LA TRADICIÓN DEL POLÍGONO EN LAS FUERZAS MILITARES
LA TRADICIÓN DEL POLÍGONO EN LAS FUERZAS MILITARES
Paola Andrea Zabala Restrepo
MINISTERIO DE DEFENSA
COMANDO GENERAL FFMM
Lunes 6 de Marzo, una fecha definitivamente inolvidable en mi vida, demasiadas sensaciones, pensamientos y motivaciones que en tan solo milésimas de segundo cruzaron mi mente. Reunir quizás los sentimientos mas opuestos en una medida de tiempo que ni siquiera conozco, la vida y la muerte, el odio y el amor, el miedo, la angustia, el dolor, en verdad no sé cuantas cosas pude sentir, pasaron tantas …… en mi cuerpo, en mi corazón, en una entidad espiritual que a partir de mi experiencia comprobé que existe.
Llegué ese día muy temprano en la mañana dispuesta a disparar, o como dirían los militares, a realizar mi ejercicio de tiro, vencí esa mañana el sueño y la pereza simplemente por experimentar algo nuevo. Subí a las 7:10 a.m. al bus que me llevaría a la Escuela Logística, estaba un poco retardada, y me recogieron cuando ya salían del lugar acordado. Todos estaban en el bus, los soldados y suboficiales de la Fuerza Aérea, algunos esperaban mi llegada, en realidad no hablaban demasiado, parecía que todos estaban dormidos, yo en realidad no tenía expectativas, no había pensado demasiado en que era un polígono pensaba simplemente en que se disparaba y ya… no esperaba nada de mi, tal vez tan solo pensaba que era fácil hacerlo… igual, si tantas personas son capaces de matar, porque yo no iba a poder simplemente jugar, imaginarme a alguien que odiara y botar toda mi agresión en un cartón y sentirme feliz de dar en el blanco.
Por fin llegamos a la Escuela, tuvimos que caminar bastante pero sabía que no podía quejarme, debía de alguna manera dar moral y ejemplo a los soldados, mostrarles que no es tan difícil y que si lo piensan bien en el servicio militar hasta se pueden divertir. Llegamos al primer polígono y después de un rato nos hicieron subir al segundo y después al tercero en donde los suboficiales y algunos soldados empezaron a armar todo para la práctica, luego nos hicieron desbaratar todo porque pidieron que nuevamente nos ubicáramos en el primer polígono, así que volvimos a bajar y allí si armaron definitivamente lo que sería mi gran experiencia. Mientras tanto yo hablaba con los soldados, ninguno comentaba nada acerca del ejercicio y yo estaba muy tranquila. El Sp. Cruz empezó con la instrucción de los soldados, recordó los principios de realización de un ejercicio de polígono, dijo: Respiración pausada, concentración y preparación psicológica (lo que alcanzo a recordar), y expuso las medidas de seguridad a tener en cuenta. Mientras tanto yo pensaba: ¡que bobada!, que preparación psicológica debe tener alguien para disparar si es simplemente tirar del gatillo y estuvo, eso si advirtió que sonaba “un poquito fuerte”, pero que no debíamos asustarnos.
Mientras el Sargento Cruz daba las instrucciones llegó el CT Alarcón con los demás soldados, y con ellos el inicio de mi polígono. Nuevamente se dieron indicaciones precisas acerca del ejercicio y se dio comienzo a la distribución de los soldados en tres grupos para recibir instrucción sobre explosivos. Una vez ubicados los soldados en sus grupos, el Ct verificó que todo estuviera dispuesto de manera conveniente para que se pudiera iniciar posteriormente el polígono, me pidió que lo acompañara y en el camino me preguntó si quería disparar, yo le dije simplemente que sí, y el empezó a darme la información necesaria que para mi era quizás tonta. Recuerdo que lo primero que me preguntó fue si alguna vez en la vida había disparado, le dije que no, me preguntó si conocía un arma y le dije que las que les había visto a los soldados y en las películas. El sólo empezó a darme instrucción, sin hacer ningún gesto, tal vez lo hizo bien así porque muy seguramente si hubiese hablado algo de lo que podría sentir nunca habría disparado. Nuevamente escuché las indicaciones de la preparación psicológica y todas esas cosas….
