LA INSTITUCIÓN EN EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN

Ejercicio profesional para psicólogos jurídicos

Tania Rojas

 

En el estudio de un individuo delincuente, varias disciplinas se han pronunciado sobre los factores que influyen en éste y su comportamiento. Explicar la conducta delictiva ha sido motivo de investigación desde varios aspectos como el proceso de socialización y los agentes o instituciones socializadoras que intervienen en la incorporación de un individuo a la sociedad y cómo se genera la conducta delictiva a partir del fracaso en este proceso. Para esto, es interesante tener una aproximación teórica desde la perspectiva sociológica para dar cuenta de algunos estudios y resultados que han obtenido frente a esta problemática.

De esta forma cobra importancia realizar una revisión teórica sobre el proceso de socialización de un individuo, con la finalidad de enmarcar el concepto teórico que brinda herramientas para la comprensión relacional del ser humano, desde el mismo instante en que comienza a hacer parte de una sociedad y de esta forma comprender cómo se comienza a introducir en ella y así mismo, cómo la sociedad enmarca su vida.

En este sentido, Kaminsky, G (1990) ha definido el proceso de socialización como "todas y cada una de las instancias a través de las cuales un sujeto humano integra e incorpora las consignas y determinaciones de la estructura social en la que interactúa." (p. 11), es decir la forma y los actores que intervienen en la manera en que un individuo incorpora las normas, asume y se identifica con una cultura y actúa en ella.

De igual forma, Sánchez, R (1996) enfatiza en dos aspectos importantes que condicionan el actuar de un individuo como lo son el contexto socio-cultural en el que se encuentra y la clase social que lo predetermina para que el sujeto adquiera "unas formas de relación, escala de valores y normas, códigos de control social y un sistema ideológico que le permitirá responder a patrones establecidos"(p. 14).

Sánchez, R (1996) también expone que la antropología y la sociología se han pronunciado a través de varios autores como Bernstein, quien entiende el proceso de socialización como "la forma en que el niño adquiere ciertas disposiciones morales, intelectuales y afectivas con unas formas y contenidos específicos, los cuales mediante los roles que debe asumir se va sensibilizando a los diferentes principios que operan en la sociedad"(p. 15) de manera que logra incorporar desde la infancia los patrones sociales y personales que debe seguir cada individuo.

Si bien es cierto que la socialización la realizan diferentes instituciones del Estado, el individuo en formación tiene una posición activa frente a la dinámica socializante por lo que subraya Sánchez, R (1996) que "el individuo a través del proceso de socialización se inserta o hace miembro de la sociedad y a su vez socializa." (p. 17). Así, se evidencia un proceso de internalización, donde el niño comprende e incorpora el mundo del otro y lo hace parte de sí mismo, pero también de externalización donde informa al otro acerca de su propio mundo y del significado que le ha otorgado al mundo externo y al del otro.

Este proceso de socialización, llevado a cabo de forma activa por la relación naciente entre el individuo y las instituciones del Estado, tiene como "objetivo fundamental la homogeneización de los miembros de una sociedad.", (Kaminsky, G. 1990, p. 12) donde los individuos deben asumir reglas, conductas y normas generales para todos los que conviven en ésta, incorporando desde el nacimiento patrones comportamentales que están aceptados por todos, pero también permite la expresión de diferencias individuales, siempre y cuando se acomoden a los preceptos generales que se encuentran estipulados en la sociedad. Estas normas y preceptos se organizan de acuerdo con el perfil antropológico que la sociedad exige de cada individuo de forma integral y contemplan aspectos como el físico, intelectual, moral y social, de manera que todos se propongan llegar a ese modelo de ser humano que ha propuesto la sociedad para todos y cada uno de sus integrantes.

De esta forma, "la socialización entonces consistirá en el aprendizaje de un repertorio de actitudes y respuestas codificadas que sirven para distintas circunstancias" (Kaminsky, G. 1990, p. 20) que el individuo tendrá que enfrentar a lo largo de su vida, es decir, mediante el proceso de socialización se brindan los instrumentos adecuados y necesarios para actuar en concordancia con las exigencias sociales en el transcurso de la vida; de cada individuo dependerá la incorporación y habilidad para emplearlos.

