PAPEL DEL DOCENTE EN LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR, MALTRATO INFANTIL Y ABUSO SEXUAL INFANTIL


MARÍA DE JESÚS URQUINA BUITRAGO
PSICÓLOGA JURÍDICA
UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS
BOGOTÁ-COLOMBIA

 

La violencia intrafamiliar, el maltrato infantil y el abuso sexual infantil, es tan antiguo como la humanidad, es universal, y no distingue clase social. L@s niñ@s han sido víctimas históricas de los abusos de los adultos. En la Biblia hay relatos famosos a este respecto, como la eliminación de l@s niñ@s ordenada por Herodes; Aristóteles consideraba que, por ser propios, nada de lo que hiciera con l@s niñ@s era injusto; en Esparta se buscaba la perfección de la raza lanzando al precipicio a l@s niñ@s tarad@s; los nazis los eliminaban con el mismo fin.

 

La historia del trato a l@s niñ@s por parte de los adultos puede ser descrita en muchas ocasiones como un cuadro de horrores. Hasta el siglo XVIII en casi todas las sociedades encontramos una tendencia a la indiferencia y maltrato físico a l@s niñ@s que resulta a veces poco creíble. L@s niñ@s no fueron tenid@s en cuenta pues no se les consideraba personas, sino propiedades de los padres y en algunas culturas propiedades del estado o de la comunidad.

 

El infanticidio fue practicado amplia y rutinariamente para esconder los frutos de la violación, y afectaba con especial frecuencia a las niñas. En algunas culturas l@s niñ@s vivían durante sus dos primeros años de vida enchambados o envueltos desde los hombros hasta los pies, en cintas o bandas tejidas sin poder mover sus miembros, para reducir las molestias que podían causar a los adultos o con el pretexto de que no se torcieran las piernas, y así sucesivamente. Fueron Rosseau y Pestalozzi quienes comenzaron a contribuir a una revolución en la educación y consideración de la infancia. Las formas de violencia empezaron a ser rechazadas, y poco a poco se fueron difundiendo entre los diversos grupos sociales, actitudes que empezaban a reconocer al niño y a la niña como sujetos independientes, y a estudiar sus necesidades y deseos, para encontrar una forma de educación que no respondiera únicamente a los deseos de los padres o de los adultos sino también a lo que se suponía eran las necesidades propias del niño o la niña.

 

Esta nueva forma de verl@s, a pesar de que lo reconocía como persona, deseaba la formación de un niño y de una niña disciplinad@, productiv@ y dispuest@ a aprender. Todo esto esta ligado a una serie de cambios en los códigos morales y en las costumbres sociales que en medio de las críticas a las formas de violencia física, también se ejercían pero se inventaban nuevas formas de violencia y otras formas más sutiles de maltrato.

 

Las madres y los padres del siglo XIX comienzan a hacer de la educación un medio para la represión de muchos aspectos del niño y la niña, como la sexualidad y la autonomía lo cual proyectaba los ideales puritanos de la época y una serie de temores sexuales de los adultos (Mejía, 1.997).

 

Por lo tanto desde una perspectiva histórica no es posible decir que l@s niñ@s de nuestro tiempo son maltratad@s más que en ninguna época anterior, lo que sucede es que el niño y la niña son ahora sujetos visibles, gracias a todos los estudios sociales, antropológicos, psicológicos, sociológicos y legales que han transformado el concepto de niñez no solamente como una etapa biológica, sino que han permitido la construcción desde la cultura, el desarrollo y desde los procesos de socialización una representación social del niño y la niña comprensiva e integral. Al convertir a l@s niñ@s en sujetos activos y partícipes de la construcción de sociedad, se visibilizan sus problemáticas (son objeto de explotación laboral, traficad@s con fines de prostitución, abusad@s sexualmente, inducid@s y obligad@s a cometer delitos, incorporados a la guerra, forzad@s al desplazamiento), de esta forma en nuestro tiempo existe un significado aumento en los casos reportados de maltrato, abuso y violencia contra ell@s.

 

Sin embargo no se puede decir, que por el conocimiento que se tiene ahora sobre la niñez y sobre los efectos que produce la violencia física sobre el desarrollo integral del niño y la niña, ésta haya desaparecido ni siquiera disminuido, además la violencia psicológica que la mayoría de las veces es invisible y poco analizada, siempre se encuentra presente en todos los casos de maltrato.

