“Toda sociedad, en fin manifiesta la relación entre el crimen y la ley a través de castigos, cuya realización, sea cuales fueren sus modos, exigen un asentimiento subjetivo. Aquí es donde el psicoanálisis puede, por las instancias que distingue en el individuo moderno, aclarar las vacilaciones de la noción de responsabilidad para nuestro tiempo y el advenimiento correlativo de una objetivación del crimen, a la que puede colaborar”.

En “Introducción teórica a las funciones del Psicoanálisis en Criminología” J. Lacan

GABRIEL ALBERTO LETAIF

El eje de mi exposición en esta oportunidad versará sobre los ejes de la práctica y la formación en la disciplina de la Psicología jurídica.

La Psicología es una disciplina que se entrecruza con diversos campos del conocimiento, como la medicina, la antropología, el derecho, la economía. En el decir de Ángela Tapias[2], en cada una de esas intersecciones se genera un intrincado acervo de conocimientos; al entrecruzamiento entre el conocimiento psicológico y jurídico se denomina Psicología Jurídica.

Así resultará de relevancia la pregunta epistemológica de los profesionales psicólogos en el campo de especialización de la Psicología Jurídica y Forense; ello viene a colación que con frecuencia se ha concebido a la Psicología Jurídica como una aplicación asistencialista de la psicología en el ámbito del derecho, dando pié a concepciones simplistas del quehacer profesional en ese ámbito, escuchando afirmaciones al estilo de “el psicólogo debe responder sólo aquello acerca de lo que se le pregunta y nunca cuestionarlo” , ó que las Psicología Jurídica es apenas una “ciencia auxiliar del Derecho”.

Un derecho- referencia, cerrado en sí mismo no garantiza la regulación de los modos de vida en la sociedad. La referencia se encuentra en el texto y el texto no es sin con-texto. La complejidad de la aplicación del Derecho en la regulación de la pulsión de muerte, está en conjugar principios referentes que en sí son contradictorios, tensos y disjuntos, en una sociedad compleja y plural y con modos de vida tan desiguales. La experiencia real exige un derecho abierto y afectado por la contingencia, un derecho posible y plural que se orienta por un eje de principios. Prescindir del Derecho, entonces, es prescindir de la creencia en un derecho referente – todo.

Así, entendemos que las situaciones de alta complejidad y conflictividad que se presentan en los estrados judiciales han planteado la necesidad explícita de psicólogos que coadyuven al aparato de administración de justicia, esta demanda es creciente desde las instituciones judiciales, las policiales, los profesionales de otras disciplinas y los diversos actores involucrados en los actos justiciables.

Es allí en donde la mirada psicológica jurídica está convocada a dar parte acerca de las diversidades subjetivas, de hecho, siempre hay un modo de vida nuevo, una nueva forma de gozar. Sin embargo las “ficciones” jurídicas no apuntan a atender tal pluralidad de goces, nombrándolos y fijándolos a través de la creación infinita de normas jurídicas. Aunque las formas diferentes de vida y del goce busquen su regulación a través de su inscripción en el registro de la ley, incluir las diferencias debe ser la condición de incluir lo contingente en el campo de las posibilidades, lo que requiere considerar en el campo de lo imposible, un resto que lleva a lo absoluto fuera de la ley.

Nuestro momento social está marcado por el modo de ejercicio de un poder que pone en acción los recursos de “normalización” en beneficio del lucro de un plus de goce. Como señala Foucault, vivimos en una sociedad en que el poder se ejerce a través de normas que apuntan a generar progresivamente cada momento de la vida. El avance de la regulación social a través de procesos de normalización funcional de las actividades no se hace sin generar una multitud de desclasificados y no clasificables, excluidos de los medios del poder y también del goce del producto social. Empuje éste en el que frecuentemente nos vemos involucrados en nuestras prácticas en el ámbito jurídico.

El montaje de un Estado de Derecho se nutrió de la creencia en una estructura normativa con capacidad para distribuir la satisfacción en el espacio público, es decir, función de regular lo que dice respecto al goce (lo mortífero), a través de su indexación a las normas, en su montaje significante. Sin embargo, el montaje nombre del padre y significante fálico que tempera deseo y goce, atraviesa una dura prueba en todos los niveles de la civilización[3]; así lo jurídico muestra su insuficiencia en la tarea de fijar una cuota de goce y la obediencia de la ley vacila.