Es así como se entenderá por socialización al proceso de intercambio de información de un individuo y el sistema cultural y social en el que se halla inmerso, donde incorporará parámetros normativos específicos para su adecuado desarrollo e interacción con los otros y el encuadre, adaptación y retroalimentación que realice éste a su entorno.

Para desarrollar el proceso de socialización y el entramado de relaciones necesario para este fin entre el individuo y las instituciones del Estado, la sociedad "está compuesta de un conjunto de entidades, instituciones y actos sociales que en su conjunto son la representación de la totalidad de los miembros" (Kaminsky, G. 1990, p. 21) que se encuentran inmersos en la complejidad social y que le dan sentido a su función dentro de la misma.

Estas instituciones del Estado, Kaminsky, G (1990) las define como "la organización de un sistema social que reproduce, asegura y preserva las condiciones necesarias de existencia social" (p. 39), de forma que la actividad socializadora la ejecutan principalmente dos instituciones como lo son la escuela y la familia a través del proceso educativo. Como estrategia fundamental para la incorporación de normas, reglas y conductas que intenten conducir a los individuos al ser humano ejemplar que la sociedad demanda, la educación se convierte en la herramienta fundamental con el fin de buscar coherencia entre el hombre ideal de la sociedad y los pensamientos y comportamientos que se están gestando en el nuevo miembro de la colectividad (Durkheim, E. 1975).

En la necesidad inherente del ser humano de socializar y ser socializado para hacer parte de una colectividad, la educación se convierte en instrumento fundamental hacia el conocimiento de la comunidad misma, de su estructura cultural, de forma que el individuo adquiere estrategias más adecuadas a las demandas de la vida en comunidad y de su supervivencia para que converjan hacia la misma meta las pretensiones del individuo y lo que la sociedad requiere de él. Debido a las redes complejas de la sociedad, el hombre utiliza la educación como instrumento facilitador e identificador de las potencialidades de cada ser humano y transmisora de información social suficiente para que el individuo en formación tenga las herramientas sociales necesarias para su supervivencia.

Por tanto, la educación sirve de vehículo en el proceso de socialización del individuo, convirtiéndose en un proceso humanizante, preparando a los nuevos miembros hacia la complejidad social que exigirá gradualmente al individuo la mayor aproximación a ese hombre ideal que ha imaginado la colectividad a la cual pertenece.

Para Durkheim (1975), en cada individuo existen dos seres que no dejan de ser distintos; el ser individual referente a los estados mentales que remiten a la propia vida y los sucesos particulares del ser humano; y el ser social que es el que a través de la expresión de sentimientos, ideas, costumbres, comportamientos, identifican y diferencian al ser humano y determinan su pertenencia a un colectividad. Es así como el fin de la educación es "el formar ese ser en cada uno de nosotros" (Durkheim, 1975, p. 54).

La sociología ha teorizado la forma en que el individuo, luego de nacer, comienza a incorporar los valores, normas y roles socialmente aceptados (Althusser, L. 1972), convirtiendo a los padres en figuras principales del niño que le ofrecen formas de comportamiento y elementos que son socialmente aceptados y le transmiten las funciones que debe cumplir el hijo, es responsabilidad del individuo en formación la misión de conformar, estructurar y articular su mismo sistema de valores y principios que regirán su vida de acuerdo a las normas sociales establecidas.

Con el fin de incorporar estas normas para que el individuo asuma estas directrices que ofrece el Estado, existe la socialización primaria y secundaria, las cuales utilizan agentes socializadores como la familia y la institucionalización del individuo respectivamente.

La socialización primaria se desarrolla desde que el individuo nace hasta los primeros años de vida y por medio de ella se convierte en miembro de la colectividad, ya que como se ha mencionado anteriormente, la sociedad ya tiene estipulada la clase social a la cual pertenece donde hay normas y reglas que los padres han asumido, de forma que el niño internaliza el mundo circundante que es dado por su entorno familiar.

