EVALUACIÓN DEL RIESGO DE VIOLENCIA SEXUAL. ANÁLISIS DE LA REINCIDENCIA ESPECÍFICA

JUAN  PIGLIACAMPO

RESUMEN:

La predicción del riesgo de violencia sexual es útil bajo la implementación de un juicio profesional estructurado. El presente artículo destaca la aplicación de la Guía para la Valoración del Riesgo de Violencia Sexual -SVR-20; en un caso de reincidencia sexual en el Complejo Carcelario  Nº1 Rvdo. Padre Luchesse, Módulo Modulo 2-Condenados-.

Con su valoración actual se intenta un análisis de aquellos factores relacionados a la reincidencia de la conducta criterio y se esbozan aquellos que hoy resultan protectores para el Sujeto.

Por último, la violencia en general resulta una problemática de especial consideración social, es foco de interés de los medios de comunicación y debe ser objeto de intervención de los poderes públicos del Estado. En el presente trabajo se expresa la intención de seguir aportando al debate académico y profesional sobre la importancia de profundizar en el estudio y aplicación de estas Guías para  el abordaje de la violencia sexual y de la violencia en general.

PALABRAS CLAVE: Reincidencia Sexual, Valoración de Riesgo, Predicción.

INTRODUCCION:

El abordaje de la violencia se propone como un fenómeno que va más allá de un  problema   de   naturaleza  moral,   ético   o   jurídico,  por   lo   que   debe   ampliarse  la perspectiva para que su tratamiento sea exitoso. Para ello ha de producirse un  cambio   de   enfoque,   desde  el  jurídico/penal   a   la   consideración   de   la   salud   /bienestar,   lo   que   a   su   vez   implica pasar de una política del castigo/corrección a la prevención/predicción (Pueyo, 2007).

La valoración del riesgo de violencia propone un cambio de paradigma. La valoración del riesgo es un proceso de identificación y estudio de factores con el objetivo de reducir la probabilidad de su ocurrencia. (Bernstein, 1996; Menzies, Webster y Hart, 1995).

El riesgo de violencia debe ser considerado como una variable continua, cambiante y específica. Permite tomar decisiones graduadas de pronóstico futuro de violencia de acuerdo a la magnitud del riesgo. De esta manera la valoración del riesgo amplía las posibilidades de intervención, porque permite ajustar los procedimientos de control y minimización del riesgo, a los niveles individuales y contextuales del mismo.

Por evaluación de riesgo entendemos el proceso por el cual  los agresores son evaluados considerando las variables empíricamente validadas y reconocidas en la literatura por su importancia en el aumento de la probabilidad de una conducta violenta. Estos factores se subdividen en estáticos y dinámicos, según sean o no modificables en el curso de la vida del agresor. Algunos de estos factores pueden resultar comunes a diversos tipos de violencia y otros específicos (Garrido, Stangeland y Redondo, 2006). Entre los estáticos se cuenta: la edad de inicio en el delito, historia de condenas anteriores, género y tipo de víctima. Por otro lado, entre los factores dinámicos se encuentran: situación económica, estado civil, actitud favorable al delito, distorsiones cognitivas, condición familiar, abuso de drogas, empleo.

Tanto los científicos como los profesionales de la salud que se interesan por la problemática de la violencia tienden a definir la valoración del riesgo como un proceso de evaluación cuyo fin se propone: -caracterizar el riesgo de realizar actos violentos en el futuro y -elaborar  intervenciones para controlar o reducir dicho riesgo-. (Monahan, 1981/1995; Monahan y Steadman, 1994).

La toma de decisiones, en la valoración del riesgo, se ha orientado según dos tradiciones (Menziel et al., 1995; Monahan, 1981/1995):

  • Juicio Clínico no estructurado -también llamado profesional- (Meehl, 1954/1996). No pone límites ni restricciones a como los evaluadores realizan juicios valorativos a partir de la información que disponen. Se lo describe como informal, subjetivo e intuitivo.
  • Valoración actuarial del riesgo (Meehl, 1954/1996). En base a la información disponible, los evaluadores realizan un juicio y toman una decisión última siguiendo unas reglas fijas y explícitas. Recogida e inclusión de datos empíricamente verificados.