Desde el ejercicio profesional investido de la ética del “bien decir” podremos advertir al Otro (representante de la ley) acerca de los riesgos de la ilusión “absolutista” del tener “todo bajo control”; un buen ejemplo de eso es un programa en Brasil conocido como “Ojo Vivo”[4], el que se trata de un trabajo conjunto de la Policía Militar y de la Secretaría de Defensa Social y el Club de Directores de Shoppings “Ahora usted podrá hacer sus compras con tranquilidad” , dice su slogan. La tecnología garantizará al consumidor vigilancia permanente, usando cámaras filmadoras, cuidadosamente dispuestas en el campo geográfico del consumidor. Un equipo vivo estará vigilando a los muchachos que pasan por allí, protegiendo al consumidor del robo y de la violencia. En escenas sospechosas, la policía será inmediatamente accionada. Pero el campo de lo imposible está allí insituable! El mayor problema de ese dispositivo son los puntos ciegos y la simulación que los muchachos hacen frente a las cámaras; creo que el ejemplo aquí vertido no nos aleja demasiado de las experiencias tecnológicas análogas en nuestras ciudades argentinas. Ante las cámaras, se monta una escena, lo que el montaje busca capturar, los sujetos se ofrecen como personajes del film que ese “panóptico” desea colocar en primer plano. Pero es allí donde no se ve, donde el “ojo está muerto”, que realizan lo que en lo real asombra: una escena mortífera que profana la vida. En verdad, hay el goce. Todo dispositivo tiene un punto ciego, que escapa a cualquier abordaje posible. La apuesta es en ese sentido desde la Psicología Jurídica en el campo del Derecho a no retroceder ante lo cotidiano de los servicios en los cuales esos casos se presentan.

En la práctica al tolerar ese barullo, extrajimos la exigencia de un esfuerzo más para escuchar al sujeto en su singularidad, su realidad psíquica, en definitiva al sujeto del inconsciente. Resulta así que cuando el Derecho se deja aprender como una ficción útil y desde el plano de la psicología jurídica se encuentra la posibilidad de insertarlo, se puede seguir desde una lógica que permita pensar caso por caso, produciéndose la torsión necesaria para enlazar lo singular con lo universal.

El entrecruzamiento de los campos del Derecho y la Psicología Jurídica muestran paradigmáticamente un mismo lecho: el lenguaje. Sus sinuosos caminos se tocan sincrónica y diacrónicamente más allá de su específico campo de aplicación. Estos pueden interrelacionarse ó transitar por bordes que imbrican ó excluyen los dos discursos.

La vida humana, que no es sino vida instituida, institucionalizada, es el objeto de estudio tanto del Derecho como de la propia Psicología Jurídica.

Mientras el sujeto del Derecho es el agente, el autor de un acto, y de lo que se trata es de delimitar su “capacidad para comprender la criminalidad de su acto ó dirigir sus acciones, no suprimida por insuficiencia de las facultades mentales ó estado de inconsciencia” – art. 34. Inc. 1 º Código Penal (Frías Caballero, J. et al., 1993, p. 308), el sujeto que ocupa a la Psicología Jurídica es el sujeto de esa “inconsciencia”, y no es agente, sino el resultado, el producto de las palabras de Otros (llámese instituciones, cultura, Ley, padres, historia ó lenguaje), y se muestra, justamente, en los equívocos.

Sabemos que la culpa, no es sino el lazo mismo que une a todo sujeto humano con su procreador, en el lugar de la Ley.

Es decir, postulamos a la culpa como efecto de la humanización y como anudamiento de todo sujeto a la Ley, ó sea, al montaje institucional. Sabemos que el Derecho postula a la culpa como ACTITUD, diferenciándola (pero en relación) de la imputabilidad, postulada como APTITUD, la Psicología Jurídica (desde la perspectiva psicoanalítica) ubicará a la culpa como nodal en la estructura subjetiva.

En “Teoría del Delito” Frías Caballero enuncia, siguiendo a Jiménez de Asúa, que “para ser culpable es indispensable ser, previamente, imputable” [5] y plantea una prelación necesaria entre la imputabilidad y la culpabilidad.

El Derecho, en el texto antes mencionado, diferencia culpabilidad de imputabilidad, cuando dice que la “culpabilidad es temporalmente momentánea, ya que refiere a un delito concreto, mientras la imputabilidad, como estado ó calidad del sujeto, es algo permanente ó al menos, durable en el tiempo”.