Dentro del proceso de socialización primaria Durkheim (1975), resuelve que la familia cumple con una función educadora privada o doméstica, donde el Estado tiene una influencia indirecta, encaminando sus esfuerzos a recordar constantemente al educador, en este caso los padres, las ideas y sentimientos que se deben inculcar en el niño para que pueda socializarse adecuadamente. Por tanto la familia se presenta como primera e importante institución socializadora, ya que es "una de las piedras angulares para el cumplimiento de las consignas ideo socializadoras de una estructura social" (Kaminsky, G. 1990, p. 46); desde el mismo momento del nacimiento de un nuevo individuo se inicia el proceso educativo y la información que reciba éste queda sujeta a la influencia indirecta del Estado.

"La familia como instancia mediadora del ser individual y social internaliza la realidad en la que está inmersa: lo histórico, político, social, económico, cultural y lo externaliza a través de los procesos de socialización de sus miembros." (Sánchez, R. 1996. p.61), de manera que se debe entender como un grupo que recibe influencias de la sociedad, se reconfigura y así mismo genera modificaciones en ella, por esto, a la familia no se le puede descontextualizar de su marco de referencia el cual es la sociedad y de las otras instituciones con las que se interrelaciona como la escuela.

Aunque en la interacción familiar se desarrollen y aporten al individuo un sistema de reglas, normas, valores y creencias, es él mismo quien determinará cuáles parámetros adoptará en el proceso de relación con sus padres, hermanos, coetáneos, maestros, etc. y estos últimos reforzarán o no la forma de pensar y comportarse del individuo.

Para esto, Sánchez (1996) retoma los planteamientos al respecto que expone Molpeceros (1994) quien declara que existen dos hipótesis fundamentales para el proceso de influencia de los valores que los padres intentan inculcar a sus hijos; la hipótesis evolutiva la similitud de actitudes y valores entre padres e hijos está dada en razón de que se desenvuelven en el mismo contexto social. La hipótesis de la socialización propone que esta similitud de valores y actitudes entre padres e hijos está dada por un proceso de socialización exitoso, pero "en la medida en que la influencia socializadora de los padres decrezca y los hijos(as) empiecen a ser socializados también por otros grupos sociales, la semejanza de valores tenderá a ser menor." (p. 68).

Por esto, para que se dé adecuadamente el proceso de socialización secundaria, la familia, en la socialización primaria debió haber elaborado un "yo formado con anterioridad y con un mundo ya internalizado que tiende a persistir. El contenido que se aprende en la socialización primaria es más subjetivo que los contenidos de la socialización secundaria" (Sánchez, R. 1996. p. 22), ya que en la socialización primaria se ofrece una individualidad que está dada por la significación en el contexto familiar, mientras en la socialización secundaria que es dada a través de la escuela, el niño se vuelve más anónimo y en el individuo recae la función más importante de ejercitar su saber aprehendido.

De esta forma, el proceso de socialización secundaria está dado por el ejercicio del individuo de adquirir el conocimiento específico de roles en una aproximación al contexto institucional, es decir, a través de la escuela entendida como la institución en la cual adopta el individuo un rol diferente al que asume en la familia. Así, la escuela refuerza o corrige la información que ha obtenido el individuo por sus padres y que posteriormente en el proceso de escolarización del niño, las instituciones educativas son el segundo agente y asumen la continuidad en la formación socializante y humanizante del niño, teniendo una influencia y supervisión más directa del Estado, mediante las leyes que regulan la educación. De esta forma, la sociedad incorpora en cada individuo las reglas, normas y disciplina para conformar el ser social.

