GABRIEL ALBERTO LETAIF – PRESIDENTE ALPJF

Posted by ALPJF | DIRECTORIO | Thursday 28 January 2010 3:05 pm

GABRIEL ALBERTO LETAIF

LIC. EN PSICOLOGIA – DIPL. EN INVESTIGACION JUDICIAL Y VIOLENCIA FEMICIDA

PAIS. ARGENTINA

Licenciado en Psicología – Especialista en Psicología Clínica – Diplomado por la Universidad Complutense de Madrid en Investigación Judicial y Violencia Femicida – Presidente de la Asociación Latinoamericana de Psicología Jurídica y Forense – Profesional del Equipo Técnico Multidisciplinario de la Procuración Gral. De la Provincia (Poder Judicial del Chubut – Rep. Argentina) en el área de Análisis del Comportamiento Criminal – Ex Docente Titular de las cátedras de Psicología General y Evolutiva / Salud Mental y Psiquiatría en la Universidad Nacional del Comahue– Coordinador y Director de diversos Seminarios de la especialidad en Psicología Clínica y Criminológic

AUTOPSIA PSICOLÓGICA: Una herramienta útil para el peritazgo psicológico.

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Sunday 24 January 2010 8:27 am

AUTOPSIA PSICOLÓGICA: Una herramienta útil para el peritazgo psicológico.

Andrea Rodriguez

Una de las técnicas más importantes y utilizadas en la comprensión de los comportamientos criminales es la del peritazgo psicológico. En el cual el psicólogo despliega todos sus conocimientos en el ámbito legal y psicológico. Entre estos peritajes se encuentra la denominada Autopsia Psicológica.

Este procedimiento es considerado como un proceso de recolección de datos del occiso que permite reconstruir su perfil psicológico y el estado mental antes del deceso. Para el desarrollo de dicho procedimiento, es necesario el trabajo interdisiciplinario entre médicos, abogados psiquiatras y psicólogos forenses. (Acevedo, Nuñez y Pinzón, 1999).

La Autopsia Psicológica como técnica pericial surge en los EE.UU. como una necesidad administrativa de definir la etiología médico legal en los casos de muertes dudosas donde no se contaba con los elementos suficientes para afirmar si se trataba de un suicidio o un accidente. Sin embargo, a pesar que esta técnica es bastante conocida y utilizada en EE.UU. no se ha establecido un procedimiento estandarizado para llevarlo a cabo.

Diversos autores Litman, Curphey, Shneidman, Farberow y Tabachnick, 1952; Shneidman, 1960-1964 (Citados por Shneidman, 1994b) plantean que para la realización del PAP se debe tener en cuenta varias categorías entres las cuales menciona: el estilo de vida del occiso, historia de vida, problemas económicos o sociales, relaciones interpersonales, rasgos de la personalidad, intentos anteriores de suicidio, posibles enemigos, entre otros.

Según Ebert (1991), los principales objetivos de la Autopsia Psicológica se dividen en cuatro:

1. Primer Objetivo:

Determinar la manera de la muerte en casos de equívocos que necesitan ser distinguidos. Las maneras de muerte son: a) natural, b) accidental, c) suicidio y d) homicidio; este tipo de sistema es conocido por la sigla NASH. Generalmente, en algunos casos, la manera de muerte es bastante clara, lo que no ocurre con el modo como sucedieron los hechos.

2. Segundo Objetivo:

Averiguar el momento y el tiempo en el cual se produjo la muerte; para esto, el investigador debe indagar acerca de diferentes situaciones de la vida del occiso y tratar de relacionarlas con el hecho.

3. Tercer Objetivo:

Obtener la información suficiente para evaluar los datos obtenidos de diversos intentos de suicidio, con el fin de prevenir dichos intentos y la letalidad de los mismos.

4. Cuarto Objetivo:

Según el mismo autor, es terapéutico para la familia y los amigos del occiso. La entrevista y la investigación en general son mecanismos terapéuticos para estas personas, ya que permite comunicar pensamientos y sentimientos sobre la persona fallecida, de igual forma, la percepción que cada uno tiene sobre la muerte de aquella persona cercana, que por lo general es de culpa, dolor, vergüenza, resentimiento, entre otras.

