MENORES INFRACTORES TARAHUMARAS (MIT): Doble Choque Cultural.

JESÚS VACA CORTES

Claustro Universitario de Chihuahua

"Frecuentemente la sociedad perdona al delincuente, pero jamás perdonará al soñador".

 

El presente trabajo pretende describir ciertas condiciones a que se enfrentan los menores infractores indígenas que ingresan a la escuela de rehabilitación "José María Morelos y Pavón" de la ciudad de Chihuahua. Igualmente, se busca analizar las situaciones por las que atraviesan desde que son detenidos en sus comunidades originarias hasta llegar a la escuela de rehabilitación. No se trata aquí de eludir la responsabilidad que pudiese existir en la comisión o no de una infracción por el simple hecho de pertenecer a un grupo indígena –eso lo debe determinar un consejo multidisciplinario-. El sentido de la ponencia es entender que existen caminos, no del todo explorados, que pueden coadyuvar en la rehabilitación o adaptación de un menor infractor con condición indígena. Para ello se proponen algunas alternativas de tratamiento y atención particular.

 

Los tarahumaras.*

 

Los tarahumaras o rarámuri, son un grupo indígena de la familia lingüística Yuto-Nahua o Yuto-Azteca, que se extiende desde Utah en los Estados Unidos hasta Centroamérica y está considerada junto con el concho y el guarojío dentro del subgrupo cahíta-ópata-tarahumara, emparentado con el subgrupo pima-tepehuano y cora-huichol. Habitan, primordialmente, en la sierra y barrancas en el noroeste del estado de Chihuahua y, aunque existen cifras diversas, en general se acepta que el número total de ellos oscila entre 80 y 85 mil individuos. Los tarahumaras se llaman a sí mismos rarámuri que significa -en el sentido más aceptado- planta del pie que corre o corredores a pie; su nombre viene de las raíces: rara (planta del pie) y muri (correr).

 

Comparten el territorio con los tepehuanes (o´dami), pimas (oba), guarojíos y mestizos. De los grupos indígenas originarios de la región es el más numeroso y habita un espacio más amplio que los demás por ello es que al territorio también se le denomina Sierra Tarahumara. Los tarahumaras viven en ranchos; su vivienda consiste en una casa-habitación, un granero y un corral, construidos generalmente con madera, adobe, cantera o piedra, dependiendo del material que haya en la región. Lo más común es encontrar viviendas hechas de troncos de pino dispuestos de manera horizontal, uno sobre otro, con techo de canoa o de vigas de dos aguas; los troncos son ensamblados en las esquinas y las rendijas son tapadas con una mezcla de lodo.

 

* En esta y la siguiente hoja se incluye una breve descripción de la étnia. Para quien desee adentrarse más en el conocimiento del grupo al final del trabajo se citan algunos textos sugeridos con ese fin.

 

Los servicios de energía eléctrica, correos, teléfono y televisión se encuentran a lo largo de los principales accesos terrestres de la sierra, concentrándose en los centros de población mestiza.

 

La unidad social básica es la familia nuclear formada por el padre, la madre y los hijos. La pareja recién casada va a vivir a casa de los padres de la mujer y en cuanto les es posible tener casa y tierra se establecen por separado.

 

Las tesgüinadas, fiestas colectivas donde se bebe cerveza de maíz, son un espacio importante para la interacción entre miembros de varias familias de una o más rancherías y se presentan durante todo el ciclo agrícola y las ceremonias ligadas a él, así como en los trabajos de construcción de vivienda y otros.

 

Los rarámuri están organizados en pueblos que incluyen un determinado número de rancherías. En este espacio se encuentran la iglesia, la escuela, la tienda y la clínica. A la cabeza del pueblo se halla un gobernador o siríame, quien preside las reuniones dominicales y da un sermón o nawésari, actúa como juez en los conflictos, organiza las fiestas del pueblo y es su representante ante las autoridades. Le auxilian un segundo y tercer gobernador, quienes funcionan como consejeros y lo suplen en su ausencia. El gobernador nombra a uno o dos generales que actúan como mensajeros y son auxiliados en su tarea por capitanes. El alguacil es el encargado de distribuir los bastones de mando a los gobernadores y de guardarlos en la iglesia. También existe un mayor (mayori) que concerta matrimonios y aconseja en caso de dificultades, un maestro que es el encargado de rezar en tarahumara durante el culto religioso dominical. Esta estructura de cargos varía de pueblo a pueblo. Los habitantes de las rancherías que pertenecen a un pueblo se reúnen durante las tesgüinadas, los domingos y días de fiesta.