La existencia de Guías para la valoración de riesgo, responde a un tercer Juicio o modalidad en la toma de decisiones, el denominado Juicio Profesional Estructurado. Consiste en realizar evaluaciones de riesgo llevadas a cabo de acuerdo a ciertas directrices explícitas descriptas en investigaciones científicas contrastadas y publicadas.

Entre las guías de valoración de riesgo, existen algunas más genéricas, orientada a la valoración de violencia física grave en pacientes psiquiátricos y presos, como la HCR-20 (Webster et al. 1997) y la PCL-R (Hare, R 1991). Mientras que dentro de los procedimientos más específicos se encuentra la Guía para la Valoración del Riesgo de Violencia Sexual (SVR-20).

Este último instrumento, SVR-20, es una sistematización de factores ampliamente estudiados, fáciles de comprender, acordes a los derechos constitucionales, que resulta de utilidad práctica y tiene validez, debido a que su diseño se basa en investigaciones empíricas y publicaciones científicas sobre la población de agresores sexuales. Martinez, Hilterman y Pueyo (2005), pertenecientes al Grupo de estudios avanzados en violencia-GEAV- fueron quienes tradujeron y adaptaron la SVR-20 al contexto español y latino.  No es un test ni es un cuestionario psicológico, se trata de un protocolo para la evaluación del riesgo de violencia sexual de delincuentes adultos a partir de 20 ítems, relativos a factores de riesgo tanto estáticos como dinámicos. Los factores de riesgo contemplados en la SVR-20 están relacionados con el riesgo de violencia futura en individuos que ya han cometido un delito o agresión sexual. No se puede utilizar para valorar el riesgo de conductas criminales no-violentas, violencia no-sexual, ni otras formas específicas de violencia como, por ejemplo, la violencia en la pareja.

Se identificó una lista extensa de factores, para luego dar paso a la reducción sobre aquellos que se repetían, conformándose en un único factor genérico distintos factores relacionados entre sí y que eran bastante específicos. Se obtuvieron entonces tres grandes secciones para incluir estos factores: 1) Funcionamiento Psicosocial, 2) Agresión Sexual y 3) Planes de Futuro. 1)

DESCRIPCION:

El caso sobre el cual se ha aplicado el protocolo o Guía de Valoración de Riego de Violencia Sexual -SVR-20- corresponde al grupo de internos condenados por Delitos contra la Integridad Sexual alojado en el Módulo Modulo 2 del Complejo Carcelario Nº1, Rvdo. Padre Luchesse, Córdoba Capital. En el marco del Programa de Tratamiento para internos condenados por delitos contra la integridad sexual, en su etapa de evaluación, el interno formó parte de una investigación (Yesurón, M, 2015) cuyo objetivo general consistió en describir las características de personalidad y psicopatológicas de los condenados por delitos contra la integridad sexual y otorgar elementos diagnósticos para el trazado de acciones de tratamiento específicas a esta población.

La elección de este caso radica en la consideración de una de las variables por la bibliografía en agresores sexuales analizada: la reincidencia en este tipo de delitos; variable que, mediante la Guía aplicada, se intenta ponderar tratando de pesquisar posibles factores de riesgo, presentes y asociados a la conducta problema.

Como se señalara, la SVR-20 está construida sobre una lista extensa de factores, para luego dar paso a la reducción sobre aquellos que se repetían, conformándose en un único factor genérico distintos factores relacionados entre sí conformándose tres grandes secciones.

 En la sección funcionamiento Psicosocial, algunos de los factores señalados son de naturaleza biográfica, reflejando características fijas o relativamente estables, mientras que otros se refieren al funcionamiento psicosocial actual y anterior del individuo.

Dentro de este factor, dos reflejan el funcionamiento psicosexual del individuo: la desviación sexual y haber sido víctima de abuso en la infancia. Este último factor señala la importancia que el individuo haya sido víctima tanto de abuso físico grave como de negligencia en su infancia- y no necesariamente víctima de abuso sexual-  es un predictor de conductas violentas, sexuales y no sexuales, en la edad adulta.