De igual manera, la Autopsia Psicológica tiene como función ayudar a esclarecer los caso de muerte dudosa: suicidio, homicidio y accidente, donde ni el médico legista, ni el investigador policial tienen suficientes elementos para decidir, lo anterior se puede determinar:

1. Valorando los factores de riesgo suicida, de riesgo heteroagresivo o de riesgo de accidentalidad.

2. Valorando el estilo de vida del occiso.

3. Evaluando el estado mental en el momento de la muerte.

4. Estableciendo las áreas de conflicto y motivacionales.

5. Diseñando el perfil de personalidad del occiso.

6. Esclareciendo si existían señales de aviso presuicida.

7. Esclareciendo si existía un estado presuicida.

Ante un comportamiento o hecho que eventualmente no tienen una explicación clara, pero que podría llegar a tenerla si se estudian minuciosamente lo hechos antecedentes y consecuentes a lo sucedido, se podría inferir comportamientos o acciones llevadas a cabo bajo condiciones únicas y especiales que llevaron a la consecución de los hechos, por lo cual la psicología y la psiquiatría tienen mucho que aportar.

Shneidman, padre de la técnica, 1973-1977 (Citado por Ebert, 1991) propone tres categorías para estudiar los casos de muerte dudosa: a) el qué, b) el cómo y c) el porqué, en relación con la persona que cometió el suicidio; la causa actual de muerte con especial énfasis en el tiempo y la determinación de la forma en que ocurrió.

Como parte de la investigación criminal la Autopsia Psicológica también logra establecer el círculo de sospechosos en los homicidios de autor desconocido, al caracterizar a la víctima con sus conflictos, motivacionales y estilos de vida, se le ofrece a los investigadores policiales elementos de probabilidad en cuanto a posibles autores, quienes tendrían interés en vincularse a este tipo de personas.

Aunque la aplicación de la Autopsia Psicológica se hace de acuerdo a la legislación de cada país, cada equipo de trabajo decide la forma de proceder en la etapa de la recolección de datos. Shneidman, 1981 (citado por Thomas Young, 1992) argumenta que, cuando va a iniciar una investigación, nunca tiene un modelo sistemático de cómo la va a realizar. Es por este tipo de aseveraciones que muchos investigadores se sienten muy incrédulos frente a la validez y confiabilidad del procedimiento.

Por esta razón, Annon (1995) y Young (1992), plantean que uno de los serios problemas a los que se ve enfrentado el Protocolo de Autopsia Psicológica (PAP) es la falta de estandarización, pues cada persona o equipo que lo aplica tiene un estilo diferente y particular de realizarlo, lo cual afecta, según estos autores, notablemente los índices de validez del procedimiento. Es decir, no existe un modelo estructurado y sistematizado que disminuya el margen de sesgo.

Sin embargo, el número de autores que han escrito sobre el PAP es proporcional al número de modelos propuestos para realizar una investigación. En algunos caso se le da prioridad a unos aspectos y en otros se omiten.

Young, propone 15 categorías que se deben incluir al llevar a cabo dicha investigación:

1. Identificar la información personal del occiso (nombre, apellidos, edad, sexo, ocupación, religión, estado civil, etc.).

2. Detalles de la muerte.

3. Historia de la familia (hermanos, esposa, enfermedades médicas y tratamientos, intentos de suicidio, etc.).

4. Historia de muertes familiares.

5. Modelos familiares de reacción frente al estrés.

6. Tensiones recientes o problemas del pasado.

7. Historia de alcohol y drogas en la dinámica familiar.

8. Relaciones interpersonales.

9. Fantasías, sueños, presentimientos y pensamientos frente a la muerte, suicidio o accidentes que precedieron la muerte.

10. Cambios en los hábitos, aficiones, alimentación, patrones sexuales y otras rutinas ante de la muerte.

11. Información que relate los planes de vida.

12. Evaluación de intención.

13. Tasa de letalidad

14. Reacción de las personas que recibieron la noticia de la muerte.

15. Comentarios y anotaciones especiales.

Para realizar un procedimiento más elaborado y completo, es importante que el investigador visite y estudie el lugar donde se encontró el cuerpo, ya que esto le puede permitir obtener más pistas que ayuden a avanzar en el proceso. El psicólogo como investigador tiene la posibilidad de diseñar un perfil de la escena del crimen, además de hacer un bosquejo de la personalidad del sujeto que habitaba en el lugar, a partir de detalles tales como: los objetos hallados, la disposición de los muebles, etc.

Jack Annon (1995) propone otro de los modelos para llevar acabo un proceso de AP, en el cual se plantean como pasos a seguir los siguientes:

Examen cuidadoso de la escena donde sucedieron los hechos, examen de fotos y grabaciones en video de la escena.

Estudio de los documentos disponibles, concernientes a la situación donde sucedieron los hechos, en el cual se incluye el reporte policial, declaración de testigos, reporte de la autopsia médica y de toxicología.