 

Con los mestizos de la región, las relaciones son, en gran parte, conflictivas debido a la lucha por la tierra, la explotación de los recursos naturales y las arbitrariedades cometidas por éstos en contra de ellos. Aunque existen algunos matrimonios de mujeres tarahumaras con varones mestizos, en general se desaprueba este tipo de uniones. Los mestizos o chabochi, asimismo, tienen el respaldo de los grupos de poder, regionales e institucionales, por lo que imponen sus decisiones en los ejidos donde tienen presencia.

 

El narcotráfico es una actividad que tiene fuerte presencia en ciertas áreas de la sierra y que influye en la reproducción social y cultural de los tarahumaras, pues además de que ha propiciado el despojo de sus tierras y de las otras colectividades étnicas ya citadas, ha significado la violencia y el abuso del poder tanto por parte de los narcotraficantes como de quienes los combaten.


En cuanto a la migración permanente, existen cerca de 15 asentamientos de tarahumaras en las áreas marginales a la ciudad de Chihuahua. En este espacio urbano, reproducen parte de sus tradiciones pero su contacto constante con la cultura mayoritaria origina que las prácticas ancestrales vayan desapareciendo.

 

Menores infractores.

 

Existen muchos estudios sobre las características personales, sociales, ambientales o familiares que determinan la comisión o presencia de infracciones juveniles*. Aunque afirmar, hoy en día que el conjunto de desventajas sociales, -marginación, privación económica y otras- son condiciones criminógenas, está desterrado en el discurso científico, aunque en el político sea terreno fértil para cosechar alianzas. (Braithwaite, 1981 citado por Silva, R.A., 2003)

 

Es innegable que cuando una persona participa en un hecho antisocial, el ámbito psicológico de su ser sufre una alteración que puede ser desde ligera y momentánea hasta grave y permanente. Al respecto Arturo Silva (2003) cita dos posturas al respecto: por una parte Fingley postula que los desórdenes de estrés postraumático son causados por la exposición a un evento traumático y que permanecen por muchos años, aunque las personas hayan tenido un ajuste psicológico y social bueno antes de la ocurrencia del evento. Contrapunteando, la explicación de Worthington, sostiene que los síntomas de desórdenes de estrés suelen tener una vida corta y los desajustes a largo plazo después del trauma son el resultado de una personalidad pretraumática débil.

 

Pero para Silva (op cit), cabe esperar que se produzca un desajuste en los ámbitos social, psicológico y familiar en los menores protagonistas de un evento antisocial (cualesquiera que hayan sido sus orígenes), y que este desajuste sea manifestado por cambios tanto en la actividad motora como en la cognoscitiva del sujeto. La primera reflejará las alteraciones en la manera de comportarse en el mundo material, que tienen que ver con el espacio, el tiempo y la forma particular que adquiera la conducta como consecuencia del involucramiento en el hecho antisocial. Los cambios en la actividad cognoscitiva tendrán efectos sobre una gran variedad de procesos, destacándose los siguientes:

 

a.- Las atribuciones y las creencias, esto es, la forma como los menores seleccionan, califican , valoran, discriminan y explican el mundo físico y su entorno social.

 

b.- La imaginación, que corresponde a la manera como los menores se representan su mundo exterior e interior.

 

c.- Las estrategias y las autoinstrucciones. Las primeras abarcan la logística de pensamiento que el menor utiliza en la solución de sus problemas cotidianos, y las segundas incluyen las indicaciones que el menor se suministra a sí mismo para regular su comportamiento.

 

* Uno de los elementos para definir lo delictivo es la culpabilidad. Para el Derecho Penal el individuo legalmente incapaz es inimputable. El menor de edad es incapaz porque se supone que apenas está evolucionando hacia la adquisición de capacidades adultas, es por ello que no pueden considerarse como culpables. En consecuencia no pueden ser delincuentes ni criminales, por ello se emplea mejor el término infractor u otros similares.