 

A nivel jurídico cada país posee su propia e individualizada legislación de menores, los sistemas jurídicos difieren por las distintas creencias filosóficas, políticas, económicas, sociales y religiosas, en Colombia la violencia contra niños, niñas y adolescentes se inscribe en el marco de la violencia intrafamiliar según el Plan Nacional de acción a favor de la Infancia PAFI (1.996) la define como ¨ toda forma de perjuicio o abuso físico o abuso psicológico, descuido, omisión o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el acoso y abuso sexual, las torturas, trato con penas crueles, inhumanos o degradantes de los que ha sido objeto el niño o la niña o adolescente por parte de sus padres, representantes legales o cualquier otra persona que tenga o no relación con el menor de edad ¨.

 

Es evidente que en Colombia todavía l@s niñ@s vivan en sectores que son abiertamente violentos. Los medios de comunicación, el Instituto Nacional de Medicina Legal, los pedíatras, los médicos de los departamentos de urgencias, las comisarías de familia, los juzgados de familia, las defensorias de familia, las casa de justicia, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, los centros zonales de Bienestar, las inspecciones de Policía, la Fiscalía y los maestros de todas las escuelas y jardines infantiles, pueden dar testimonio de la frecuencia con la que todavía l@s niñ@s son golpead@s hasta el agotamiento del agresor, sujetos a prácticas sádicas, chuzad@s o quemad@s, abusad@s sexualmente y maltratad@s emocionalmente.

 

El Instituto de Medicina Legal reportó en Bogotá, durante 2.001, 26.427 casos de violencia intrafamiliar de los cuales el 18% (4.725) fueron contra menores de edad, una de las principales causas de defunción en la población de 5 a 14 años de edad es la violencia, durante el año 2.002 de 37.040 casos de violencia intrafamiliar que fueron denunciados, 43 de cada 100 niños, niñas y adolescentes que murieron violentamente fueron asesinados, 27 murieron en accidente de tránsito, 17 murieron a causa de otros accidentes y 13 se suicidaron, en el 2.003, 42.438 casos fueron reportados, 8.846 fueron accidentes domésticos, y de estos, la tercera parte les ocurrió a niños y niñas entre 0 a 14 años. Determinándose que las tres causas más importantes son las caídas de altura, el golpe con objeto contundente y las quemaduras.

 

Se observa que ha nivel de víctimas y afectados por la violencia intrafamiliar se encuentran desde infantes de 0 años hasta adultos mayores de 100 años, lo cual indica que en cualquier edad se puede ser víctima, sin embargo la frecuencia mas alta se da en l@s niñ@s y adolescentes. Tanto las muertes perinatales, como las asociadas con las infecciones y a los accidentes tienen una relación estrecha con las condiciones de vida de las familias: la calidad de vivienda del barrio, de la escuela y de los lugares por los que se movilizan, el nivel educativo de la persona jefe del hogar, junto con la calidad de los servicios recibidos y la presencia o no de las redes sociales de apoyo, que contribuyen a que estos problemas ocurran todos los días. La atención de enfermedades prevenibles demanda enormes cantidades de recursos, tanto públicos como privados.

 

La muerte de l@s niñ@s genera simplificaciones del capital humano y significa para la sociedad la pérdida del más alto potencial de desarrollo (Observatorio de violencia y delincuencia de Bogotá, 2.002). L@s niñ@s pueden ser lesionad@s de tres maneras según Browne (2.004) ¨ física, sexual y psicológicamente, y cualquiera de los casos puede ocurrir, en primer lugar por abuso activo de uno de los padres ¨. Pero también puede darse como consecuencia de la negligencia y el abandono. La negligencia en término de lo físico se manifiesta en una mala nutrición, por ejemplo, o en un ambiente habitacional sin las condiciones mínimas de salubridad, etc., aspectos que terminan por reflejarse en el desarrollo del niño o la niña, en su salud y en su crecimiento.

 

En términos de lo sexual, la negligencia puede enviar al niño y a la niña a la prostitución, desde donde será explotado por uno de los padres o por alguien ajeno a la familia. Una de las técnicas de persuasión más comunes para integrar a l@s niñ@s a la industria sexual es generar en los padres una dependencia de las drogas.

 

El tipo de negligencia que afecta el aspecto psicológico, tiene que ver con la falta de afecto, de seguridad emocional, que hacen que el niño o la niña desarrolle inseguridades y mecanismos de defensa no siempre visibles que van desde la violencia hasta la introspección. Es bien sabido que el abuso o negligencia, se ha venido reproduciendo durante tres o cuatro años, antes de que los profesores entren en contacto con l@s niñ@s; pues el abuso generalmente comienza antes de los cinco años, cuando por primera vez el niño o la niña asiste a la escuela.