Documentos que informen sobre la vida de la víctima antes de la muerte, como notas del colegio, notas de visitas previas al médico, notas sobre la salud mental, información laboral, etc.

Entrevista con personas relevantes como testigos de la escena de los hechos, miembros de la familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.

Este autor (1995), afirma que algunos científicos del comportamiento plantean que se deben dedicar de 20 a 30 horas de investigación para formular una opinión preliminar sobre el estado particular de la mente de un individuo antes de su muerte. Sin embargo, el tiempo que se emplea está determinado por la facilidad para recolectar la información y las personas que se deben entrevistar.

Autores como Ramirez,1999 (citada por Nuñez, et al., 1999) y Annon (1995) afirman que el tiempo optimo para realizar la entrevista, es entre 1 y 6 meses después de haber ocurrido el deceso, ya que durante estos meses aún se conserva la nitidez del recuerdo y la información obtenida es confiable. de lo contrario las reacciones de duelo pueden, o bien, interferir en la objetividad del recuerdo existiendo la tendencia a idealizar al fallecido o afectar la claridad del recuerdo.

De acuerdo a lo anterior Ramirez,1999 (citada por Nuñez, et al., 1999) considera que los entrevistadores deben recibir un entrenamiento preliminar en el manejo del instrumento y en el estilo de comunicación que se debe utilizar dependiendo del modo de muerte de la víctima. El entrevistador debe permitir que la información fluya libremente, es decir, debe dejar hablar al informante sin interrumpirlo y sólo al final, si es necesario, puntualizar en algún detalle o hacer algunas preguntas directas.

En relación con las fuentes de información se debe seleccionar, por lo menos, dos fuentes con el objetivo de cruzar los datos ofrecidos en busca de confiabilidad. Se deben seleccionar parientes de primera línea, convivientes, allegados o médicos de asistencia. Las condiciones para realizar la entrevista deben ser estrictas; cada fuente deber ser entrevistada de forma individual y en privado, evitando que la opinión de una influya en la otra, lo cual afectaría a la confiabilidad de la información. El tiempo promedio de la entrevista debe ser de dos horas, aunque en ocasiones es necesario extenderse un poco más.

La misma autora también plantea que debe tenerse en cuenta la revisión de documentación adicional y disponible tales como: historias clínicas, expedientes medico-legales, expedientes judiciales, así como, cartas, diarios, notas, poemas, etc.

La Autopsia Psicológica es una técnica difícil con la cual cuentan sólo algunos países desarrollados; en dicha técnica el estudio de las muertes equívocas exige un alto nivel científico, por tal motivo, tenerlas a nuestra disposición posibilita un avance importante en el aumento de la calidad científico-técnica y la profesionalidad de la investigación criminal. (García, 1993).

Uno de los países de habla hispana con mayor trayectoria en el tema de Autopsia Psicológica es Cuba. A partir de múltiples revisiones de los modelos, escalas, guías y formularios encontrados en la literatura especializada han creado su propio modelo al cual inicialmente denominaron MAP (Modelo de Autopsia Psicológica); a medida que incorporaron otros ítems durante la validación, de dicho modelo, en víctimas de suicidio, homicidio y accidente, lo han perfeccionado hasta llegar al que actualmente utilizan, el MAPI (Modelo de Autopsia Psicológica Integrado).

Según García Pérez (1999), el MAPI a diferencia de todos los modelos revisados está completamente estructurado y sistematizado, de forma tal que se disminuye al mínimo el margen de sesgo, debido a que todos los peritos o auxiliares de la justicia que aplican dicho protocolo deben realizarlo de la misma manera, guiándose por un instructivo con posibilidad de respuesta cerrada, precisamente para evitar la inclusión de elementos subjetivos en la valoración de cada caso y, además, para hacerlo verificable por terceras personas.

La metodología científica utilizada para validación del MAPI, fue desarrollada por el Ministerio de Salud Pública y el Instituto de Medicina Legal de Cuba a través de tres investigaciones realizadas durante el período de 1990 a 1996 en víctimas de suicidio, homicidio y accidente, las cuales demostraron que recurrir a terceras personas para obtener información de fallecido resulta confiable, que el método es viable y el instrumento MAPI es aplicable y generalizable. (García, 1999).