 

d.- Las expectativas, esto es, el modo como los menores se preparan para recibir determinado evento, ya sea interno o proveniente del ámbito social. Lo anterior se sabe ocurre en menores citadinos, pero: ¿Qué pasa además en la psicología de un menor infractor indígena? A ciencia cierta, no se sabe. Podemos inferir que, desde luego, algunos de los procesos anteriores se presenten, pero ¿En qué medida? ¿Cómo se manifiestan? A ello habrá que sumarle la separación de su comunidad de origen y el adentrarse de una manera agresiva a una cultura que, vista desde su óptica, ya lo es. El MIT en cuestión de horas debe adaptarse a una cultura que le es ajena desde el espacio geográfico, el idioma y el caló propio de los menores infractores citadinos, la comida, los horarios, las burlas, simplemente por ser indio, el racismo caritativo, el confinamiento entre cuatro paredes.

 

Para concluir este apartado habrá que puntualizar que la determinación de la adultez rarámuri, se vive en edades más tempranas, es decir, en el momento que un niño/joven puede cumplir con las tareas culturalmente definidas como adultas (sembrar, pescar, cazar, sostener a una familia, ser responsable, cortar y acarrear leña, cuidar y sostener algún tipo de ganado) la comunidad le trata como tal, y esto puede ocurrir alrededor de los 14 o 15 años, incluso antes.

 

El choque cultural.

 

Los elementos históricos o antecedentes son los límites sociales impuestos en todas las relaciones intergrupales por cada grupo social y forman parte de su cultura. Entre los elementos que se incluyen está la historia de las relaciones entre los diversos grupos étnicos dentro de un país, y las normas que rigen lo que se considera aceptable y lo no aceptable en cuanto al contacto entre los individuos de los diferentes grupos. Otro elemento histórico puede ser la forma en que un sujeto fue educado. Dichos elementos históricos son parte del entorno del individuo, eso que se espera adquiera y acepte para llegar a ser un miembro "normal" y funcional de la sociedad a que pertenece. Los factores del contexto son controlables a través del aprendizaje y le permitirán obtener una experiencia intercultural positiva.

 

Choque cultural es un término introducido por primera vez hace ya cerca de cinco décadas. Describe la ansiedad producida por la perdida del sentido de qué hacer, cuándo hacer, o cómo hacer las cosas en un nuevo ambiente. Expresa un sentimiento de falta de dirección porque no se sabe qué es apropiado o inapropiado en el nuevo lugar. Se presenta generalmente después de los primeros días o pocas semanas de haber llegado a un nuevo sitio.

 

Se puede describir como la incomodidad física y emocional que se súfrela llegar a vivir en otro lugar diferente al de origen. Las conductas antes usadas no son aceptadas o consideradas normales en el nuevo ambiente. Por ejemplo, no hablar la lengua, como utilizar los utensilios de mesa, maquinas del banco, teléfonos, etcétera. Los síntomas de choque cultural pueden aparecer en diferentes momentos.

 

El choque cultural es, entonces, ese impacto de las diferencias culturales; el sentimiento que ocurre cuando la persona se siente confundida por los patrones de vida al entrar en contacto con la nueva cultura, lo cual puede resultar en frustración, baja autoestima, rabia, depresión o aislamiento. Es, también, un estado de ansiedad y duda causado por una sobrecarga de expectativas e indicadores culturales con los que no se está familiarizado; tensiones y sentimientos de malestar que resultan de tener que satisfacer necesidades cotidianas, como alimentarse, cuidar la salud y mantener las relaciones interpersonales en formas a las que no se está acostumbrado. Una reacción que se da de inmediato y de forma consciente.

 

Características:

· Tristeza, soledad, melancolía

· Preocupación por la salud

· Quejas, dolores de cabeza y alergias

· Insomnio o dormir demasiado

· Cambios de temperamento, depresión, vulnerabilidad, sentimientos de impotencia e inseguridad

· Ira, irritabilidad, rechazo, resentimiento, poco deseo de relacionarse con otros

· Gran identificación con su cultura o idealización del lugar de origen

· Confusión con la propia identidad

· Miedo de resolver problemas sencillos

· Falta de autoconfianza

· Desarrollo de estereotipos sobre la nueva cultura

· Apego exagerado a ciertos individuos del nuevo grupo cultural

· Nostalgia por la familia

· Sentimientos de marginación, explotación y abuso.

Estos síntomas, y combinaciones de ellos, pueden deberse a las siguientes causas:

 

1. Enfrentamiento de culturas internas. Esto implica que todo, o gran parte, de lo que un individuo aprendió durante su vida ahora no es necesariamente válido.

