ALCANCES Y LIMITACIONES; INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN PSICOLÓGICA EN LITIGIOS POR GUARDA Y CUSTODIA DE MENORES.

LAURA ESPERANZA ALCÁNTARA DÍAZ

SANTIAGO AMAYA NASSAR

Introducción-Justificación

Es común, que ante los procesos de separación o divorcio se pueda presentar un conflicto dentro de la disputa por guarda y custodia de los niños, niñas y adolescentes (NNA), quienes muchas veces son expuestos a un detrimento de su bienestar a nivel psíquico, emocional, físico y sociocultural, lo que hace necesaria la intervención del sistema de justicia y de profesionales especializados, como abogados, jueces y psicólogos, entre otros (Major, 2002; Bala, Mitnick, Trocmé y Houston, 2007).

De acuerdo a esto, una preocupación generalizada desde la perspectiva de Arch, (2008), dentro del gremio de operadores jurídicos, ha sido la de favorecer la adaptación de los NNA a las nuevas dinámicas familiares y de igual forma, “prevenir la aparición de dificultades o trastornos psicopatológicos que interfieran en su correcto desarrollo y evolución” (Arch, 2008, p. 22) Dado que, desde la teoría del apego, la formación del vínculo confiable y seguro depende de un cuidador constante y atento, que pueda establecer una comunicación pertinente con el NNA desde sus primeros meses de vida y no solo se preocupe por cubrir sus necesidades básicas (Moneta, 2014).

Estadísticamente, se puede evidenciar que durante los últimos tres años en Colombia, ha existido un incremento progresivo de divorcios y una disminución en las tasas de matrimonios (Superintendencia de Notariado y Registro, 2014, 2015 y 2016). Sin embargo, no se encuentran estadísticas sobre procesos de guarda y custodia, lo que resulta ser un limitante a la hora de comprender este fenómeno dentro del contexto nacional.

No obstante, desde la  American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP), (1997), Luftman, Vetkamp, Clark, Lannacone y Snooks (2005); Melton, Petrila, Poythress y Slobogin (2007) y la APA, (2010) se plantea que la mayoría de las decisiones sobre custodia entre padres, se logra con un acuerdo mutuo después de la separación o divorcio, en donde solo el 10% de estos casos va litigio (Patel y Choate, 2014).

De ahí que, dentro de los litigios por guarda y custodia, resulta pertinente la intervención de la psicología forense y concretamente, el ejercicio profesional del psicólogo forense en calidad de perito, haciendo alusión al profesional que posee conocimientos científicos y especializados requeridos al proceso judicial, para aportar aquellos conocimientos técnicos que el juez no tiene la facultad de poseer (Rodríguez et.al, 2015; Arch, 2008).

La labor del psicólogo forense dentro de este contexto, responde a la construcción de un informe pericial a partir de una evaluación psicológica. La evaluación psicológica, hace referencia al procedimiento utilizado para medir algunos aspectos del comportamiento humano, por medio del uso de instrumentos de evaluación como los test y pruebas psicométricas y otros métodos o técnicas como la entrevista, la observación, los auto-informes, entre otros (Aragón, 2004; González, 2007; Fuertes, et al. 2009).

La evaluación psicológica en el ámbito de familia, ha sido considerada por Otto, (2000) y Otto, Edens y Barcus, (2000) compleja en su ejecución, teniendo en cuenta su naturaleza multifacética, la cual consume mucho tiempo, implica la realización de diversas entrevistas a diferentes partes y el ambiente dentro de la evaluación tiende a ser muy emocional (Archer y Wygant, 2012).

Para Tejedor y Jiménez, (2001), Ramírez, (2003),  Rodríguez, (2004) y Cepeda, (2011), el objetivo principal del psicólogo forense en la evaluación psicológica en los litigios por guarda y custodia, debería ser brindar su criterio profesional, pertinente y esclarecedor como herramienta que facilite las decisiones judiciales; realizando una evaluación de las capacidades parentales, que contemplen los niveles de congruencia y compatibilidad entre las características y habilidades educacionales de forma que respondan a las necesidades y características del NNA.

Ahora bien, para la APA, (1994), los conocimientos que el psicólogo forense debe poseer para la realización de este tipo de evaluación psicológica, estarían relacionados con los ciclos del desarrollo de los NNA, de la familia y el impacto que el divorcio puede generar en los miembros del sistema familiar; desempeñando su labor bajo principios éticos (Cepeda, 2011). También, es importante que el psicólogo forense incluya dentro de la evaluación psicológica la valoración del desajuste psicológico parental, es decir, tener en cuenta antecedentes a nivel personal y familiar de trastornos psicológicos, trastornos asociados a la crisis matrimonial, incidencia en el plano familiar y laboral y abordaje psicofarmacológico, para que, de esta manera se pueda establecer una posible influencia sobre las habilidades parentales de cada uno de los progenitores (Ramírez, 2003).

Asimismo, como lo establecen “Las directrices de la APA sobre evaluación por custodia dentro de procesos legales de familia”, el ejercicio profesional del psicólogo forense, debe tener como prioridad el bienestar del NNA y la aplicación de múltiples métodos de recolección de información, que reflejen estándares de confiabilidad y validez (APA, 2010).

Estos estándares, deben reflejarse en la aplicación de test y pruebas psicológicas, para que permitan a los resultados poder ser replicados por otro perito. Esta aplicación, para Brodzinsky, (1993), debe brindarse de forma limitada, dado que la información obtenida a partir de estos instrumentos tiende a ser muy específica, razón por la cual debería ser tratada como una parte de un proceso de evaluación más amplio, evitando generalizarla de forma inadecuada (Gómez, 2013).

Sin embargo, la bibliografía científica “cuenta con un amplio debate respecto al adecuado uso de los mismos dentro de la evaluación por guarda y custodia”, los cuales no siempre reflejan, estándares de validez y confiabilidad (Fariña y Vilariño; 2014; Bricklin 1992, 1999; Brodzinsky, 1993, Grisso, 1986, 1990; Quinell y Bow, 2001; Ramírez, 2006; citados en Arch y Jarne, 2010, p. 60). En especial, porque los instrumentos de evaluación psicológica que generalmente utilizan los psicólogos forenses en esta área, tienen validez y confiabilidad desde el ámbito clínico (Klein y Bloom, 1986; Ackerman y Ackerman, 1997; Bow y Quinnel, 2001; Bow, 2006)

Dentro de la aplicación de instrumentos de evaluación psicológica a padres en los litigios por custodia, se reconoce que “existe algún nivel de relación entre la presencia de psicopatología o los rasgos de personalidad y las capacidades parentales”. (Taylor y cols, 1991; Erickson, Lilienfeld y Vitacco, 2007, citado en Arch y Jarne, 2010, p. 61). Aun así, se plantea que existe una sobre-dependencia de los instrumentos que evalúan estos constructos dentro de la labor pericial en custodia, lo cual impacta en los resultados y conclusiones del mismo que a nivel general no se perciben pertinentes para la petición del tribunal (Arch y Jarne, 2010;  Archer y Wygant, 2012).

Por lo tanto, en este ensayo se pretende abordar desde una perspectiva crítica, los alcances y limitaciones del uso de instrumentos de evaluación psicológica a padres más utilizados, dentro la evaluación psicológica forense, en litigios por guarda y custodia de NNA; haciendo referencia al uso de test o pruebas psicológicas. Teniendo en cuenta que desde el artículo 18 de La Convención de los derechos de los NNA;  aspectos como la crianza y el desarrollo del niño, a nivel legal es responsabilidad primordial de los padres, quienes deben garantizar su bienestar integral a través del cumplimiento del principio de interés superior del menor (Torrecuadrada, 2016).