La aplicación del MAPI, actualmente, se extiende fuera de Cuba, desde finales de 1994 y se emplea con éxito en la solución de casos civiles y penales por parte de la Dirección de Servicios Periciales de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Querétaro, en los Estados Unidos Mexicanos, desde 1997 se utiliza por los servicios médicos-legales de Chile para el estudio de suicidios. La dirección de Medicina Forense de Honduras introdujo la técnica en 1998 para casos civiles y penales, en especial para la solución de muertes dudosa, equívoca o por investigar, con la peculiaridad de la incorporación de licenciados en Trabajo Social en calidad de peritos. A partir de 1999 este método fue incluido dentro de las técnicas disponibles para la investigación de homicidios en Costa Rica, por parte del ministerio Público.

En Colombia el empleo de la Autopsia Psicológica como técnica en el área de la Psicología Forense se ha visto muy limitada por varias razones; por ejemplo, la falta de especialización a nivel teórico y metodológico del psicólogo en esta área, así como también la falta de instrumentos validados en el contexto colombiano que permitan esclarecer de manera confiable los casos de muerte dudosa. En países como España y EE.UU. hablar de Autopsia Psicológica no es algo novedoso. Sin embargo, en Colombia existen pocos escritos que definan y expliquen el procedimiento denominado Autopsia Psicológica.

Para proporcionar ésta prueba judicial, las ciencias forenses como la psiquiatría y la psicología enfrentan a menudo tareas muy difíciles tales como determinar el estado mental de un acusado en el momento de los hechos, peor aun, cuando ha transcurrido algún tiempo desde el momento de su ocurrencia. En ocasiones, la labor del psiquiatra o psicólogo se vuelve más compleja cuando se trata de determinar el estado mental de una persona ya fallecida en el momento de su muerte.

No obstante, la vida psíquica del ser humano deja huella de una u otra forma: en documentos, obras de arte, espacios habitados a lo largo de su existencia, en la forma como se relacionaban con las otras personas, etc.

El aspecto principal de la Autopsia Psicológica es el proceso en sí mismo y el modo como se llevan a cabo las cosas (García, 1999). Dicho proceso parte desde el mismo lugar de los hechos, en el cual no sólo se pueden levantar huellas objetivizables por los peritos en criminalística, también se pueden levantar las huellas psicológicas que quedan impresas en los lugares en que estuvo la víctima y en las personas que interactuaron con ella. La función del psicólogo o del psiquiatra que realiza el peritazgo es decodificar e interpretar las señales que emite la escena del crimen.

Dentro del contexto de la investigación criminal el proceso de la Autopsia Psicológica comienza desde el examen de la propia escena de la muerte y no debe ser realizado por un solo perito. Por el contrario, se requiere de un trabajo en equipo con los criminalistas, médicos legistas e investigadores policiales, sólo a sí se lograra una caracterización profunda y científicamente fundamentada de la víctima. García (1993).

Retomando la teoría de la “complejidad” planteada por Morin (1995); es imposible estudiar al hombre desde una sola perspectiva, por tal motivo, para implementar el procedimiento de la autopsia psicológica es necesario un grupo interdisciplinario de expertos que aporten sus conocimientos para conseguir un mejor análisis de las condiciones, relaciones, comportamientos y situaciones de un ser humano muerto en condiciones dudosas. El estudiar al hombre desde una sola dimensión sería un error, ya que nadie puede negar la diversidad de instancias por las que se encuentra atravesando la vida de un ser humano.

En el campo de la Psicología Forense, específicamente en el procedimiento de la Autopsia Psicológica (AP), el poder contar con la ayuda del cuerpo legal (abogados, fiscales, jueces, policías, grafólogos, etc.) es de suma importancia para la investigación, ya que permite la recolección de la información de acuerdo con (Nuñez, et al., 1999) “la puerta de acceso al ámbito judicial; entenderlo y tener la posibilidad de dialogar y confrontar sobre diversos aspectos, como los comportamientos humanos…”. Estar al lado de los investigadores policiales permite acceder a elementos judiciales tales como notas, diarios, cartas, que posiblemente para ellos no tiene mucho valor, pero para el psicólogo son fundamentales, ya que caracterizan al occiso y tal vez entre líneas se pueda develar “la clave del enigma de su muerte”, (García, ibid). Todos esto aspectos son fundamentales si se quiere lograr una intervención eficaz en el procedimiento de Autopsia Psicológica.

Un segundo paso es la entrevista a personas que conocieron de cerca al occiso, preferiblemente familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio, trabajo o religión, relaciones de pareja formales u ocasionales. Es importante aclarar que la selección de las fuentes de información debe excluir a presuntos sospechosos de estar involucrados en la muerte de la víctima, pues obviamente el riesgo de sesgo es muy elevado.