Cuatro factores se han identificado con el funcionamiento psicológico del individuo: Psicopatía- evaluada mediante la PCL-R (Hare 1991), el trastorno mental grave, los problemas relacionados con el abuso de sustancias tóxicas y la presencia de ideación suicida/homicida. Respecto a la relación entre ciertas formas o síntomas de trastorno mental y la conducta violenta se cuenta con un amplio cuerpo de conocimientos científico que la justifica. (Monahan y Steadman, 1994). Los trastornos mentales graves – indicado por la presencia de psicosis, manía, el retraso mental o discapacidad neuropsicológica grave- están relacionados con el incremento tanto de la criminalidad como de la violencia; incluso podría haber una relación particularmente intensa entre violencia y Psicosis o la manía (Douglas y Hart, 1996; McNeil y Binder, 1994).

Hanson y Brussière, (1996) señalan que la psicosis y los déficits intelectuales también son factores de riesgo de la violencia sexual.

Respecto al funcionamiento en importantes actividades sociales, dos factores reflejan el fracaso del mismo: Las relaciones inestables de pareja y Los problemas en el empleo.

Por último, tres son los factores que reflejan la predisposición del individuo hacia comportamientos antisociales en general – y que también son predictores de la violencia sexual-: antecedentes de delitos violentos no-sexuales, Antecedentes de delitos no-violentos y el incumplimiento de medidas de supervisión previas.

La sección Agresiones Sexuales está formada por siete ítems relacionados con la violencia sexual previa. Hacen referencia a los antecedentes sexuales de los sujetos. Los ítems son principalmente de tipo biográfico y de naturaleza histórica, aunque algunos incluyen aspectos dinámicos. El ítem delitos sexuales graves, se refiere a la frecuencia de los delitos previos, el número de delitos sexuales cometidos en el pasado es uno de los factores relacionados de manera más fiable con la reincidencia de violencia sexual tanto en los internos penitenciarios como en  los pacientes forenses. (Hanson, 1997; Hanson y Brussière, 1996; Quinsey, Lalumière, Rice y Harris, 1995). El factor tipología múltiple de delitos sexuales refleja el grado en que un agresor ha atacado a diferentes categorías de víctimas (hombre vs mujer, pre-post púberes, miembros de la familia vs desconocidos) y ha cometido agresiones sexuales variadas (coerción física vs manipulación psicológica, contacto físico vs exhibicionismo). La gravedad del daño físico o psicológico infligido a la víctima de las agresiones sexuales anteriores se ve reflejado por los ítems daño físico hacia la(s) victima(s) de la agresión sexual, el uso de armas o amenazas en el curso de la agresión sexual y la progresión en la frecuencia o gravedad de las agresiones sexuales.

Dos aspectos psicológicos de la violencia sexual son abarcados por los últimos dos factores, por un lado la minimización extrema o negación de los delitos sexuales y las actitudes que apoyan o consienten los delitos sexuales.

Los ítems de la sección Planes Futuros se valoran en base a los proyectos de futuro del individuo. El primero, La ausencia de planes a futuro viables, se refiere a la tendencia a hacer planes poco realistas o evitar hacer planes de futuro. El segundo, La actitud negativa hacia la intervención concierne el grado en que el individuo se resiste, es pesimista o no coopera con los programas de la evaluación, intervención y supervisión.

Con Hanson y Busière (1998) encontramos que en cada caso, el riesgo de reincidencia y la posibilidad de tratamiento, van a depender de la tipología del agresor de que se trate y específicamente de los factores de riesgo que confluyan en cada sujeto. La investigación más moderna en Psicología Criminal ha puesto el acento sobre la existencia de factores de riesgo-aumentan el riesgo- y de factores de protección o resistentes -protegen al individuo disminuyendo el riesgo de la conducta delictiva (entre ellos el hecho de ser hijo primogénito, ser una persona afectuosa, poseer alta autoestima y autocontrol, haber tenido cuidados alternativos a los paternos en caso de riesgo familiar y haber tenido modelos de apoyo del mismo sexo) (Smith, Fisher y Jarjoura, 1991). A su vez, unos y otros factores se han clasificado en estáticos -o inmodificables- y dinámicos -o modificables mediante intervenciones- (Andrews y Bonta, 2006). Los factores de riesgo estáticos suelen ser los inherentes al sujeto o su pasado, y por eso de difícil o imposible alteración, mientras que los factores de riesgo dinámicos consisten en hábitos, valores, cogniciones, bajo estatus académico y social, bajo autocontrol, conflictos interpersonales,  pueden modificarse en cierto grado mediante intervenciones oportunas.