 

2. Fracaso en la comunicación. Situación en donde el individuo se enfrenta a un nuevo idioma, nuevos gestos y significados pues el contexto cultural ha cambiado.

 

3. Pérdida de signos y códigos. El individuo pierde y confronta los modelos culturales de interpretación que siempre lo habían ayudado, hasta entonces, a entender su medio ambiente. Los códigos y símbolos que en casa interpretaba de manera automática necesitan ser monitoreados con mayor atención y esfuerzo en la nueva cultura para asegurar cierto grado de entendimiento.

 

Estos signos incluyen mil y una maneras de comportamiento en situaciones cotidianas como saludar, intimar, horarios para levantarse, comer o dormir, agradecer, sonreír, hacer transacciones económicas, aceptar o rechazar una invitación, distinguir entre una conversación seria y una broma. Dichos códigos pueden ser palabras, gestos, expresiones faciales, costumbres o normas adquiridas en el desarrollo personal y que forman parte la cultura, valores e idioma originales ahora en contrapunto con el nuevo grupo.

 

4. Crisis de identidad. Se pierde la noción de sí mismo. Cuando el sujeto reflexiona las diferencias entre sus perspectivas, ansiedad, enojo, resentimiento y lo que percibe y experimenta diariamente siente fuertes emociones generalmente negativas. Se piensa que son negativas o de rechazo porque la cultura anfitriona es evaluada por el individuo de una forma etnocéntrica, es decir, de acuerdo a su propia cultura, la cual es vista desde una perspectiva positiva.

 

La pérdida de aserción aunada a la fatiga que provoca mantenerse de manera consciente concentrado en lo que lo que normalmente se hacia de forma natural produce respuestas negativas asociadas al choque cultural.

 

Aunque existen diversas investigaciones sobre las etapas en la experiencia del choque cultural, casi en todos ellos se analiza la variable como una causa de cierta manera buscada o voluntaria. Es decir, se indaga y observa al choque cultural como producto de viajes de placer o negocios, vacaciones, intercambios culturales o de estudios, visitas a familiares etc. A continuación se describen las etapas que proponen algunos de los estudios revisados, para que el lector se percate de lo que se escribe:*

 

Etapas del choque cultural.

 

La primera de ellas, conocida como luna de miel, el recién llegado puede encontrarse eufórico y admirado con el nuevo ambiente y por las cosas nuevas que encuentra.

 

* Precisamente el agregar al presente trabajo el concepto doble choque cultural es por tratar de llevar al análisis de aquellos individuos (MIT) que, de manera intempestiva, son puestos dentro de una cultura extraña, sin que estos necesariamente así lo decidan. De cierta forma al realizar un viaje de estudios o por placer la persona sabe o intuye que se enfrentará a situaciones novedosas, imprevistas y parte de los preparativos incluyen artilugios para tales efectos: mapas, diccionarios, monografías, medicamentos…Se debe entender aquí que el primer choque cultural proviene del ser privados de la libertad –lo que igualmente ocurre con los menores urbanos-, y el segundo choque al ser integrado a una colectividad completamente ajena. Muchos menores tarahumaras narran que no sólo es la primera vez que están en una ciudad –y privados de su libertad- sino también que es la primera ocasión que ven un chabochi (hombre blanco), la luz eléctrica, utensilios de cocina, televisores. Además un alto porcentaje de ellos es analfabeta y unilíngüe (A modo de referencia ver Tabla 1). Ya internos, muchos de ellos son tratados como peones y llevados únicamente a labores de granja (limpieza de porquerizas, alimentar a los animales o sembrar hortalizas), pues "por ser indígenas no tiene sentido darles estudios".

 

En la segunda etapa el nuevo visitante se puede encontrar con algunos momentos difíciles y algunas crisis que son muy propias de la vida cotidiana. Como, por ejemplo, dificultades de comunicación o dificultades para ser entendido por la gente de la nueva cultura. Aquí se presentan los sentimientos de descontento, impaciencia, rabia, tristeza e incompetencia. Esto pasa porque la persona está tratando de enfrentar la nueva cultura la cual es, en ocasiones, muy diferente a la propia. Es un proceso de transición entre los valores propios y los valores del nuevo entorno. Un momento difícil que toma tiempo poder asimilarlo, cuando no es así la persona puede encontrar grandes sentimientos de insatisfacción.