García (2000) plantea que una vez recogidos todos los elementos necesarios para conformar una caracterización del occiso se realiza una discusión colectiva en la cual participan los peritos y los investigadores policiales y se ofrece un informe pericial en términos probabilísticos, pues se trata de una evaluación indirecta y de conclusiones inferenciales que cobran valor solo al sumarse el resto de los elementos criminalísticos, policiólogos y médicolegales.

Bibliografía

Annon, J. (1995). The Psycological Autposy. American Journal of Forensic Psychology, 13, 39-48.

Acevedo, Nuñez, l. y Pinzón, C. (1999). Propuesta para el Dictamen Forense en Casos de Muertes Dudosa Utilizando el procedimiento Denominado Autopsia Psicológica. Tesis de grado profesional no publicada, Pontificia universidad Javeriana, Santafé de Bogotá.

Beskow, J. Runeson, B. Y Asgard, U. (1991). Ethical Aspects of Psychological Autopsy. Acta Psychiatrica Scandinavica 84. Pág. 482-487.

Código Penal (1980/2000). Santafé de Bogotá: Unión Ltda.

CONFERENCIA LA AUTOPSIA PSICOLÓGICA: ESPECTRO DE APLICACIÓN. (2000: La Habana). Memorias del Contenido Esencial Mínimo del Curso Precongreso.

Dávila, A. Y Rodríguez, C. (1995). Evaluación Psicológica Forense. Madrid: Pirámide.

Ebert, B. (1991). Guide to Conducting a Psichological Autopsy. En K. Anchor. The Handbook of Medical Psychoterapy. 249-256.

García, T. (1993). La Autopsia Psicológica como Método de Estudio del Suicida. Trabajo presentado en el Congreso Internacional de Ciencias Forenses. La Habana.

García, T. (1999). La Autopsia Psicológica como Método de Estudio de Muertes Violentas. Instructivo para La Autopsia Psicológica (Utilizando el MAPI). La Habana.

Selkin, J. (1994, enero). Psychological Autopsy: Scientific Psychohistory or Clinical Intuition. American Psychologist, 49 (2): 74-76.

Shneidman, E. S. (1994b). The Psychological Autopsy. American Psychologist, 49 74-76.

Young, T. (1992). Procedures and Problems in Conducting a Psychological Autopsy. International Journal Offender Therapy and Comparative Criminology 36, 43-52.

PERSPECTIVA VICTIMOLÓGICA EN LA SOLUCIÓN DE CONFLICTOS SOCIALES

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Sunday 24 January 2010 8:25 am

PERSPECTIVA VICTIMOLÓGICA EN LA SOLUCIÓN DE CONFLICTOS SOCIALES

Fernando Díaz Colorado

Uno de los valores fundamentales de la existencia humana es la justicia,

Que no es otra cosa, que la búsqueda permanente por aliviar el sufrimiento.

FDC

La situación actual del conflicto en Colombia, amerita una reflexión crítica del escenario futuro en relación con el proceso de paz y el punto final de este. Lo dramático de la guerra, lo deshumanizante de sus procedimientos, los crímenes que en nombre de la razón de cada uno de los contendiente en él argumentan cada cual por su lado, requieren de una análisis que contemple la perspectiva histórica, donde se devele lo sucedido a través de la memoria colectiva y no del olvido cómplice que sólo nos conduciría a la impunidad y a la injusticia. De igual manera, la solución al conflicto debe ir de la mano de un proceso que se fundamente en la verdad, la justicia y el perdón, como bien lo señaló Francisco Estrada (2) tras el asesinato de los jesuitas en el Salvador durante el conflicto que esta nación padeció recientemente. La historia ha sido entendida hasta hace muy poco como la que relata lo sucedido, pero no hay duda que el relato es el que elaboran los que vencen en la confrontación; las víctimas no tienen quien les narre su historia, bien decía un antiguo proverbio africano que solo hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.

En opinión de Walter Benjamín (3), hay dos formas de concebir la historia. La primera como un agregado de datos que conforman una imagen global con la que se puede y se debe identificar un pueblo y de las cuales las generaciones actuales se deben sentir orgullosas y para eso hay que saber olvidar y saber recordar. Y la segunda como posibilidad o imposibilidad de que un acto comprometa al todo, es decir, una visión de la historia como intersección y no como mera continuidad, donde hay hechos concretos que comprometen toda una época y que requieren ser conocidos. Sin duda que la realidad social entendida desde esta perspectiva, solo puede comprenderse cuando se produce un encuentro entre la experiencia histórica y la reflexión teórica; la razón es histórica y solo hay reflexión donde se descubre la opresión. La historia de nuestro conflicto debe contemplar una reflexión donde se descubre la opresión. La historia de nuestro conflicto debe contemplar una reflexión debe contemplar una reflexión sobre la razón de la violencia, la humillación y la barbarie desde la víctima y no desde el opresor; la voz de las víctimas debe ser oída, escrita, contada, creída y debe formar parte de nuestra historia, como afirmaba Foucault (4) los relatos de la historia forman parte de la historia.