El esquema del siguiente ensayo, comenzará haciendo un recorrido por los antecedentes históricos, que permitan una comprensión más amplia del papel de la psicología forense y especialmente del ejercicio profesional del psicólogo forense dentro de los litigios por guarda y custodia de NNA;  aludiendo a los términos validez y confiabilidad, que dentro de los instrumentos se sustentan mediante; hallazgos de investigación que han sido sometidos a revisiones por pares en revistas profesionales, técnicas que tienen tasas de error cuantificables y que han obtenido aceptación general en el campo de la psicología (Archer y Wygant, 2012).

Así pues, el desarrollo de esta revisión resulta pertinente ya que desde la investigación científica se han identificado fuertes críticas, que enfatizan en; a) la ausencia de evaluación de constructos pertinentes al objetivo de la pericia en cuestión como; la capacidad de crianza, la naturaleza y calidad de la relación padre-hijo, b) la baja fiabilidad desencadenada por la elevada distorsión motivacional que comúnmente presentan los padres inmersos en un proceso contencioso y c) la ausencia de instrumentos y protocolos especializados en la evaluación psicológica forense en custodia (Bow, 2006; Chacón, et.al, 2009; Arch y Jarne, 2010; Gómez, 2013).

En relación con todo lo dicho previamente, es una realidad desde la literatura científica que el uso de instrumentos de evaluación psicológica dentro de la evaluación psicológica forense en litigios por guarda y custodia, presenta un panorama amplio de críticas y que el ejercicio del psicólogo forense en calidad de perito dentro de este tipo de evaluaciones, debe responder a unos objetivos y/o requerimientos específicos (Tejedor y Jiménez, (2001); Ramírez, 2003; Rodríguez, 2004; Bow, 2006; Chacón, et.al, 2009; Arch y Jarne, 2010; APA, 2010; Gómez, 2013; Cepeda, 2011). Por lo tanto, se pone en cuestión si en el gremio de los psicólogos forenses y operadores jurídicos, existe poca atención respecto a la incorporación del conocimiento que brinda la investigación científica actualizada, dentro de su praxis profesional.

Marco Teórico

Custodia

La separación o divorcio de una pareja, es una decisión difícil de tomar que supone componentes emocionales complejos de sobrellevar tanto a nivel familiar como personal (Fernández y Godoy, 2002; Ramírez, 2003). Aun así, uno de los focos más importantes dentro de la dinámica de separación y divorcio, es el tema de garantizar el bienestar y cuidado de los Niños, Niñas y Adolescentes (NNA); alimentación, seguridad, educación y planificación de bienestar emocional, lo que hoy en día llamamos “custodia”.

La custodia, establecida en la ley 1098 del 2006 en Colombia, se define como la obligación de que los padres “en forma permanente y solidaria asuman directa y oportunamente su custodia para su desarrollo integral. La obligación del cuidado personal se extiende además a quienes convivan con ellos en los ámbitos familiar, social o institucional, o a sus representantes legales” (Ley 1098 del 2006, art 23).

Por esta razón, se consideran diferentes alternativas para garantizar este derecho del NNA, entendiendo que los padres y el sistema familiar se conciben como las fuentes principales que permiten la transmisión y construcción de creencias, valores, normas, actitudes y comportamientos, jugando un papel fundamental dentro del proceso de socialización y construcción de identidad (Musitu, Román y García, 1988).

Dentro de este primer apartado, se desarrollarán los siguientes ejes temáticos; antecedentes históricos de la custodia, interés superior del menor y teoría del apego, y tipos de custodia.

Evolución histórica de la guarda y custodia de menores

El Derecho Romano, como origen de la práctica judicial, impactó durante siglos en el ejercicio de la patria potestad y custodia de los NNA. Atribuyendo una autoridad y poder exclusivo a los padres sobre los hijos y la esposa. Dicha exclusividad, fue reconocida como el “pater familias” ya que, dentro del sistema familiar, en caso de repudio o divorcio, era el padre quien poseía el control absoluto sobre los hijos (Arch, 2008).

Posteriormente, surge una doctrina denominada “Tender Year” apoyada por la “British Act”, la cual hace alusión al supuesto social y cultural de que “los hijos pequeños deben permanecer bajo el cuidado de la madre, en base a la creencia que esta atiende más eficazmente las necesidades emocionales de los niños” (Arch, 2008, p. 23).

No obstante, acontecimientos como la modificación del código civil en el 2005, aparición de leyes como la 11/81 y 30/81 en España y la Guardianship of Infants Act. 1925 en Inglaterra, surge una postura más inclusiva dentro de las decisiones en custodia, permitiendo que tanto padres como madres pudieran tener la custodia del NNA, surgiendo la custodia compartida (Fariña y Arce, 2006; Arch, 2008; Hayden, 2011).

Existen diferentes listas de criterios para la recomendación de la custodia compartida (Arch, 2008). No obstante, desde la perspectiva de Hayden (2011), las jurisdicciones de Francia, Inglaterra y Estados Unidos han servido de inspiración sugiriendo los siguientes criterios:

  1. Aptitudes personales de los padres y relación previa con los hijos.
  2. Los deseos de los niños competentes
  3. El número de hijos
  4. El desempeño de las obligaciones parentales y el respeto mutuo en las relaciones personales
  5. Los resultados de los informes jurídicos
  6. Cualquier otro criterio que permita a los niños vivir adecuadamente.

El bienestar del niño, comúnmente conocido como el “Interés Superior del menor” (ISM) como derecho subjetivo y principio inspirador, se tuvo en cuenta en la sentencia Blissets, a finales del siglo XVII (1774) y actualmente se asume como un criterio importante al momento de brindar una orden de custodia compartida (Hayden, 2011; Torrecuadrada, 2016). Desde la aparición de la “Uniform Marriage and Divorce Act” en 1970, las decisiones dentro de los tribunales acerca de custodia, empezó a tener en cuenta este principio para la decisión en custodia. Consagrando al NNA como sujeto de protección especial, gracias a la Convención de las Naciones Unidas relativa a los derechos del niño, en 1989 (Arch, 2008).

Interés Superior del Menor y Teoría del Apego en Custodia

El principio del Interés Superior del Menor (ISM) dentro de la Declaración sobre los Derechos del Niño en la Asamblea General de Naciones Unidas de 1959, establece que este “debe ser un principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación: dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres” (Torrecuadrada, 2016, p. 135). Por lo tanto, se debe recurrir a este principio siempre y cuando se vaya a aplicar una ley en una situación que pueda afectar real y/o potencialmente a un NNA (Grisso, 1986; Kelly, 1994; Torrecuadrada, 2016). En este caso, debe ser tenido en cuenta dentro de procesos contenciosos en custodia.

Desde Arch (2008), una de las variables significativas que establece los criterios para determinar la custodia de los hijos, es la Michigan Custody Act de 1970:

Tabla 1. Criterios para determinar la Custodia.

Criterios para determinar la Custodia

  1. El amor afecto y otros lazos emocionales que existen entre las partes implicadas y el niño.
  2. La capacidad y la disposición de las partes implicadas para dar amor al niño, afecto y guía y para continuar la educación y educar al niño en su religión o credo, si lo hay.
  3. La capacidad y la disposición de las partes implicadas para proveer al niño, alimento, ropa, asistencia médica u otro cuidado sanitario reconocido y permitido bajo leyes de este estado en lugar de asistencia médica y otras necesidades materiales.
  4. El espacio de tiempo que el niño ha vivido en un ambiente estable, satisfactorio y la deseabilidad de la continuidad que mantiene.
  5. La permanencia como unidad familiar, que supone el hogar y hogares custodios propuestos o existentes.
  6. La aptitud moral de las partes implicadas.
  7. La salud mental y física de las partes implicadas.
  8. El ajuste de los niños a sus hogares y escuelas y su continuidad.
  9. La preferencia razonable del niño, si el juzgador considera que el niño tiene suficiente edad para expresar preferencia.
  10. La buena voluntad y la capacidad de cada una de las partes para facilitar y animar la continuidad de la relación paterno-filial entre el niño y el otro progenitor.
  11. Violencia doméstica, sin importar si la violencia fue dirigida o presenciada por el niño.
  12. Cualquier otro factor que el juzgador considere relevante en un conflicto particular de la custodia del niño.

