LA TRADICIÓN DEL POLÍGONO EN LAS FUERZAS MILITARES

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Sunday 27 June 2010 4:45 pm

LA TRADICIÓN DEL POLÍGONO EN LAS FUERZAS MILITARES

Paola Andrea Zabala Restrepo

MINISTERIO DE DEFENSA

COMANDO GENERAL FFMM

Lunes 6 de Marzo, una fecha definitivamente inolvidable en mi vida, demasiadas sensaciones, pensamientos y motivaciones que en tan solo milésimas de segundo cruzaron mi mente. Reunir quizás los sentimientos mas opuestos en una medida de tiempo que ni siquiera conozco, la vida y la muerte, el odio y el amor, el miedo, la angustia, el dolor, en verdad no sé cuantas cosas pude sentir, pasaron tantas …… en mi cuerpo, en mi corazón, en una entidad espiritual que a partir de mi experiencia comprobé que existe.

Llegué ese día muy temprano en la mañana dispuesta a disparar, o como dirían los militares, a realizar mi ejercicio de tiro, vencí esa mañana el sueño y la pereza simplemente por experimentar algo nuevo. Subí a las 7:10 a.m. al bus que me llevaría a la Escuela Logística, estaba un poco retardada, y me recogieron cuando ya salían del lugar acordado. Todos estaban en el bus, los soldados y suboficiales de la Fuerza Aérea, algunos esperaban mi llegada, en realidad no hablaban demasiado, parecía que todos estaban dormidos, yo en realidad no tenía expectativas, no había pensado demasiado en que era un polígono pensaba simplemente en que se disparaba y ya… no esperaba nada de mi, tal vez tan solo pensaba que era fácil hacerlo… igual, si tantas personas son capaces de matar, porque yo no iba a poder simplemente jugar, imaginarme a alguien que odiara y botar toda mi agresión en un cartón y sentirme feliz de dar en el blanco.

Por fin llegamos a la Escuela, tuvimos que caminar bastante pero sabía que no podía quejarme, debía de alguna manera dar moral y ejemplo a los soldados, mostrarles que no es tan difícil y que si lo piensan bien en el servicio militar hasta se pueden divertir. Llegamos al primer polígono y después de un rato nos hicieron subir al segundo y después al tercero en donde los suboficiales y algunos soldados empezaron a armar todo para la práctica, luego nos hicieron desbaratar todo porque pidieron que nuevamente nos ubicáramos en el primer polígono, así que volvimos a bajar y allí si armaron definitivamente lo que sería mi gran experiencia. Mientras tanto yo hablaba con los soldados, ninguno comentaba nada acerca del ejercicio y yo estaba muy tranquila. El Sp. Cruz empezó con la instrucción de los soldados, recordó los principios de realización de un ejercicio de polígono, dijo: Respiración pausada, concentración y preparación psicológica (lo que alcanzo a recordar), y expuso las medidas de seguridad a tener en cuenta. Mientras tanto yo pensaba: ¡que bobada!, que preparación psicológica debe tener alguien para disparar si es simplemente tirar del gatillo y estuvo, eso si advirtió que sonaba “un poquito fuerte”, pero que no debíamos asustarnos.

Mientras el Sargento Cruz daba las instrucciones llegó el CT Alarcón con los demás soldados, y con ellos el inicio de mi polígono. Nuevamente se dieron indicaciones precisas acerca del ejercicio y se dio comienzo a la distribución de los soldados en tres grupos para recibir instrucción sobre explosivos. Una vez ubicados los soldados en sus grupos, el Ct verificó que todo estuviera dispuesto de manera conveniente para que se pudiera iniciar posteriormente el polígono, me pidió que lo acompañara y en el camino me preguntó si quería disparar, yo le dije simplemente que sí, y el empezó a darme la información necesaria que para mi era quizás tonta. Recuerdo que lo primero que me preguntó fue si alguna vez en la vida había disparado, le dije que no, me preguntó si conocía un arma y le dije que las que les había visto a los soldados y en las películas. El sólo empezó a darme instrucción, sin hacer ningún gesto, tal vez lo hizo bien así porque muy seguramente si hubiese hablado algo de lo que podría sentir nunca habría disparado. Nuevamente escuché las indicaciones de la preparación psicológica y todas esas cosas….

Primer paso, un inexperto debe empezar en posición de “tendido”, me costó un poco de trabajo, me dolía la espalda y no lograba una posición completamente cómoda, sin embargo pasé a “empuñar” el arma, un Galil (arma de fabricación Israelita?) pero las manos no me alcanzaban, no podía cogerla de donde se debía, el Ct empezaba quizás a impacientarse pero no me decía nada, trataba de buscar soluciones y por fin, tuve el arma como toda una experta, empecé luego con la mira y esas cosas que uno tiene que aprender para dar en el blanco, finalmente el ejercicio de la moneda, si no tomaba respiración correctamente no podía pasar al punto clave “la realidad en el juego”. Pero que tan concentrada estaba que lo hice bastante rápido, el Ct dijo sorprenderse aunque no lo creo pero… muy rápidamente me dijo quieres disparar ahora?….. bueno, era la prueba final, qué tan difícil sería? Y el sonido… pues deberá parecerse al bullicio de una discoteca….Listo Ct. Empecemos, esto va ser fácil.

A 25 mts., conozco el miedo.

El Ct me ubica a 25 mts. del objetivo, tomar posición, colocarme los tapa oídos estar concentrada y ….claro, como la psicóloga no va a estar preparada psicológicamente? …. Listo Ct, cumplo con todos los requisitos ahora sí: ¡a disparar se dijo!….Ultima advertencia dice el Ct, no sueltes el arma después de disparar y no te asustes si suena duro. Tenía que mostrarles a todos esos hombres que no era tan difícil y que las mujeres también podemos….todos estaban pendientes de mi, seguramente para molestarme si no lograba el objetivo, pero claro muy seguramente sería yo quien se burlaría porque haría muy bien las cosas.

Uno, dos, y….lento, progresivo y pummmm… el Ct quitó el seguro y efectivamente PUMMMMMM, el sonido mas infernal que he escuchado en mi vida invadió mi cuerpo, mi cabeza, mis sentidos, todo, no sabía que hacer, sólo sé que por instantes ésa montaña se convirtió para mi en la vivencia de la guerra mas espantosa, ya no recuerdo exactamente que hice con el arma, sólo sé que pensaba en lo terrible que me sentía, era imposible describir mis emociones, sentía pánico, el miedo mas absoluto de la vida, dolor, angustia, estaba totalmente descontrolada, me sentía culpable sin tener una razón, fueron milésimas de segundo, pero en ellas por primera vez en mi vida sentí miedo realmente. Cuando logré incorporarme recordé que cerré los ojos, sabía que no lo había hecho bien, el arma estaba en el suelo y todos a mi alrededor esperaban que me levantara del suelo, no escuchaba nada, era como si no estuviera ahí, miré al Ct pero no sabía que decirle, no podía tocarlo y menos dirigirme a él para que me diera un abrazo y sentirme protegida, me levanté y toqué al soldado que estaba cerca y supe que aún estaba allí, que no era una pesadilla, aún no escuchaba nada, no podía decir nada, todo se pasaba como en cámara lenta hasta que por fin pude reaccionar y las lágrimas recorrieron mi rostro tal vez pidiendo ayuda y en ese momento empecé a escucharlos, ellos se veían preocupados y me preguntaron que tal me había parecido, sólo pude decir ESPANTOSO y pedir disculpas por mi reacción, no pude contener las lágrimas, aunque yo no lo deseé.

Solo pensé en que nunca mas volvería a empuñar un arma, y aunque el odio fuera una emoción natural y sana en el hombre no me explicaba cómo un ser humano es capaz de dispararle a otro en la vida real; cuando a mi, en un juego me había parecido la experiencia mas escalofriante de la vida. Tan sólo le dije al Ct que ese juego no me había gustado, estaba muy nerviosa y aún no podía hablar, sólo pensaba, estaba como “autista”, pensaba sobre mis pensamientos, en la dureza de la guerra y sobretodo pensaba en mi país, será que somos los colombianos una raza salvaje? O como diría el Ct mas tarde: “la costumbre hace que el miedo disminuya”…. En realidad es terrible que en el hombre el miedo ante lo que viví pueda disminuir alguna vez, tal vez por eso es que nos convertimos en salvajes. No quiero decir que todos los que utilizan armas sean salvajes, o tal vez si, en realidad aún no lo decido, pienso que los que matan definitivamente están locos porque no sólo dañan a otros, sino que además si viven lo que yo viví se hacen daño a ellos mismos. Pensaba que las armas simplemente no deberían existir, son como demonios que asustan….

Un suicidio…

Pero ….¡que locura!, aunque no me crea nadie tenía, que volver a disparar, no sé porque, tal vez por no defraudar a mi Ct que tan bien se había portado conmigo, y algo bueno había quedado de mi ejercicio había hecho un 9 y el Ct parecía estar satisfecho, también tenía que mostrar que no era una gallina y bueno, ante tanta insistencia y “presión psicológica”: “si no pruebas después te vas a quedar con la duda de si habrías podido”…… y otra vez, tomé el Galil entre mis brazos y nuevamente disparé, pero ahora estaba mas tranquila, el ruido igual seguía asustándome demasiado pero tenía que hacerlo, no sé porque , posiblemente porque eso era lo que tenían que hacer los soldados y no quería rendirme, quería experimentar lo mismo que mis soldados, acompañarlos simplemente. Esta vez lo hice mucho mejor, logré una hermosa Diana y estaba contenta en medio de mis pensamientos.

Finalmente, tenía que experimentar el G-3, el fusil de mis soldados pero tenía miedo porque los mitos sobre el golpe que daba el fusil en los ojos y el hombro no me dejaban seguir adelante. En este momento mi Ct si tuvo que luchar para que yo disparara, me dio una excelente preparación psicológica y militar, disparé el G-3, y ni un rasguño, mi hombro estaba perfecto, no me había lastimado el ojo y nuevamente un 9, no sentí la “pateada” del fusil, nada me dolía, estaba en un estado en el que sentía que mi cuerpo se había ido, no existían manos, brazos, piernas, nada, en realidad no sentía nada….disparé por última vez y el sonido seguía produciendo emociones en mí, pero nunca igual que la primera vez y en ése momento creí comprender que definitivamente el problema de nuestra guerra y la falta de humanidad está en la costumbre de ver cosas aterrorizantes, la desensibilización del ser humano y la necesidad de experimentar cada vez mas adrenalina. Simplemente me pregunto hoy, ….Y después de que nos acostumbremos al sonido y el dolor que producen las bombas ¿Qué sigue?…

Hoy recordando mi experiencia, sólo pienso en mis soldados, en que habrán sentido la primera vez que dispararon y en que muy posiblemente no hubo nadie que los reconfortara.

EL POLÍGONO, UNA TRADICIÓN DE HOMBRES

En verdad escribir después de haber pasado tanto tiempo de la experiencia vivida no genera las mismas sensaciones que cuando se vivió. Sin embargo, es bueno tener una cronología de los hechos con el fin de realizar investigación. Es obvio que lo que describo en estos informes contienen tan solo de manera parcial el sentir de un soldado ante la idea de un ejercicio de tiro, ya que existen algunas variables que han hecho diferente mi experiencia del polígono a la de un soldado. La primera es el hecho cultural de mi género frente al de los soldados, el segundo es mi decisión de participar del ejercicio de tiro y el tercero la consideración e instrucción especial por parte de los comandantes durante la práctica del polígono.

Pienso que las variables anteriormente descritas definitivamente influyen en el mayor o menor trauma que una práctica como el polígono pueda significar para el soldado, especialmente el bachiller. Lo anterior porque si miramos cada variable por separado encontraremos lo siguiente:

Género: La cultura nos ha enseñado que los hombres cazan y se preparan para ser guerreros, mientras que las mujeres deben hacerlo para el cuidado de los hijos y de los esposos que van a la guerra. La mujer tiene encomendada la misión de crear guerreros que combatan, y su desempeño en la guerra dará el honor o deshonor de su familia.

De la mujer nunca se ha esperado participación en el combate, razón por la cual no se le forma en la guerra, no se le enseñan las armas y obviamente no se espera de ella un excelente combatiente. Sin embargo, con el tiempo, se le ha permitido, a la mujer, hacer parte de las prácticas de tiro aunque no participe como combatiente en una guerra. Aún hoy, es extraño encontrar mujeres que conozcan y manejen las armas adecuadamente, razón por la cual es admitible una equivocación en ellas, mientras que en los hombres es inconcebible su desconocimiento. Esta idea cultural, genera en el hombre gran ansiedad y estrés porque lo que está defendiendo en la práctica del tiro es la mal llamada hombría, que se “demuestra en la capacidad de realizar un excelente ejercicio”.

