EL SUJETO TRASGRESOR DE LA LEY

 

GUSTAVO VAQUERA

Un intento de lograr una comprensión más profunda del mundo del delito y de los efectos de inseguridad social que ello genera requiere abordar la dimensión psicológica, social, económica y espiritual del sujeto que delinque. Este trabajo se ocupa de la dimensión psicológica del sujeto en cuestión. Y lo aborda desde la perspectiva que el sujeto que comete un delito contrario a la Ley mantiene con la ley un conflicto, móvil subjetivo que lo empuja a cometer actos contrarios a las normas.

El individuo nace en un orden social que lo preexiste y lo sobredetermina. Todo ser humano por su condición de tal es incorporado a un orden social estructural. La forma como está amarrado a esta estructura social está inscripto en su subjetividad. Lo que implica que todos tienen una inscripción subjetiva de la Ley.

El sujeto transgresor de la ley está prisionero de las redes sociales que nos determinan a todos los hombres, sólo que ellos presentan como rasgo característico de su amarre que pueden atravesar los márgenes de la Ley. Su relación con la Ley es innegable.

Sí nos preguntamos cuál es o cuáles son los efectos de juzgar y condenar al hecho delictivo para el sujeto, en lo que a su registro subjetivo se refiere?; la respuesta no es obvia, pero sí taxativa. El hecho de condenar a ese acto del sujeto como un hecho delictivo contrario a la ley abre la posibilidad de dar al acto transgresor la dimensión de un significante rector en la vida del sujeto. Es una realidad criminológica muy frecuente que el sujeto ya haya cometido varias transgresiones previas a la que fue condenado. Todos estos otros actos transgresores no tienen un mayor efecto en la subjetividad. Sólo el acto transgresor por el que es atrapado lo nombra como un Sujeto transgresor de la Ley. Entonces, cabe la oportunidad de dar el estatuto de un significante rector en la vida del sujeto a ese acto por el que fue condenando.

Veamos que le ocurre al transgresor después de recibir la condena penal: -El tratamiento penitenciario le dará al transgresor, ahora interno carcelario, un apoyo espiritual que le dará paz a su alma y un sentido de la trascendencia a su vida; una mejor capacitación educativa y laboral para reinsertarse en la sociedad con posibilidades de acceder al mercado laboral y desde allí lograr la propia subsistencia y la de su grupo familiar; el tratamiento psicológico le permitirá conocerse a sí mismo, reconocer sus puntos de identificación, ideales y frustraciones, podrá alcanzar mayor autonomía como persona, ampliar su capacidad de reflexión y disminuir su tendencia de actuar para comunicar. La palabra ganará terreno sobre el acto, en tanto expresiones del sujeto. El servicio médico solucionará – en la medida de lo posible – sus problemas de salud. El régimen penitenciario le enseñará a respetar los límites del otro, y las normas básicas de convivencia, le mostrará que una conducta adecuada y el respeto a las normas institucionales son necesarios para vivir en sociedad. El trabajo social de la cárcel le brindará los elementos para reinsertarse simbólicamente en lo social. Ahora, y recién ahora, el interno estará en condiciones de ir a un encuentro con el juez, en tanto máximo representante de la ley, para reflexionar sobre el conflicto existente entre ellos.

El juez, como representante de la ley, está capacitado para penar las transgresiones cometidas. No así para tratar de escuchar, desde una posición teórica, los problemas que el transgresor mantiene con la ley. Todo juez penal sabe y conoce que detrás de las pruebas de la investigación fiscal hay un sujeto con múltiples carencias, hay una persona que ha llegado al delito por una serie de factores que lo empujaron a ello.

La historia criminológica nos ha mostrado que condenar no es suficiente. Y también que todos los tratamientos penitenciarios son incompletos. Este texto persigue el objetivo de introducir el paso más allá entre el sujeto y la ley, en la historia de las transgresiones. Este texto intenta brindar las herramientas teóricas para que el jurista escuche al transgresor, y lo ayude a subjetivar el delito cometido y a reconocer su posicionamiento subjetivo frente a la Ley.

Este trabajo es una subversión del clásico esquema que los psicólogos y los técnicos de la cárcel son los encargados de que el condenado se reinserte en la sociedad. El SUJETO TRANSGRESOR DE LA LEY necesita elaborar su conflicto con la LEY que yace en su subjetividad, como principal factor de rehabilitación, y ese es un punto que privilegia al Juez, en tanto principal agente de esta reinscripción entre los márgenes de la Ley.

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