Desde esta perspectiva, el Estado asume una posición de vigilancia y supervisión de todos los agentes socializadores "para obligar la acción pedagógica a desarrollarse en un sentido social." (Durkheim, E. 1975, p. 61), puesto que de no cumplirse la homogeneidad en los roles, reglas, valores y creencias, el Estado estaría perdiendo vigencia y en sí su propia existencia, ya que los agentes socializadores estarían formando a los hijos y educandos de acuerdo a parámetros particulares que es a lo que el Estado precisamente se opone.

Si bien es cierto que "los actos y las conductas son resultado del proceso socializador" (Kaminsky, G. 1990, p. 20) y son los indicadores que corroboran las reglas que se han internalizado, estas mismas normas en todos los individuos a su vez dan elementos que permiten hacer una interpretación y evidenciar el nivel de introyección y acatamiento a las reglas y normas de acuerdo a un sistema de valores y creencias que ha dado como marco de referencia la familia.

Pero cuando estas funciones no son adecuadamente desarrolladas por los miembros integrantes de la familia y no cumplen con la finalidad que demanda el Estado, se establece una educación rehabilitadora, por tanto, el Estado se presenta como controlador y regulador de las normas y reglas que los individuos deben asumir para tener el carácter humanizante que da la convivencia social fundamentado en la educación (Durkheim, E. 1975); es así que se crea la cárcel como estrategia de control frente al individuo transgresor y para tranquilidad de la sociedad que se encuentra atenta y coayudante de la vigilancia y actuación del Estado y de la forma de impartir justicia.

Por consiguiente, las instituciones socializadoras son aquellos sistemas dispuestos a que el individuo mediante la educación como herramienta inherente al ser humano y como forma efectiva, sea socializado y se enmarque en una serie de normas culturales y sociales que lo determinarán y así mismo lo identificarán como integrante activo en una sociedad determinada.

El Estado promueve la incorporación de normas y está continuamente vigilante en el proceso de formación de cada individuo a través de sus dos agentes socializadores como son la familia y la escuela, enmarcadas éstas en el plano de educación preventiva, la Cárcel surge como institución dedicada para castigar a los individuos que no acataron las normas que fueron inculcadas, de forma que se requiere de este tipo de educación rehabilitadora o reformadora, con la finalidad de que los individuos que no han incorporado estas normas lo realicen, pero ésta vez el Estado es el que se encarga directamente de este proceso.

El Interés del Estado es encontrar una forma de castigo adecuada y de acuerdo al delito, pero esta diferencia radica en el tiempo que debe permanecer preso el individuo mas no por diferenciaciones equiparadas con el delito cometido. El hecho de mantener preso el cuerpo permite evidenciar un castigo que va mas allá de lo físico, es lograr castigar el "alma", el ámbito psicológico que para llegar a él no es necesario ni torturar ni castigar al cuerpo (Foucault, M. 1990).

En la medida en que las conductas de los miembros de una sociedad se encuentran al margen de las normas estipuladas, se evidencia una crisis en el proceso de socialización, "los socializados se rebelan, ya no creen en las consignas morales, religiosas o justicieras" (Kaminsky, G. 1990, p. 22). El estado crea instituciones para contrarrestar a los sublevados, ya que "no puede existir una sociedad sin proceso mediato de represión de los sujetos que la componen" (Kaminsky, G. 1990, p. 23) por lo que el Estado coloca especial atención en estas instituciones para poder lograr el equilibrio deseado en la sociedad y en sus integrantes.

Por tanto, a la cárcel se le otorga la función de "volver natural y legítimo el poder de castigar y rebajar al menos el umbral de tolerancia a la penalidad" (Foucault, M. 1990. p. 308), convirtiéndose en un instrumento adecuado, utilizado por el estado para la disminución de la infracción de la ley. El Estado "favorece la proliferación de instituciones dedicadas a socializar los individuos para un nuevo régimen de trabajo" (Coy, E.1988, p. 26), generando represión en todos los individuos que a través de conductas calificadas por la sociedad como apartadas de la normatividad impuesta, da paso a la generación de la prisión y la reinserción a la vida productiva de los individuos que han trasgredido la ley, "por ello el modelo penitenciario desde la misma ética tratará de reintegrar al sujeto a la sociedad como posible fuerza de trabajo" (Coy, E.1988, p. 26)