Decisión: En el servicio militar obligatorio no se decide que es lo que se desea hacer, se cumplen órdenes de acuerdo a unas directrices y se hace lo que el comandante ordena. Los muchachos no tienen la posibilidad de elegir si quieren prestar guardia o no, si quieren ser estafetas o no, si quieren salir a patrullar o no , o si quieren asistir a los ejercicios de tiro o no, simplemente se hacen y en masa, se da instrucción para 60 compañeros mas y lo que un solo soldado pueda estar pensando o sintiendo en medio de una instrucción no importa porque en el servicio militar obligatorio el soldado como individuo no existe, tan solo hace parte de un pelotón, compañía, etc..

Este hecho, en ocasiones facilita que el soldado combata su miedo ante la idea de disparar, otras veces lo acentúa por la idea de que los demás compañeros puedan pensar que el miedo que siente el soldado lo hace un simple “marica”, atentando con la falsa idea que el hombre colombiano se ha hecho de lo que significa la hombría.

La imposibilidad de decidir la participación en el ejercicio de tiro y el miedo al primer disparo aunado a la presión de la salida y el qué dirán de los comandantes y otros compañeros, en ocasiones produce que el soldado pierda la concentración en el ejercicio como tal y realice un mal polígono. Lo que va en contra de uno de los principios del tiro: la concentración.

En el caso mío, ninguno de los efectos anteriores se produjo porque fue mi decisión realizar el ejercicio, no importaba si no hacía las cosas bien porque igual no se esperaba una excelente ejecución y expresar mi miedo ante el hecho de disparar estaba acorde con la estructura cultural de mi género, razón por la cual el ejercicio resultaba fácil para mi.

Consideración: Todas las prácticas se hacen mas fáciles cuando se valora nuestro esfuerzo, y se abre la posibilidad de expresar nuestras emociones y pensamientos sobre lo vivido.

En los soldados, no hay la oportunidad de hablar, de decir que se sintió, como se vieron presionados, qué pensaron y la posibilidad de retroalimentación después de la realización del ejercicio de tiro. Simplemente se quedan con todo para ellos y quizás algo para las charlas de pasillo, en donde se habla sobre los logros obtenidos pero los fracasos deben ser tapados y olvidados para evitar la burla de los otros y la vergüenza cultural.

En mi caso, sucedió todo lo contrario, pude expresar cada una de mis sensaciones, ponerlas en público, contar el miedo que me produjo el primer, segundo, tercer….. disparo sin sentirme mal porque me sentía reconocida y valorada como persona, los suboficiales y oficiales compartieron conmigo su primera emoción y eso me hizo sentir bien, porque supe que no solo yo tuve miedo, y que el miedo no es anormal en una práctica como esta…. si tan solo los soldados pudieran hacer lo mismo con sus comandantes, el ejercicio de tiro se convertiría para algunos en una práctica mas agradable y menos generadora de estrés.

Desde este escrito, pienso que el psicólogo de la Compañía de Seguridad tiene un papel fundamental en cada uno de los ejercicios de tiro como facilitador en la apertura de espacios de diálogo en donde se compartan experiencias y sentimientos referentes a la experiencia vivida, inmediatamente después de finalizado el ejercicio. De igual manera, es importante que se genere retroalimentación al soldado de su ejecución durante la práctica.

SEGURIDAD Vs. PARANOIA

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Sunday 27 June 2010 3:58 pm

SEGURIDAD Vs. PARANOIA

“Una sociedad polarizada por extremos de riqueza y pobreza, en la que las fuerzas de seguridad no disfrutan de la confianza del pueblo, y en la que no se respeta ni el sistema de justicia, ni el gobierno, es casi seguro que tarde o temprano, tendrá que padecer el terrorismo”.    

Sir Robert MarK.

Fernando Díaz Colorado

El título del artículo parecería indicar que hay una confrontación entre la seguridad y la patología clínica, que obedece fundamentalmente al delirio persecutorio; pero no es así necesariamente; para algunos, la necesidad de seguridad se ha convertido casi en un delirio, y el conjunto de acciones para proveerla casi que son de orden mágico, ilusorio, imaginario, y aparentemente poco realista. Las condiciones de existencia en Colombia, han conducido a muchas personas, a recurrir a una serie de actos poco convencionales para acceder a la seguridad. Es bien sabido por la mayoría de nosotros, que muchos familiares de personas secuestradas acuden a magos, hechiceros, brujos, esotéricos, cartománticos, astrólogos, etc., para poder obtener seguridad sobre lo que le sucede a su familiar secuestrado y de esta manera compensar la inseguridad, que los organismos investigativos y los mismos criminales le están ocasionando.

Esta breve introducción me permite iniciar con una pregunta, en relación con la seguridad y la patología; y es: ¿Qué entendemos por salud mental? O mejor, cómo pudiéramos definir la salud mental desde el contexto social. Para algunos, la salud mental es la ausencia de trastornos psíquicos y un buen funcionamiento del organismo humano. Es decir, un sujeto será sano, si no presenta alteraciones psicológicas u orgánicas de importancia que le ocasione una inadecuada adaptación a su medio (Braunstein, 1979). Esta posición de eminente etiología médica, indica que en una sociedad aquellos individuos que presentan angustia persecutoria, alucinación de peligros, ansiedad constante, dolores físicos, sensaciones de desgracia, serían los enfermos y/o anormales y estadísticamente, estarían en minoría con respecto al resto de la sociedad. Estas personas son los enfermos mentales, pero la sociedad, en los mismos términos estadísticos sería normal. Esta perspectiva de salud mental individual, hace que el enfoque de salud mental social no sea relevante y el problema se reduce de esta manera a un número muy pequeño de la población, estadísticamente no significativo.

Siempre se ha pretendido hablar de enfermedad o trastorno mental, como la manifestación insana de un individuo cuyas causas van de adentro hacia afuera y regida fundamentalmente por leyes internas. Pero para otros, como Jervis (1979), en lugar de hablar de trastorno mental, sería más útil y preciso decir, que una persona se halla en una situación social, que le ocasiona unos problemas que no es capaz de resolver y que lo llevan a actuar de una manera que es reconocida por los demás como impropia. Sin embargo, es evidente que los problemas de salud mental, no son un asunto individual solamente, sino un problema de las relaciones del individuo con los demás; así como también, de las diversas relaciones sociales en las cuales el individuo interactúa. La salud mental es consecuencia y forma parte de las relaciones sociales; es el resultado de la satisfacción o agresión a la calidad de las condiciones de existencia de un pueblo o sociedad en particular.

Tenemos confianza en la gente, en nuestra comunidad, en nuestros familiares, en lo que podemos hacer. La confianza es la esencia central de las relaciones sociales, sin la cual la sociedad no podría existir y los grupos humanos se disgregarían. Desde el punto de vista psicológico, la paranoia se caracteriza por que la persona comienza a girar alrededor de un núcleo central, que es la desconfianza. La falta de confianza, que para Marietán, es un problema de fe, como fundamento de la creencia; somos personas confiadas, confiamos en nuestro entorno, confiamos en que la rutina que tuvimos a lo largo de nuestra vida, se va a repetir en el día de hoy, y en el de mañana y así sucesivamente. Hay una confianza básica, ingenua, en el sistema y en el medio en que vivimos. Es precisamente esta confianza ingenua, la que se cuestiona el paranoide, para él, no estamos asentados en una comunidad que pueda darle tranquilidad absoluta y que las personas que lo rodean pueden ser potencialmente sus enemigos, ya que no son leales o fieles. Aquí falta entonces, la adhesión al sistema de creencias común, a lo consensuado. Es decir, si alguien desconfía del sistema de creencias de su comunidad, como persona debe formar su propio sistema para poder darle sentido a su existencia. La persona que sufre paranoia, utiliza básicamente un tipo de razonamiento deductivo, que parte del prejuicio victimizante, que lo hace pensar, que lo van a perjudicar, lo que hace, que interprete las acciones de los demás como humillantes, amenazantes y hostiles; por lo tanto, siempre están a la defensiva. La conducta paranoide implica, tratar de buscar las claves que revelan las intenciones de los demás, buscan la segunda intención, la prueba que demuestre que estaban en lo cierto; dividen a las personas entre las que están con ellos y los que están en contra; para ellos no hay términos medios. Evitan la intimidad por temor a dar información que pueda ser utilizada en su contra; por eso, están muy alertas, en una permanente lucha por descubrir el complot y la infidelidad, donde los otros nada ven.

En una sociedad como la nuestra, donde no se ubica con claridad al enemigo, los rasgos paranoides no son una patología, sino una actitud apenas adaptativa, que nos pone en alerta para anticipar el peligro, conocer su dimensión , intentar comprenderlo y formar nuestro propio sistema de creencias. La desconfianza ciudadana se fundamenta en hechos de violencia reales, los sospechosos ahora son todos o puede ser cualquiera. La rutina se altera y lo que hoy sucede, no permite vislumbrar con certeza el mañana. En muchos lugares de nuestro país, sus habitantes tienen que exacerbar sus sentidos en busca del peligro, evitan la intimidad, plantean relaciones superficiales y mantienen una actitud de vigilancia sobre los demás, elaboran hipótesis, que conducen necesariamente a indicios de complot en su contra, por lo tanto se aíslan y se reprimen, conducta que para los violentos es sospechosa, pues para la mayoría la afirmación: “El que nada debe, nada teme,” los vuelve culpables. La dimensión actual del conflicto, ha hecho que nuestra sociedad genere rasgos paranoides, que nos ha conducido a actitudes de venganza, sobrevaloración, intolerancia y autojustificación.

Sin embargo, las acciones violentas no pueden ser atribuibles, a un conjunto de psicópatas o psicóticos, o a sujetos con un inadecuado control sobre sus pulsiones tanáticas, sin ningún valor instrumental. El uso de la violencia se ha convertido en instrumento habitual y eficaz para presionar por la solución a los graves problemas que vive el país. En Colombia el ejercicio de los canales legítimos para protestar no son útiles. Cada día las protestas ciudadanas de diferentes índole son de carácter violento: Toma de edificios, enterramientos de personas, huelgas de hambre, bocas cocidas, motines, pedreas, privación de servicios públicos fundamentales, sabotajes, paros armados, bloqueo de carreteras, etc. Son acciones cada vez más comunes en nuestra sociedad. Sin duda, que las formas de expresión de las inconformidades en una sociedad incide sobre la sensación de seguridad que como ciudadano se va construyendo.

La polarización que el conflicto produce conduce a un resquebrajamiento de la seguridad y a la división o diferenciación del marco de convivencia, entre “ellos” y “nosotros”, donde “ellos” son los malos y “nosotros” los buenos. En opinión de Martín Baró (1980), los rivales se contemplan en un espejo ético, que invierten las mismas características y las mismas valoraciones, hasta el punto, que lo que se les reproche a ellos como defecto, se alaba en nosotros como virtud. Es tal la polarización social, que los muertos de “ellos” se justifican y los muertos de “nosotros” se condenan. El imaginario social de pertenencia, impulsa al individuo a tomar partido, para darle razón o sentido a la desgracia; no tomar partido, es de igual manera un riesgo, pues puede ser visto por los violentos, como enemigo por cada uno de ellos. La perspectiva ética valorativa, tiene la referente de lugar, es decir del lado del cual se está o se defiende; los actos criminales ya no son vistos como tales, sino que son condenados o justificados, de quién o quienes los ejecutan. La defensa de la vida, y la dignidad se analiza y se justifica desde el polo al cual se pertenece; es sin duda, el resultado de una tendencia adaptativa, enmarcada por el miedo, la angustia y la necesidad que el hombre tiene de darle sentido y explicar lo que sucede a su alrededor. La confusión es tal, que la extensión social de la polarización hace creer en ocasiones, que la culpa es de las víctimas. Pero lo que se desprende de esta situación, es que la polarización, como la desidentificación, agrietan profundamente los cimientos de la convivencia y producen un clima de tensión y angustia emocional ( Baró 1983).

La violencia y la polarización conducen necesariamente a la construcción de la mentira, para encubrir o para difundir “nuestra” verdad y denunciar la mentira del “otro”. Se entroniza tanto la mentira que como lo señala Hacker (1973), llega a pensarse que la violencia es la única solución al problema de la misma violencia. Por eso, los discursos sobre la imposición de la fuerza, el ejercicio de las armas, el sometimiento, la no deliberación, son altamente llamativos para algunos sectores de la sociedad.