 

La tercera etapa, que anotan los estudiosos de choques culturales previstos (valga el término), se caracteriza por buscar comprender a la nueva cultura y ganar de nuevo el sentimiento de placer y el sentido de humor. Se empieza a sentir cierto balance psicológico. El nuevo integrante no se siente tan perdido como antes, comienza a tener sentido de dirección, se está más familiarizado con el ambiente y adquiere un sentimiento de pertenencia. Aquí se inicia la evaluación y comparación de los valores de su cultura contra los valores de la nueva.

 

En la cuarta etapa, la persona empieza aceptar que la nueva cultura tiene cosas positivas y negativas para ofrecerle. Puede ser una etapa de doble integración o triple integración dependiendo de número de culturas que la persona está procesando en su interior. El proceso de integración está acompañado también por un sentimiento de pertenencia más sólido. Se establecen metas más claras y se define el destino en el nuevo ambiente.

 

En la quinta etapa se da el choque de retorno. Se vuelve al sitio de origen y parece que las cosas no son iguales. Algunas de las nuevas costumbres adquiridas no armonizan con la cultura originaria.

 

Las cinco etapas se presentan en diferentes momentos y cada sujeto tiene su propia manera de afrontamiento. En consecuencia, algunas etapas serán más largas y más difíciles que otras. Muchos factores contribuyen a la duración del efecto de choque cultural, por ejemplo, la salud mental, el tipo de personalidad, las experiencias previas, condiciones socio-económicas, facilidad de lenguaje, apoyo familiar o social, contactos previos con la cultura en que ahora se desempeña, nivel de educativo, y otros.

 

Propuestas:

Desde luego y una de las más importantes es que el centro de readaptación cuente con, al menos, un experto(a) con conocimientos de la(s) cultura(s) indígena(s), aspectos de psicología cultural, transcultural y tratamientos terapéuticos, que además trabaje conjuntamente al equipo multidisciplinario de la institución, o mejor, que sea parte del mismo.

 

Habilitar espacios de internamiento en los centros de reclusión municipales, sin que ello implique que interactúen con los reclusos adultos.

 

Buscar y contar con las autoridades indígenas de la comunidad para fungir como mediadores entre las partes, e incluso poder llevar a cabo audiencias o desahogo de pruebas.

 

Aprovechar los espacios de reunión colectiva para hacer un diagnóstico en la comunidad sobre el castigo que merece el menor, si lo mereciera, y/o las manera de resarcir el daño a los ofendidos. Esto es, respetar y reforzar la autoridad tradicional de los miembros del grupo rarámuri o tarahumara elegidos para la impartición de justicia (derecho consuetudinario).

 

Una vez que el presunto responsable ha ingresado al centro de rehabilitación, buscar apoyo con menores de la misma étnia, región o localidad que estén ya internos y que, de cierta manera hayan superado, o al menos asimilado, el proceso traumático. Quienes han vivido la misma experiencia anteriormente son individuos de gran ayuda

 

Procurar un pasatiempo o una ocupación agradable a los internos.

 

Ser paciente, el cambio radical es un proceso y adaptarse a las situaciones nuevas va a tomar cierto tiempo.

 

Incluir en forma regular actividades físicas. Esto ayuda a enfrentar la tristeza y la soledad de una manera más constructiva.

 

Procurar momentos de relajación.

 

Mantener, en la medida de lo posible el contacto con su propio grupo étnico. Esto dará un sentimiento de pertenencia y reducirá los sentimientos de soledad y alienación.

 

Mantener gradualmente el contacto con la nueva cultura. Preparase bien en la lengua. Participarte en actividades mixtas (menores infractores urbanos o rurales de otras regiones o grupos étnicos), lo que permite practicar la lengua ajena. Eso ayuda a adquirir más destrezas en el lenguaje y va a darle un sentimiento de ser útil.

 

Permitir expresar la tristeza y nostalgia por lo que se dejó atrás: amigos, familia, etc.

 

Apoyar para afrontar el duelo que trae el dejar la comunidad de origen.

 

Trabajar en aceptar la nueva situación y enfocarle en utilizar todo su potencial para salir adelante.

Establecer metas pequeñas o a corto plazo y evaluar los logros.

 

Facilitar la autoconfianza. Promover ambiciones y planes para el futuro.

 

No olvidar ni dejar a un lado trabajar en la introyección de la responsabilidad del sujeto por la falta cometida.

Conclusiones.