La narración de los hechos execrables de nuestra violencia deben contemplar nuestro pasado con la esperanza de que ni siquiera los muertos estén a salvo del enemigo que ha vencido.

La paz que anhelamos todos los Colombianos se debe construir partiendo de la verdad de lo sucedido. La verdad debe contemplar el reconocimiento de lo que ocasionaron la barbarie, de todo aquellos que participaron: guerrilla, paramilitares, cómplices, organismos del Estado, organizaciones civiles, benefactores de la violencia, traficantes de armas, etc. La verdad es una necesidad humana, una necesidad de las víctimas que reclaman, que quieren saber porque ellos y cuales fueron las razones de su tragedia y quienes fueron. Las guerras modernas buscan ganar el control sobre el tejido social para destruir al enemigo. Los asesinatos, masacres, desplazamientos masivos eliminan a las víctimas y regalan a los vencedores una verdad indiscutible. No hay nadie que recuerde a los vencedores, que esas casas tuvieron otros dueños, o que en esa tierra otros enterraron a sus muertos. La victoria encierra al vencedor en un olvido que les libra de la vergüenza y el remordimiento, sentimientos básicos para hallar la verdad. La paz no se puede construir sin conocer la verdad de lo sucedido; nuestra historia esta llena de olvidos, la violencia de hoy tiene su razón de ser en las injusticias del ayer, en las deudas pendientes del pasado. Se debe propiciar un escenario legal que permita a los victimarios la posibilidad de contar lo sucedido, dentro de un proceso con garantías y libre de intenciones revanchistas y sesgada; un proceso humano y comprensivo, pero firme y justo. Se requiere de la verdad de los verdugos, así como la verdad las víctimas. Pero la verdad no se centra en lo factual únicamente, se necesita la verdad moral, la que nos dice el por qué y a causa de quien, como lo recuerda Tojeira.J.(5) Comprender el fenómeno de esta manera implica también definir el contexto en que se desarrolla y las raíces de éste; se debe buscar la racionalidad dentro de lo irracional, de tal manera que con todas las dificultades que esto representa, la voz persistente de las víctimas permita que los victimarios soliciten el perdón a la sociedad por los crímenes cometidos.

Sin verdad no puede haber justicia; conocida la verdad podemos aplicar justicia. La pretensión de esta es la de reparar los daños y permitir el reconocimiento de la culpa. Se debe iniciar el camino hacia la reparación y la responsabilidad. La responsabilidad implica no sólo responder por lo hecho, sino la firme convicción de que en el futuro no vuelva a ocurrir, el compromiso es hacia el futuro y no solo saldar la deuda del pasado. Se hace necesario dar un vuelco a la racionalidad actual, dando más importancia a la pena que al delito. La justicia implica determinar las complicidades personales e institucionales e impedir la impunidad, mediante el enjuiciamiento y la sanción. Hacer justicia conduce a escuchar la opinión de las víctimas mediante su participación activa dentro del proceso. La sociedad victimizada debe alzar su voz para solicitar y proponer alternativas penales que amplíen la tradicional e ineficaz pena de prisión. Quien humilló a la sociedad debe servir a la sociedad de tal manera, que la humillación sea resarcida desde lo factual y desde lo moral. La justicia no puede ser meramente retributiva, acá es importante la restauración y la reparación que se establezca desde el daño, el sufrimiento y las necesidades de las víctimas. El proceso penal actual requiere de mecanismos y alternativas que permitan una apertura a las necesidades de las víctimas; la pena debe corresponder al daño ocasionado a un ser humano real y concreto y no a una entidad jurídica y abstracta alejada del sufrimiento ocasionado. El tradicional proceso vindicativo requiere un vuelco urgente. No es posible la justicia si la víctima, la directamente perjudicada y el victimario no cuentan con alternativas que hagan posible el acercamiento, la comprensión, la reparación y el perdón.