Estos criterios, evalúan desde diferentes ángulos la aplicación del ISM, la idoneidad parental de los progenitores para obtener la custodia de sus hijos y la deseabilidad y preferencia de los NNA frente a la custodia.

Para la comprensión de estos tres aspectos, resulta pertinente hacer alusión a la teoría del apego, la cual sitúa la relación entre padres e hijos desde un marco etiológico y cognitivo, permitiendo valorar los sistemas de control y el marco general de desarrollo (Rodríguez-Domínguez, et al., 2015). Pues la teoría sustenta, que la calidad de las experiencias y el marco relacional entre estos dos subsistemas familiares, desempeñan un rol fundamental en la construcción de personalidad y en el desarrollo social del NNA. (Lópe, 1998; Moneta, 2014).

Así pues, desde la perspectiva de Goldstein, Freud y Solnit, (1973) surge el concepto de “Padre Psicológico”, haciendo referencia a la figura de cuidado y apego que presta atención cotidiana a las necesidades del niño; a nivel físico, alimenticio, afectivo y de estimulación. Desde esta perspectiva, se considera que la satisfacción de estas necesidades en el NNA, permiten facilitar la construcción de una relación psicológica entre padre e hijo, sobre las bases biológicas, permitiendo que el niño se sienta valorado y querido (Arch, 2008).

Así mismo, la parentalidad competente es un eje importante dentro de los criterios para otorgar la custodia (Gómez, 2014), esta se define como la capacidad de todas aquellas personas que puedan ser potenciales cuidadores de niños, respondiendo eficazmente ante situaciones parentales problemáticas y maximizando las consecuencia positivas, permitiendo que en el futuro, los NNA puedan llegar a ser adultos competentes y humanitarios, capaces de funcional socialmente (Marafiote, 1985; Maccoby, 1997).

Tipos de Custodia

De manera clásica se han señalado tres (o cuatro) tipos de custodia (Ávila y Rodríguez-Sutil, 1995; Ramírez, 2003; Fariña y Arce, 2006; Arch 2008):

Custodia Exclusiva (CE): Un progenitor ejerce la custodia, esto quiere decir que se le otorga el ejercicio del cuidado cotidiano de los NNA, estableciendo un régimen de visitas para el otro progenitor.

Custodia Partida (CP): Se asigna el cuidado de una cantidad de hijos a un progenitor y del resto, al otro progenitor.

Custodia Compartida (CC): Se le asigna a ambos progenitores la custodia de los hijos, durante periodos establecidos permitiendo que participen activamente y cotidianamente en el cuidado de los NNA.

Custodia Repartida (CR): Cada uno de los progenitores ejerce la custodia exclusiva o compartida de cierta cantidad de hijos.

De acuerdo a esta categorización de la custodia, han surgido diferentes opiniones y críticas respecto a cada una de ellas; 1) La custodia exclusiva sugiere como elemento negativo la designación legal de un padre adecuado y otro inadecuado; 2) La custodia partida se percibe como la división del subsistema familiar de hermanos, lo que se considera psicológicamente no deseable (Tejeiro y Gómez, 2011); 3) La custodia compartida, implica la necesidad de los menores a adaptarse a los cambios de estilo educacional, de domicilio, para pasar de una casa a otra.  (Fariña, Seijo, Arce y Novo, 2002); y 4) La custodia repartida “podría inducir a confusión en los niños por los cambios de entorno y rupturas relacionales (Ávila y Rodríguez-Sutil, 1995).

No obstante, existe una opinión positiva dentro de la literatura científica acerca de CC en comparación a los otros tipos de custodia. En primer lugar, porque como lo afirma Tripero, (2007), este tipo de custodia permite que los NNA se adapten con mayor facilidad al divorcio, en comparación a los NNA con otro tipo de custodias (Tejeiro y Gómez, 2011).  En segunda instancia, ya que resulta “beneficiosa para los niños en una amplia variedad de dominios; familiar, emocional, conductual y académico” (Bauserman, 2002, citado en Tejeiro y Gómez, 2011, p. 427).

Así mismo, dentro del ejercicio de la CC existen ventajas como; la posibilidad de que el NNA mantenga el vínculo afectivo con los dos padres y que se elimine la dualidad “padre que educa vs. padre que divierte” (Fariña, Seijo, Arce y Novo, 2002, citado en Fariña y Arce, 2006, p. 10).

Ahora bien, para determinar la recomendación de la CC dentro de litigios por custodia se debe garantizar la existencia de las siguientes variables desde la perspectiva de Fariña y Arce, (2006):

  1. El compromiso de ambos progenitores de ser custodios.
  2. La salud psicológica.
  3. Cooperación y comunicación parental.
  4. La percepción del otro progenitor como persona importante y necesaria para su hijo.
  5. Competencia y habilidad para ocuparse de los niños.
  6. La existencia de conflicto parental o episodios de maltrato o abuso.
  7. La aceptación de separación por ambo cónyuges.
  8. La presencia de esperanza de reconciliación.
  9. La distancia entre ambos hogares y el cumplimiento de las responsabilidades económicas.

Psicología Forense

Se puede entender por Psicología forense (PF), la ciencia que concentra todos los ámbitos de la psicología con el objetivo de aplicarlos como respuesta a la solicitud de los administradores de la justicia, en referencia a los problemas que surgen con la Ley y el Sistema Legal, contribuyendo así a una mejor labor del derecho (Urra, 2002 citado en Cepeda, 2011; APA, 2008, citado en Colorado, 2011). A través, de una labor investigativa que refleja su compromiso con la construcción de conocimiento en psicología, a nivel científico.

En este sentido, la psicología y el derecho son ciencias que convergen como ciencias humanas y sociales del comportamiento (Munné. 1987 citado en Arch, 2008). En donde, como lo menciona Sabaté, (1980), la PF en esencia, cumple un papel importante, contributivo y de soporte, a partir de sus fines propios; aplicación de técnicas psicológicas a la prueba de los hechos (Arch, 2008, p. 4).

Asimismo, un área del derecho importante para la PF es el derecho de familia; el cual interviene en esa para equilibrar las relaciones entre sus miembros y brindar protección especial al Niño, Niña o Adolescente (NNA) por ser el que a priori presenta una posición más débil (Arch, 2008; Torres, 2011, citado en Rodríguez, Jarne y Cabonell, 2015).

Psicólogo Forense y Evaluación Psicológica Forense en Custodia

La intervención del psicólogo en calidad de perito dentro del derecho de familia, responde a temas de divorcio, nulidad y separación, adopción, patria potestad, custodia, entre otros (Arch, 2008, p.9). En litigios por guarda y custodia, las funciones del psicólogo forense dentro del ámbito de familia y más concretamente, en la evaluación pericial de la guarda y custodia de los niños, son un hecho constatado, tanto en el contexto norteamericano (Erickson, Lilienfield y Vitacco, 2007) como en España (Arch, 2008; Arch y Jarne, 2010).

