DE VÍCTIMAS Y OLVIDO; ATENTOS A LA ATENCIÓN

GUILLERMO STAADEN MEJÍA

Parto de varias nociones para desarrollar esta reflexión; la primera se relaciona con el estatus de víctima; acudo al discurso del derecho colombiano, que en la ley 1448 de 2011 (conocida como Ley de Víctimas y Restitución de Tierras) las define como las “personas que individual o colectivamente hayan sufrido un daño por hechos ocurridos … como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario o de violaciones graves y manifiestas a las normas internacionales de Derechos Humanos, ocurridas con ocasión del conflicto armado interno”; agrega la citada ley, que “También son víctimas el cónyuge, compañero o compañera permanente, parejas del mismo sexo y familiar en primer grado de consanguinidad, primero civil de la víctima directa, cuando a esta se le hubiere dado muerte o estuviere desaparecida. A falta de estas, lo serán los que se encuentren en el segundo grado de consanguinidad ascendente. De la misma forma, se consideran víctimas las personas que hayan sufrido un daño al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización”[1].

Sin detenerme en los planteamientos expuestos en el artículo 3 de la ley 1448, queda claro que se es víctima por sufrir el menoscabo por un delito asociado al DIH, lo son igual el núcleo familiar y la descendencia y ascendencia, a la par lo son las personas que asistan o intervengan para evitar la victimización.

Segundo elemento, sobre olvido: Lo que irrumpe, lo monótono que irrumpe, aparece, se introduce en el pensamiento, la imagen que destila un evidente sufrir… perfil reiterado de los nombrados flashback, propios del Trastorno por estrés postraumático.

Plantearse el olvido como imperativo social –perdón y olvido- es ir contracara de lo más propio y recóndito de lo humano; lo cierto del olvido, su certidumbre, es que retorna, allí donde no se espera o no se desea encontrar, aún en lo más familiar, lo ominoso como registraba Freud, para reconocer, que la vivencia angustiante está de alguna manera ligada a un antiguo y familiar suceso o representación que ha quedado desligado de la conciencia por efectos de una fuerza que lo desmintió.

Lo familiar y su opuesto lo extraño, reaparece en el vivenciar traumático, que ha sido emplazado como olvido por la moral social moderna: “pues esto ominoso no es efectivamente algo nuevo o ajeno, sino algo familiar de antiguo a la vida anímica, sólo enajenado de ella por el proceso de la represión”[2]  anota Freud. He allí la cuestión de recapacitar sobre el olvido como ejercicio de salud mental de una víctima;

Introduzco a propósito el concepto de “vivenciar traumático”, para dar cuenta de la diferencia que se debe contemplar al momento de entender lo que sucede en la persona víctima…  la vivencia traumática difiere de la experiencia traumática;  la segunda, la experiencia son los momentos facticos, devenidos en el transcurso de la vida de un individuo, vida cotidiana; mientras que el vivenciar traumático corresponde a los “procesos psíquicos de desarticulación entre el afecto y la representación… paradójicamente, este vivenciar establece una cierta incapacidad para procesar el evento, en tanto se articula con algo que le es extraño pero profundamente familiar para el sujeto, “La vivencia de no vivencia”[3] como propone M. Benyakar[i].

Lo traumático entonces, no corresponde a una situación fáctica específica, un acto violento de cualquier tipo,  sino, tal como lo propuso Freud, es necesario dos momentos para la operatoria de lo traumático en el psiquismo: el trauma se constituye en la temporalidad del après-coup, término para designar una lógica de lo aposteriori o del efecto con retroacción; en dicha lógica, un contenido psíquico, previo al acontecimiento actual que aparece como eficiente, se encadena para constituir la vivencia traumática; dicho contenido primero, tiene como característica, ser de un orden “desconocido”, lo no sabido, inconsciente empleando el termino preciso, pero eficaz al momento de generar sus efectos.