Primer paso, un inexperto debe empezar en posición de “tendido”, me costó un poco de trabajo, me dolía la espalda y no lograba una posición completamente cómoda, sin embargo pasé a “empuñar” el arma, un Galil (arma de fabricación Israelita?) pero las manos no me alcanzaban, no podía cogerla de donde se debía, el Ct empezaba quizás a impacientarse pero no me decía nada, trataba de buscar soluciones y por fin, tuve el arma como toda una experta, empecé luego con la mira y esas cosas que uno tiene que aprender para dar en el blanco, finalmente el ejercicio de la moneda, si no tomaba respiración correctamente no podía pasar al punto clave “la realidad en el juego”. Pero que tan concentrada estaba que lo hice bastante rápido, el Ct dijo sorprenderse aunque no lo creo pero… muy rápidamente me dijo quieres disparar ahora?….. bueno, era la prueba final, qué tan difícil sería? Y el sonido… pues deberá parecerse al bullicio de una discoteca….Listo Ct. Empecemos, esto va ser fácil.
A 25 mts., conozco el miedo.
El Ct me ubica a 25 mts. del objetivo, tomar posición, colocarme los tapa oídos estar concentrada y ….claro, como la psicóloga no va a estar preparada psicológicamente? …. Listo Ct, cumplo con todos los requisitos ahora sí: ¡a disparar se dijo!….Ultima advertencia dice el Ct, no sueltes el arma después de disparar y no te asustes si suena duro. Tenía que mostrarles a todos esos hombres que no era tan difícil y que las mujeres también podemos….todos estaban pendientes de mi, seguramente para molestarme si no lograba el objetivo, pero claro muy seguramente sería yo quien se burlaría porque haría muy bien las cosas.
Uno, dos, y….lento, progresivo y pummmm… el Ct quitó el seguro y efectivamente PUMMMMMM, el sonido mas infernal que he escuchado en mi vida invadió mi cuerpo, mi cabeza, mis sentidos, todo, no sabía que hacer, sólo sé que por instantes ésa montaña se convirtió para mi en la vivencia de la guerra mas espantosa, ya no recuerdo exactamente que hice con el arma, sólo sé que pensaba en lo terrible que me sentía, era imposible describir mis emociones, sentía pánico, el miedo mas absoluto de la vida, dolor, angustia, estaba totalmente descontrolada, me sentía culpable sin tener una razón, fueron milésimas de segundo, pero en ellas por primera vez en mi vida sentí miedo realmente. Cuando logré incorporarme recordé que cerré los ojos, sabía que no lo había hecho bien, el arma estaba en el suelo y todos a mi alrededor esperaban que me levantara del suelo, no escuchaba nada, era como si no estuviera ahí, miré al Ct pero no sabía que decirle, no podía tocarlo y menos dirigirme a él para que me diera un abrazo y sentirme protegida, me levanté y toqué al soldado que estaba cerca y supe que aún estaba allí, que no era una pesadilla, aún no escuchaba nada, no podía decir nada, todo se pasaba como en cámara lenta hasta que por fin pude reaccionar y las lágrimas recorrieron mi rostro tal vez pidiendo ayuda y en ese momento empecé a escucharlos, ellos se veían preocupados y me preguntaron que tal me había parecido, sólo pude decir ESPANTOSO y pedir disculpas por mi reacción, no pude contener las lágrimas, aunque yo no lo deseé.