La justicia se fundamenta en la verdad, cuando falta la justicia la verdad se niega fácilmente, nos dice muy sabiamente Ignatieff (6). Pero la justicia no siempre facilita la reconciliación es imprescindible el perdón que conduzca a la reconciliación y de esta manera a la anhelada paz. Un perdón sin olvido; pues el perdón es contrario al olvido. El perdón como dice Ricouer (7) se refiera a la deuda cuya carga paraliza la memoria y dificulta su proyección hacia el futuro; no se olvida el acontecimiento pasado, el acto criminal, sino su sentido y su lugar en la dialéctica global de la conciencia histórica. El perdón supone la mediación de la víctima que es la única que puede perdonar. Mucha razón tenía Primo Levi cuando afirmaba que él no había perdonado a los nazis, pues estos nunca le habían pedido perdón. Perdonar no significa amnistía, no es ofrecer la otra mejilla; implica que los verdugos se dejen perdonar, que reconozcan la ofensa y que asuman su responsabilidad por la ofensa. Es bueno recordar lo expresado por Eduardo Galeano (8) “Las leyes de la impunidad: obediencia debida, amnistía, indultos, etc. Están todas cortadas por la misma tijera. La sociedad enferma de miedo, dolor y desaliento, necesita de una nueva vitalidad que la democracia prometió y no ha podido dar.”

Un proceso de paz sólo es posible mediante una acción conjunta de una sociedad que no olvide su historia, reconozca su pasado, conozca la verdad y sobre estos pilares administre y construya una justicia que de nacimiento al perdón y a la reconciliación, solo así es posible la paz.

Fernando Díaz Colorado. Psicólogo. Director Postgrado Psicología Jurídica Universidad Santo Tomás.

Rector de la UCA. Señalaba que el camino de acción correspondía tanto a una experiencia como a un programa Verdad, Justici y Perdón. José María Tojeira, Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología San Sebastía, No. 11, 1.997.

W. Benjamín citado por Reyes Mate en su libro. La razón de los vencidos (1991)Ed. Antrophos:Barcelona

Foucault. Genealogía del racismo. Ediciones la Piqueta, Madrid, 1.992

Tojheira, J. (1.997) Verdad, justicia y perdón. En E. Guzkilore, cuaderno del Instituto Vasco de Criminología, 10, 11.

Ignatieff (1.999) A sust Measure of pain. London, Mcmillan

Ricoeur, Paul. La lectura del tiempo pasado: memoria y olvido, Editorial Arrecife. 1.999

Eduardo Galeano (1.997) Le Monde Diplomatique. Ed. Española, Julio-Agosto 77

DIPLOMADO EN PSICOLOGÍA JURÍDICA

Posted by ALPJF | ARTICULOS | Sunday 24 January 2010 8:24 am

DIPLOMADO EN PSICOLOGÍA JURÍDICA

OBJETIVO

Brindar capacitación informal sobre el estudio y la intervención en el comportamiento humano que se desenvuelve en sistemas jurídicos.

JUSTIFICACIÓN

Los conflictos humanos en el ámbito jurídico son una constante y plantean enormes cuestionamientos a los diversos profesionales que deben manejarlos y a la administración de justicia del Estado que propende por obtener para ellos una solución eficaz.

El desconocimiento sobre las problemáticas psicojurídicas ha generado revictimización de los que denuncian, reincidencia en los delitos, desgaste profesional en los funcionarios que perciben su desempeño con frustración, prolongación judicial de los conflictos e incluso impunidad.

La Psicología Jurídica es una de las soluciones para el abordaje de estas problemáticas, es una disciplina que ya cuenta con un importante sustrato de conocimientos internacionales, aunque en Latinoamérica cuenta con poco desarrollo, difusión y capacitación.

Por esta razón la Asociación Latinoamericana de Psicología se ha propuesto realizar capacitación informal en este tema de alta relevancia social, con la ayuda de la tecnología de Internet que le permite superar los límites geográficos, temporales e incluso financieros de la educación formal. La era de la educación virtual coincide con la internacionalización de la educación por créditos que enfatiza en el trabajo personal del estudiante, que desacraliza la cátedra magistral, que favorece el aprendizaje de temas desde la perspectiva interdisciplinaria y que ubica al docente como un orientador del trabajo individual de cada estudiante.

De manera que el Diplomado en Psicología Jurídica pretende responder a necesidades sociales, del Estado, del interés particular de diversos profesionales latinoamericanos y desde la perspectiva académica hacer un aporte para la construcción cotidiana de la justicia y del tejido social.

CONTENIDOS

Tema 1. Fundamentos de ps. Jurídica Áreas de aplicación.

Tema 2. Fundamentos de Derecho.

Tema 3. Principios generales del Derecho Penal.

Tema 4. Modelos explicativos de la conducta criminal.

Tema 5. Victimología.

Tema 6. Psicología del testimonio..

Tema 7. Psicología Penitenciaria.

Tema 8. Peritaje psicológico o Psicología Forense.