Tal contenido se soporta en una expresión freudiana, que requiere contextualizarse: la realidad psíquica, que difiere de los contenidos psíquicos relacionados con la memoria estudiada por la psicología o las neurociencias; en la Carta 52 (1896 Freud – Fliess), Freud propone un modelo de acontecer psíquico que presenta en tres tiempos, para explicar la diferencia en la apropiación del contenido psíquico; en un primer momento, la percepción ingresa al psiquismo, pero su contenido como experiencia psíquica es incapaz de llegar a ser consciente, se ordenan por simultaneidad; la segunda escritura, que corresponde a lo inconsciente, la percepción se “ordena según otras relaciones [asociaciones], tal vez causales. Las huellas-Ic corresponderían quizá a recuerdos de conceptos, y serían también inaccesibles como tales a la consciencia”[4]. El tercer registro, correspondiente a una reescritura, se “liga a representaciones de palabra, y se corresponde con nuestro Yo … Desde este Preconsciente las investiduras devienen conscientes de acuerdo con ciertas reglas, y precisamente esta consciencia-pensar secundaria es de efecto retroactivo en el orden del tiempo, probablemente anudada a la reanimación alucinatoria de representaciones de palabra…”[5]

La hipótesis soporta entonces, que la experiencia sensible actual, se calibra a partir de contenidos psíquicos previos, de cariz inconsciente; la triple constitución de la actividad psíquica, que toma en consideración las experiencias/percepción desde los inicios de la infancia, dando cuenta de representaciones que asumen calidad inconscientes y otras que acceden a la conciencia mediada la transducción y asociación con las primeras, ponen el énfasis del núcleo traumático en el sujeto y no en el exterior;  lo factico externo sirve de referencia, que tendrá cualidad traumática a partir de los enlaces de lo que constituye la historia psíquica previa de cada sujeto.

La interpolación del pasado, no como sucesos reales, sino a modo de constitución psíquica, comporta a Freud postular el concepto de fantasía o fantasma psíquico, elemento mediador de la vida psíquica. Así entonces, la realidad exterior será traducida a partir de los fantasmas propios; he aquí uno de los componentes que el psicoanálisis postula para la clínica del UNO a UNO. La historia del fantasma y sus vicisitudes en la vida diaria tiene una condición singular.

La singularidad no debe entenderse como la sobredeterminación que antecede a cualquier acto humano; bien recuerda Jorge Alemán[ii], parafraseando a Lacan, que “el hecho de que un sujeto esté determinado estructuralmente por aquello que lo antecede, jamás borra el momento de su decisión…” lo psíquico previo, cualidad identificada en los postulados freudianos, establece una cierta estructura subjetiva, la cual aunque soporta al sujeto, se encuentra en abertura frente a la dislocación que se opera en lo real del mundo circundante; en tal sentido, Alemán señala que “el sujeto es alcanzado por una decisión que… no podemos confundir nunca con un acto deliberativo de la voluntad… Es una decisión que lo captura y lo constituye.”[6]

Llamo la atención, que la experiencia psíquica siempre es en relación a otro; lo percibido, por cualesquiera de los canales sensitivos, establece una relación del adentro con un afuera que debe tornarse experiencia psíquica, ligada o no a una traducción. Entonces, un evento exterior puede hacer las veces de espejo que impulsa lo primitivo, aflorando en forma de síntomas, irrupciones en el cuerpo, angustia, y demás.

Adquiere fuerza el concepto de representación: ¿que representa para un sujeto una percepción cualquiera?, ¿lo percibido reproduce imagen homogéneas entre el público espectador?, ¿es preciso estar presente para sufrir el avatar de una experiencia denominada como traumática?.

Corinne Enaudeau[iii]  en su texto La paradoja de la representación indica, “Sin la imaginación, proveedora de signos, no habría realidad que valga, las cosas no tendrían precio, no habría nada en que investir el deseo”[7]; modulo el vocablo imaginación como un producto del proceso de lo inconsciente bajo los términos freudianos, en la triple estratificación de los fenómenos psíquicos; lo imaginario encubre el fantasma, la realidad psíquica que permite construir de la realidad exterior y hacer de la percepción un evento potencial de traducciones. De allí que, la percepción del evento asume cariz traumático por vía retroactiva; no tiene significados iguales entre los espectadores; para algunos, una imagen, un hecho que se desliza por los sentido, puede ser absolutamente anodino; para otro, la escena se retuerce en la experiencia interna, tironeado por fantasmas grotescos y agoreros.

Surge a propósito de la traducción, el concepto de repetición; la vivencia traumática de Benyakar establece la presencia de una repetición, la cual debe comprenderse, como de algo novedoso que se reitera como experiencia psíquica; he aquí una de las razones para el extrañamiento que aporta al sujeto, en relación a lo que le significa la vivencia; extrañamente familiar, reitero el adjetivo ominoso propuesto con anterioridad.