Solo pensé en que nunca mas volvería a empuñar un arma, y aunque el odio fuera una emoción natural y sana en el hombre no me explicaba cómo un ser humano es capaz de dispararle a otro en la vida real; cuando a mi, en un juego me había parecido la experiencia mas escalofriante de la vida. Tan sólo le dije al Ct que ese juego no me había gustado, estaba muy nerviosa y aún no podía hablar, sólo pensaba, estaba como “autista”, pensaba sobre mis pensamientos, en la dureza de la guerra y sobretodo pensaba en mi país, será que somos los colombianos una raza salvaje? O como diría el Ct mas tarde: “la costumbre hace que el miedo disminuya”…. En realidad es terrible que en el hombre el miedo ante lo que viví pueda disminuir alguna vez, tal vez por eso es que nos convertimos en salvajes. No quiero decir que todos los que utilizan armas sean salvajes, o tal vez si, en realidad aún no lo decido, pienso que los que matan definitivamente están locos porque no sólo dañan a otros, sino que además si viven lo que yo viví se hacen daño a ellos mismos. Pensaba que las armas simplemente no deberían existir, son como demonios que asustan….
Un suicidio…
Pero ….¡que locura!, aunque no me crea nadie tenía, que volver a disparar, no sé porque, tal vez por no defraudar a mi Ct que tan bien se había portado conmigo, y algo bueno había quedado de mi ejercicio había hecho un 9 y el Ct parecía estar satisfecho, también tenía que mostrar que no era una gallina y bueno, ante tanta insistencia y “presión psicológica”: “si no pruebas después te vas a quedar con la duda de si habrías podido”…… y otra vez, tomé el Galil entre mis brazos y nuevamente disparé, pero ahora estaba mas tranquila, el ruido igual seguía asustándome demasiado pero tenía que hacerlo, no sé porque , posiblemente porque eso era lo que tenían que hacer los soldados y no quería rendirme, quería experimentar lo mismo que mis soldados, acompañarlos simplemente. Esta vez lo hice mucho mejor, logré una hermosa Diana y estaba contenta en medio de mis pensamientos.
Finalmente, tenía que experimentar el G-3, el fusil de mis soldados pero tenía miedo porque los mitos sobre el golpe que daba el fusil en los ojos y el hombro no me dejaban seguir adelante. En este momento mi Ct si tuvo que luchar para que yo disparara, me dio una excelente preparación psicológica y militar, disparé el G-3, y ni un rasguño, mi hombro estaba perfecto, no me había lastimado el ojo y nuevamente un 9, no sentí la “pateada” del fusil, nada me dolía, estaba en un estado en el que sentía que mi cuerpo se había ido, no existían manos, brazos, piernas, nada, en realidad no sentía nada….disparé por última vez y el sonido seguía produciendo emociones en mí, pero nunca igual que la primera vez y en ése momento creí comprender que definitivamente el problema de nuestra guerra y la falta de humanidad está en la costumbre de ver cosas aterrorizantes, la desensibilización del ser humano y la necesidad de experimentar cada vez mas adrenalina. Simplemente me pregunto hoy, ….Y después de que nos acostumbremos al sonido y el dolor que producen las bombas ¿Qué sigue?…
Hoy recordando mi experiencia, sólo pienso en mis soldados, en que habrán sentido la primera vez que dispararon y en que muy posiblemente no hubo nadie que los reconfortara.
EL POLÍGONO, UNA TRADICIÓN DE HOMBRES
En verdad escribir después de haber pasado tanto tiempo de la experiencia vivida no genera las mismas sensaciones que cuando se vivió. Sin embargo, es bueno tener una cronología de los hechos con el fin de realizar investigación. Es obvio que lo que describo en estos informes contienen tan solo de manera parcial el sentir de un soldado ante la idea de un ejercicio de tiro, ya que existen algunas variables que han hecho diferente mi experiencia del polígono a la de un soldado. La primera es el hecho cultural de mi género frente al de los soldados, el segundo es mi decisión de participar del ejercicio de tiro y el tercero la consideración e instrucción especial por parte de los comandantes durante la práctica del polígono.
Pienso que las variables anteriormente descritas definitivamente influyen en el mayor o menor trauma que una práctica como el polígono pueda significar para el soldado, especialmente el bachiller. Lo anterior porque si miramos cada variable por separado encontraremos lo siguiente:
Género: La cultura nos ha enseñado que los hombres cazan y se preparan para ser guerreros, mientras que las mujeres deben hacerlo para el cuidado de los hijos y de los esposos que van a la guerra. La mujer tiene encomendada la misión de crear guerreros que combatan, y su desempeño en la guerra dará el honor o deshonor de su familia.