Tema 9. Conciliación.

Tema 10. Auto cuidados psicológicos y jurídicos.

METODOLOGÍA

El estudiante recibe en su correo electrónico el Tema y sus preguntas, el día 1 de cada mes y tiene 25 días calendario para contestar las preguntas.

Las preguntas son 10 en total, siete (7) de ellas versarán sobre el contenido del Tema enviado y las tres (3) restantes serán preguntas de investigación.

Cada pregunta se calificará con un punto, la nota mínima aprobatoria de cada Tema es de 7 puntos y será notificada 5 días calendario posteriores a la recepción de las respuestas.

El estudiante puede solicitar una tutoría vía Messenger (Chat) por cada Tema, cada tutoría consta de una hora. A cada tutoría debe llevar por lo menos 3 preguntas acerca del contenido, la cita Messenger será acordada con cada estudiante con una semana de antelación.

Para finalizar debe presentar una propuesta de un artículo científico o de un programa de asesoría o intervención en una problemática psicojurídica.

Al cumplir con todos los requisitos el estudiante podrá recibir el documento que certifica que ha realizado y aprobado el diplomado, el certificado se puede recibir por correo normal en la ciudad correspondiente o en ceremonia formal en la ciudad de Bogotá que se realizará en junio o en diciembre en reunión de la Asociación Colombiana de Psicólogos Jurídicos y Forenses.

INSCRIPCIÓN:

El estudiante debe manifestar su interés por medio del correo electrónico diplomado@psicologiajurídica.org, a vuelta de correo electrónico se le entregará el formato que debe diligenciar y los documentos que debe anexar.

La matrícula puede realizarse antes del 30 del Mes en curso, consignando el valor correspondiente a U$ 330 dólares (mas gastos de transferencia) en la cuenta de DAVIVIENDA 008800216403 A NOMBRE DE LA ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE PSICOLOGÍA JURÍDICA Y FORENSE.

El estudiante debe enviar el comprobante de pago por correo normal o escaneado por correo electrónico y tras su comprobación se le informará que formalmente esta inscrito y cuando recibirá su primer Tema.

AVALADO POR:

Asociación latinoamericana de Psicología Número de Identificación Tributaria NIT:08301066917 vigilada por la Alcaldía Mayor de Bogotá-Colombia y registrada en la Cámara de Comercio de Bogotá con el número S0017859, con el respaldo de la página Webwww.psicologiajurídica.org cuyo boletín electrónico tiene registro ISSN 1692-0759

Coordinado por:

Ángela C. Tapias Saldaña

Psicóloga Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Mediación y Peritaje Psicológico Universidad de Murcia España, Master en Psicología Jurídica. Docente pre y postgrado. Investigadora académica y conferencista.

Docentes

José I. Ruiz Psicólogo

Universidad de San Sebastián, Master en Criminología del Instituto Vasco de Criminología, Candidato a doctorado en Psicología Social Universidad del País Vasco. Docente Universitario. Investigador académico y conferencista

Fernando Díaz Colorado

Psicólogo Universidad Católica de Colombia, Especialista en Derecho Penal y Ciencias forenses Universidad Católica de Colombia, Especialista en Seguridad Privada Instituto Sicurex, Especialista en Administración Pública ESAP. Docente Universitario de pre y postrgrado

Dr. Daniel Acosta Muñoz

Sociólogo. Universidad Nacional de Colombia. Especialista Pedagogía en Derechos Humanos. Universidad Santo Tomás. Gerente Social. Escuela Superior de Administración Pública. Asesor Planeación y Docente del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario INPEC por 18 años. Autor del libro Sistema Integral de Tratamiento Progresivo Penitenciario.

Dr Romel Polanco Padilla

Asesor jurídico de la Asociación latinoamericana de Ps. jurídica Funcionario del Consejo Superior de la Judicatura y exfuncionario de la Fiscalia General de la Nación.

Claudia Patricia Guarnizo Guzmán

Psicóloga Fundación Universitaria Konrad Lorenz (1996, Bogota, Colombia), Maestría en Criminología (1999, Albacete, España), Psicóloga Programa Antisecuestro (2000,Cali, Colombia) Docente Universitaria.

Alberto Mendoza

Abogado, Especialista en Terapia Sistémica Familiar, Docente Universitario.

DIRIGIDO A:

Psicólogos, abogados, trabajadoras sociales, médicos, sociólogos, técnicos en investigación criminal, estudiantes de ciencias humanas. Especialmente dirigido a personas con interés individual en aprender y personas que se encuentren en lugares de difícil acceso a la educación formal.

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