La generación de la Cárcel como institución del Estado que tiene la finalidad de reprender a los individuos que no han incorporado adecuadamente las normas, genera la formación correctiva que necesita el individuo así como la sociedad para evidenciar que "el encarcelamiento no es tanto una humanización del modelo punitivo, sino consecuencia de la nueva economía política. La libertad se presenta como bien común y por tanto su privación será un castigo igualitario" (Coy, E.1988, p. 26) que generará en la sociedad un bienestar por encontrar en el Estado una protección frente a los individuos que deciden alejarse de la norma y un ejemplo de las consecuencias que tienen estas conductas a nivel social.

El derecho que tiene el Estado de someter al infractor se basa en "la responsabilidad social. Todo el que vive en una sociedad obtiene las ventajas que ello implica, la de responder de su comportamiento" (Coy, E. 1988, p. 28), las normas que imparten las instituciones socializadoras si en algunos momentos no fue clara, la sociedad en general mediante cada uno de sus miembros se encarga de evidenciar el error, de forma tal que cada uno de los socializados tiene conocimiento de las implicaciones legales que puedan tener sus conductas.

Sin embargo, no se puede entender el castigo como una forma del Estado de desfogar la ira que la sociedad pueda tener ante el individuo que incurrió en una conducta inapropiada, porque "la sanción no debe ser una venganza que la sociedad se toma contra el individuo que la ha ofendido, sino un recurso mediante el cual aquélla trata de conseguir que éste recobre ulteriormente la normalidad de su conducta." (Mira y López, E. 1932, p. 66), es decir, lo que se intenta es reprender la conducta inapropiada más no castigar al ser humano per se, aunque el único medio que ha encontrado el Estado es tomar la libertad del individuo por haber cometido un acto delictivo.

No obstante, a pesar de su inicial propósito de reformar las conductas inadaptadas, convierte al sindicado en un individuo sobre el que recae el peso de la ley pero no en la reeducación de esos comportamientos desviados perdiendo la posibilidad el ser humano que se encuentra recluido de formarse de manera que se encuadre mediante una reestructuración cognitiva sobre los recursos que posee y las capacidades que puede desplegar para convertirse en un integrante útil a la sociedad.

De esta forma, las posibilidades de transformación de esta realidad están dadas por el trabajo interdisciplinario que se realice en éstas instituciones donde el psicólogo jurídico puede plantear tratamientos alternativos que forjan para el interno, su familia y la sociedad una mirada diferente de la problemática para que así se puedan crear programas y propuestas alternativas que se centren no tanto en una mirada correctiva sino, y sobre todo proyectos encaminados a prevención de la problemática.

En conclusión, el psicólogo jurídico se encuentra en las capacidades y conocimientos necesarios no sólo de ser herramienta para el aparato penal en la aplicación de la justicia sino de encaminar a la sociedad y cada uno de sus integrantes a la consecución de niveles de vida que prevengan y redireccionen las conductas colectivas de los individuos integrantes de ésta.

REFERENCIAS

Bernstein, D. (1982). Introducción a la psicología clínica. México: Mc Graw Hill.

Coy, E., Martínez, M. (1988). Desviación Social. España: Universidad de Murcia.

Durkheim, E. (1956). Las reglas del método sociológico. Bogotá: Bogotá.

Durkheim, E. (1975). Educación y sociología. Barcelona: Península.

Foucault, M. (1990). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. México: Siglo Veintiuno.

Kaminsky, G. (1990). Socialización. México: Tillas.

Mira y López, E. (1932) 1ª Ed. Manual de psicología jurídica. Barcelona: Salvat.

Sánchez, L. (2002). Aspectos históricos y enfoques de la terapia familiar. Santiago de Cali: Universidad del Valle.

Sánchez, R. (1996). Desarrollo humano y socialización. Manizales: Universidad de Caldas.