Benyakar lo procesa en términos de: “la vivencia traumática que, junto al introducto y a la angustia automática, pertenece al núcleo de lo traumático y cuya aparición dará lugar a la emergencia de las vivencias de vacío, desvalimiento y desamparo… tienen una característica muy particular: son manifestaciones de fallas. Cada una expresa algo que debería haber sucedido pero no se produjo… refleja la falla de articulación entre el afecto y la representación.” El autor señala a “La vivencia de vacío, como La ausencia de representación de lo propio, quedando el afecto a merced de lo fáctico, produciéndose un hueco en la trama vivencial.”[8] Como lo expone una víctima de mina antipersonal, “Yo vivo muriéndome, ahora vivo de limosnas y [de] los hijos que le dan comida [a uno]. Vivo con los tres menores… Tengo tres años de [estar así] y no me muero” (Agricultor víctima de mina antipersonal)[9]

De allí lo imposible de la suposición del olvido como estrategia de promoción de lo saludable y de prevenir la enfermedad;  en torno a la incertidumbre y la verdad que se espera y tramita. La reparación integral, señalada en la ley de víctimas, que ha incluido los Programas Psicosociales tan en boga como anticipo para el trabajo con las mujeres y hombres que han pasado por la experiencia de lo llamado traumático, procuran lo más de las veces, hacer del perdón y olvido objetos de tránsito para la salud mental.

Como propósitos de la ley 1448, se aclara: “Las medidas de atención, asistencia y reparación adoptadas por el Estado, tendrán la finalidad de contribuir a que las víctimas sobrelleven su sufrimiento y, en la medida de lo posible, al restablecimiento de los derechos que les han sido vulnerados”[10], y en el Artículo 25, el derecho a la reparación integral: “las víctimas tienen derecho a ser reparadas de manera adecuada, diferenciada, transformadora y efectiva”. Respecto a este propósito, Ana Cristina Portilla[iv] y Cristian Correa[v], abogados participes de la ONG Centro Internacional para la Justicia Transicional, en el estudio sobre la implementación del Programa de Reparación Individual en Colombia señalan que “La definición de la reparación como integral, e incluso como transformadora, hace que los objetivos sean difíciles de lograr. La insistencia reciente de caracterizar a la reparación como “transformando vidas”, cuando ciertamente no tiene capacidad para ello, puede producir más frustración que beneficios.”[11]

La asistencia integral ofrecida por el estado, en particular la Atención Psicosocial a Victimas propuesto por el Ministerio de Salud y Protección Social, definido como “Procesos articulados de servicios que buscan mitigar, superar y prevenir los daños e impactos a la integridad psicológica y moral, al proyecto de vida y la vida en relación, generados a las víctimas, sus familias y comunidades…”[12], aunque plantea enfoque individual, diferencia y atencional de la víctima, ve reducida su impacto, al aplicarse una atención que se “desarrollará de acuerdo a la caracterización psicosocial y plan de atención elaborado y será realizada por equipos interdisciplinarios de profesionales con entrenamiento y experiencia en atención psicosocial y comunitaria con víctimas o población vulnerable.”[13] Este modelo de intervención está basado en protocolos diseñados por expertos psicosociales, los equipos interdisciplinares, que han trabajado denodadamente en relación a las técnicas, pero que han puesto de lado a la víctima, con su saber particular, con su experiencia, su vivencia, que no podrá ser cualificada por los protocolos.

Acudo a una anécdota referida a James Joyce, quien al ser interrogado sobre si en “una época le gustaban las mujeres, Joyce responde que sí, en una época le gustaban las mujeres, pero en ese momento solo le interesaban sus vestidos”[14], al detenernos en la apuesta de la Atención psicosocial podríamos quedarnos como Joyce, interesándonos en las vestimentas y dejando de lado el sujeto que las engalana; al fin, esta sentencia forma parte del modernismo, la imagen resuena más que el sujeto que ha quedado embebido en ella.

La intervención psicosocial resulta “humanitaria” como apuesta en un primer momento, aquel reconocido por el Ministerio como de Focalización y Contacto; en un tiempo para ver, tiempo lógico necesario como lo expresa J. Lacan[vi], a efectos de dar cuenta de una intervención posible. El tiempo primero, tiempo de ver, que puede inclusive darse en compañía, en el grupo de apoyo, con empleo de técnicas psicodrámaticas, rituales y demás; rastrean aspectos liminares de la vivencia traumática.