Por lo tanto, este debe poseer conocimientos especializados requeridos al proceso judicial con el fin de aportar al juez, aquellos conocimiento técnicos pertinentes que en general refieren a la psicología infantil y a otras ramas del conocimiento, relativas a las relaciones interpersonales y a la psicopatología de la infancia y la familia, así como el impacto del divorcio en los niños (Montero, 2001, citado en Arch, 2008; APA, 1994, citado en Cepeda, 2011; Rodríguez, Jarne y Cabonell, 2015).

No obstante, uno de los temas de mayor inquietud hace referencia a la formación académica específica de los psicólogos que trabajan en el área de custodia (Bow y Quinnel, 2001; Bow, 2006). Teniendo en cuenta que, a nivel general, los psicólogos que intervienen en esta área no cuentan con la formación académica específica pertinente, usando medios alternativos de capacitación como: seminarios, libros, revistas, artículos (Gourley y Stolberg, 2000; Bow y Quinnell, 2001; Bow, 2006).Y medios más formales como la experiencia práctica durante la formación universitaria de pregrado (LaFortune y Carpenter, 1998; Bow, 2006).

Por otro lado, investigaciones realizadas por LaFortune (1998); Bow y Quinnell, (2001), hallaron información importante desde la perspectiva de los operadores jurídicos, respecto a las características que debería tener un psicólogo experto en custodia, la confiabilidad del origen de la orden o petición del informe pericial y sus motivaciones principales para otorgar una. En cuanto a las características del experto en custodia, los operadores jurídicos enfatizan en la importancia de contar con altos estándares éticos y científicos; formación académica, buenas credenciales, años de experiencia, habilidades de comunicación, flexibilidad y publicaciones, entre otras (Bow, 2006).

A nivel general, se reconocen que dentro  del proceso de evaluación psicológica en custodia, normalmente se incluye la realización de entrevistas, observación y pruebas del funcionamiento intelectual y de la personalidad, entre otras; entrevistas colaterales y visitas domiciliariaS (Archer y Wygant, 2012). Con el objetivo, de evaluar principalmente los sistemas y patrones de relación entre progenitor e hijos, el ejercicio de los cuidados y atenciones básicas, la percepción y el lugar que ocupa cada uno en el conflicto, alternativas y actitudes que se cruzan entre padres e hijos (Martin, 1992). Asimismo, aspectos de personalidad y psicopatológicos que posiblemente puedan presentarse dentro del sistema familiar y a nivel individual (Arch y Jarne 2010).

No obstante, se plantean algunas dificultades desde Arch y Jarne, (2010); Archer y Wygant, (2012), respecto a la realización de este tipo de evaluaciones: 1) Exploración a diversas personas y un gran número de variables 2) Altos niveles de emotividad asociados a los procesos de ruptura familiar 3) Estadísticas de quejas recibidas en las Comisiones Deontológicas de las asociaciones y colegios profesionales (Cayuela, Jarne y Molina, 2004; Montgomery, Cupit y Wimberly, 1999), 4) El uso de instrumentos clínicos dentro del ámbito forense (aspecto de validez); uso de instrumentos clínicos y de personalidad que no evalúan aspectos correspondientes a la custodia (capacidad parental, vínculos familiares, entre otros), lo que impacta en los resultados que no se perciben pertinentes respecto a los objetivos de la pericia (Arch y Jarne, 2010). Y una fuerte crítica, que enfatiza en la carencia del uso de teorías del desarrollo de los NNA, como la Teoría del Apego de Bowlby (1980) y Ainsworth (1989) (Rodríguez-Domínguez, Carbonell y Jarne 2015).

Directrices de evaluación en custodia

Se comprende por “directriz” aquellas afirmaciones que sugieren o recomiendan el comportamiento específico y la labor de los profesionales, con la finalidad de facilitar el desarrollo sistemático de la profesión y ayudar a mejorar la praxis profesional, en este caso de la psicología forense dentro de litigios por custodia (APA, 2010).

En estas últimas tres décadas, se han elaborado una serie de directrices en la evaluación de custodias por parte organizaciones como la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (1997); APA, (2010); (AAML, (2013), y AFCC (1994) (Gómez, 2014), con la intención principal de determinar los intereses psicológicos de los NNA. (Fariña, Redondo, Seijo, Novo y Arce, 2017).

Para efectos de esta revisión y pertinencia del área de estudio, se tomará como modelo principal la propuesta de la APA, (2010), Guidelines for child custody evaluations in family low proceedings. Tabla 2. Directrices para las evaluaciones en custodia de los hijos en procesos de familia.

Guidelines for child custody evaluations in family low proceedings

  1. La finalidad de la evaluación es ayudar a determinar el interés psicológico superior del niño (importante; la dinámica familiar, la cultura y las interacciones).
  2. El bienestar del niño es primordial.
  3. La evaluación se centra en las habilidades de crianza, las necesidades psicológicas del niño y el ajuste resultante. ( estos aspectos son los más valiosos para el tribunal) Generales (preparación).
  4. Los psicólogos se esfuerzan por adquirir y mantener competencias especializadas.
  5. Los psicólogos se esfuerzan por funcionar como evaluadores imparciales (objetivos).
  6. Los psicólogos se esfuerzan por involucrarse en prácticas de evaluaciones culturalmente informadas y no discriminatorias.
  7. Los psicólogos se esfuerzan por evitar conflictos de intereses y relaciones múltiples dentro de la realización de evaluaciones. Procedimiento (realización).
  8. Los psicólogos se esfuerzan por establecer el alcance de la evaluación de forma oportuna, de acuerdo con la naturaleza de la pregunta de referencia (petición).
  9. Los psicólogos se esfuerzan por obtener el consentimiento informado de forma adecuada.
  10. Los psicólogos se empeñan en emplear múltiples métodos de recolección de información. (Mayor confiabilidad y validez de conclusiones, opiniones y recomendaciones; estos métodos deben ser óptimos y diversos).
  11. Los psicólogos se esfuerzan por interpretar los datos de evaluación de una manera consistente con el contexto de la evaluación.
  12. Los psicólogos se esfuerzan por complementar la evaluación con la combinación adecuada de exámenes.
  13. Los psicólogos se esfuerzan por basar sus recomendaciones, si las hay, en los intereses psicológicos del niño.
  14. Los psicólogos crean y mantienen registros profesionales de acuerdo con las obligaciones éticas y legales.

Instrumentos de Evaluación Psicológica

La evaluación psicológica (EP) como disciplina científica dentro de la psicología, se desarrolla dentro de un periodo que comprende los años de 1890 a 1910 (Gonzales 2007). Interviniendo tanto en la psicología básica como aplicada dentro de las diferentes ramas de la psicológica (Casullo, 1996). Permitiendo determinar la eficacia de diversos programas de intervención y “la exploración y análisis de la individualidad, por medio de la medición de aptitudes y características de la personalidad, para lo cual utiliza instrumentos de medición que adoptan el nombre de “test mental” (Gonzales, 2007, p. 7).

Los test o pruebas psicológicas, constituyen una herramienta fundamental para la psicología, permitiendo inferencias relevantes sobre las conductas de las personas (Muñiz, 2010).  No obstante, para entender de manera amplia esta exploración y análisis de la individualidad por medio de la medición psicológica a nivel histórico, resulta pertinente abordar el concepto de psicometría. Para ello, dentro de este primer apartado se hará una aproximación de su definición y el desarrollo de la misma, a través de los autores y hechos más relevantes. Posteriormente, se desarrollara el tema de la validez y confiabilidad, para dar paso a los instrumentos de evaluación más comunes aplicados a padres dentro de la evaluación psicológica forense en custodia.

