero en menor medida y con afectaciones diferentes.

  • Magdalena Chavez mariscal dice:

    Excelente la diferenciacion entre miedo y terror. Felicidades

  • Arturo Portillo Martínez dice:

    Ponentes, les agradezco su ponencia, soy un seguidor de la psicología forense ya que soy abogado litigante y me parece muy didáctica, informativa y de estudio el fondo de su ponencia, ya que estoy totalmente de acuerdo con su postura mil felicidades, gracias y mucho éxito.

  • Susana Crotti dice:

    Es realmente un trabajo innovador ya que hace diferencia entre el miedo y el terror. Agradezco mucho su aporte.

  • Carolina dice:

    Excelente ponencia gracias por los aportes! Felicitaciones y Gracias

  • Mertín Gilberto Covarrubias González dice:

    Excelente estudio sobre todo porque el factor miedo como eximíente de responsabilidad debería profundizarse para los casos de legítima defensa aún cuando la conducta sobrepase lo que se estima como el repeler la conducta típica. Felicidades.

  • JUAN PABLO ANGULO MARTINEZ dice:

    ME ATREVO A AFIRMAR QUE POR LO MENOS UNA VEZ EN LA VIDA TODOS HEMOS SENTIDO MIEDO, SENSACION NADA GRATA.
    PERO TAMBIEN HEM OS APRENDIDO A CONTROLARLO.

    SIN EMBARGO, SOMOS HUMANOS, DIVERSOS, FRAGILES Y SI NO AFRONTAS LAS REALIDADES QUE OCASIONAN ESTA EMOCION PUES SEGURAMENTE DESARROLLARAS ALGUNOS TRANSTORNOS.

    TODOS TENEMOS LAS FORTALEZAS NECESARIAS PARA CALMAR EL MIEDO, BASTA TAN SOLO QUE DECIDAMOS HECHAR MANO DE ELLAS.

  • Feliciano Jojoa H dice:

    Excelente exposición análisis y conclusiones, me ha sido de gran ayuda- Felicitaciones

    Feliciano jojoa Hidalgo

  • Silvia Fernandez Vasquez dice:

    Eximente frente al miedo insuperable, muy importante que puede proteger a aquellos individuos que pueden cometer algún acto en contra de su voluntad en este caso frente al miedo insuperable…

  • Amparo Caballeroborja dice:

    Yoruanys y Mailin:
    el miedo es la emoción detrás de muchos delitos, pero no en todos conduce a la inimputabilidad. Es importante entonces hablar del miedo. Gracias por su aportación.

  • Jessica García dice:

    Excelente trabajo!! Me gusta la diferente que describes entre el miedo y el terror identificando la existencia de diferentes fases para llegar a estos pues la diferencia radica en eso, conocer que conductas determina a cada uno; Gracias por la información!

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