Resulta necesario momentos ulteriores, períodos que permitan la comprensión y la conclusión; tiempos para que los fantasmas de la historia no acechen… reitera Michel Sauval[vii], “Lo ominoso del vivenciar responde a condiciones más simples… y siempre se lo puede reconducir a lo reprimido familiar de antiguo”[15]

Expresa una víctima, “Hay decenas de papás y mamás que no saben qué hacer con su odio por las personas que les arrebataron su hijo y su hija un día… Pero lo que pasa es que nuestra idiosincrasia es quedarnos callados por miedo, por inseguridad y por temperamento. ¿No sería más fácil si uno tuviera con quién hablar de esto?, ¿compartir por ejemplo la angustia del primer momento cuando se sintió la explosión? O hablar de lo que cuesta una silla de ruedas, una prótesis o una fisioterapia”[16] (Sonia Verswyvel, víctima del atentado al club El Nogal)

La lógica de la atención psicosocial, denominación que sustituye lo asistencial, propone una dimensión perversa del lazo social; si eres víctima, y he aquí una nueva imposición, puedes recibir el apoyo, la ayuda que el estado provee –previo asentimiento subjetivo de ser víctima-; si se te oferta los servicios, justo es que puedas transforma tu vida, transitar por los tiempos del perdón y olvido…

Señalé como perversa la imposición constitutiva de la marca que establece el adjetivo victima; dicho vocablo, resulta prontamente situado como vulnerabilidad, y en muchos casos, incapacidad para hacer por si, de pronunciar su propia palabra frente a la vivencia transida del trauma; la protección que se ofrece desde lo institucional, opera como obliteración del sujeto.

Una de las apuesta del estado para la Dignificación de las victimas contiene diversas acciones, entre las cuales establece el “reconocimiento de la existencia de los hechos… su relación con los factores de discriminación, exclusión y violencia contra las sujetas y sujetos (sic)…  la superación personal del trauma generado por el hecho victimizante”[17]; para tal efecto se propone un lineamiento que establece los tiempos, modos y demás asuntos operatorios para llevar a cabo el modelo diseñado por el Estado. La superación personal del trauma, es también un imperativo determinado desde el lineamiento.

La sujeción a unos períodos que no son los del sujeto, sino del equipo asistencial; y el imperativo sobre lo que hay que saber y hacer sobre “ser víctima”, pudiendo circular por el sendero del olvido, representa una novedosa y sutil revictimización… que no es sin efectos…

Perdón y olvido no es el producto de un lineamiento o una técnica; perdón y olvido son posiciones éticas del sujeto; requieren del deseo, en el cada uno, para que pueda el dolor y la ira, condescender a la vida. Han de ser causas que orienten al sujeto y no productos de la asistencia y la atención desde protocolos estandarizados; se aduce en el Lineamiento de reconocimiento público, que un impacto a lograr con la norma “se relaciona con la reconstrucción de espacios de diálogo público para la reconstrucción y comprensión de lo acontecido desde la pluralidad…”, pero queda en vilo, el espacio privado para la víctima; si el escuchar del victimario propone de cierta medida la dignificación de la víctima, tal objeto no será posible si no se ofrece un espacio íntimo donde pueda pasar por la palabras, su propia experiencia. Sobre este aspecto, el Ministerio de Salud y Protección Social aporta una solución para casos de víctimas, la intervención psicosocial”. Se revela la definición de intervención psicosocial como: “los procesos articulados de servicios que buscan mitigar, superar y prevenir los daños e impactos a la integridad psicológica y moral, al proyecto de vida y la vida en relación, generados a las víctimas, sus familias y comunidades por las graves violaciones de Derechos Humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario”[18].

Cuan a menudo se atestigua, que lo dado por el estado, para espiar sus propios excesos –de injusticia, de abandono-, no logran ser poblado por el deseo de quien es nombrado como nuevo titular de derechos –oferta de soluciones dadas por los lineamientos- y prontamente relegadas al desánimo… Es necesario dar cuenta, como lo expresa Cristián Correa del programa de Justicia Reparadora del ICTJ, “La Ley de Víctimas y el discurso político hacen promesas difíciles de cumplir cuando aseguran que la reparación transformará vidas y será integral… Los compromisos legales que el Estado adquirió con la Ley de Víctimas no pueden ser exonerados posteriormente bajo argumentos de falta de capacidad o previsión por parte del propio Estado,”[19]. El concepto de integral se ha constituido como un significante vacío, una palabra muerta, que remite a todo y por tanto a nada.