El concebir entonces la salud mental o el trastorno psíquico, desde una perspectiva que va del todo a las partes, de lo social a lo individua, (Baró,2000). De la exterioridad colectiva, a la interioridad individual; no hay duda que los efectos nocivos o traumáticos, como el miedo o la paranoia, se pueden dar en una sociedad de elevada violencia como la nuestra. De igual manera, el trastorno como tal puede ubicarse en todos los niveles o presentarse de manera diferencial en cada uno de estos. En algunos casos los efectos serán a nivel individual, en otros a nivel familiar, grupal, organizacional, poblacional o regional.

El conflicto o la guerra, por lo tanto, no afecta de la misma manera a los diversos sectores sociales que la componen. Los sectores más pobres, sobre todo los campesinos, son los que sufren de manera más directa la violencia, son los más afectados por los mecanismos de represión, el accionar de las tomas guerrilleras o de los grupos paramilitares y de las acciones de escuadrones de la muerte. En las clases sociales medias o altas, de igual manera, se ven afectados por la represión, el secuestro, el boleteo, el chantaje, las amenazas, las pescas milagrosas, etc., deteriorando las condiciones de vida de esas personas.

En una encuesta realizada por la Cámara de Comercio de Bogotá, (2001), el 67% de las personas encuestadas manifestaron haber sido ellas o un familiar, víctimas de algún delito, en los últimos seis meses. El 58 % manifestaron que sienten temor a que los atraquen. Para la mayoría de los entrevistados (80%), la alternativa más deseable para prevenir la inseguridad, es la de organizarse con los vecinos. La posibilidad de contar con la Policía es del 33%, y la ayuda de la seguridad privada sólo es contemplada por el 10% de los encuestados. Este panorama desalentador, implica hacer una reflexión sobre la autonomía y la libertad de los ciudadanos; la violencia como fuerza injusta, pues coarta la libertad, desvía o impide el progreso humano.

La gravedad de la violencia radica en el atropello a la libertad; la libertad entendida como la capacidad de la persona para conducir su vida, teniendo en cuenta la dimensión y la existencia del otro; es decir, la capacidad que se tiene de limitar el deseo individual, para satisfacer el principio de realidad que se encuentra en la convivencia social, fundamentada en los acuerdos, normas, consensos y costumbres, que son los que le dan sentido a las organizaciones sociales. Para Gómez, F. (1.987), el miedo que produce la violencia, actúa como subyugante de la voluntad y por consiguiente de la libertad.

El miedo, brota de un modo espontáneo y natural, ante lo que fundada o infundadamente, cada cual percibe como un peligro definido y concreto para su actividad vital: el dolor o el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, la marginación, la indiferencia o el desprecio ajenos; el rechazo por parte de la persona amada; la posibilidad de pasar por el mundo sin pena ni gloria o el fracaso vital radical en no encontrar sentido a la existencia. Es por esto, que el conflicto y la violencia afecta de manera diferencial, según Martín Baró (2000) se pertenezca a una clase social en particular, al tipo de involucramiento en el conflicto y a la temporalidad de los efectos. Para muchos habitantes de algunas capitales del país, el conflicto no ha permeado buena parte de los sectores sociales. En departamentos como Cauca, Casanare, Putumayo, Arauca, Choco, la violencia ha afectado todas las actividades de la vida social comunitaria. Los efectos de la violencia sobre la población civil, no son diametralmente opuestos a los ocasionados de manera individual, la experiencia de la vulnerabilidad, la indefensión, el terror, la angustia, pueden marcar profundamente el psiquismo de las personas y en particular de los más frágiles como los niños. El espectáculo de las explosiones, los arrasamientos de poblaciones, la muerte de familiares, son sin lugar a dudas traumatizantes.

El desplazamiento en Colombia, según CODHES, se produce en un 38% a causa de las amenazas y en un 18% debido al miedo. En Colombia, se produce en promedio 4 desplazamientos al día, y desde el año 1985 hasta el 2000 los estimativos señalan que la población en situación de desplazamiento asciende a 2.200.000 personas. Las operaciones de fumigación, erradicación de cultivos de uso ilícito y las operaciones militares en el marco de aplicación del Plan Colombia, generaron desplazamientos masivos de la población hacia centros urbanos y hacia los países fronterizos.

Es evidente, que esto produce un agravamiento en las condiciones materiales de existencia, la persistencia de un clima de inseguridad y de terror, el tener que construir la existencia sobre la base de la violencia y la conciencia de falsedad y de temor a la propia verdad, terminan por quebrar las resistencias propias o conducir a adaptaciones de carácter anormales, despersonalizantes y deshumanizantes.

En opinión de Samayoa (2000) La deshumanización que produce el conflicto, implica en la sociedad la pérdida de: a) la capacidad para pensar lúcidamente, y la tendencia hacia una actitud de relación con el otro predominantemente defensiva con el mundo; b) empobrecimiento de la capacidad y voluntad para comunicarse con veracidad y eficacia y pleno uso de la libertad , honestidad, respeto; c) pérdida y empobrecimiento de la sensibilidad ante el sufrimiento, el dolor y el sentido solidario y por último que es lo más lamentable la pérdida de la esperanza.

En el contexto de la guerra, según el mismo autor, la búsqueda y mantenimiento de propósitos válidos supone la confluencia de lo psicológico, lo ideológico y lo político. El problema se lo plantean las personas, desde una condición básica de inseguridad y angustia mediante un esfuerzo cognoscitivo-valorativo. Pero tanto el conocimiento como la interpretación de la realidad se encuentran afectados, por muchas limitaciones de orden ideológico, afectivo, y de realidad existencial. La confusión moral, las amenazas a la vida, la relativización de los valores más fundamentales de la existencia humana, hacen que la vida se vuelva impredecible y que las acciones propias y ajenas se vean a causa de las consecuencias, necesitadas de justificación. La condición de precariedad psicológica a que nos conduce la violencia se ve fortalecida por el sufrimiento y la sensación de impotencia y no futuro. En medio del conflicto lo social pierde su nitidez, y el análisis psicosocial puede conducir a generalizaciones injustificadas, teniendo en cuenta la multiplicidad de factores intervinientes.

Para Merloo (1964), citado por Elizabeth Lira, el miedo obedece a la percepción de un peligro cierto o impreciso, actual o probable en el futuro, que proviene del mundo interior del individuo o de su mundo circundante. El miedo es una emoción interna, que indica que el significado que el sujeto le atribuye a la situación en la que se halla, es de peligro y el sujeto la percibe y comprende como una amenaza vital. La inseguridad o el temor se generan habitualmente por el cambio en el entorno vital y social, o por la fantasía del cambio como un elemento de alteración de la vida cotidiana (Lira, 2000). Los hechos políticos que implican cambios importantes, generan un gran temor en los grupos sociales afectados, la incertidumbre juega un rol significativo, en el desarrollo de conductas agresivas y violentas o apáticas y resignadas a las situaciones sociales y políticas del grupo afectado.

Una consecuencia psicosocial que genera el conflicto, es la introducción de la muerte, el secuestro o el chantaje, en el escenario de la vida nacional: La disminución de las actividades prácticas, sociales, culturales y deportivas, esta vinculada al miedo, a la muerte, a la desgracia, a las pérdidas de todo tipo, lo que significa la inclusión de lo traumático, que produce inicialmente un impacto sorpresivo e inesperado de amenazas vitales, que al mismo tiempo que aparecen como previsibles, son difíciles de discriminar, evitar o enfrentar; en segundo lugar, la consecuente desorganización que se experimenta en las personas, grupos y comunidades que induce a respuestas inicialmente caóticas o inefectivas, que incluso aumentan el carácter traumático de la experiencia.

Como lo afirma Lira (2000), en una sociedad donde se ha hecho cotidiano y previsible, donde se ha perdido la capacidad de sorpresa y donde se da una espera indefinible de lo catastrófico, se produce una negación del carácter traumático de los hechos, como si no existieran, no afectaran o no dolieran. Una sociedad donde la barbarie es cotidiana, sobredimensiona sus pocas realizaciones exitosas, exagera la estatura de aquellos que pretenden ser sus salvadores, y la dimensión amigo – enemigo se potencializa. Las formas adaptativas a los procesos traumáticos reflejan que ante situaciones catastróficas y traumáticas, propias o ajenas estas se dan a costa de un empobrecimiento generalizado de los recursos psíquicos, ya que esto permite sobrevivir. Es la familiaridad con la muerte, el secuestro, la toma guerrillera, la masacre paramilitar, lo que construye la cronificación de lo traumático manifestándose como sí, al mismo tiempo que parecía perderse los límites de la capacidad de destrucción, pareciera que a nivel subjetivo no hay límites a la capacidad para tolerarlos. La violencia es siempre en sus inicios un hecho privado, en un sujeto o víctima concreto, pero al ocurrir simultáneamente en muchas personas, se convierte en un hecho social, de victimización colectiva. La angustia que produce el temor a sufrir consecuencias dañinas, represivas, retaliativas, o de cualquier índole que implique sufrimiento y la impotencia respecto de la situación, ocasiona una comprensión de la incapacidad para modificarla, y por tanto continuar dramáticamente atrapado en el hecho represivo.

Cuando los canales de expresión de la hostilidad a la agresividad, que son producto del sufrimiento, no se dan en el contexto que les corresponde, se reprimen o se desplazan a escenarios o situaciones menos peligrosas y que permiten un control de esta. Es así, como es posible ubicar expresiones de agresividad en los grupos a los que pertenece el sujeto (violencia intrafamiliar, daño social), con la subsiguiente expresión de la culpa, al darse cuenta que está ejecutando una acción injusta. La dimensión paranoide incluye según Castilla del Pino (1974), a) consciencia de inferioridad y vulnerabilidad, b) transferencia de la culpa de esa inferioridad a otros y c) desplazamiento de la culpa a otros. Esto conduce a expresiones como “soy indigno, merezco morir”, “me quieren matar porque soy indigno” o “me lo merezco”.

De igual manera, aparece la inhibición, como mecanismo psicosocial que se expresa en comportamientos depresivos, apáticos, de resignación y pasividad. Entre las conductas ligadas al miedo, el comportamiento de la mayoría tiende a ser silencioso, inexpresivo, inhibitorio y autocensurado. En la inhibición, el sujeto aparece incapacitado para la acción en un sentido amplio, como reconocimiento de que no puede querer actuar y se intenta evitar todo aquello que genera angustia.

Las estructuras individuales y familiares se tornan crónicamente depresivas. El silencio y la negación son las formas más frecuentes de interacción, así como fuertes sentimientos de culpa Se observa en los sobrevivientes de hechos violentos, problemas psicosociales, estrechamente ligados a la dificultad de satisfacer necesidades básicas para sobrevivir, debido a que se ha permanecido mucho tiempo sin empleo. El aislamiento de la red social, es una consecuencia de la estigmatización de la represión y resultado de la cesantía prolongada.

El efecto traumático de la barbarie, hay que entenderlo en términos de Bettelheim (1972), quien en su análisis de los campos de concentración Nazi, diferenció las experiencias traumáticas, producto de un accidente o de una catástrofe natural, de aquellos que son intencionalmente infringidas sobre la población, como parte de una estrategia política global. Para Bettelheim, la intencionalidad es la base del hecho que conduce a la traumatización, pues se fundamenta en buscar la destrucción del sujeto y de su condición como persona. De esta manera, la reacción postraumática es un proceso particularizado en cada sujeto, familia o grupo, que evoluciona con el tiempo, que se origina en una situación específica común a muchos otros individuos y que, sin embargo tiene la singularidad de los recursos y de las carencias que se movilizan en cada persona, grupo familiar y social frente a la situación vivida. En opinión de D. Becker (2000), esta patología implica sintomatologías angustiosas y depresivas, como resultados de traumatizaciones extremas producidas por la violencia, que sumadas a las condiciones de miseria y sobre explotación, de la violencia estructural, puede convertir el daño psicológico como parte del proceso singular y específico del sujeto, la familia o el grupo social, para reaccionar y adaptarse a la experiencia vivida, incorporando en la mayoría de los casos, el daño y la perturbación en este proceso de adaptación. La violencia política instaura frecuentemente un clima y una espiral de silencio que en opinión de M. Beristain (2000), es el mecanismo social que desencadena la estigmatización y la exteriorización de una entidad o posición política, que produce la obligación de silenciar y que impide manifestarse públicamente y que al no oírse, se bloquea la representación real e impide su reproducción social.