 

Los valores culturales son la fundación de lo que se es, por lo tanto no es muy saludable abandonarlos por otros de una cultura diferente.

 

En el un mundo globalizado de hoy, donde hay movilidad frecuente entre individuos de distintas naciones es fundamental reconocer y comprender el concepto de choque cultural, conocer las razones de su existencia así como sus etapas, y síntomas con el fin de desempeñarse de una forma más exitosa en ambientes multiculturales.

 

El choque cultural no es una enfermedad, pero es una reacción al estrés que provoca lo nuevo y lo no familiar.

Es importante reconocer que si bien el choque cultural es una experiencia que conlleva aspectos negativos también puede tener aspectos positivos como son: incremento en la apertura de pensamiento, presentación de nuevas perspectivas sobre el mundo, ayuda al crecimiento personal, provoca reflexión sobre la propia cultura e incrementa la tolerancia hacia la ambigüedad.

 

El aspecto central para superar el choque cultural es reconocerlo así como preparar e informar al individuo respecto a las costumbres, lenguaje, valores, historia y conductas del la colectividad anfitriona con el fin de poder confrontarlos.

 

A pesar de que el choque cultural puede ser un experiencia dolorosa. Es también una gran oportunidad para redefinir objetivos vitales, para aprender a integrar diferentes perspectivas. El choque cultural puede llevar a desarrollar mayormente la autoconciencia y estimular el crecimiento personal.

 

Referencias.

 

Silva, A. (2003) Criminología y conducta antisocial. Editorial Pax, México. pp. 133-138

 

Bibliografía mínima, sugerida para adentrarse a la cultura rarámuri.

Artaud, A. (1970) México y viaje al país de los tarahumaras. FCE. México.

González, R. L. (1994) Tarahumara. La sierra y el hombre. Editorial Camino, México.

INI-CONACULTA (1991) Los rarámuri hoy. Memorias. Chihuahua, México.

Lumholtz, K. El México desconocido, INI, 2 Tomos.

Martínez, B.; Vaca, J. y Breugelmans, S. (2002) Reflexiones en el bosque, Instituto Chihuahuense de la Cultura, CONACULTA, Chihuahua, México.

Merril, W. (1992) Almas rarámuris. INI-CONACULTA, México.

Pennington, C. W. The tarahumar of Mexico; their environment and material culture. Salt Lake City, The University of UTAH Press.

Vaca, J. (2003) Rarámuri: el lugar de la vida y la muerte. Instituto Chihuahuense de la Cultura, CONACULTA, Chihuahua, México.

Velasco, R. P. sj. (1983) Danzar o morir. Ediciones CRE, México.

 

* Tabla 1.- Menores Infractores Indígenas Tarahumaras que ingresaron al Tribunal Central para Menores de la ciudad de Chihuahua entre Enero y Mayo de 2004.

 

 

 

MUNICIPIO

INFRACCIÓN

INSTRUCCIÓN

EDAD

OCUPACIÓN

FARMACODEPEN

Guachochi

Robo

6to primaria

12

Limpiavidrios

No

Guachochi

Robo

2do de secundaria

18

Agricultor

Alcohol

Guachochi

Violación

Analfabeta

18

Agricultor

Alcohol y tabaco

Guachochi

Homicidio

Analfabeta

13

Ninguna

No

Guachochi

Homicidio

Analfabeta

18

Agricultor

Mariguana

Guachochi

Robo

2do de secundaria

15

Ninguna

Alcohol

Guachochi

Lesiones

Analfabeta

15

Agricultor

Alcohol

Guachochi

Homicidio

2do de secundaria

14

Ninguna

Alcohol, marihuana

Gpe. y Calvo

Tent. de robo

3ro de primaria

15

Ninguna

No

Gpe. y Calvo

Robo

2do de secundaria

14

Pintor

No

Gpe. y Calvo

Robo

Analfabeta

14

Agricultor

Alcohol

Urique

Daños

2do de preparatoria

16

Estudiante

Alcohol

Urique

Daños doloso

3ro de primaria

17

Obrero

Alcohol

Urique

Lesiones dolo

6to de primaria

17

Obrero

Alcohol

 

 

* Datos proporcionados por la Lic. Gloria Farfán Terrazas, Presidenta del Consejo del Tribunal Central para Menores del estado de Chihuahua. (Tel: 01-614-4-20-01-69). Por razones obvias se omiten el nombre y el número de expediente de cada menor.