Una de las recomendaciones que realizo la ICTJ en relación a la reparación individual de las victimas tiene en cuenta la necesidad de la atención individual y de largo plazo de la víctima; el estudio plantea la necesidad de “Rediseñar el Papsivi [Programa de atención psicosocial y salud integral a víctimas] de forma que asegure atención permanente o de largo plazo, así como de libre acceso a las víctimas, que permita a éstas recibir atención cuando ellas lo requieran y por la duración de sus necesidades…”[20]

Al anunciarse la integralidad de la atención y la reparación, se entra en una corriente de peticiones que al ser tan amplias, resultan imposibles de significar y por tanto de responder; se genera la exclusión de lo particular por la inclusión de lo general; en términos de Ernesto Laclau[viii], un significante vacío ocupa “la frontera del momento de exclusión, tienen la división de todas las demandas concretas en relaciones de equivalencia y diferenciales, y tienen la relación hegemónica con la cual una demanda asume la representación de esa totalidad.”[21]; la demanda que comanda, hegemónica es lo dictado por el Estado: reparación integral, como vacío de lo particular. La victima en suspenso…

Ernesto Alemán, expone que lo hegemónico “se establece con respecto a un objeto que es a su vez necesario e imposible. Se llama relación hegemónica al modo en que una particularidad asume, de un modo fallido, no pleno, la representación de un universal…”[22]; la reparación integral y sus pretendidos productos es un acto fallido es si misma, al tornar universal algo que de característico es singular.

En entrevista a una víctima; “Yo me quedé sola y quemada. Mi vida desde ese momento ha sido muy intranquila. Después de eso uno se siente muy ‘anerviado’, ya uno no es como antes.” (María Cecilia Mosquera, Corregimiento Fraguas del municipio de Segovia, Antioquia)[23]; UNO NO ES como expresa María Cecilia, algo se mantiene por fuera de la unidad del sistema psíquico, no es simbolizable; reconoce Benyakar, que “En lo traumático los diferentes aspectos del proceso de co-metabolización se encuentran afectados… por una parte registra dificultades que son propias del sujeto que ha sufrido el impacto del acto traumático”, aspecto que toca la desafectación entre la emoción y la significación del evento, pero, por otra parte, señala “los obstáculos del medio por fallas en su función co-metabolizadora”[24].

Los obstáculos externos resultan desalentadores por la prestancia que ocupa para los sujetos que viven en torno a lo victimal; se señala de manera grandilocuente, en innumerables documentos, lineamientos, congresos, foros, la necesidad de la atención a las víctimas, pero, al nivel micro, en el espacio constitutivo de la atención psicosocial, lo que resulta es un modelo de aplicación basado en supuestos generalizados, protocolos de atención que desaíran lo singular de la vivencia traumática. Este dilema conceptual/práctico es reconocido por Beristaín[ix], cuando afirma que “quienes trabajamos con sobrevivientes de la violencia política sabemos que nos enfrentamos con un problema intratable… Estamos hablando por tanto de vivencias que en verdad no tienen reparación…”[25].

Lo que les registro es a no dirigir la práctica desde patrones, estándares o técnicas preestablecidas; es requisitorio partir de principios, uno de los cuales otorga la palabra a quien merece ser escuchado… allí donde aún no saben que decir… la “mitad de la verdad es innombrable” afirma Héctor Gallo[x] para referirse a que solo podrá olvidarse “lo que ha llegado a ser” lo que ha sido clareado por la palabra, por el orden simbólico. En tal sentido se insiste poder dar un “lugar al otro, se hace dar un lugar del otro y se hace escuchar del otro. Es un trabajo permanente para poder uno lograr cierta inscripción y que en un cierto momento lo escuchen”[26]. Es menester recordar con Freud, “Lo que no puede ser rememorado se repite en la conducta”.

REFERENCIAS

[1] Ley 1448 de 2011. Congreso de la República. Fecha de Expedición: 10/06/2011; Fecha de Entrada en Vigencia: 10/06/2011; Medio de Publicación: Diario Oficial 48096 de junio 10 de 2011.