La base de la reconciliación de una sociedad, se construye en el compartir de su experiencia con los demás, dándole una dimensión social, rompiendo el silencio producto de la intimidación, para hablar de la vivencia por amarga y dolorosa que esta sea; es empezar a descubrir la esperanza y a reconstruir la historia desde la verdad de lo sufrido. La tarea de los Colombianos de bien, consiste en luchar responsablemente por alcanzar una justicia, más allá de lo legal, una justicia moral, fundamentada en la verdad, una justicia legítima que responda a las necesidad más urgentes de la sociedad y que conduzca a la verdadera paz. No podemos esperar que la violencia, la paranoia y la barbarie, continúen. La paz sólo es posible desde la justicia que satisfaga las condiciones de existencia dignas, que están en la base del conflicto. La destrucción del tejido social es cada día más rápido y trágico: el miedo se reducirá en la medida en que logremos una justicia, que propicie el reconocimiento de los hechos por parte de los autores y de la responsabilidad del Estado en su papel por reparar la dignidad de las víctimas y el mejoramiento de las condiciones de vida de los sobrevivientes.

Las naciones no se reconcilian como lo hacen las personas, se necesitan gestos públicos creíbles que ayuden a dignificar a las víctimas, enterrar a los muertos y repararse del pasado. En opinión de M. Beristain (2001) “no son las víctimas quienes tienen que reconciliarse con los victimarios. Se necesitan gestos públicos de estos una práctica oficial, y someterse a la sanción social para ello”. Como lo señala Ignatieff (1999), reconciliarse significa “romper la espiral de la venganza intergeneracional, sustituir la viciosa espiral descendente de la violencia, por la virtuosa espiral ascendente del respeto mutuo”. La seguridad tanto individual, como social, no se da por la presencia de hombres armados, con rasgos paranoides, intentando controlar y disminuir las múltiples fuentes de violencia de nuestro país, incrementando el temor y la angustia de la población por el contrario la seguridad es un sentir y un vivir, de un conglomerado social que lo ha construido como resultado de sus acciones, donde las condiciones de respeto y dignidad surgen, de la satisfacción de necesidades fundamentales de existencia, donde la comunidad asume su cuota de responsabilidad y el Estado actúa en el ejercicio hegemónico de la justicia.

El ejercicio de la justicia privada, la impunidad, la ausencia del estado y la corrupción, son ingredientes indispensables en la generación de una sociedad violenta, donde los derechos humanos como conquista de la humanidad son cada vez más precarios. La tragedia más grande de un Estado, es ver que su pueblo carece y no puede hacer suyas, las conquistas humanas que por más de dos siglos, se han promovido en la lucha por la materialización de una existencia del hombre cada vez más digna.

EL PERITAJE PSICOLÓGICO: UN INSTRUMENTO PARA ADMINISTRAR JUSTICIA A LAS VÍCTIMAS

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Sunday 27 June 2010 3:55 pm

EL PERITAJE PSICOLÓGICO: UN INSTRUMENTO PARA ADMINISTRAR JUSTICIA A LAS VÍCTIMAS

Ángela C. Tapias Saldaña

Esp. Peritaje Psicológico

Master Psicología Forense

Un proceso judicial sin pruebas es como una máquina sin energía, aunque sepamos cual es la verdad ello no es suficiente porque se hace necesario demostrarlo, tal vez estemos seguros de que una persona es una víctima y eso debería ser suficiente para que ella fuera protegida por el Estado y pudiera impulsar toda la acción del aparato judicial, pero tenemos que evidenciar que hubo un delito, sustentar que hay una persona afectada en sus bienes jurídicos, justificar que hay una víctima a través de alguno de los medios probatorios previstos por el estatuto procesal penal entre los que se encuentra el peritaje.

El peritaje debe ser practicado de manera imparcial, lo que aparentemente contradice el título de este documento, pero al comprender que independientemente de si se dictamina sobre el sujeto activo o pasivo del delito, es decir, independiente de si se es evaluado por un psicólogo forense desde el estado de posible víctima o agresor y al margen de las creencias o actitud personales del perito; es un procedimiento que se realiza para descubrir la verdad y si ello sucede siempre se estará haciendo justicia y favoreciendo a la víctima, es decir, a quien haya padecido el delito o a quien sea inculpando injustamente. Estos dos elementos el de establecer la verdad y hacer justicia son parte de la triada que propone Sampedro (2.001) para que podamos vivir felices y con dignidad, de manera que el psicólogo forense ejerce un papel fundamental en la construcción social.

Según este planteamiento el peritaje psicológico es un procedimiento matizado con responsabilidad social para auxiliar a las víctimas (porque todo delito causa varias víctimas según Beristain 2.001) y uno auxiliar de la justicia; la norma indica que puede ser realizado desde el ámbito oficial art.249 CPP no oficial o privado Art.250 CPP, aunque tradicionalmente los profesionales del Derecho han recurrido al Instituto oficial encargado, tal vez por la percepción de mayor respaldo institucional o por el desconocimiento de que existen otros peritos tanto o más confiables que los oficiales o por el pequeño índice de profesionales capacitados en el área o por la poca difusión del peritaje psicológico como una práctica privada, como sea es una necesidad incrementar desde todas las disciplinas el uso de este medio probatorio.

A continuación deseo presentar anecdóticamente casos en los cuales resulta evidente y relevante esta intervención profesional, como es la frecuente situación de niños (as) abusados sexualmente que no presentan evidencia física del delito, ya sea porque fueron abusados por medio de caricias o de exhibición del abusador o porque ha pasado demasiado tiempo al momento de denunciar y de presentarse a la práctica del examen sexológico medico-legal, en estos casos es destacable el papel del testimonio del niño y el dictamen pericial del psicólogo de la credibilidad de su relato. Una de las razones para dudar del testimonio que rinde el (la) niño(a) ante autoridad competente es la creencia popular de que los niños son mentirosos, actúan y hablan de acuerdo con su fantasía, son sugestionables etc, argumentos todos que han sido estudiados científicamente y llegan a la conclusión de que los niños son testigos competentes, que el profesional que reciba su declaración debe capacitarse en específicas técnicas de entrevista, que existen estrategias forenses para evaluarlos y para emitir un dictamen sobre la credibilidad de sus contenidos. Todos estos conocimientos pueden asesorar decisiones judiciales en casos de abuso sexual infantil si se recurre a ellos.

Al caso que me refiero en particular es un tanto grotesco, por lo cual pido excusas al lector, se trata de un niño que informó haber sido abusado y el defensor del imputado argumentó mitomanía infantil, razón por la cual solicitó un peritaje psicológico. Durante la evaluación forense el niño informó que el señor X “lo molestaba” y que le había metido “el pipi” en la boca y se había “orinado”. A su declaración añadió detalles del lugar, de la interacción, reprodujo conversaciones entre ambos, interrupciones inesperadas y otros más aspectos que coinciden con los criterios de realidad establecidos por la técnica de Análisis de Contenido Basado en Criterios Steller y Koenhken ( sf )que es una técnica de evaluación psicológica forense que se utiliza con frecuencia en varios países, pero que aún no ha sido validada (estudiada psicométricamente) ni aplicada con población colombiana, según conocimiento de la autora, razón por la cual esta adelantando investigaciones académicas al respecto.

Otra circunstancia que se debería asociar indefectiblemente con el peritaje psicológico es la presencia o presunción de lesiones cerebrales, ya que hay que establecer con precisión el diagnóstico, el pronóstico, la causa y el abordaje medico-legal de estas patologías. Para realizar este diagnóstico Sierra, Jiménez y Bunce (2.001) sugieren recurrir siempre al uso de pruebas neuropsicológicas que permitan identificar los déficits con exactitud. Recurriendo a la fuerza de lo narrativo enunciaré el caso de un joven que tras un trauma craneoencefálico como consecuencia de un accidente de tránsito padeció un trastorno poco evidente y no diagnosticado del control de los impulsos, trastorno que lo llevó a cometer un homicidio y que después de cumplir con las medidas de protección impuestas por ser menor de edad, regresa acudiendo a la justicia para ser evaluado y así justificar que el sistema de seguridad social le brinde el tratamiento que requiere. Con una evaluación neuropsicológica forense se habría podido establecer el diagnóstico a tiempo y justificar el tratamiento neurológico? Se habría podido evitar el homicidio? Por qué el joven tiene que suplicar se le brinde un tratamiento? No es apenas un deber de los profesionales de la administración de la justicia aportar todos los conocimientos de la ciencia para evitar dramas como este?

El peritaje psicológico también encuentra justificación cuando se trata de establecer las perturbaciones psicológicas (Art.115 CP) posteriores a situaciones violentas, por ejemplo el vigilante de un Banco que desencadena una agorafobia (temor a los espacios abiertos) tras presenciar un hurto violento en el que se cometió homicidio y haber padecido el ser amenazado, golpeado y apuntado con un arma de fuego durante varias horas. La psicopatología es apenas comprensible y obviamente le incapacita para desempeñarse laboralmente razón por la cual el sistema de riesgos profesionales y/o el de seguridad social le debe algunos beneficios protectores y parciales, ya que el perito también debe informar que es una psicopatología que se supera con tratamiento, de manera que no se requiere una indemnización o pensión para toda la vida. Aportar estas informaciones adicionales tiene implicaciones éticas y de justicia por parte del psicólogo forense.

Otras situaciones victimizantes como las de violencia intrafamiliar ameritan la intervención del peritaje psicológico, por ejemplo cuando el padre de familia ejerce violencia conyugal y maltrato infantil y es denunciado en una oportunidad en la cual no existen evidencias medico-legales del abuso, entonces se puede recurrir a la evaluación psicológica para establecer el perfil de las víctimas, según Echeburúa y Corral (1.998) es muy probable que la mujer presente estrés postraumático, que tenga altos índices de ansiedad y depresión, además de bajos índices de autoestima y de funcionamiento global. A través de este peritaje se puede dictaminar con bajísimo margen de error que esta padeciendo violencia intrafamiliar y dar paso a las medidas de protección o judiciales elegidas con consentimiento de la víctima y asesoradas por la pericia del psicólogo forense.

Pero hay que aclarar que no solo cuando se evalúa a las víctimas se les puede auxiliar, también el adecuado dictamen psicológico forense de los transgresores puede ser una manera de proteger a las víctimas o de prevenir situaciones victimizantes con otras personas; lo que sucede cuando se evalúa a un homicida sexual serial del que se presume es psicópata (que es diferente del psicótico, del antisocial, del sociópata y del trastorno antisocial de la personalidad) según los criterios de Hare (1.999) a través del PCL-R que es otra estrategia de la evaluación psicológica forense. Si en la evaluación se confirma el diagnóstico de psicopatía se debe informar que este cuadro diagnóstico no tiene correlación con la inimputabilidad y que la medida recomendada es de máxima seguridad en el tratamiento penitenciario, debido a que los tratamientos psicológicos existentes no muestran eficacia. Esta intervención pericial solo podría realizarla un psicólogo forense debidamente capacitado y actualizado con el conocimiento mundial y redundaría en el bienestar de las víctimas y de la sociedad en general.

Y para finalizar escribo una nota especificando que el peritaje psicológico se interesa por personas que no necesariamente son víctimas de delitos, pero que en todo caso pueden ser personas desprotegidas que requieren de apoyo estatal como en los procesos de Interdicciones, que son procesos civiles fundamentados con frecuencia en la existencia de un trastorno mental que incapacita a la persona a ejercer sus derechos y sus deberes. Es decir, la evaluación psicológica forense trasciende el ámbito penal y puede incursionar en el Derecho Civil, el de Familia, el Administrativo, el Disciplinario, el Militar, etc. Y para que se haga una realidad cada vez más frecuente que las víctimas sean apoyadas por este medio probatorio se requiere que los profesionales de la Psicología y del Derecho den a conocer sus aportes.

REFERENCIAS

Beristain, A. (2.001) Algo mejor que la desacralización de la pena kantiana (protagonismo de las víctimas) En Universitas Diciembre de 2.001 (102) 9-16.

Colombia. Código Penal. Ley 599 de 2000. Legis Editores S.A.

Colombia. Código de Procedimiento Penal. Ley 600 de 2.000. Legis Editores S.A.

Echeburúa, E.; Corral, Paz de (1.998) Manual de violencia familiar. España: Siglo XXI

Hare, R. (1.999) La naturaleza de los psicópatas: algunas observaciones para entender la violencia depredadora humana.Trabajo presentado en la Carta reunión internacional sobre biología y sociología de la violencia. Psicópatas y asesinos en serie. Centro Reina Sofía para el Estudio de la violencia. Valencia 15-16 de Noviembre de 1.999.