La relación entre el número de factores de riesgo presentes y el riesgo de violencia  es probablemente y específicamente no-lineal; el riesgo depende probablemente, no sólo del número sino también de la combinación específica de los factores de riesgo presentes. (Andrés-Pueyo y Ed. Hilterman. UB-Grupo de Estudios avanzados en violencia. SVR-20, Manual de Valoración del riesgo de violencia sexual. Versión española. Mayo 2005: 42).

La aplicación  de la Guía específica en valoración de riesgo de violencia sexual fue acompañada por otro instrumento auto-descriptivo: El Manual Multifásico de la Personalidad –MMPI-2-.

Este inventario resulta una prueba útil para informar sobre enfermedad mental, anomalía psíquica o cualquier otro tipo de trastorno psicopatológico, como así también de características de personalidad y funcionamiento psíquico del individuo. Está compuesto por 3 escalas de validez, 8 escalas clínicas básicas, las escalas de masculinidad-femineidad e introversión social y las escalas de contenido y suplementarias que brindan datos sobre áreas problemáticas predominantes sobre la persona. (Nichols, D, 2002).

Contexto:

Se trata de un Sujeto de 54 años de edad al momento de su participación en la invetigacion, oriundo de la provincia de Tucumán quien se encuentra detenido desde el mes de Julio de 2003 sentenciado a la pena de prisión efectiva de 14 años, condenado por un delito de Abuso sexual siendo la víctima su hija menor de edad por entonces.

Cuenta con declaración de Reincidencia, reiterante específico, tratándose de un delito tipificado en Violación Calificada, siendo víctima de este hecho la hija de su pareja (menor de edad al momento de la comisión del hecho). Fue condenado a la pena de 8 años de prisión, otorgándose una reducción de condena a 6 años, 9 meses y 18 días por decreto Provincial 1287/90. Obtiene la Libertad Condicional el día 25 de Agosto de 1991.

En el año 1995 comienza el despliegue de nuevas conductas delictivas sexuales, siendo denunciado y captado por el sistema de control formal tras casi 12 años en libertad (Nueva detención el 22 de Julio de 2003).

De quien tratamos, se encuentra en la cuarta fase- denominada Confianza- desde el mes de Noviembre de 2011, siendo ésta la máxima ha alcanzar en la escala de autodisciplina en un Establecimiento Cerrado. No ha tenido faltas disciplinarias y cuenta con actividad laboral, completando el nivel medio de educación (Secundario) en esta prisionalizacion, teniendo buen concepto por partes de ambas áreas. (Ley de Ejecución de la Pena Privativa de la Libertad, 1996).

Proviene de un grupo de origen urbano y nivel socio-económico bajo, conformado por la pareja parental y cinco hijos, siendo este Sujeto el último en el orden de nacimientos.

Ante el fallecimiento de su madre – a sus 2 años de vida-, se produce la desintegración del grupo, quedando los dos hermanos mayores con su padre. Los otros dos al cuidado de una familia, siendo entregado a una mujer conocida por terceros de su padre. Inicia la residencia junto a ella en zona rural de otra provincia. En aquella época, cursa su escolaridad primaria hasta quinto grado, abandonándola e incursionando en la actividad laboral informal y rural, destacando la imposición de su cuidadora para el desempeño en tareas no acordes a su etapa del desarrollo, como estrategia de sobre-vivencia cotidiana asumiendo un rol fundamental como proveedor material.