Se enuncia como delito genuino (punible, que une el dolo – culpa e imputabilidad), aquel donde hay un nexo entre el acto y el autor, sin vulnerar el principio básico de la “responsabilidad por el hecho”, los presupuestos de la pena (…) se hallan situados en el autor (imputabilidad – culpabilidad) y desde allí gravitan, se reflejan ó confluyen sobre el acto, transformándolo en acción punible (delito criminal) Frías Caballero, J. “Teoría del Delito”. 1993, p. 303.

Hasta aquí pareciera estar planteando, en consonancia con lo afirmado por Jacques Alain Miller [6] que a la clínica convencional se le agrega una clínica jurídica; ella debe, por ejemplo, evaluar la posibilidad de que el sospechoso, para la satisfacción de las familias de las víctimas, pueda sostener su presencia y responder ante un Tribunal.

Ello pone sobre el tapete otra de las cuestiones cruciales en la práctica de la Psicología Jurídica, el tema de la “responsabilidad” del sujeto; Freud lo trabaja de un modo exquisito en “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”[7]; en el que Freud se pregunta sobre la implicación de un sujeto en el contenido del sueño: ¿el sujeto, debe sentirse responsable? En el sueño ocurre siempre una transgresión de la ley. Uno sueña siempre, según Freud, en contra del derecho. En la formulación de Freud los soñadores son criminales enmascarados. De manera tal que, cuando se habla de un crimen, de un asesinato, lo primero que desde el punto de vista analítico se podría decir con seguridad es que en esta historia se trata de sí mismo y no del otro.

Lo que también es seguro, es que desde nuestra práctica no podríamos asumir, en el lugar del jurista, la tarea de decidir la capacidad de asumir responsabilidades con fines sociales. La definición de responsabilidad para el bien de la sociedad no conviene al psi. Freud solamente podía ver la capacidad jurídica como una limitación del yo metapsicológico, situaba a la responsabilidad del jurista como una simple construcción social.

Según Miller, la responsabilidad jurídica es como una construcción específica que depende de las circunstancias, de las épocas, de las tradiciones.

Amén de los planteos aquí esbozados y de los múltiples que podrían desprenderse de éstos y otros son parte del contexto en que se inscribe la práctica de la Psicología Jurídica.

La Psicología Jurídica: Norma – Procedimientos y Personas

El contexto determina nuestras prácticas; y ello también nos insta a una re definición de la Psicología Jurídica. Tomando los desarrollos de nuestra colega y actual Directora Internacional de la ALPJF,  la Dra. Ángela Tapias, coincidimos en definir a la Psicología Jurídica como el conjunto genérico de la relación entre la psicología y el derecho; cubriendo todas las áreas de aplicación, se traten ellas de la psicología forense (que sería el área aplicada de la psicología jurídica, que relaciona a la utilización de los conocimientos psicológicos que son necesarios para ayudar a resolver un caso judicial en las áreas penal – familiar – laboral – civil ó dependientes del cuerpo de Psicólogos Forenses ó de las diversas oficinas periciales.) , la psicología criminológica (estudio de la conducta delictiva y antisocial, pero excluye todas las otras áreas de aplicación de la psicología al Derecho, como lo civil, lo laboral, etc.). Diremos que la Psicología Jurídica comprende el estudio, asesoramiento e intervención eficaz, constructiva y prosocial sobre el comportamiento humano y las normas legales e instituciones que lo regulan.

Lo podríamos sintetizar en el siguiente esquema:

La Psicología Jurídica en el actual contexto de lo JURIDICO:

Coyunturalmente la transición del sistema penal mixto hacia el sistema acusatorio, amplía las posibilidades de intervención y de ámbitos de ejercicio profesional para los psicólogos jurídicos y forenses. Obligándonos a una revisión constante de las prácticas profesionales, en particular de aquellas que se articulan al Derecho desde otros paradigmas científicos; tal es el caso de nuestra práctica.

La complejidad de lo social y el avance de las investigaciones en el campo jurídico, nos determina hacia nuevos desafíos a través de una formación sistemática en los ámbitos de la práctica de la Criminología, la Victimología, el ejercicio forense, la Psicología Penitenciaria, la Psicología Policial y un ámbito de reciente inclusión – al menos para la comunidad psi en nuestro País – que constituye la inclusión de la psicología jurídica en las investigaciones criminalísticas.

En el Sistema Penal Acusatorio hay que evidenciar la ocurrencia de un delito , sustentar que hay una persona afectada en sus bienes jurídicos, justificar que hay una víctima a través de alguno de los medios probatorios previstos por el estatuto procesal penal entre los que se encuentra el peritaje. El peritaje debe ser practicado de manera imparcial.