Sampedro, J.A. (2.001) La memoria de las víctimas: un instrumento en la superación del terrorismo. En Universitas Diciembre de 2.001 (102) 17-27.

CONGRATULACIONES ASOCIACION PANAMEÑA PSICOLOGIA JURIDICA Y FORENSE

Posted by GLETAIF | ARTICULOS | Tuesday 22 June 2010 4:48 pm

Estimada Comunidad:

En representación de la Asociación Latinoamericana de Psicología Jurídica y Forense (ALPJF), la Dra. Ángela Tapias y el suscripto a cargo de la Presidencia, como así también el cuerpo de Directores Científicos de los países que integran la ALPJF deseamos FELICITAR a la flamante Asociación Panameña de Psicología Jurídica y Forense (APPJF) y en representación a su ilustre Presidenta la Lic. Iris Ayala; por el esfuerzo denodado en el trabajo durante este tiempo para la concreción de la solidificación de la Asociación Panameña de Psicología Jurídica y Forense. Instamos a cada uno de los Directores Científicos a que esta causación de Panamá promueva lo porpio en cada país integrante de la ALPJF. Nuevamente MUCHAS FELICIDADES PANAMA!!
Aquí les adjunto algunos de sus pilares fundacionales

* La Asociación Panameña de Psicología Jurídica y Forense tiene su domicilio principal en la ciudad de Penonomé, Provincia de Coclé, Barriada Cuarto Centenario, casa 94, con teléfono 6662-7994 y podrá crear filiales en otras ciudades del territorio panameño o en otros países

* La Asociación tendrá finalidad gremial y docente.

1. Difundir la disciplina de la Psicología Jurídica y Forense.
2. Desarrollar asesorías profesionales y actividades científico-investigativas, para potenciar el desarrollo personal y social a través de la aplicación y difusión del conocimiento científico al ámbito judicial. Estas actividades se podrán realizar con entidades y personas del orden nacional, regionales, locales, extranjeras, públicas o privadas.
3. Desarrollar el talento humano para alcanzar un excelente desempeño, motivación y compromiso con la misión de la APPJF.
4. Fomentar la interdisciplina con profesionales del Derecho y de otros campos vinculados a la Psicología Jurídica y Forense

* Fines Gremiales

1. Agremiar, orientar y asesorar a los profesionales que se desempeñan en el área de la Psicología Jurídica y Forense.
2. Promover el trabajo interdisciplinario con profesionales de ciencias afines que formen parte de la Asociación.
3. Cooperar con otros organismos de representación gremial y con instituciones estatales o internacionales.

* Los Fundadores:

Se reconocen como miembros FUNDADORES, los psicólogos gestores de la asociación.

Lic. Iris Ayala
Lic. Olivia Morán
Lic. Nilda Collado
Lic. Carlos González


Lic. Gabriel Alberto Letaif
Psicólogo Clínico – Equipo Técnico Multidisciplinario – Procuración General
Poder Judicial del Chubut
PRESIDENTE ASOCIACION LATINOAMERICANA DE PSICOLOGIA JURIDICA Y FORENSE

DIRECTORES ALPJF 2010 – 2011

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Tuesday 15 June 2010 1:20 pm

Apreciada comunidad:

Con la finalidad de iniciar las actividades de nuestra Asociación,  en cada país se ha procedido a la designación de Directores Científicos en función a quienes han manifestado el interés de representarnos, como así también se ha valorado la cualificación profesional del postulante,  acorde a las exigencias de nuestra ALPJF.

Quizá pueda sorprenderlos la designación de más de un Director Científico por país, ello se debe que luego de una minuciosa observación de las gestiones efectuadas en períodos anteriores, y atendiendo a las diversidades tanto culturales, institucionales dentro de un propio país, torna necesaria su consideración y por ende una orientación concreta hacia un trabajo representativo de la ALPJF en la región.

A continuación procedo a socializar los nombres de los Directores Científicos por país agradeciéndoles iniciar el proceso de coordinación de actividades con ellos así como en un tiempo muy breve la inscripción oficial a la Asociación la cual de forma conjunta tendrá ya un registro y acreditación, cabe mencionar que el encontrarse suscrito a la lista de distribución no nos hace miembros de la ALPJF.

En los casos en los que no se ha designado director por país se debe esencialmente a que no se han presentado postulaciones, por lo que se prorrogará el plazo durante la semana del 14 al 18 de junio de 2010, para aquellos que así lo consideren.

PAIS DIRECTOR CIENTIFICO
ARGENTINA LIC. SERGIO BLANES CACERES

LIC. LILIANA ELIDA BERNACHEA

LIC. GRACIELA LLARUL

COLOMBIA

BOLIVIA

PS. GERARDO AUGUSTO HERNANDEZ MEDINA

DPL. PSYCH. GUIOMAR BEJARANO GERKE

BRASIL PS. ALVARO PEREIRA DA SILVA JR.
ESPAÑA DRA. MARIA JOSE RODRIGUEZ DE ARMENTA

MEXICO MTRO. MANUEL GALVAN CASTAÑEDA

PANAMA LIC. IRIS AYALA

PERU PS. JOSE EMILIO GARCIA JIMENEZ

PS. JOHN CHARLES TORRES VASQUEZ

PUERTO RICO

LIC. JOSE AQUINO RODRIGUEZ

URUGUAY

LIC. GUSTAVO ALVAREZ

PS. ANDREA MANGINO GONZALEZ

VENEZUELA

LIC. MIRYAM RIVAS

ACADEMICOS de la ALPJF, habiéndose seleccionado por la alta calificación y trayectoria profesional en el área y las valiosas aportaciones efectuadas tanto en sus respectivos Países, como así también en nuestra ALPJF a los siguientes colegas:

  • Denise Maria Perissini Da Silva – Brasil
  • Luis Disanto   - Argentina
  • Eric García – México
  • Diego Quijada – Chile
  • Zoraya Bohórquez Ruiz – Ecuador
  • Carlos Velásquez – Bolivia

Sin más, e instándolos a iniciar nuestro año Académico, celebro las designaciones y apuesto a continuar en el camino del crecimiento de la ALPJF.

Junio, de 2010 – Rawson (Argentina)

Lic. Gabriel Letaif

Presidente de ALPJF

PSICOLOGÍA FORENSE: consideraciones sobre temáticas centrales

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Friday 4 June 2010 12:28 pm

PSICOLOGÍA FORENSE: consideraciones sobre temáticas centrales

ALFREDO J. SARMIENTO

HECTOR ROBERTO ALVAREZ

OSVALDO VARELA

Miembro Honorario

Psicología Juridica .org

Consta de un Prefacio, dedicado a la especialidad en cuanto práctica esencial de la ciencia psicológica, consta además de varios artículos como son: “El rol del Psicólogo en las Instituciones Cerradas”, “el concepto de psicología forense”, “el ejercicio profesional del psicólogo”, que apunta fundamentalmente a detallar las posibilidades legales de la practica y

sus prohibiciones.

Artículos en los cuales se detallan las visiones jurídicas, sociológicas y psicológicas del abordaje de la adolescencia marginal, o lo que comúnmente denominamos “Delincuencia .

También se detalla un artículo sobre un tema “tabú”, que es el SIDA en las cárceles, su mito y las fobias que se mueven respecto de éste trastorno.

Merece una consideración aparte el artículo sobre Instituciones cerradas pues detalla el objetivo sociológico de las cárceles y los institutos de seguridad de menores, el castigo como finalidad básica y como imagen que se pretende dar a la comunidad, cumpliendo el postulado de Foucault en cuanto a que la sociedad, a través de las épocas, no intenta “castigar más” sinó “castigar mejor”, y por eso muestra a éstas instituciones como amenaza, para que la sociedad deposite sobre ellas los imaginarios de venganza y castigo, cuando en realidad su verdadera efectividad está puesta en tela de juicio.

El libro pretende ser un elemento de consulta para el especialista en los temas que toca y a la vez un detonante que nos permita repensar cuestiones que parecen comprendidas claramente, y que, sin embargo, cuando queremos aplicarlas a los casos concretos, no dan los resultados esperados.

Editorial Lexis Nexis

Abeledo-Perrot de Buenos Aires

Segunda Edición, año 2002

info@lexisnexis.com.ar

T.E. 5411 5382 8802

Lavalle 1280 Cod. 1048AAF

BUenos Aires

Argentina

Encuadernación: Rústica

Páginas: 164

Editorial: Argentina

Editado el: 5/4/2002

Edición: 2 Reimpresión: 1 Descripción: El rol psicológico en instituciones cerradas. Concepto de psicología forense. Ejercicio profesional del psicólogo. Abordaje terapéutico a la problemática de las delincuencias juveniles. Aspectos jurídicos y psicológicos de la adolescencia marginal. El viejo método terapéutico. Algunas consideraciones sobre menores alojados en unidades carcelarias. Sida en las cárceles. Algunas consideraciones sobre el actuar marginal femenino. Instituciones cerradas. Algunas reflexiones sobre el trabajo del perito psicológico ante la litis. I.S.B.N.: 950-20.

COMPROMISO CON EL TRABAJO Y BURNOUT EN ORGANIZACIONES PENITENCIARIAS: ALGUNOS DATOS EMPÍRICOS

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Friday 4 June 2010 12:23 pm

COMPROMISO CON EL TRABAJO Y BURNOUT EN ORGANIZACIONES PENITENCIARIAS: ALGUNOS DATOS EMPÍRICOS

JOSE IGNACIO RUIZ

Universidad Nacional de Colombia

This paper is a review of several organizational psychology aspects of prison institutions. Core themes of research of job stress are both burnout syndrome and job engagement. Different variables are related with this constructs, and, in consequence, different intervention strategies are needed. Some data are showed on relationships between work values and burnout indicators.

Key words: job stress, job engagement, burnout

Se puede definir la psicología penitenciaria como aquella rama de la psicología jurídica que se ocupa de las acciones de evaluación, tratamiento y resocialización de las personas recluídas en instituciones penitenciarias, recayendo sobre ella una gran parte de la responsabilidad de la ejecución del tratamiento penitenciario.

Sin embargo, como señala Clemente (1997) otras áreas que deberían ser de igual importancia en el trabajo de las y los psicólogas/os son las relacionadas con la aplicación de la psicología de las organizaciones en el campo penitenciario, tales como la selección y entrenamiento de recursos humanos, la identificación e intervención sobre las variables que influyen en el estrés laboral y en la satisfacción con el trabajo, así como en otros temas relevantes como el de la cultura y clima organizacionales. Y si alguien tiene alguna duda acerca de si estas áreas pertenecen al ámbito particular de la psicología jurídica, se puede argumentar lo siguiente: uno de los fines primordiales de las penas privativas de libertad y del encierro es evitar que la persona vuelva a cometer un delito o se evada de su presencia en ciertos procesos judiciales. Ahora bien, el denominado tratamiento penitenciario está a cargo de profesionales de diversas disciplinas, y éstos, como trabajadores que son están expuestos a problemáticas como el estrés laboral, la insatisfacción con el trabajo, la tendencia al ausentismo o al cambio de puesto de trabajo. Si estas problemáticas afectan a los empleados de prisiones, ello se va a reflejar en el interés, motivación y esfuerzo que pongan en el tratamiento penitenciario, lo cual a su vez va a reflejarse en una u otra forma en la población penitenciaria.

Por ello, la psicología penitenciaria puede beneficiarse de las contribuciones que la psicología de las organizaciones puede hacer para mejorar la gestión de los centros carcelarios y penitenciarios, incidiendo en la calidad de vida de empleados e internos. Es así que los resultados de la investigación sobre temas como el burnout –síndrome de quemarse en el trabajo- o el compromiso con el trabajo –job engagement- pueden ser analizados en estas instituciones, de forma que se logre cambiar la imagen de la cárcel como un lugar tan particular que no es posible aplicar las aportaciones de distintas ramas de la psicología.

El síndrome del quemado y el compromiso laboral

Distintas variables pueden afectar el bienestar psicológico y la calidad y eficacia del desempeño laboral de las personas que trabajan en las organizaciones en general y en las instituciones penitenciarias en particular, entre ellas el estrés laboral en la forma del síndrome de quemarse en el trabajo (burnout) La relevancia de analizar esta temática es subrayada por la relación encontrada entre estrés laboral y bajas laborales (Pollán y Gábari, 2000), enfermedades coronarias (Salvador y González-Bono, 1995), ausentismo (Weisberg, 1994), conflictos de pareja (Jackson y Maslach, 1982) y también, sin ser menos importante por citarlo en último lugar, el uso y abuso de la fuerza (Kop y cols., 1999), todo lo cual puede redundar en un trato inadecuado a los reclusos, aunque, como lo resalta el estudio de Pollack y Singler (1998) no siempre se ha encontrado niveles preocupantes de estrés en empleados de prisiones.