Durante su adolescencia y tras el fallecimiento de la figura de crianza, reanuda el contacto con sus hermanos y padre, alternando su lugar de residencia. Se ha desempeñado laboralmente en otras actividades: albañilería, empleado de comercio, mozo y portero (último trabajo antes de su detención).

Conforma pareja a sus 20 años de edad, con mujer mayor en 10 años. Luego de tres años y tras el nacimiento de una hija se da la ruptura del vínculo. Conforma nueva pareja, a sus 25 años, figura con quien tendría tres hijos, grupo al cual se suma una hija de la pareja quien resulta víctima de la conducta delictiva por la cual cursa su primer condena. -Información colateral: Carpeta de área de Psicología-.

En la particularidad de este caso es posible pensar, cómo las pérdidas señaladas y sus consecuencias, han incidido en el establecimiento de identificaciones y posteriormente en la configuración de relaciones interpersonales. Al respecto, en Informe Criminológico Inicial (Carpeta de área Psicología, 17 de Noviembre de 2004) se destaca de su historia vital “la ausencia de identificaciones poco sólidas y figuras adultas continentes, en particular de la figura paterna, serían estos los factores que habrían dado lugar a la aparición de vivencias de odio y resentimiento, advirtiéndose serias dificultades a nivel de la identidad, lo cual habría repercutido de manera desfavorable en el establecimiento de sus posteriores relaciones interpersonales.”

A nivel de diagnóstico psicopatológico: no hay un diagnóstico establecido. Diferentes informes obrantes en legajo de área consignan al respecto de: “núcleos confusionales y escindidos, siendo estos los que distorsionan en determinadas situaciones la realidad; escasos controles yoicos. Componentes de personalidad esquizoides y disociados. Sensiblemente despersonalizado y escindido. Yo rígido y poco flexible, observándose fallas y limitaciones al momento de tramitar la pulsión y los derivados impulsivos.”  -Carpeta de área de Psicología, informes concernientes a la actualización de su tratamiento penitenciario-.

No presenta antecedentes de delitos no-violentos ni violentos no-sexuales; presenta un antecedente en delitos contra la integridad sexual. Registra antecedente en el consumo de sustancias tóxicas (cocaína y alcohol) –previo a su detención, constatándose una relación abusiva con el consumo “depositando en este vector aspectos rechazados de sí mismo.” – Informes psicológicos, carpeta de área-.

En otro informe psicológico se establece que las características de personalidad -que incluyen componentes esquizoides, disociados y escindidos-son aspectos que limitan el abordaje terapéutico; y en alguno de ellos se destaca la importancia del apego religioso y la participación en programas del tratamiento como organizadores de su cotidianeidad, oficiando a su vez de sostén y reguladores de los aspectos de sí mas desorganizados.

Los resultados de las escalas clínicas o básicas del MMPI-2, arrojan un perfil de 4-360. Apuntalado en la primer escala, con valores similares en las siguientes permitiendo una combinación de las mismas.

De su análisis encontramos: inestabilidad emocional, juicio pobre y carencias de significación y satisfacción con la vida, pudiendo asociarse a un estado de disforia. Dependiente de las relaciones intimas estables, aunque pudiendo tornarse exigente y desconfiado, suspicaz y con excesiva sensibilidad (Nichols, D, 2002:312). De las posibles combinaciones entre las escalas: Sujetos con controles emocionales frágiles y quebradizos, con inestabilidad emocional, inmadurez emocional y egocentrismo. Se encuentra en un conflicto permanente con la dependencia y el auto-control, con temor a recibir el rechazo de los demás incluso buscando su atención pero sintiéndose frustrado, irritable y hostil repentinamente, cuando esta le es rehusada. Los problemas en las relaciones con otros suelen estar derivados de sus conflictos psicológicos (Gómez Maqueo y León Guzmán, 2003:180) y suelen coexistir problemas con el consumo de sustancias –alcohol, drogas- (Nuñez, R, 1994: 129).

De la aplicación del protocolo para la Valoración del Riesgo de Violencia Sexual (SVR-20) encontramos con contundente presencia los siguientes factores:

Víctima de abuso en la infancia (abuso físico). Problemas relacionados con el consumo de sustancias tóxicas. Problemas interpersonales. Se deja planteada aquí la incógnita (?) sobre Trastorno Mental Grave, todas ellas concernientes a la Sección Funcionamiento Psicosocial.