El peritaje psicológico es un procedimiento matizado con responsabilidad social para auxiliar a las víctimas (según Beristain 2001) y uno auxiliar de la justicia.

Adscribir lo pericial a una función, y no simplemente a un actuar profesional, es intentar develar cuáles pueden ser las lógicas posibles que sostienen, en un dispositivo determinado, el encuentro discursivo entre campos semánticos que son de órdenes diferentes, como lo es el “psi” y el “jurídico”.

En un trabajo anterior[8] hice alusión a algunos de los atravesamientos en la función pericial, tratando de diferenciar la tarea habitual del perito de las profesiones “psi” en las convocatorias judiciales, es decir, indagar las estructuras de las entrevistas periciales, las distintas técnicas evaluativas, el formalismo y /ó el contenido exigible a los informes, la connotación del testigo experto del perito, el secreto profesional, etc.

Desde otras lógicas, esbocé en esa oportunidad que se podrían caracterizar – posiblemente – a lo que denominamos función pericial, buscando los nexos permitidos entre algunos de los elementos del Derecho y del campo Psi.

El descubrimiento del inconsciente no sólo ha tenido incidencia en las costumbres, sino que en cuanto a lo jurídico ha cambiado el espíritu de las leyes.

La peritación en el actual contexto social nos confronta a las nuevas manifestaciones del malestar, que no son el resultado de la restricción sino la consecuencia de la caída cada vez más vertiginosa de la creencia en los semblantes del padre y del imperativo de la época que ordena gozar.

Interrogarnos por la demanda que nos proviene de un Magistrado, Fiscal, y /u otro funcionario judicial; nos lleva a un re-posicionamiento en nuestra función pericial, ya que de acuerdo a cómo entendamos la formulación, el pedido que el campo jurídico hace al psi, nuestra acción tendrá un sentido u otro.

Se ha establecido que el perito es el “sabio, experto, hábil, diestro, práctico en una materia; de la cual el jurista ó el juzgador no tienen por qué ser dominantes [9] . Es la persona competente en determinado orden de conocimientos, llamada a emitir dictamen sobre algún punto que debe dilucidarse.

En nuestro caso no puede sino implicar de un modo u otro a la subjetividad humana.

Paradigmas del mundo contemporáneo:

El mundo contemporáneo se rige por la eficacia, y a cada problema le corresponde su solución. El imperativo pragmático empuja a la búsqueda de soluciones, no importa mucho cuáles, el asunto es que al problema se le debe encontrar una solución que sostenga el buen funcionamiento.

El filósofo francés Milner [10] plantea dos paradigmas que determinan lo moderno:

1)      Problema – solución

2)      Evaluación

Con el paradigma de la evaluación, en el cual el sujeto debe ser evaluado, entramos en lo que Miller sitúa como la tiranía de la media, ya que se lo evalúa de acuerdo a una media que es la medida de lo normal. A partir de este paradigma el sujeto entra en la cifra, en el cálculo, y así, los dos paradigmas se entrelazan.

Para comprender la propuesta de análisis de la función pericial que sugiero, me valgo de dos consideraciones que plantea Luis Camargo en su libro “Encrucijadas del Campo Psi-Jurídico”[11]:

1 º El acto pericial puede consistir en responder a la demanda del juez por la vía de la interpretación; y

2 º nuestras posibilidades de operatoria no pueden quedar por fuera del marco de un dispositivo: el revelado por Freud con el nombre de transferencia.

Interpretar para el psicoanálisis, no es sino un acto que apunta a develar al sujeto las enunciaciones que subyacen a un enunciado suyo. Lo que habilita este acto no es sino una falta previa, una falta en el saber. En el caso del juez es esa falta en el saber la que convoca a la intervención pericial, por la cual recurre al Otro.

Pensándonos desde el psicoanálisis, sostengo que frente al requerimiento pericial no podremos quedarnos en una sola descripción con profusión de referencias al DSM IV, ni con acabados análisis de las pruebas proyectivas administradas, de los mecanismos defensivos evaluados y por lo general a las múltiples alusiones a lo disfuncional del ó los peritados, que decantan un perfil psicológico delimitado, que por estructura, aunque diga de “lo psicológico” nada dice de lo subjetivo en juego.