La psicometría

La psicometría ha sido definida desde diferentes perspectivas como; la disciplina de la psicología que se ocupa de todas las medidas en el campo psicológico a través de métodos, técnicas y teorías implicadas en la medición de variables psicológicas, con el objetivo de construir y utilizar adecuadamente los tests y las escalas, de tal modo que se garantice su fiabilidad, validez y aplicación adecuada (Yela, 1968; Nunnally, 1973; Muñiz, 1998 citados en Instituto Superior de Computación, S.C., 2007). En general, la psicometría es un conjunto de conceptos teóricos y metodológicos para la construcción, elaboración y evaluación de instrumentos de medida en psicología, con la finalidad de garantizar que los mismos, sean debidamente estandarizados y posean validez (Nava y Vega, 2004; Mikulic, 2013).

Desde la perspectiva de Nava y Vega (2004), las ideas de Darwin sobre el origen de las especies y del hombre, contribuyeron al desarrollo de la psicología en general y en particular a la psicometría. Postulando, que para autores como Galton, Darwin fue un ejemplo a seguir respecto a la manera de cómo “ser un observador sistemático de la naturaleza, el hombre y su comportamiento” (Nava y Vega, 2004, p. 21). Y al mismo tiempo destacando, que uno de sus aportes más valiosos a la psicometría y a la psicología; fue la ubicación del ser humano como un ser desmitificado de lo divino y extraterrenal, perteneciente al plano de la naturaleza que responde a las leyes de la misma y haciéndolo permeable a su estudio como cualquier otra especie (Nava y Vega, 2004).

De ahí que, las ideas de Darwin respecto al hombre, la mente y la herencia sirvieron de referencia a Galton, en cuanto a su objetivo de “demostrar que las habilidades naturales del hombre proceden de la herencia, y están sometidas exactamente a las mismas limitaciones que la forma y características físicas de todo el mundo orgánico” (Galton, 1869, citado en Nava y Vega, 2004, p. 17).

Galton, es considerado como uno de los primeros psicólogos experimentales a favor de los test; a quien se le atribuye el uso de “métodos estadísticos de la distribución normal y correlación y su interés por las facultades intelectuales humanas para crear el test mental” (Nava y Vega, 2004, p. 18). Posteriormente los trabajos de Catell y Wissler sobre las diferencias individuales y el desempeño académico, tuvieron impacto significativo en el desarrollo de la escala de inteligencia de Alfred Binet (Nava y Vega, 2004; Muñiz, 2010).

Por su parte, Binet 1857-1911 propone un enfoque más cualitativo dentro de la Evaluación Psicológica de las funciones psíquicas superiores; consolidando el concepto de edad mental y contribuyendo como lo expone Fernández y Ballesteros, (1993) junto a los autores anteriores y posteriores como, Pearson, Spearman y Witmer, a uno de los paradigmas del conocimiento humano; el científico (Mikulic, 2013).

No obstante, para Silva, (1985) hasta la primera guerra mundial existieron tres corrientes respecto al desarrollo de la psicometría; 1) La construcción de la escala Binet-Simon, posteriormente perfeccionada por Goddard y adaptada por Terman y Stern; 2) El desarrollo de la evaluación psicológica en el campo educativo, con la introducción de los procedimientos psicométricos y los test, en donde se destacan autores como Claparéde en Francia y Thordike en EEUU; y 3) Avance significativo en la teoría de los test, gracias a los aportes de Pearson y Spearman acerca de la psicología correlacional, lo que contribuyó principalmente al psicodiagnóstico.

De ahí que, a partir de la primera guerra mundial y a nivel general durante la primera mitad del siglo XX, surgen y se consolidan tanto a nivel teórico como de instrumentos; los modelos psicométricos y proyectivos. Es en este periodo, es donde se evidencia la mayor expansión de la evaluación psicológica a través de la producción bibliográfica y uso de instrumentos psicométricos y técnicas proyectivas (Silva, 1985). Siendo la segunda guerra mundial, un contexto de apoyo importante para la psicología experimental, plasmando un interés especial por la diferencias individuales; a través de la medición cuantitativa de los fenómenos psicológicos, apoyada por Fechner, Wundt y Ebbinghaus (Aiken, 1996).

Validez y Confiabilidad

Dentro de la evaluación psicológica, normalmente se hace uso de tests, como recursos estandarizados con la finalidad de obtener muestras de la conducta de una persona (Aragón, 2004; Echeburúa, Muñoz y Lionaz, 2011). Los tests permiten llevar a cabo diferentes propósitos; estimar el nivel de las personas en un constructo (ansiedad, inteligencia, calidad de vida…), evaluar la competencia tras un periodo de aprendizaje, clasificar a los pacientes en categorías diagnósticas o seleccionar a los aspirantes más aptos para un puesto de trabajo. La legitimidad y eficiencia de estas prácticas depende de su fiabilidad y validez (Prieto y Degaldo, 2010).

Fiabilidad

La fiabilidad es definida como la consistencia o estabilidad hallada en las medidas, cuando el procedimiento de medición se repite en otro momento (Prieto y Delgado, 2010).

“Por ejemplo, si las lecturas del peso de una cesta de manzanas varían mucho en sucesivas mediciones efectuadas en las mismas condiciones, se considerará que las medidas son inestables, inconsistentes y poco fiables. La carencia de precisión podría tener consecuencias indeseables en el coste de ese producto en una ocasión determinada” (Prieto y Delgado, 2010, p. 67).

Es así, como los indicadores de fiabilidad, consistencia y precisión de las medidas se establecen a partir de la variabilidad de las puntuaciones que se obtienen las mediciones realizadas en diferentes momentos; lo que sucede con la aplicación de test psicológicos dentro de la evaluación psicológica forense (Prieto y Delgado, 2010).

Validez

Para estimar la validez, es necesario identificar qué constructos, rasgos o características son los objetivos de estudio o evaluación, pues a nivel general, la validez de un instrumento corresponde a un adjetivo de autenticidad, donde el instrumento debe responder a la medición de los constructos de objetivo principal (Corral, 2009). Esto quiere decir que, la validez de determinado instrumento debe responder a las siguientes preguntas: ¿qué miden los puntajes del test? y ¿qué predicen dichas puntuaciones? (Guilford, 1954; Nunnally, 1967; Anastasi, 1976; Magnusson, 1982). Existen tres tipos de validez desde Corral, (2009):

Validez de Contenido: Se refiere al grado en que un instrumento refleja un dominio específico del contenido de lo que se quiere medir, se trata de determinar hasta dónde los ítems o reactivos de un instrumento son representativos del universo de contenido de la característica o rasgo que se quiere medir.

Validez de Constructo: El término constructo se usa en psicología para referirse a algo que no es observable, pero que literalmente es construido por el investigador para resumir o explicar las regularidades o relaciones que él observa en la conducta. Este tipo de validez intenta responder la pregunta ¿hasta dónde el instrumento mide realmente un rasgo determinado y con cuánta eficiencia lo hace?

Validez Predictiva o de Criterio Externo o Empírica: Este tipo de validez, enfatiza en determinar hasta dónde se puede anticipar el desempeño futuro de una persona en una actividad determinada. La validez predictiva se estudia comparando los puntajes de un instrumento con una o más variables externas denominadas variables de criterio. Se establece una correlación, la cual se interpreta como índice de validez.

Ahora bien, desde la perspectiva de Kerlinger, (2002), fiabilidad y validez divergen entre sí, en tanto la primera puede llegar a ser reducida básicamente a una cuestión técnica.

Mientras que la validez, se podría relacionar con un aspecto sustantivo de la ciencia misma, la epistemología y los paradigmas científicos; teniendo en cuenta que tiene que ver con la naturaleza de la “realidad” a las propiedades del objeto que está midiendo, especialmente en referencia a la validez de constructo.