Correspondientes a la Sección Agresiones Sexuales, encontramos presentes de manera contundente: Frecuencia elevada de delitos sexuales (cuenta con una condena previa por delito contra la integridad sexual) y Progresión en la frecuencia y gravedad del delito sexual, aplicable aquí solo a la Progresión en el delito. (Once hechos). Al momento de la aplicación de esta Guía, también se encontró un factor concerniente a la Sección Planes Futuros: Falta de planes realistas, factor que a la fecha ha sido revertido.

Discusión:

Tal como lo señala la bibliografía científica,  (Hanson y Busière, 1998) en cada caso, el riesgo de reincidencia y la posibilidad de tratamiento van a depender de la tipología del agresor de que se trate y específicamente de los factores de riesgo que confluyan en cada sujeto.

En el caso analizado encontramos la ausencia de los siguientes factores protectores: falta de cuidados alternativos a los paternos y de modelos de apoyo del mismo sexo, antecedentes de dificultades en el auto-control y posible baja autoestima devenida de falta de desarrollo de habilidades sociales generales e interpersonales (Smith, Fisher y Jarjoura, 1991).

Al respecto, si bien no puede determinarse al momento de la aplicación de la guía y Manual la existencia de Psicopatología aguda, si se han encontrado características compatibles con conflictiva psicológica de orden emocional que incide en las relaciones interpersonales, dotándolas de suspicacia, inmadurez, exigencia, desconfianza y sensibilidad, pudiendo repentinamente tornarse frustrado, irritable y hostil. Ello en un contexto subjetivo caracterizado por la inestabilidad emocional, pobreza de juicio, carencias de significación y satisfacción por la vida, con conflicto con la dependencia y el auto-control, en co-existencia con el consumo de sustancias (alcohol y droga).

Con significativa fortaleza, encontramos la combinación de los factores analizados en complementariedad con los puntuados afirmativamente mediante la aplicación de la Guía para la Valoración del Riesgo de Violencia Sexual (SVR-20): Victima de abuso en la infancia (abuso físico). Problemas relacionados con el consumo de sustancias tóxicas. Problemas interpersonales. Se deja planteada aquí la incógnita (?) sobre Trastorno Mental Grave, pues no se tienen elementos categóricos para puntuar contundentemente su presencia (se recuerda aquí su valoración como características de personalidad), todas ellas concernientes a la Sección Funcionamiento Psicosocial.

Correspondientes a la Sección Agresiones Sexuales, encontramos presentes de manera contundente: Frecuencia elevada de delitos sexuales (cuenta con una condena previa por delito contra la integridad sexual) y Progresión en la frecuencia y gravedad del delito sexual, aplicable aquí solo a la Progresión en el delito. (Once hechos). Al momento de la aplicación de esta Guía, también se encontró un factor concerniente a la Sección Planes Futuros: Falta de planes realistas, factor que a la fecha ha sido revertido.

Para el caso analizado hemos encontrado una significativa combinación entre factores personales como: no haber tenido cuidados alternativos a los paternos en caso de riesgo familiar y no haber tenido modelos de apoyo del mismo sexo, poseer –antes de su detención- baja autoestima y haber sido víctima de abusos físicos. (Smith, Fisher y Jarjoura, 1991) con  la contundencia positiva de los encontrados en la Guía (SVR-20).

En su actual prisionalizacion ha logrado disminuir la falta de cuidados alternativos y su incidencia en su auto-estima mediante su incorporación al espacio religioso (estudio y práctica de la palabra) encontrando un sector de circulación, pertenencia y referencia, obteniendo una nominación personal y un lazo no-persecutorio con el otro.

Ha establecido una modificación de su conducta, la cual ha permanecido estable desde su reingreso penal, logrando visibilizar los comportamientos violentos producidos.

Hace 13 años que se mantiene abstinente de sustancias tóxicas, factor que como se señalara, aparece asociado a la falta de auto-control (previa a su detención) y la escalada en la progresión en el delito.