 

El docente esta ciertamente en una posición de privilegio para observar, detectar e intervenir la violencia que se ejerce de manera cotidiana, extensa y cruelmente en l@s niñ@s y adolescentes en el transcurso de su vida escolar. ¿ cómo intervenir en ésta problemática?, como docentes tendrán la opción de intervenir bajo varias vías, la primera informar a la psico-orientadora del colegio quien a su vez reportará al Instituto de Bienestar Familiar, en algunos casos con alguna mejoría de la violencia o con empeoramiento en el trato del niño o la niña; la segunda opción seria que el futuro docente actuara por cuenta propia y de manera individual, y terminando señalad@ o estigmatizad@ por la comunidad o por los padres mal tratantes, y en el peor de los casos con una demanda por calumnia puesta por el abusador. O la tercera opción más deprimente aún, el docente por desconocimiento de los signos y síntomas del maltrato infantil, totalmente ajeno a cualquier situación que suceda con sus estudiantes.

 

Sin embargo, ante tantas dificultades, el compromiso de los docentes con l@s niñ@s es muy significativo pues es él quien en muchas oportunidades llena los vacíos del afecto, reconocimiento y valoración con que muchos niñ@s crecen en sus familias. El docente y su actuar pueden ser la única oportunidad que tiene el niño o la niña, para ser protegido del maltrato físico, del abuso emocional o sexual, y para evitar que se detenga el proceso, o por lo menos que se inicie un tratamiento terapéutico y un procedimiento jurídico, el docente tiene que actuar en su posición privilegiada, pero debe prepararse para ello, entonces el primer paso que el docente debe hacer es escuchar lo que l@s niñ@s dicen, luego observar signos mas sutiles por ejemplo, l@s niñ@s con frecuencia expresan sus emociones a través de los dibujos y si por ejemplo un niñ@ de cinco años dibuja siempre genitales a las figuras humanas, ahí hay algo que analizar, porque esto no se ajusta a su edad.

 

A lo mejor solo se trata de que vio una película pornográfica, lo cual tampoco es apropiado, pero pudo haber sucedido. Pero también puede haber algo mas complicado de fondo. Además, el docente debe estar atento a los moretones, tod@s l@s niñ@s tienen moretones en las rodillas, pero si un niño o una niña tienen moretones en áreas donde es difícil golpearse (entre pierna), hay que ver qué pasa. Otro signo es que el niño o la niña se comporte especialmente distante o que no permita que nadie l@ toque, en especial en nuestra cultura, en la que el contacto físico es muy normal. Si un@ niñ@ llega muy temprano al colegio y se demora en irse, existe otro índice que analizar.

 

Los docentes no pueden manejar el problema solos, necesitan tener un conducto regular de remisión, debe haber una ruta institucionalizada hacia los servicios adecuados y los profesionales indicados. El docente es una pieza fundamental dentro del equipo de trabajo. Si un@ niñ@ elige un docente para contarle lo que le esta pasando, el docente debe sentirse honrado por el grado de confianza y la mejor manera de ayudar al niñ@ en respuesta a esa confianza es seguir el proceso, éste debe explicarle que es importante comunicarle a la orientadora y junto con ella explicarle a la víctima que la responsabilidad es del padre, tío, etc., pero que el niño o la niña ha sido afectad@, e interesarse en que cuente como fue (importante pedirle que autorice grabar, filmar, o escribir una declaración, con el fin de evitar ser revictimizad@), esto permite que rompa el círculo de la ley del silencio y el secreto, permite que hable de su experiencia partiendo de los aspectos que considere necesarios y que para solucionar la situación deben denunciar el hecho a las entidades correspondientes, es importante permitirle al niño o la niña se apropie de su experiencia y la comience a elaborar, lo cuál es una condición para cualquier trabajo terapéutico posterior, lo que se hable con el docente o la orientadora es estrictamente confidencial –ley 58 de 1.983, artículo 12, numeral 4-, secreto profesional- si se tiene que involucrar a la comisaría de familia, bienestar familiar, policía nacional, debe ser con consentimiento del niño o la niña y de esta manera respaldarl@.

 