En la investigación sobre burnout el modelo conceptual más extendido es el formulado por Maslach y Jackson (Maslach y Jackson, 1981, Maslach y cols., 2001) que contempla la estructura de este síndrome en tres componentes: agotamiento emocional, despersonalización-cinismo y sentimiento de realizarse personalmente en el presente. Lo que si parece claro dentro de las distintas conceptualizaciones del síndrome de quemarse laboralmente es considerarlo como una reacción a determinados estresores laborales mediada por factores psicosociales dentro de los cuales el denominado “compromiso con el trabajo” pueda ser considerado sentimiento de logro profesional podría ser considerado una forma de afrontamiento de los desafíos y dificultades laborales, de manera que cuando este compromiso con el trabajo fuera bajo, sería más probable desarrollar los síntomas del burnout..

Por lo demás, la literatura también se ha ocupado de identificar los estresores laborales que contribuyen a generar burnout o alguno de sus componentes –por ejemplo, estresores más asociados al cansancio emocional-, y otras variables organizacionales e individuales, así como de cuantificar la intensidad de la influencia o de la relación de estas variables con el burnout. Así, en el ámbito de las organizaciones se ha señalado el clima organizacional, la satisfacción laboral, la autoeficacia, el conflicto de roles, la ambigüedad de rol, la sobrecarga laboral, la intensidad horaria o el sentido de coherencia, por citar algunos, anotando que algunas de ellas pueden ser vistas tanto como variables que contribuyen al burnout como variables influídas por éste, como la satisfacción laboral o el clima organizacional.

Ya en el ámbito concreto de las instituciones penitenciarias variables que son relevantes en un análisis desde una perspectiva organizacional son las relativas a carácterísticas ambientales-arquitectónicas, a las normas de administración de los establecimientos -.régimen penitenciarios, al organigrama, a los procesos de comunicación, participación y toma de decisiones, liderazgos, a las características de la población recluída, a las categorías del personal penitenciario y a la formación que se les da. Variables analizadas en estas instituciones –y en las policiales- se ha resaltado el antagonismo percibido en de la comunidad -lo cual puede conducir al cinismo-, la percepción de resultados pobres –como ‘ver’ que los delincuentes salen y entran de nuevo en la cárcel-, el grado de apoyo y reconocimiento percibido en los superiores –por ejemplo, un carácter aversivo de supervisión, que atiende sólo a los déficitis y errores y nunca a los aciertos y esfuerzos-, la peligrosidad del trabajo –por ejemplo, los funcionarios de vigilancia en los que los internos proyectan su enojo por el encierro-, la existencia de reglas obsoletas, el elevado número de personas a atender, careciendo de los suficientes recursos, la falta de guías claras para realizar el trabajo o la antigüedad en el trabajo.

También, según el tipo de cargo, el funcionario de prisiones puede exponerse a estresores particulares. Por ejemplo, los funcionarios de vigilancia tienen habitualmente mayor riesgo de sufrir agresiones y de verse atrapados en motines, además de que son los encargados de enfrentar y reprimir estas situaciones. No es raro así que cuando en un centro penitenciario se está preparando un enfrentamiento armado o un motín los mismos internos intenten avisar o proteger a aquellos funcionarios o voluntarios que respetan. Muchas veces los psicológos/as y trabajadores sociales tienen una mejor imagen ante los internos que otros empleados, y situaciones como los motines o las peleas en las prisiones fácilmente conducen a muertes y episodios de crueldad que pueden dejar un importante impacto psicológico en quienes los viven.

Pero también estos psicólogos y trabajadores sociales pueden enfrentarse a estresores particulares como el dolor humano –conocer historias de sufrimiento y de abusos-, exponerse a la maldad, a crímenes horrendos –violaciones sexuales, asesinatos- ante los cuales el profesional debe sobreponerse y mostrarse empático con el interno-, la ambigüedad de rol -¿quién es el cliente del psicólogo penitenciario?- y también la agresividad de los internos –reacciones de un interno a un informe desfavorable a apoyar un permiso de salida-. interno-.

Por otro lado, por supuesto que además de los estresores laborales el funcionario de prisiones también recibe gratificaciones en su trabajo, y una de ellas puede ser simplemente estar trabajando en aquello que le gusta y en lo que eligió formarse, o lograr pequeños éxitos cotidianos –como salvar la vida de un interno que presenta riesgo de suicidio-, o lograr evitar que la cárcel dañe al interno más de lo que ya viene desde la calle, aunque no se consiga mucho en lograr la “reinserción social del recluso”. Estas gratificaciones junto a factores como el apoyo social institucional e informal, los estilos de afrontamiento individuales, el significado dado al propio trabajo –al que contribuye una buena formación de base y una actualización permanente- pueden compensar los aspectos negativos del trabajo. A ello, la comunidad puede contribuir reconociendo el trabajo penitenciario, lo cual muchas veces no sucede por unas u otras razones.

Por otra parte, el compromiso con el trabajo ha sido considerado recientemente como la antítesis o el proceso complementario al burnout (Maslach y cols., 2001). De acuerdo con estos autores, el compromiso con el trabajo es distinto al compromiso organizacional -que se referiría a una alianza entre el empleado y la organización que proporciona el empleo, con foco en la organización-, a la satisfacción laboral -que se refiere al grado en que el trabajo es un fuente de contento y realización-, y a la implicación en el trabajo, que es sólo una parte del compromiso con el trabajo. Este, por otra parte, se ha estudiado desde dos perspectivas: para Maslach y su equipo, el compromiso con el trabajo sería la antítesis del burnout, de forma que niveles bajos en burnout corresponderían a niveles altos en compromiso con el trabajo. Para el equipo de Schaufeli, en cambio, el compromiso con el trabajo sería un fenómeno con entidad propia en el ámbito del mundo laboral, y se caracteriza por sentimientos de vigor, dedicación y absorción. Siguiendo a Maslach y cols., (2001), el vigor se refiere a presentar a nivel individual altos niveles de energía y disposición a invertir esfuerzo en el trabajo, la habilidad de no fatigarse fácilmente y persistir pese a las dificultades. La dedicación se refiere a una fuerte implicación en el trabajo de uno, con sentimientos de entusiasmo y de percibir significado en el trabajo que uno realiza, y a un sentimiento de orgullo e inspiración. Por su parte, la absorción se refiere a un estado placentero de inmersión total en el trabajo de uno, en el cual el tiempo pasa rápidamente y uno se siente incapaz de abandonar en lo que está trabajando.

En un estudio se encontró, que niveles más altos de compromiso organizacional se asociaban a un clima de apoyo más elevado, a menos conflicto de rol, más auto eficacia profesional y a un efecto de interacción entre auto eficacia profesional con conflicto de rol: cuando el conflicto de rol era bajo, el nivel de compromiso laboral era alto para los sujetos con alta y baja auto eficacia profesional, en cambio, cuando el conflicto de rol era alto, los sujetos con baja auto eficacia profesional puntuaban bastante menos en el compromiso de rol (Grau, Salanova y Peiró, 2000).

Como se puede extraer de esta breve revisión, las características del burnout y del compromiso con el trabajo son diferentes así como las variables que los afectan, lo que sugiere que luchar por disminuir los niveles de burnout en una institución no equivale necesariamente a elevar los niveles del compromiso con el trabajo.

Por otro lado, de acuerdo a las definiciones arriba expuestas el síndrome de quemarse en el trabajo depende más de variables externas al individuo, mientras que el compromiso con el trabajo destaca más disposiciones y variables individuales. Como también se señaló antes, el compromiso con el trabajo puede ser considerado una forma de afrontar las dificultades laborales, y quizá la tercera dimensión del modelo de burnout de Maslach y Jackson (1981), el sentimiento de realizarse profesionalmente sea más bien un reflejo del compromiso con el trabajo que una subdimensión del burnout. Ello es apoyado por los resultados generales de la investigación sobre burnout que encuentran que las variables que influyen o se asocian con el sentimiento de realizarse en el trabajo no son las mismas que se relacionan con el cansancio emocional o con la despersonalización (Maslach y Jackson, 2001).

En este sentido, un estudio (Ruiz y Páez, 2001) encontró por ejemplo que los empleados de prisiones que tenían mayor nivel educativo y realizaban tareas de tratamiento o de formación –médicos, psicólogos, educadores-, a pesar de que se sentían más descontentos con el sueldo, estaban más satisfechos con su tarea, puntuaban menos en la dimensión de despersonalización del burnout y sentían más que se realizaban profesionalmente que los guardias o el personal de logística (diferencias estadísticamente significativas).

Estos sujetos (n=413, de cuatro centros de Bogotá y uno de Facatativa, n=298 sujetos en los análisis que siguen) respondieron también a una escala sobre aspectos preferidos en el trabajo (Boada y Tous, 1993). Las correlaciones entre estos ítems y unos indicadores de afrontamiento (Ruiz y Páez, 2001) con las dimensiones del burnout que se obtuvo se muestran en la tabla 1.

Tabla 1. Correlaciones entre preferencias en el trabajo y estilos de afrontamiento y dimensiones del burnout (n=298)..

Preferencias en el trabajo Burnout (total) Cansancio emocional Desperso-nalización Realizarse personalmente en el trabajo
Poder desarrollar las habilidades, conocimientos y capacidades -0,138* -0,071 -0,045 0,214***
Tener un empleo seguro y económicamente estable -0,031 0,020 -0,014 0,099+
Poder avanzar ocupando progresivamente cargos de mayor entidad -0,011 -0,003 0,064 0,074
Ganar mucho dinero 0,090 0,060 0,101+ -0,065
Desempeñar un trabajo que resulte interesante y atractivo -0,018 0,034 0,017 0,107+
Contar con la amistad y el afecto de los compañeros -0,185*** -0,147* -0,121* 0,131*
Estar vinculado a una empresa o compañía de prestigio -0,044 -0,042 -0,118* -0,058
Ser tratado correctamente con los superiores -0,009 0,014 -0,013 0,038
Sentirse responsable del propio trabajo o de los otros -0,164** -0,090 -0,129* 0,174**
Obtener el reconocimiento por el trabajo realizado -0,038 -0,020 -0,063 0,016
Resolver problemas, conseguir metas, obtener resultados en el trabajo -0,106+ -0,008 -0,069 0,203***
Lograr fama y distinciones, ser apreciado socialmente -0,038 -0,025 -0,023 0,034
Disponer de libertad para organizar el propio trabajo -0,029 0,012 0,014 0,110+
Tener autoridad sobre otras personas 0,227*** 0,226*** 0,230*** -0,042
Trabajar en un ambiente físico agradable -0,019 0,011 -0,053 0,022
Búsqueda de apoyo -,028 -0,002 0,037 0,106
Afrontamiento evitativo ,286*** 0,217*** 0,200*** -0,214***
Afrontamiento activo -,249*** -0,107* -0,059 0,403***

+ p <.10; * p <.05; ** p <.01

Estos resultados permiten ver que diferentes valores-preferencias laborales se asocian diferencialmente con cada dimensión del burnout y con el total, y que los estilos de afrontamiento también contribuyen a aumentar o amortiguar los síntomas del burnout.

Así, si tomamos estos valores laborales y estilos de afrontamiento como componentes del compromiso con el trabajo, encontramos que un mayor sentimiento de realizarse en el trabajo se asocia positivamente con los valores de a) poder desarrollar habilidades, conocimientos y capacidades, b) sentirse responsable del propio trabajo o de los otros, c) resolver problemas, alcanzar metas y resultados y d) con tener un estilo de afrontamiento más activo y menos evitativo.

En cambio, el cansancio emocional y la despersonalización se asocian positivamente con el deseo de tener autoridad sobre otras personas, y con mostrar más un estilo de afrontamiento evitativo.

Los resultados anteriores muestran que el compromiso con el trabajo es algo más que simplemente bajos niveles de burnout y muestra la importancia de incentivar a través de la formación académica primero y después por parte de la misma organización una serie de valores que ayuden a que el empleado de prisiones revalorice y de significado a las tareas que realiza desde la posición que ocupa en el organigrama.