[2] Freud S. Lo ominoso. Obras Completas, Tomo XVII, Editorial Amorrortu, páginas 217 a 251

[3] Benyakar M. Lo Disruptivo y Lo Traumático. Vivencias y Experiencias. Publicado en la Revista ‘Imago Agenda’. Nº160. Junio 2012. Letra Viva Libros

[4] Carta 52. Diciembre 6 de 1896; carta dirigida por S. Freud a W. Fliess; traducción de Juan Bauza.

[5] Ídem.

[6] Alemán J. y Laclau E. (2003) ¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la política? Mesa Redonda en la Escuela de la Orientación Lacaniana EOL – Buenos Aires. http://wapol.org/fr/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=5&intArticulo=303&intIdiomaArticulo=1&intPublicacion=4#notas

[7] Enaudeau C. (1999) La paradoja de la representación. Paidós, Buenos Aires.

[8] Benyakar M y Lazica A. () Lo traumático. Clínica y paradoja. Tomo II. Abordaje clínico. Editorial Biblos.

[9] “Colombia: civiles sufren gravísimos daños por minas de las guerrillas”, Human Rights Watch, 25 de julio de 2007

[10] Ley 148/11, Capitulo II, Articulo 9.

[11] Portilla A. y Correa C (2015) Estudio sobre la implementación del Programa de Reparación Individual en Colombia. Centro Internacional para la Justicia Transicional, https://www.ictj.org/sites/default/files/ICTJ-COL-Estudio-reparacion-individual-2015.pdf

[12] Minsalud, Atención Psicosocial a Victimas, https://www.minsalud.gov.co/proteccionsocial/Paginas/ Victimas_Atenc_Psicosocial.aspx

[13] Ídem.

[14] La anécdota es referida en el texto “El inconsciente freudiano, el lacaniano y los vestidos”, en el blog del 17instituto de estudios críticos, del viernes, 30 Octubre 2015. http://17edu.org/blog/item/798-el-inconsciente-freudiano-el-lacaniano-y-los-vestidos

[15] Sauval M. Lectura y puntuaciones de textos de Freud. Lo ominoso (“Das Unheimliche”). Lecturas del seminario “La angustia” – J. Lacan.  http://www.sauval.com/angustia/freud-ominoso.htm

[16] Revista Semana (2005) Las voces del silencio. http://www.semana.com/on-line/articulo/las-voces-del-silencio/71083-3

[17] Gobierno nacional, Unidad para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas. Centro Nacional de Memoria Histórica. (sf.) Lineamientos para llevar a cabo procesos de reconocimiento público de la responsabilidad en la comisión de hechos victimizantes y solicitudes de perdón público.

[18] Atención psicosocial. https://www.minsalud.gov.co/proteccionsocial/Paginas/abc-victimas.aspx

[19] Centro Internacional para la Justicia Transicional ICTJ. La reparación de las víctimas en Colombia, una promesa parcialmente cumplida. https://www.ictj.org/es/news/estudio-reparacion-individual-victimas-colombia?gclid=CN768Zbv1M0CFUpahgodfuwPXQ

[20] Ídem, pg. 77

[21] Alemán J. y Laclau E. (2003) ¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la política? Mesa Redonda en la Escuela de la Orientación Lacaniana EOL – Buenos Aires. http://wapol.org/fr/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=5&intArticulo=303&intIdiomaArticulo=1&intPublicacion=4#notas

[22] Ídem.

[23] Revista Semana (2005) Las voces del silencio (28 de febrero). http://www.semana.com/on-line/articulo/las-voces-del-silencio/71083-3. Testimonios fueron recogidos con ocasión del II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo, Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda

[24] Benyakar M.  Lo traumático. Clínica y paradoja. Tomo II. Abordaje clínico. Editorial Biblos

[25] Beristaín, C. 2007. Reparación y apoyo psicosocial  a  víctimas: dilemas éticos. Cátedra Internacional Ignacio Martín Baró. Universidad Javeriana, Bogotá. Citado en Programa de atención psicosocial y salud integral a víctimas en el marco de la ley 1448 de 2011. Minsalud, Versión 2 ajustada, 2012.