Se encuentra sin relación con aquel contexto en el cual se produjo el primer hecho y la reincidencia específica. Oficiando el Movimiento Misionero como operador favorable a planes a futuro (vivienda y trabajo). Culminando sus estudios de nivel secundario.

La hipótesis que nos asiste respecto a la combinación de factores personales con específicos en reincidencia sexual, encuentra en este momento al Sujeto bajo la operación de varios factores resistentes o protectores a la emergencia de nuevas conductas de violencia sexual, entre ellos, la persistencia en su pertenencia al espacio religioso, el cual no solo incide favorablemente a nivel emocional, sino que otorga proyectos a futuro, en materia de trabajo y convivencia. La extensión de la institucionalización ha encontrado en este Sujeto la modificación de aquellos factores puntuados como favorables a la reiteración de la conducta violenta, asentándose directamente sobre el conflicto emocional.

Esto también nos permite concluir que la identificación y valoración de los factores mencionados, conforma acciones de gestión sobre los mismos, re-evaluando la mantención, disminución o ausencia de aquellos que hoy se han puntuado resistentes a la reiteración del comportamiento violento.

BIBLIOGRAFÍA

-Andrews, D.A. y Bonta, J. (1994-2006). The psychology of criminal conduct. Citado en La Piscología del delincuente. Redondo, S y Pueyo, A (2007). Papeles del Psicólogo, Vol 28 (3). Recuperado 26 de Mayo 2016 en www.cop.es/papeles.

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– Smith, Fisher y Jarjoura, 1991. El Riesgo de Reincidencia en agresores sexuales: Investigación básica y valoración mediante el SVR-20. Redondo Illescas, S, Perez, M y Martínez, M. Papeles del Psicólogo 2007. Vol. 28 (3):187-195. En www.cop.es/papeles. recuperado el 26 de Mayo de 2016.

-Yesurón, M. R. (2015).  Perfil psicopatológico de delincuentes sexuales. En: www.revistas.unc.ar/index.php/aifp/article/view/13178.

11 Comments

  • Jaime Alberto Echeverri Vera dice:

    Excelente trabajo! Gracias por compartirlo
    Felicitaciones!!

  • Dr. Carlos Ruiz dice:

    Muy bue e interesante trabajo, gracias…

  • María Gregoria Ramos García dice:

    Muchas gracias por su ponencia.

  • Edgar Juan Quiroz Sanchez dice:

    Importante el aporte, va ser interesante aplicarlo a nuestros contextos.

  • Gloria Lucía García Alvarez dice:

    Este análisis centrado en el riesgos de la reincidencia de las conductas de violencia sexual ilustra de una manera muy pertinente una problemática muy frecuente en nuestro medio. Parece que el castigo no es un elemento disuasor suficiente frente a los impulsos que vive un agresor. Muy interesante. Gracias

    • juan pigliacampo dice:

      Exactamente Gloria, trascender la mirada punitiva y con ella la etiqueta peligrosista, puede permitir una análisis del comportamiento violento de la mano los aportes de la gestión del riesgo. Bibliografía que hace mas de treinta años tiene vigencia internacional. Un afectuoso saludo

  • Carolina dice:

    Excelente trabajo! Gracias por compartirlo

  • juan pigliacampo dice:

    Muchas Gracias a todos por sus comentarios. Este Congreso al igual que los anteriores nos permite compartir, dar a conocer y debatir sobre nuestro trabajo cotidiano. Acercarnos a la realidad de cada colega latinoamericano, entendiendo que las experiencias deben ser socializadas cada vez que existen posibilidades como la que nos ofrece este digno evento. Un gran saludo

  • Cleta Antonia Torres Pérez dice:

    Todas las ponencias de este Congreso son excelentes, esta en particular, nos permite analizar y reflexionar sobre el valor que tiene un trabajo especializado y serio en toda la extensión de la palabra respecto al tratamiento rehabilitatorio dentro del sistema penitenciario.

  • Edgar Niño dice:

    Gracias por el aporte en este riesgo para la sociedad que cada dia hay que minimizarlo y combatirlo

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