Aunque es cierto que hay diferencias en el interés, utilidad o provecho que se pueden extraer de distintas tareas, y de que hay puestos que tienen más posibilidades de introducir variaciones, creatividad y de combatir la rutina, el trabajador casi siempre puede valorar más lo que hace, y a ello ayuda sin ninguna duda el reconocimiento que la institución y la sociedad den a los funcionarios penitenciarios, sin dejar en último lugar a los que realizan las tareas menos gratificantes. También la actualización profesional y la capacitación permanente son útiles, además de para gestionar e intervenir con mejores resultados en las prisiones, para ayudar en esta resignificación, asunción de responsabilidad y planteamiento de nuevos desafíos y metas en el tratamiento penitenciario.

Referencias

Boada, J. & Tous, J. (1993). Escalas de satisfacción laboral: una perspectiva dimensional. . XV (3), 151-166. Revista de Psicología, XV; (3) 151-166.

Clemente, M. (1997) La organización social informal en la prisión. En M. Clemente & J. Nuñez (Eds.) Psicología Jurídica Penitenciaria. (pp. 321-356) Madrid: Fundación Universidad-Empresa.

Grau, R.; Salanova, M. & Peiró, J. M. (2000). Efectos moduladores de la autoeficacia en el estrés laboral. Apuntes de Psicología, 18; (1) 57-75.

Jackson, S. & Maslach, C. (1982). After-effects of job-related stress: families as victims. Journal of occupational behavior, 3; 63-77.

Kop, N.; Euwema, M. & Schaufeli, W. (1999). Burnout, job stress and violent behavior among Dutch police officers. Work & Stress, 13; (4) 326-340.

Maslach, C. & Jackson, S. (1981). The measurement of experienced burnout. Journal of Occupational Psychology, 2; 99-113.

Maslach, C.; Schaufeli, W. B. & Leiter, M. P. (2001). Job burnout. Annual Review of Psychology, 52; (397) 422.

Pollack, C. & Singler, R. (1998). Low levels of stress among canadian correctional officers in the northen region of Ontario. Journal of Criminal Justice, 26; (2) 117-128.

Pollán, M. & Gabari, I. (2000). Factores psicosociales y su influencia en el mundo laboral. XXVII International Congress of Psychology, Estocolmo; Julio 23-28.

Ruiz, J.I , Páez, D. (2001). Satisfacción laboral, burnout y clima emocional en empleados de prisiones: un estudio exploratorio. Acta Colombiana de Psicología, monográfico sobre Psicología Jurídica.

Salvador, A. & González-Bono, E. (1995). Trastornos psicofisiológicos asociados al estrés laboral. Ansiedad y Estrés, 1; (2-3) 157-171.

Weisberg, J. (1994). Measuring workers’ burnout and intention to leave. International Journal of Manpower, 15; (1) 4-14.

CONVOCATORIA DOCENTE

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Tuesday 18 May 2010 2:21 pm

BOGOTA, COLOMBIA Importante entidad educativa requiere Profesores con estudios de Maestrìa y experiencia docente para las cátedras de Mediación, peritaje en psicologìa forense y psicologia juridica. por favor enviar hoja de vida catedramediacion2010@gmail.com

LA PSICOLOGIA JURIDICA EN CON-TEXTO

Posted by GLETAIF | ARTICULOS | Thursday 13 May 2010 10:32 am

1 º Jornada de Psicología Jurídica y Forense del Colegio de Psicólogos
De la Provincia de Buenos Aires
“Nuevas Perspectivas de la Psicología Jurídica y Forense en el marco de las actividades reservadas al título de Psicólogo /a” (Res. 343/2009 Ministerio de Educación de la Nación)
Sábado 8 de mayo de 2010 – La Plata (Bs. As.)
Panel de Apertura

“Formación del Psicólogo en las nuevas actividades reservadas a Título con vistas al Ejercicio de la Psicología Jurídica y Forense”
“La Psicología Jurídica en con-texto”

“Toda sociedad, en fin manifiesta la relación entre el crimen y la ley a través de castigos, cuya realización, sea cuales fueren sus modos, exigen un asentimiento subjetivo. Aquí es donde el psicoanálisis puede, por las instancias que distingue en el individuo moderno, aclarar las vacilaciones de la noción de responsabilidad para nuestro tiempo y el advenimiento correlativo de una objetivación del crimen, a la que puede colaborar”.

En “Introducción teórica a las funciones del Psicoanálisis en Criminología” J. Lacan
Lic. Gabriel Alberto Letaif

Respetadas autoridades de FEPRA y del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires; Sra. Secretaria Científica de Argentina de nuestra Asociación Latinoamericana de Psicología Jurídica y Forense Lic. Liliana BERNACHEA; estimados colegas; en representación de la Asociación Latinoamericana de Psicología Jurídica y Forense deseo acercarles nuestro más elevado reconocimiento por el esfuerzo denodado y puesto de manifiesto en la concreción de la 1 º Jornada de Psicología Jurídica y Forense del Colegio de Psicólogos de la Pcia. De Bs. As.
Al momento de ser convocado, no he podido eludir el contexto en que se inscribe la misma; es decir las nuevas perspectivas de la psicología jurídica y forense en el marco de las actividades reservadas al título de psicólogo / a; razón por la cual el eje de mi exposición en esta oportunidad versará sobre los ejes de la práctica y la formación en la disciplina de la Psicología jurídica.

La Psicología es una disciplina que se entrecruza con diversos campos del conocimiento, como la medicina, la antropología, el derecho, la economía. En el decir de Ángela Tapias , en cada una de esas intersecciones se genera un intrincado acervo de conocimientos; al entrecruzamiento entre el conocimiento psicológico y jurídico se denomina Psicología Jurídica.

Así resultará de relevancia la pregunta epistemológica de los profesionales psicólogos en el campo de especialización de la Psicología Jurídica y Forense; ello viene a colación que con frecuencia se ha concebido a la Psicología Jurídica como una aplicación asistencialista de la psicología en el ámbito del derecho, dando pié a concepciones simplistas del quehacer profesional en ese ámbito, escuchando afirmaciones al estilo de “el psicólogo debe responder sólo aquello acerca de lo que se le pregunta y nunca cuestionarlo” , ó que las Psicología Jurídica es apenas una “ciencia auxiliar del Derecho”.

Un derecho- referencia, cerrado en sí mismo no garantiza la regulación de los modos de vida en la sociedad. La referencia se encuentra en el texto y el texto no es sin con-texto. La complejidad de la aplicación del Derecho en la regulación de la pulsión de muerte, está en conjugar principios referentes que en sí son contradictorios, tensos y disjuntos, en una sociedad compleja y plural y con modos de vida tan desiguales. La experiencia real exige un derecho abierto y afectado por la contingencia, un derecho posible y plural que se orienta por un eje de principios. Prescindir del Derecho, entonces, es prescindir de la creencia en un derecho referente todo.

Así, entendemos que las situaciones de alta complejidad y conflictividad que se presentan en los estrados judiciales han planteado la necesidad explícita de psicólogos que coadyuven al aparato de administración de justicia, esta demanda es creciente desde las instituciones judiciales, las policiales, los profesionales de otras disciplinas y los diversos actores involucrados en los actos justiciables.

Es allí en donde la mirada psicológica jurídica está convocada a dar parte acerca de las diversidades subjetivas, de hecho, siempre hay un modo de vida nuevo, una nueva forma de gozar. Sin embargo las “ficciones” jurídicas no apuntan a atender tal pluralidad de goces, nombrándolos y fijándolos a través de la creación infinita de normas jurídicas. Aunque las formas diferentes de vida y del goce busquen su regulación a través de su inscripción en el registro de la ley, incluir las diferencias debe ser la condición de incluir lo contingente en el campo de las posibilidades, lo que requiere considerar en el campo de lo imposible, un resto que lleva a lo absoluto fuera de la ley.

Nuestro momento social está marcado por el modo de ejercicio de un poder que pone en acción los recursos de “normalización” en beneficio del lucro de un plus de goce. Como señala Foucault, vivimos en una sociedad en que el poder se ejerce a través de normas que apuntan a generar progresivamente cada momento de la vida. El avance de la regulación social a través de procesos de normalización funcional de las actividades no se hace sin generar una multitud de desclasificados y no clasificables, excluidos de los medios del poder y también del goce del producto social. Empuje éste en el que frecuentemente nos vemos involucrados en nuestras prácticas en el ámbito jurídico.
El montaje de un Estado de Derecho se nutrió de la creencia en una estructura normativa con capacidad para distribuir la satisfacción en el espacio público, es decir, función de regular lo que dice respecto al goce (lo mortífero), a través de su indexación a las normas, en su montaje significante. Sin embargo, el montaje nombre del padre y significante fálico que tempera deseo y goce, atraviesa una dura prueba en todos los niveles de la civilización ; así lo jurídico muestra su insuficiencia en la tarea de fijar una cuota de goce y la obediencia de la ley vacila.

Desde el ejercicio profesional investido de la ética del “bien decir” podremos advertir al Otro (representante de la ley) acerca de los riesgos de la ilusión “absolutista” del tener “todo bajo control”; un buen ejemplo de eso es un programa en Brasil conocido como “Ojo Vivo” , el que se trata de un trabajo conjunto de la Policía Militar y de la Secretaría de Defensa Social y el Club de Directores de Shoppings “Ahora usted podrá hacer sus compras con tranquilidad” , dice su slogan. La tecnología garantizará al consumidor vigilancia permanente, usando cámaras filmadoras, cuidadosamente dispuestas en el campo geográfico del consumidor. Un equipo vivo estará vigilando a los muchachos que pasan por allí, protegiendo al consumidor del robo y de la violencia. En escenas sospechosas, la policía será inmediatamente accionada. Pero el campo de lo imposible está allí insituable! El mayor problema de ese dispositivo son los puntos ciegos y la simulación que los muchachos hacen frente a las cámaras; creo que el ejemplo aquí vertido no nos aleja demasiado de las experiencias tecnológicas análogas en nuestras ciudades argentinas. Ante las cámaras, se monta una escena, lo que el montaje busca capturar, los sujetos se ofrecen como personajes del film que ese “panóptico” desea colocar en primer plano. Pero es allí donde no se ve, donde el “ojo está muerto”, que realizan lo que en lo real asombra: una escena mortífera que profana la vida. En verdad, hay el goce. Todo dispositivo tiene un punto ciego, que escapa a cualquier abordaje posible. La apuesta es en ese sentido desde la Psicología Jurídica en el campo del Derecho a no retroceder ante lo cotidiano de los servicios en los cuales esos casos se presentan.

En la práctica al tolerar ese barullo, extrajimos la exigencia de un esfuerzo más para escuchar al sujeto en su singularidad, su realidad psíquica, en definitiva al sujeto del inconsciente. Resulta así que cuando el Derecho se deja aprender como una ficción útil y desde el plano de la psicología jurídica se encuentra la posibilidad de insertarlo, se puede seguir desde una lógica que permita pensar caso por caso, produciéndose la torsión necesaria para enlazar lo singular con lo universal.

El entrecruzamiento de los campos del Derecho y la Psicología Jurídica muestran paradigmáticamente un mismo lecho: el lenguaje. Sus sinuosos caminos se tocan sincrónica y diacrónicamente más allá de su específico campo de aplicación. Estos pueden interrelacionarse ó transitar por bordes que imbrican ó excluyen los dos discursos.

La vida humana, que no es sino vida instituida, institucionalizada, es el objeto de estudio tanto del Derecho como de la propia Psicología Jurídica.

Mientras el sujeto del Derecho es el agente, el autor de un acto, y de lo que se trata es de delimitar su “capacidad para comprender la criminalidad de su acto ó dirigir sus acciones, no suprimida por insuficiencia de las facultades mentales ó estado de inconsciencia” – art. 34. Inc. 1 º Código Penal (Frías Caballero, J. et al., 1993, p. 308), el sujeto que ocupa a la Psicología Jurídica es el sujeto de esa “inconsciencia”, y no es agente, sino el resultado, el producto de las palabras de Otros (llámese instituciones, cultura, Ley, padres, historia ó lenguaje), y se muestra, justamente, en los equívocos.

Sabemos que la culpa, no es sino el lazo mismo que une a todo sujeto humano con su procreador, en el lugar de la Ley.

Es decir, postulamos a la culpa como efecto de la humanización y como anudamiento de todo sujeto a la Ley, ó sea, al montaje institucional. Sabemos que el Derecho postula a la culpa como ACTITUD, diferenciándola (pero en relación) de la imputabilidad, postulada como APTITUD, la Psicología Jurídica (desde la perspectiva psicoanalítica) ubicará a la culpa como nodal en la estructura subjetiva.
En “Teoría del Delito” Frías Caballero enuncia, siguiendo a Jiménez de Asúa, que “para ser culpable es indispensable ser, previamente, imputable” y plantea una prelación necesaria entre la imputabilidad y la culpabilidad.