De la mujer nunca se ha esperado participación en el combate, razón por la cual no se le forma en la guerra, no se le enseñan las armas y obviamente no se espera de ella un excelente combatiente. Sin embargo, con el tiempo, se le ha permitido, a la mujer, hacer parte de las prácticas de tiro aunque no participe como combatiente en una guerra. Aún hoy, es extraño encontrar mujeres que conozcan y manejen las armas adecuadamente, razón por la cual es admitible una equivocación en ellas, mientras que en los hombres es inconcebible su desconocimiento. Esta idea cultural, genera en el hombre gran ansiedad y estrés porque lo que está defendiendo en la práctica del tiro es la mal llamada hombría, que se “demuestra en la capacidad de realizar un excelente ejercicio”.
Decisión: En el servicio militar obligatorio no se decide que es lo que se desea hacer, se cumplen órdenes de acuerdo a unas directrices y se hace lo que el comandante ordena. Los muchachos no tienen la posibilidad de elegir si quieren prestar guardia o no, si quieren ser estafetas o no, si quieren salir a patrullar o no , o si quieren asistir a los ejercicios de tiro o no, simplemente se hacen y en masa, se da instrucción para 60 compañeros mas y lo que un solo soldado pueda estar pensando o sintiendo en medio de una instrucción no importa porque en el servicio militar obligatorio el soldado como individuo no existe, tan solo hace parte de un pelotón, compañía, etc..
Este hecho, en ocasiones facilita que el soldado combata su miedo ante la idea de disparar, otras veces lo acentúa por la idea de que los demás compañeros puedan pensar que el miedo que siente el soldado lo hace un simple “marica”, atentando con la falsa idea que el hombre colombiano se ha hecho de lo que significa la hombría.
La imposibilidad de decidir la participación en el ejercicio de tiro y el miedo al primer disparo aunado a la presión de la salida y el qué dirán de los comandantes y otros compañeros, en ocasiones produce que el soldado pierda la concentración en el ejercicio como tal y realice un mal polígono. Lo que va en contra de uno de los principios del tiro: la concentración.
En el caso mío, ninguno de los efectos anteriores se produjo porque fue mi decisión realizar el ejercicio, no importaba si no hacía las cosas bien porque igual no se esperaba una excelente ejecución y expresar mi miedo ante el hecho de disparar estaba acorde con la estructura cultural de mi género, razón por la cual el ejercicio resultaba fácil para mi.
Consideración: Todas las prácticas se hacen mas fáciles cuando se valora nuestro esfuerzo, y se abre la posibilidad de expresar nuestras emociones y pensamientos sobre lo vivido.
En los soldados, no hay la oportunidad de hablar, de decir que se sintió, como se vieron presionados, qué pensaron y la posibilidad de retroalimentación después de la realización del ejercicio de tiro. Simplemente se quedan con todo para ellos y quizás algo para las charlas de pasillo, en donde se habla sobre los logros obtenidos pero los fracasos deben ser tapados y olvidados para evitar la burla de los otros y la vergüenza cultural.
En mi caso, sucedió todo lo contrario, pude expresar cada una de mis sensaciones, ponerlas en público, contar el miedo que me produjo el primer, segundo, tercer….. disparo sin sentirme mal porque me sentía reconocida y valorada como persona, los suboficiales y oficiales compartieron conmigo su primera emoción y eso me hizo sentir bien, porque supe que no solo yo tuve miedo, y que el miedo no es anormal en una práctica como esta…. si tan solo los soldados pudieran hacer lo mismo con sus comandantes, el ejercicio de tiro se convertiría para algunos en una práctica mas agradable y menos generadora de estrés.
Desde este escrito, pienso que el psicólogo de la Compañía de Seguridad tiene un papel fundamental en cada uno de los ejercicios de tiro como facilitador en la apertura de espacios de diálogo en donde se compartan experiencias y sentimientos referentes a la experiencia vivida, inmediatamente después de finalizado el ejercicio. De igual manera, es importante que se genere retroalimentación al soldado de su ejecución durante la práctica.