Instrumentos de Evaluación Psicológica en Custodia

Para Gould, Martindale y Flens, (2009), dentro de la evaluación psicológica en Custodia, se distinguen dos tipos de instrumentos psicológicos; 1) Aquellos que miden constructos psicológicos que aplican a la evaluación en custodia (IT1); y 2) Los instrumentos específicamente creados para evaluar guarda y custodia (IT2). Así mismo, se ha encontrado que dentro de este tipo de evaluaciones, usualmente se utilizan tanto pruebas psicométricas como proyectivas; las primeras, proporcionan una comparación del evaluado con un grupo normativo y las segundas se asocian a una teoría psicológica subyacente y su interpretación tiende a basarse en el criterio del evaluador (Gonzales, 2007).

Para empezar, es importante resaltar que desde la literatura científica se han expuesto diferentes críticas hacia el uso de instrumentos de evaluación psicológica en custodia, estas son: a) Estos no reflejan la evaluación de constructos o cuestiones pertinentes al objetivo de la pericia; capacidad de crianza, la naturaleza y calidad de la relación padre-hijo y la disponibilidad de cada padre de relacionarse cordial y positivamente (Bricklin, 1995, 1999; Brodzinsky, 1993);  b)  Existe un uso excesivo de instrumentos de la práctica clínica,  que no reflejan características psicométricas de validez y confiabilidad originarias del área en cuestión.  (Brodzinsky, 1993) c) Debido a la elevada distorsión motivacional que habitualmente presentan los padres, se presenta baja fiabilidad en las pruebas y d) Existe una escasa capacidad predictiva respecto a las competencias y capacidades parentales (Gómez, 2014).

Como se ha podido observar, las principales críticas a los instrumentos de evaluación psicológica en custodia, van dirigidos especialmente a la dificultad de la evaluación psicológica a padres y a los constructos pertinentes que estos instrumentos deberían medir.

A continuación, se describirán los principales instrumentos de evaluación que generalmente se les aplican a padres dentro de los litigios por custodia:

Tabla 3. Instrumentos Psicométricos.

Instrumentos Psicométricos

Tabla 4. Instrumentos Proyectivos.

Discusión

El propósito principal de esta revisión bibliográfica, parte del hecho de que los instrumentos de evaluación psicológica forense en la custodia de los niños, niñas y adolescentes (NNA), son herramientas de gran importancia. Además, teniendo en cuenta revisiones anteriores como las de Fariña et al., (2002) y Gómez (2014), resultaba pertinente delimitar los alcances y las limitaciones que se identifican dentro de estos instrumentos; considerando que el origen y desarrollo de los mismos, se enmarca dentro de un contexto histórico a nivel cultural, científico y legislativo.

El tema de la evolución histórica acerca del uso de instrumentos de evaluación psicológica (EP) en litigios por custodia, se construye a partir de una serie de acontecimientos. Dichos sucesos, han dado lugar a grandes transformaciones tanto en relación a los derechos de los padres y madres sobre la custodia de sus hijos, como frente a la concepción de los NNA como foco principal de protección, tal como se evidencia en el Interés Superior del Menor (ISM) y la “Uniform Marriage and Divorce Act” (Arch, 2008, Hayden, 2011, Torrecuadrada, 2016).

Es por ello, que la búsqueda del mejoramiento de los estándares de calidad en el ejercicio profesional del psicólogo forense como evaluador de la custodia, presentes desde la aparición de los criterios Michigan y las Directrices APA, reflejan la comprensión de las transformaciones históricas que ha experimentado la evaluación psicológica en custodia, como es el caso ISM; si se tiene en cuenta su propósito principal, el cual se aferra a priorizar los derechos del NNA frente a cualquier decisión que lo afecte, viéndose reflejado tanto en los criterios Michigan como en las Directrices APA. De igual forma, la teoría del apego la cual alude a la relación que existe entre la construcción de la personalidad y el desarrollo social de un NNA, y la calidad de las experiencias y el marco relacional con sus padres, (López, 1998; Moneta, 2014; Rodríguez-Domínguez, et al., 2015) evidencia su importancia dentro de estas dos guías. (Ver tabla 1 y 2).

Siguiendo con la línea del ejercicio profesional del psicólogo forense en los casos de custodia, considero de gran valor exponer unos puntos referentes a los aspectos éticos del quehacer profesional. En este sentido, Montgomery, Cupit y Wimberley, (1999); Del Río, (2000); Kirkland y Kirkland, (2001); Torres, (2002); y Cayuela, Jarne y Molina, (2005), han planteado que una de las tasas más altas de denuncias ante las comisiones deontológicas en los Colegios Oficiales de Psicólogos, refieren a la praxis profesional del psicólogo forense en el ámbito de familia. Dentro de los motivos de estas denuncias se encuentra principalmente que; 1) Existe una mala praxis profesional por parte del psicólogo; y 2) Las denuncias proveniente del descontento de la parte no evaluada. (Arch, 2010; Rodríguez-Domínguez, Carbonell y Jarne 2015).

En este sentido, es importante aludir no solamente al aspecto ético y deontológico sino también al nivel de formación de los psicólogos quienes ejercen profesionalmente dentro de esta área. Teniendo en cuenta que a nivel estadístico, en estudios realizados por LaFortune y Carpenter, (1998) y Bow y Quinnel, (2001), se encuentra que la mayoría de profesionales en psicología forense quienes ejercen el rol de peritos en el área de familia, especialmente en los litigios por custodia, cuentan con años de experiencia pero no con la formación académica relativa al área en cuestión.

De acuerdo a esto, cabe resaltar que dentro de este contexto profesional, una mayor exposición y/o experiencia ante este tipo de evaluaciones no responde necesariamente a la existencia de habilidades y conocimientos para desempeñar un rol éticamente correcto (Molina, Arch y Jarne 2012). Por ende, para futuros estudios seria relevante investigar si existe una relación entre las estadísticas sobre la formación académica de los psicólogos forenses respecto a las altas tasas de denuncias ante las comisiones deontológicas.

Ahora bien, Arch, et al., (2013), plantean las investigaciones sobre ética y deontología en psicología como áreas realmente limitadas, enfatizando en que la veracidad de los datos sobre las denuncias ante las comisiones deontológicas, tienden a ser inexistentes. Por ello y como respuesta a este planteamiento, se sugiere el desarrollo de investigaciones exhaustivas para comprender la importancia de identificar no solamente el área o las áreas de mayor denuncia, sino también las variables internas; como seria la posible relación entre las denuncias ante las comisiones y la generalizada ausencia de formación académica especifica especializada de psicólogos forenses. Y externas, como podría ser la ausencia de instrumentos de evaluación psicológica forense, válidos y confiables; lo que comprometería las buenas prácticas del psicólogo forense, donde convergen tanto los aspectos propios del actuar profesional como el compromiso ético y deontológico del mismo.

Frente al tema de instrumentos de evaluación psicológica, es necesario hacer énfasis en la relevancia del campo de la psicometría en el área de la evaluación psicológica forense en casos de custodia, en tanto es la disciplina que brinda las herramientas necesarias para medir las variables presentes en dichos casos, además de brindar métodos, técnicas y teorías que aplicadas de forma eficaz y adecuada por los profesionales forenses a los casos de custodia, proveen a sus pericias y dictámenes un sello de validez y fiabilidad, todo enmarcado en el método científico, lo cual también brinda mayor cientificidad al trabajo profesional del psicólogo (Yela, 1968; Nunnally, 1973; Muñiz, 1998 citados en Instituto Superior de Computación, S.C., 2007; Nava y Vega, 2004; Mikulic, 2013).