A partir de asentarnos en la responsabilidad del sujeto es que Lacan se manifiesta contrario a que  el psicoanálisis utilice los elementos del Edipo freudiano como aporte a una psicopatología clasificatoria del criminal. La contribución del psicoanálisis deberá ir más allá de las clasificaciones. También es reacio a que desde la ciencia se arme una teoría del criminal, apuntalada en la biología del modelo lombrosiano que teoriza al criminal como un depravado de instintos arcaicos, un inhumano de instintos atávicos deducibles de su biología. No nos apoyamos en el Edipo freudiano para realizar una teoría del criminal sino que basados en los textos freudianos encontramos una lectura absolutamente actual del Otro social[12].

Para ir concluyendo, aunque sea de modo preliminar, sostendremos que las normas en los ámbitos de ejercicio profesional de la psicología jurídica y forense; sin embargo estas normas en ocasiones, no establece una distinción entre categorías legales y categorías psicológicas, la naturaleza de las definiciones de categorías que se determinan en el ejercicio de la psicología jurídica y forense en el ámbito de lo jurídico no deberían permanecer ajenas a éste último.

En concordancia con Graciela Gardiner [13] “El Derecho no sabe del sentido del acto, sino de su relación con la norma que lo significa jurídicamente, de allí que la pericia psicológica debe emitir un dictamen que diga algo sobre la verdad subjetiva del sujeto, que pueda poner significado en el hueco del acto realizado, que no es comprensible desde la perspectiva de la construcción de la verdad jurídica”.


[2] Tapias, Ángela “Qué es la Psicología Jurídica?” en Psicología Jurídica Perspectiva Latinoamericana – Ed. Digital – ALPJF – Bogotá, Colombia 2008

[3] Miller, J. A. “Lacan e a política” en Opção Lacaniana, n. 40, ago. 2004. P. 19

[4] Mandil, R. A. Conferencia realizada no Núcleo de Psicanálise e Direito do IPSM/MG – 18/04/05.

[5] Frías Caballero, J. “Teoría del Delito”. 1993, p. 307.

[6] Miller, J.A. “ Nada es más humano que el crimen” – en Rev. Digital Virtualia N º 18 – Bs. As. Nov. 2008.

[7] Freud, S. Obras Completas, Amorrortu, Bs. As. , 1976, “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto”, 1925.

[8] Letaif, G. “Algunos atravesamientos en la Función Pericial Psicológica ante el Testimonio de la Víctima en el Sistema Penal Acusatorio” – Trabajo presentado en las Jornadas Nacionales de Victimología organizado por la Asociación Argentina de Victimología – Córdoba (Rep. Argentina) Octubre de 2008.

[9] La Pericia Psicológica indaga en busca de la verdad articulada en los requerimientos procesales procurando compatibilizar la verdad psíquica con la jurídica. Es un proceso de debate de argumentos que permiten elaborar, en una compleja trama de relaciones, un razonamiento que opere como productor de la verdad jurídica, base del fallo. Es reclamada por los jueces para apoyar con argumentos científicos sus fallos. Tkaczuk, Josefa “Peritación en Psicología Forense” – Depalma, 1994.

[10] Milner, J. C: Filósofo francés invitado por J. A. Miller a su curso de la Orientación Lacaniana y en la clase del 10 de diciembre de 2003 hizo su ponencia que está publicada en el libro Psicoanálisis y Política bajo el capítulo “La evaluación” , EOL Grama ediciones, Bs. As. 2005.

[11] Camargo, Luis “Encrucijadas del campo Psi-jurídico” Diálogos entre el Derecho y el Psicoanálisis. Ed. Letra Viva – Bs. As. 2.005.

[12] Greiser, I. “¿Qué es lo que el Psicoanálisis puede aportar a la Criminología? En Virtualia N º 18 Revista Digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana – Octubre / Noviembre 2008.

[13] Gardiner, G. “Discurso psicológico vs. Discurso jurídico?” en Construir Puentes en Psicología Jurídica. Bs. As. JVE. 2003.

Ponencia presentada en ocasión de ser invitado al Panel de Apertura  de la  1 º Jornada de Psicología Jurídica y Forense del Colegio de Psicólogos De la Provincia de Buenos Aires “Nuevas Perspectivas de la Psicología Jurídica y Forense en el marco de las actividades reservadas al título de Psicólogo /a” (Res. 343/2009 Ministerio de Educación de la Nación), que se efectuara el sábado 8 de mayo de 2010, en la ciudad de La Plata.

Para citar este artículo según las normas APA, escribir:  Letaif, G.  (enero, 2011).  Psicología Jurídica en Con-textoRecuperado de http:// psicologiajuridica.org/archives/885

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