El Derecho, en el texto antes mencionado, diferencia culpabilidad de imputabilidad, cuando dice que la “culpabilidad es temporalmente momentánea, ya que refiere a un delito concreto, mientras la imputabilidad, como estado ó calidad del sujeto, es algo permanente ó al menos, durable en el tiempo”.

Se enuncia como delito genuino (punible, que une el dolo – culpa e imputabilidad), aquel donde hay un nexo entre el acto y el autor, sin vulnerar el principio básico de la “responsabilidad por el hecho”, los presupuestos de la pena (…) se hallan situados en el autor (imputabilidad – culpabilidad) y desde allí gravitan, se reflejan ó confluyen sobre el acto, transformándolo en acción punible (delito criminal) Frías Caballero, J. “Teoría del Delito”. 1993, p. 303.

Hasta aquí pareciera estar planteando, en consonancia con lo afirmado por Jacques Alain Miller que a la clínica convencional se le agrega una clínica jurídica; ella debe, por ejemplo, evaluar la posibilidad de que el sospechoso, para la satisfacción de las familias de las víctimas, pueda sostener su presencia y responder ante un Tribunal.

Ello pone sobre el tapete otra de las cuestiones cruciales en la práctica de la Psicología Jurídica, el tema de la “responsabilidad” del sujeto; Freud lo trabaja de un modo exquisito en “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños” ; en el que Freud se pregunta sobre la implicación de un sujeto en el contenido del sueño: ¿el sujeto, debe sentirse responsable? En el sueño ocurre siempre una transgresión de la ley. Uno sueña siempre, según Freud, en contra del derecho. En la formulación de Freud los soñadores son criminales enmascarados. De manera tal que, cuando se habla de un crimen, de un asesinato, lo primero que desde el punto de vista analítico se podría decir con seguridad es que en esta historia se trata de sí mismo y no del otro.

Lo que también es seguro, es que desde nuestra práctica no podríamos asumir, en el lugar del jurista, la tarea de decidir la capacidad de asumir responsabilidades con fines sociales. La definición de responsabilidad para el bien de la sociedad no conviene al psi. Freud solamente podía ver la capacidad jurídica como una limitación del yo metapsicológico, situaba a la responsabilidad del jurista como una simple construcción social.

Según Miller, la responsabilidad jurídica es como una construcción específica que depende de las circunstancias, de las épocas, de las tradiciones.

Amén de los planteos aquí esbozados y de los múltiples que podrían desprenderse de éstos y otros son parte del contexto en que se inscribe la práctica de la Psicología Jurídica.

La Psicología Jurídica: Norma – Procedimientos y Personas

El contexto determina nuestras prácticas; y ello también nos insta a una re definición de la Psicología Jurídica. Tomando los desarrollos de nuestra colega y actual Directora Internacional de la ALPJF, la Dra. Ángela Tapias, coincidimos en definir a la Psicología Jurídica como el conjunto genérico de la relación entre la psicología y el derecho; cubriendo todas las áreas de aplicación, se traten ellas de la psicología forense (que sería el área aplicada de la psicología jurídica, que relaciona a la utilización de los conocimientos psicológicos que son necesarios para ayudar a resolver un caso judicial en las áreas penal – familiar – laboral – civil ó dependientes del cuerpo de Psicólogos Forenses ó de las diversas oficinas periciales.) , la psicología criminológica (estudio de la conducta delictiva y antisocial, pero excluye todas las otras áreas de aplicación de la psicología al Derecho, como lo civil, lo laboral, etc.). Diremos que la Psicología Jurídica comprende el estudio, asesoramiento e intervención eficaz, constructiva y prosocial sobre el comportamiento humano y las normas legales e instituciones que lo regulan.

Lo podríamos sintetizar en el siguiente esquema:

La Psicología Jurídica en el actual contexto de lo JURIDICO:

Coyunturalmente la transición del sistema penal mixto hacia el sistema acusatorio, amplía las posibilidades de intervención y de ámbitos de ejercicio profesional para los psicólogos jurídicos y forenses. Obligándonos a una revisión constante de las prácticas profesionales, en particular de aquellas que se articulan al Derecho desde otros paradigmas científicos; tal es el caso de nuestra práctica.

La complejidad de lo social y el avance de las investigaciones en el campo jurídico, nos determina hacia nuevos desafíos a través de una formación sistemática en los ámbitos de la práctica de la Criminología, la Victimología, el ejercicio forense, la Psicología Penitenciaria, la Psicología Policial y un ámbito de reciente inclusión – al menos para la comunidad psi en nuestro País – que constituye la inclusión de la psicología jurídica en las investigaciones criminalísticas.

En el Sistema Penal Acusatorio hay que evidenciar la ocurrencia de un delito , sustentar que hay una persona afectada en sus bienes jurídicos, justificar que hay una víctima a través de alguno de los medios probatorios previstos por el estatuto procesal penal entre los que se encuentra el peritaje. El peritaje debe ser practicado de manera imparcial.

El peritaje psicológico es un procedimiento matizado con responsabilidad social para auxiliar a las víctimas (según Beristain 2001) y uno auxiliar de la justicia.

Adscribir lo pericial a una función, y no simplemente a un actuar profesional, es intentar develar cuáles pueden ser las lógicas posibles que sostienen, en un dispositivo determinado, el encuentro discursivo entre campos semánticos que son de órdenes diferentes, como lo es el “psi” y el “jurídico”.

En un trabajo anterior hice alusión a algunos de los atravesamientos en la función pericial, tratando de diferenciar la tarea habitual del perito de las profesiones “psi” en las convocatorias judiciales, es decir, indagar las estructuras de las entrevistas periciales, las distintas técnicas evaluativas, el formalismo y /ó el contenido exigible a los informes, la connotación del testigo experto del perito, el secreto profesional, etc.

Desde otras lógicas, esbocé en esa oportunidad que se podrían caracterizar – posiblemente – a lo que denominamos función pericial, buscando los nexos permitidos entre algunos de los elementos del Derecho y del campo Psi.

El descubrimiento del inconsciente no sólo ha tenido incidencia en las costumbres, sino que en cuanto a lo jurídico ha cambiado el espíritu de las leyes.

La peritación en el actual contexto social nos confronta a las nuevas manifestaciones del malestar, que no son el resultado de la restricción sino la consecuencia de la caída cada vez más vertiginosa de la creencia en los semblantes del padre y del imperativo de la época que ordena gozar.
Interrogarnos por la demanda que nos proviene de un Magistrado, Fiscal, y /u otro funcionario judicial; nos lleva a un re-posicionamiento en nuestra función pericial, ya que de acuerdo a cómo entendamos la formulación, el pedido que el campo jurídico hace al psi, nuestra acción tendrá un sentido u otro.

Se ha establecido que el perito es el “sabio, experto, hábil, diestro, práctico en una materia; de la cual el jurista ó el juzgador no tienen por qué ser dominantes . Es la persona competente en determinado orden de conocimientos, llamada a emitir dictamen sobre algún punto que debe dilucidarse.

En nuestro caso no puede sino implicar de un modo u otro a la subjetividad humana.
Paradigmas del mundo contemporáneo:

El mundo contemporáneo se rige por la eficacia, y a cada problema le corresponde su solución. El imperativo pragmático empuja a la búsqueda de soluciones, no importa mucho cuáles, el asunto es que al problema se le debe encontrar una solución que sostenga el buen funcionamiento.

El filósofo francés Milner plantea dos paradigmas que determinan lo moderno:
1) Problema – solución
2) Evaluación

Con el paradigma de la evaluación, en el cual el sujeto debe ser evaluado, entramos en lo que Miller sitúa como la tiranía de la media, ya que se lo evalúa de acuerdo a una media que es la medida de lo normal. A partir de este paradigma el sujeto entra en la cifra, en el cálculo, y así, los dos paradigmas se entrelazan.

Para comprender la propuesta de análisis de la función pericial que sugiero, me valgo de dos consideraciones que plantea Luis Camargo en su libro “Encrucijadas del Campo Psi-Jurídico” :

1 º El acto pericial puede consistir en responder a la demanda del juez por la vía de la interpretación; y
2 º nuestras posibilidades de operatoria no pueden quedar por fuera del marco de un dispositivo: el revelado por Freud con el nombre de transferencia.
Interpretar para el psicoanálisis, no es sino un acto que apunta a develar al sujeto las enunciaciones que subyacen a un enunciado suyo. Lo que habilita este acto no es sino una falta previa, una falta en el saber. En el caso del juez es esa falta en el saber la que convoca a la intervención pericial, por la cual recurre al Otro.

Pensándonos desde el psicoanálisis, sostengo que frente al requerimiento pericial no podremos quedarnos en una sola descripción con profusión de referencias al DSM IV, ni con acabados análisis de las pruebas proyectivas administradas, de los mecanismos defensivos evaluados y por lo general a las múltiples alusiones a lo disfuncional del ó los peritados, que decantan un perfil psicológico delimitado, que por estructura, aunque diga de “lo psicológico” nada dice de lo subjetivo en juego.

A partir de asentarnos en la responsabilidad del sujeto es que Lacan se manifiesta contrario a que el psicoanálisis utilice los elementos del Edipo freudiano como aporte a una psicopatología clasificatoria del criminal. La contribución del psicoanálisis deberá ir más allá de las clasificaciones. También es reacio a que desde la ciencia se arme una teoría del criminal, apuntalada en la biología del modelo lombrosiano que teoriza al criminal como un depravado de instintos arcaicos, un inhumano de instintos atávicos deducibles de su biología. No nos apoyamos en el Edipo freudiano para realizar una teoría del criminal sino que basados en los textos freudianos encontramos una lectura absolutamente actual del Otro social .

Para ir concluyendo, aunque sea de modo preliminar, sostendremos que las normas en los ámbitos de ejercicio profesional de la psicología jurídica y forense; sin embargo estas normas en ocasiones, no establece una distinción entre categorías legales y categorías psicológicas, la naturaleza de las definiciones de categorías que se determinan en el ejercicio de la psicología jurídica y forense en el ámbito de lo jurídico no deberían permanecer ajenas a éste último.

En concordancia con nuestra querida colega Graciela Gardiner “El Derecho no sabe del sentido del acto, sino de su relación con la norma que lo significa jurídicamente, de allí que la pericia psicológica debe emitir un dictamen que diga algo sobre la verdad subjetiva del sujeto, que pueda poner significado en el hueco del acto realizado, que no es comprensible desde la perspectiva de la construcción de la verdad jurídica”.

CONVOCATORIA DIRECTORES CIENTIFICOS POR PAISES PERIODO 2010 – 2011

Posted by GLETAIF | ARTICULOS | Wednesday 12 May 2010 10:53 am

CONVOCATORIA PARA LAS DIRECCIONES CIENTIFICAS
DE LA ALPJF POR PAISES

Estimados Colegas:

La Asociación Latinoamericana de Psicología Jurídica y Forense ALPJF, tiene el agrado de dirigirse a Ustedes a los efectos de informarles que se encuentra vigente el plazo para postulaciones a los cargos de Direcciones Científicas por países.

Que para nuestra Asociación es de gran interés contar con una amplia participación de Colegas que aseguren la representatividad de la ALPJF en los respectivos países que la integran.

Que aquellos profesionales que accedan a la meritoria función de Directores Científicos se comprometen junto a nuestro equipo de trabajo hacia la co-construcción de una justicia más humanizada y científica.

Contando con nuestro apoyo para realizar su proyecto de actividades locales y recibe autorización para registrar legalmente esta Asociación en su país, agremiar otros profesionales y hacer recaudos, al tiempo de poder usar nuestros emblemas, obtener publicidad y asesoría científica y de imagen a través de nuestro sitio web www.psicologiajuridica.org

El plazo para la recepción de postulantes abarcará a partir del lunes 24 de mayo hasta el lunes 31 de mayo de 2010.

Los postulantes deberán adjuntar por correo electrónico a la dirección gletaif@gmail.com los siguientes apartados:

• Nota de solicitud, manifestando la voluntad de ocupar el cargo de Director / a Científico / a por su país. E interés por desempeñar dicha función.
• Hoja de Vida Nominal (Resumen) – Lugar en que se desempeña profesionalmente.

Sin otro particular, y a la espera de vuestras vuelta de correo, los saludo muy cordialmente.

Lic. Gabriel Letaif
Presidente ALPJF

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