Así pues, un punto de convergencia entre el desarrollo histórico de la custodia, los aspectos éticos y deontológicos, y la evaluación psicológica, corresponde a la validez y confiabilidad de los instrumentos de evaluación psicológica. En primer lugar, porque dentro de la evaluación en custodia hay constructos específicos a evaluar cómo; la personalidad, psicopatología, habilidades parentales, entre otros. Sin embargo, dentro del uso de instrumentos aplicados a padres en este tipo de evaluaciones, se encuentra una sobre- dependencia de instrumentos validos desde el área clínica, que por naturaleza, no responden a las necesidades de validez de otros constructos también pertinentes para la construcción de un informe pericial bajo estándares científicos (Arch y Jarne, 2010;  Archer y Wygant, 2012).

Respecto al tema de la “sobre-dependencia” mencionada previamente, es pertinente aclarar que desde la literatura científica y el área de familia, existe una dualidad de perspectivas frente a la evaluación de constructos desde el contexto clínico; el primero, enfatiza en la ausencia de validez de estos instrumentos, para la evaluación de constructos pertinentes al objeto de evaluación, (Grisso, 1986; Bricklin, 1992, 1999; Brodzinsky, 1993). Pues, no se encuentra una unanimidad conceptual que sitúe la relevancia o no de evaluar la presencia o ausencia de posibles trastornos de personalidad de los progenitores, porque ello no diría claramente cuál de estos sería el mejor desempeñando las labores. Asimismo, existen autores que si bien, consideran que dichos constructos no tienen mayor incidencia en estos casos de custodia en particular, no deberían ser omitidos en el proceso de la evaluación psicológica forense (Taylor y cols, 1991; Ramirez, 2006; Erickson, Lilienfeld y Vitacco, 2007).

En vista de lo anterior, apoyo esta segunda perspectiva, en tanto que estos constructos son elementos de relevancia en la evaluación, que deben ser evaluados para analizar rasgos de personalidad y posibles trastornos presentes en los padres de los NNA; no obstante, los instrumentos que se utilizan dentro de este tipo de evaluaciones no deberían enfatizar de forma exclusiva en estos constructos, sino también deberían tener en cuenta otros que vayan más ajustados al objetivo de la pericia. Pues la exclusividad del uso de instrumentos válidos desde el área clínica, generaría un impacto en el criterio del psicólogo forense al momento de brindar una recomendación, ya que, dentro del ejercicio de evaluación psicológica no se reflejaría el cumplimiento de las directrices, los criterios pertinentes y los constructos necesarios en su totalidad para aportar una recomendación profesional y fundamentada científicamente (Bricklin, 1995, 1999; Brodzinsky, 1993; Gómez, 2014).

Otro aspecto importante desarrollado a lo largo de esta revisión, es la existencia de una amplia proliferación de investigaciones y publicaciones (Keilin y Bloom, 1986; Ackerman y Ackerman, 1997; y Quinnell y Bow, 2001) que dan cuenta del uso de instrumentos dentro de la evaluación psicológica forense en custodia. De acuerdo con esta revisión, se encuentra la existencia de un frecuente uso de instrumentos psicométricos y proyectivos con validez para evaluar a los padres, evidenciando un uso mínimo de instrumentos que miden variables como: habilidades parentales, factores de riesgo, coparentalidad efectiva, entre otros. Esto responde principalmente, a que hasta hace poco tiempo, la cantidad de instrumentos elaborados de forma específica para evaluar las capacidades parentales era escasa dentro del entorno forense (Arch-Marín y Jarne-Esparcia, 2010; Patel y Jones, 2008; Quinnell y Bow, 2001).

No obstante, desde Gómez (2014) se observa una amplia lista de instrumentos específicos para este tipo de evaluaciones (ver tabla 3.), pero se encuentra como principal limitación la ausencia de validez y confiabilidad, pues la mayoría de estos instrumentos no se encuentran estandarizados. Dos casos ejemplares se evidencian en la existencia del ASPECT (Ackerman y Schoendorf, 1994) y el Cuida (Bermejo, Estévez, García et al., 2008), que siendo instrumentos que pueden evaluar constructos específicos dentro de la evaluación psicológica a padres por custodia; desafortunadamente no presentan validez dentro del contexto forense, en parte, por la ausencia de estudios específicos en esta área (Pérez y Verduzco, 2014).

Sin embargo, el MMPI-2 (ver tabla 3) como instrumento de origen clínico, ha sido útil para la evaluación de los padres dentro de los litigios por custodia (Ollendick y Otto, 1989). Teniendo en cuenta que, la evaluación de la salud mental en los padres es un determinante para brindar una recomendación respecto a la custodia de los NNA, lo que se ve reflejado en este instrumento, gracias a su amplio rango de escalas (Pérez y Verduzco. 2014). En relación a ello, por un lado, cabe retomar el hecho de que resulta pertinente, desde mi perspectiva, evaluar constructos clínicos de forma limitada, razón por la cual mencionar este instrumento es pertinente, ya que cuenta con validez y confiabilidad suficiente apoyada en  investigaciones científicas; por otro lado, considero, como ya lo he venido indicando, que aún quedan aspectos determinantes a la hora de evaluar a los progenitores en casos de custodia, los cuales no se encuentran contenidos en los instrumentos clínicos con mayor validez y confiabilidad.

Como último punto, es fundamental abordar de forma específica el uso de instrumentos o pruebas proyectivas dentro de la EP en litigios por custodia, dado que son herramientas de uso constante dentro de la evaluación psicológica a padres por la custodia de los NNA (González, 2007). Respecto al uso de este tipo de instrumentos en el área forense, Anastasi y Urbina (1998), reconocen su utilidad, en tanto se les concibe como “test enmascarados”, teniendo en cuenta su dificultad para ser falseados, partiendo de la idea de que el sujeto de evaluación no presentaría consciencia de la relación entre sus respuestas y su mundo interno. Asimismo, estos instrumentos han sido valorados por la presencia de sistemas de corrección y puntuación desarrollados, específicamente en el caso del Rorschach (Rodríguez Sutil, 1999, 2007).

No obstante, se reconoce que al igual que los instrumentos psicométricos,  las pruebas proyectivas han sido objeto de disensiones y divisiones de repente agudas tanto para el ámbito académico como profesional; partiendo del hecho de que las garantías científicas de este tipo de instrumentos han sido bastante discutidas (Zubir, Eron y Schumer, 1965; Anderson y Anderson, 1978; Exner, 1976, 1980 y 1982). Un ejemplo claro de esto, es el uso del Rorschach como instrumento de evaluación psicológica y su validez científica dentro del proceso de evaluación psicológica forense (ver tabla 4).

En primer lugar, desde la perspectiva de autores como Pascual del Roncal, (1949) y Portuondo, (1970), se hace alusión a su valor científico para la evaluación de la personalidad como estructura dinámica y a sus características de objetividad y empirismo que lo sustentan como instrumento válido para la evaluación del constructo en cuestión (Dueñas, 2003) y en segundo lugar y en contraposición, se desarrolla la postura de Fernández-Ballesteros, (1981, quien plantea que este instrumento presenta fuertes falencias de fiabilidad y validez, debido a los siguientes tres aspectos: 1) utilización de criterios de validación inadecuados, 2) existencia de diversos sistemas de valoración y, 3) intento de evaluación de construcciones no validadas previamente. En otras palabras, la gran dificultad de los instrumentos o pruebas proyectivas en el contexto forense, recurre a la ausencia de estándares científicos para sustentar su validez y confiabilidad, lo que en la práctica pericial podría interpretarse como una limitación al momento de realizar una replicación o emitir un concepto.