[26] Moreno, M.; Perdomo, A. Entrevista a Héctor Gallo. (2010) Revista Científica Guillermo de Ockham, vol. 8, núm. 1, enero-junio, 2010, pp. 167-181. Universidad de San Buenaventura, Cali, Colombia

[i] Benyakar Mordechai (Moty). Médico Psiquiatra argentino, profesor de la Universidad de Tel Aviv y de la UBA. Presidente de la ‘Red Iberoamericana de Eco- Bioética para la Educación, Ciencia y Tecnología’. The UNESCO Chair in Bioethics. Director del Equipo de Investigación de Lo Disruptivo para el doctorado (Ph.D). en Psicología. USAL. Director de la Maestría en Psicoanálisis USAL – APA. Presidente de la Sección de Psiquiatría en Desastres de la WPA (Asociación Mundial de Psiquiatría). Libros: Lo disruptivo (amenazas individuales y colectivas); Lo traumático, clínica y paradoja.

[ii] Aleman Jorge. Psicoanálisis argentino, actualmente nacionalizado en España. Autor de obras como: Lacan en la razón posmoderna (2000); El inconsciente. Existencia y diferencia sexual (2001), Derivas del discurso capitalista. Notas sobre psicoanálisis y política (2003); No saber (2008); Desde Lacan: Heidegger (2009); Para una izquierda lacaniana (2009); Lacan, la política en cuestión (2010)

[iii] Corinne Enaudeau. Filosofa, hija de Jean-François Lyotard, profesora de filosofía en el Lycée Henri-IV y en el Liceo Janson de Sailly y a partir de 2001 en el Colegio Internacional de Filosofía. Entre sus obras: La Paradoja de la Representación (1999),

[iv] Portilla Ana Cristina. Abogada de la Universidad Externado de Colombia, con master en Estudios Avanzados en Derechos Humanos de la Universidad Carlos III de Madrid y especializada en derechos humanos y procesos de democratización de la Universidad de Chile. Su campo de investigación está enfocado en el derecho internacional de los derechos humanos, con especial énfasis en la justicia transicional y los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Trabajó como investigadora en la Comisión Colombiana de Juristas y actualmente trabaja en el ICTJ como investigadora especializada.

[v] Cristian Correa. Abogado, de nacionalidad chilena, con experiencia en la definición e implementación de políticas de reparación para violaciones masivas de los derechos humanos del Centro Internacional de Justicia Transicional. Desde el año 2007 se desempeña como asociado sénior de dicho Centro, en donde ha prestado asesoría en diferentes países, tales como Perú, Costa de Marfil, Sierra Leona, Kenia, Colombia, Nepal y Timor Oriental.

[vi] Lacan Jacques (1901 – 1981) médico psiquiatra y psicoanalista francés. Obras, Los escritos técnicos de Freud; La relación de objeto; El deseo y su interpretación; La ética del psicoanálisis; Problemas cruciales para el psicoanálisis; El reverso del Psicoanálisis.

[vii] Sauval Michel. Ingeniero Electricista, Psicólogo y Psicoanalista uruguayo. En 1995 fundó la revista de psicoanálisis y cultura Acheronta, y el portal PsicoMundo, experiencias editorial psicoanalítica de la Internet de lengua latina (Programa de Seminarios por Internet, EduPsi).

[viii] Laclau Ernst. (1935 – 2014) Teórico político argentino frecuentemente llamado postmarxista, investigador, profesor de la Universidad de Essex, y Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. Libros: Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo [1990], Nueva Visión, Buenos Aires, 2000; “Contingencia, hegemonía, universalidad” FCE, Buenos Aires, 2003; Debates y Combates, FCE, Buenos Aires, 2008.

[ix] Beristain Carlos Martín. Médico y doctor en psicología, originario de España. Trabaja con atención integral a víctimas de violaciones de derechos humanos y familiares desde hace 25 años. Trabajo en Colombia con víctimas del conflicto armado interno

[x] Gallo Hector. Psicoanalista, Sociólogo de la Universidad Autónoma Latinoamericana. DSU y DEA en Psicoanálisis de la Universidad París VIII. PhD. en Psicoanálisis de la Universidad Autónoma de Madrid. Profesor del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de Antioquia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) de Medellín y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Publicaciones: Usos y abusos del maltrato; Maltrato infantil: teoría y clínica psicoanalítica. Recibió el premio de la Alcaldía de Medellín a la investigación con mayor impacto social en el año 2007 por su trabajo “Dinámicas de guerra e iniciativas de paz en la Comuna 13 de Medellín”

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