Teniendo en cuenta lo discutido previamente, la relevancia de un instrumento de evaluación, ya sea psicométrico o proyectivo, debería radicar en la posibilidad que tiene para sustentarse valido y confiable ante el objetivo e hipótesis de evaluación de la pericia, la calidad de su aplicación en conjunto con otros instrumentos y técnicas, la formación académica-profesional con la que cuente el perito, así como su validez de criterio, y el contexto social, cultural y legislativo en el que se desarrolla.

Conclusiones

Como conclusión principal de esta revisión, se encuentra que el ISM y la teoría del apego son importantes para la evaluación psicológica forense en custodia, en tanto que de allí se desprenden constructos que responden al objetivo de la pericia. Sin embargo, a nivel práctico se halla que los instrumentos normalmente utilizados en el área de familia, generalmente no responden a la evaluación de estos constructos, o por lo menos, no en su totalidad, lo que se identifica como una de las principales limitaciones.

Dicha conclusión, permite identificar la ausencia general de la validez de constructo y la de criterio, componentes importantes que intervienen tanto la elección pertinente de los instrumentos de evaluación psicológica como en su interpretación adecuada dentro de un contexto forense. En los casos de litigios por custodia, por ejemplo, se aplican instrumentos de origen clínico, y se evalúan constructos específicos como la psicopatología y la personalidad en los padres. Dentro de los instrumentos propiamente pertinentes (o adecuados) para este tipo de evaluaciones (ver tabla 3 y 4), se encuentran el PCRI y el Parenting Stress Index, caracterizados por poseer aspectos de validez y confiabilidad; asimismo se encuentran el CUIDA y el ASPECT, los cuales reflejan grandes limitaciones, especialmente dentro de la aplicación psicológica forense.

Ahora bien, frente a los instrumentos clínicos aplicados dentro de este tipo de evaluaciones, se establece que el MMPI-2 es el único instrumento clínico que cuenta con las características de validez y confiabilidad requeridas; dado que es un instrumento que más allá de evaluar constructos de personalidad, es valorado por sus amplias escalas, las cuales permiten identificar niveles de simulación (Pérez y Verduzco, 2014; Fariña, Redondo, Seijo, Novo y Arce, 2017). Esto es de gran importancia, teniendo en cuenta que una de las limitaciones más grandes dentro de este tipo de evaluaciones, enfatiza en la distorsión motivacional y/o poca cooperación por parte de los evaluados (Butcher, 1997; Ramírez, 2003). Asimismo, este alcance se ve identificado específicamente, en el uso de pruebas proyectivas como el Rorschach, pero no se sustenta bajo los mismos criterios que el MMPI-2, pues no cuentan con los estándares de cientificidad requeridos por el contexto forense de evaluación.

No obstante, es evidente la limitación que conlleva el uso exclusivo de instrumentos clínicos dentro del área forense, teniendo en cuenta que, aunque son relevantes para la evaluación psicológica de los padres en litigios de custodia, resultan ser insuficientes para responder principalmente a la validez de constructo y criterio. En este sentido, se considera importante aludir a que esta revisión se focalizó en los alcances y limitaciones de los instrumentos de evaluación psicológica a padres dentro de litigios por custodia, lo que hace relevante reconocer, que para el proceso de evaluación y construcción de un informe pericial en esta área, es insuficiente la aplicación de instrumentos de evaluación como una única fuente de recolección de datos; por ello, la evaluación psicológica forense en esta área estaría condicionada por la aplicación de otras técnicas de recolección, las cuales también deberían ser revisadas en cuanto a sus alcances y limitaciones.

Finalmente, se encuentra como fuente secundaria de interés para futuras investigaciones, los aspectos éticos y deontológicos, dado que como se ha planteado con anterioridad, la mayoría de denuncias ante las comisiones deontológicas, van remitidas a psicólogos forenses en el área de familia y específicamente, a quienes ejercen de peritos en litigios por guarda y custodia de menores (Arch, et. al, 2013). De allí que, se identifica la necesidad de investigar a profundidad las causas de las denuncias ante las comisiones deontológicas; lo que a nivel propositivo podría desarrollarse a partir de un ejercicio investigativo y así dar cuenta de las diferentes variables que anteceden estas denuncias y que a nivel de hipótesis, de acuerdo a esta revisión, estarían relacionadas con las falencias en la formación académica de los psicólogos y el uso de instrumentos ausentes de validez y confiabilidad, dentro de la evaluación psicológica forense.

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12 Comments

  • Guiomar Bejarano Gerke dice:

    Estimados Colegas!!!
    Muy interesante y completo el artículo… realmente es un tema sensible… y muchas veces radica en que los jueces quieren decidir solos, sin consultar al PSicólogo.
    Saludos

  • stella maris puhl dice:

    Muy completo el trabajo. De excelencia

  • Carolina dice:

    Excelente trabajo! Gracias por compartirlo

  • Jaime Alberto Echeverri Vera dice:

    Excelente ponencia! Muy completa e ilustrativa.
    Gracias por compartirla.
    Felicitaciones!!

  • Mónica Di Nubila dice:

    Muy interesante y amplio!!! La “autocrítica” final para el colectivo es de agradecer.

    Enhorabuena por el trabajo realizado.

  • Cesar Acarapi dice:

    Muy interesante, felicidades, absolvio varias dudas que tenia.

  • Liliana Oliver dice:

    Importante, a destacar y que excede a la formación del psicólogo forense: la ética. Considero fundamental remarcar que el rol como evaluadores intenta ser lo mas objetivo posible dado que la observación tergiversada por lo leído en el expediente o las propias creencias al respecto, los prejuicios, marcan tendencias en las conclusiones arribadas.
    Gracias por el amplio trabajo realizado!!

  • Gloria Lucía García Alvarez dice:

    Me ha interesado muchísimo este documento. Creo que nosotros los psicólogos estamos suficientemente preparados y penemos instrumentos validados para emitir un concepto que favorezca al niño, o la niña, o al adolescente. Pero… el sistema, manejado por abogados y jueces muchas veces ignoran los conceptos que emitimos y predomina la guerra parental que subyace a estas situaciones y el interés del abogado de turno en ganarse el caso para su cliente. Otras veces, no son los padres los que muestran interés en las custodias de sus hijos y aparecen los abuelos o los tíos o aún hermanos mayores que entran en litigios con el estado o con el llamado “Bienestar Familiar”. Me parece que este artículo debe conocerse no solo en los ambientes académicos sino el todos los ambientes donde se adelantan estos casos y aún en los medios de comunicación. Muchas gracias…

  • Cleta Antonia Torres Pérez dice:

    Es cierto que no es suficiente aprender a aplicar una lista interminable de instrumentos psicológicos, haciendo referencia de manera especial a los test, se requiere más que eso. Quienes me anteceden han nombrado la ética, además de habilidades y estrategias inteligentes dentro del ámbito forense, opino de manera muy particular que la sensibilidad no debe perderse, pues acompaña a la empatía y la autoreflexión, e introspección constante sobre el trabajo al que se expone de forma tan comprometedora el psicólogo forense.

  • Carlos Tunqui dice:

    Deja pensando en las acciones de los juzgados sobre la importancia del rol del psicólogo…, y como éste actúa con propiedad ante un tema ten delicado. Gracias por compartir

  • Guery Zabala Gumucio dice:

    Excelente propuesta, que nos hace ver que no cualquier psicólogo puede hacer esto, sino debe tener formación especializada, ya que de otra manera hace que la profesión y esta área especifícamente, sea menospreciada, o no considerada importante, cuando se evidencia tanta cientificidad, los/as abogados/as, podrán considerar lo psicológico como algo fundamental, y no como algo de relleno, por eso es labor de los/as expertos seguir aportando y los que no conocemos el área, pues referir con las personas que si saben..Excelente

  • Edita dice:

    Interesante la informacion.GRACIAS

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