Se continua recomendando que para que cualquier docente ayude a un@ niñ@ en una situación de riesgo primero debe conocer más sobre violencia intrafamiliar, maltrato y abuso sexual infantil, conocer las normas básicas que le ayudaran para respaldar sus orientaciones e indicaciones, como que debe decírsele al niño o niña que se le cree, permanecer calmado de lo contrario creerá que se está enojado con él, consuelelo, déle seguridad, no divulgar ni comentar el hecho con nadie (los comentarios con diferentes entidades puede constituirse en perversos y revictimizar a la víctima), ayudarle a entender que lo que ha sucedido no es su culpa, decirle que es muy valiente al contar so sucedido, no trasmita la idea de que no podrá recuperarse de esta experiencia, hágal@ sentir que esta protegid@, no lo presione para que cuente más detalles de los que está listo para comunicar, se debe ser prudente al preguntar y hacer juicios, evitando alarmarl@, aumentar sus temores y sentimientos de culpa, inducirlo o cambiar su relato o ha que no hable del tema, es necesario no olvidar que las víctimas de abuso sexual viven la experiencia de manera negativa y para la gran mayoría las consecuencias son difíciles de superar, pero el momento de denunciar o hablar por primera vez sobre el tema independientemente que sea a un extraño o conocido es sumamente difícil e importante, se debe mirar signos y síntomas y creer en lo que el niño o la niña esta diciendo: es necesario que el adulto a quien el niño o la niña aborde en busca de ayuda, crea en lo que esta diciendo y se lo haga sentir, lo que más asusta a un niño o una niña cuando por fin puede contar lo que esta sucediendo, es que no le crean. La incredulidad en el adulto produce un profundo sentimiento de desprotección en el niño o la niña, si esta persona a quien el niño o la niña acudió para buscar una salida le cierra sus esperanzas de apoyo, entonces el niño o la niña seguirá en un proceso de acomodación a la situación para sobrevivír, entonces utiliza varios mecanismos: niega lo que esta sucediendo, y se disocia, es otra persona la que esta viviendo la situación incestuosa , situación que llega a extremos tan complicados que muchos niños y niñas desarrollan múltiples personalidades otorgándoles a cada una un aspecto de su vida.

 

Se debe trabajar en un equipo interdisciplinario e interinstitucionalmente para poder dar verdaderas soluciones y respuestas al niño o la niña y a la familia por tal motivo es necesario que trabaje en comunidad pues toda localidad tiene una red, nodo o comité coordinador para la defension de menores, de manera que periódicamente puedan desarrollar planes estratégicos que eviten el descuido o maltrato a menores, debe haber representación de policía nacional, ICBF, Comisaría de Familia, ONG`s, representación de la comunidad, de la alcaldía de la localidad, etc., últimamente se han adherido a estos grupos miembros de la comunidad o representantes de entidades estatales expertos en Prevención Primaria del ASI (abuso sexual infantil) , o psicólogos jurídicos, quienes están capacitados para trabajar de la mano con estas instituciones, para el desarrollo de políticas preventivas, donde el refuerzo de los factores de protección se encuentre presente, cómo por ejemplo: la familia; ésta es el primer factor protector contra el ASI, una familia sólida, con bases morales y simbiótica, que permita el desarrollo personal de sus integrantes, especialmente de niños y adolescentes.

 

Una familia con estas características, establece medidas de control y protección ante cualquier hecho que atente con la integridad física y psicológica de niños y adolescentes, estas políticas informativas que puede desarrollar el psicólogo jurídico, con todo su conocimiento en ciencias de la conducta, permite establecer predicciones sobre que variables aumentan las probabilidades de que un hecho de Abuso Sexual Infantil se produzca, por ejemplo: la presencia de un padre alcohólico, el desarrollo físico prematuro de la niña , menores que pasan mucho tiempo sólo en sus casas, padre y/o madre fármaco dependientes, menores con pocas habilidades sociales o con poca autovaloración o auto eficacia; estas y otras variables, se encuentran de una u otra forma en los casos de abuso sexual infantil.

 

El Psicólogo Jurídico al poseer conocimientos tanto de las ciencias de la conducta como de las ciencias jurídicas, ha permitido un abordaje más integral del fenómeno de la violencia intrafamiliar, el maltrato infantil pero muy especialmente en el abuso sexual infantil, esto se fundamenta en la premisa de que un psicólogo clínico puede abordar los problemas psicológicos -conductuales y sociales generados por éste hecho, tomándose en consideración tanto a la victima como al victimario-, pero el psicólogo clínico no tendría el bagaje jurídico necesario para canalizar las implicaciones legales que conlleva la violencia intrafamiliar, el maltrato infantil y el abuso sexual infantil, limitándose la actuación del mismo a sólo la evaluación e intervención de la esfera psicológica y conductual de victimas y/o victimarios, por otra parte un jurista o abogado, con su conocimiento en leyes y normas (las cuales son particulares de cada país o compartidas de acuerdo a tratados internacionales), pueden abordar la problemática del abuso sexual infantil sólo desde el ámbito legal, sin considerar las particularidades psicológicas-conductuales y sociales que éste hecho conlleva tanto para la victima como para el victimario.

 

Dada estas circunstancias, el papel del psicólogo jurídico es determinante en el abordaje de la violencia intrafamiliar, maltrato infantil y el abuso sexual infantil, ya que el mismo esta capacitado para abordar este hecho desde las perspectivas psicológica y jurídica, haciendo su presencia muy importante en el ámbito legal, ya sea como asesor de abogados, jueces, fiscales, para evaluar la confiabilidad y la validez del testimonio, interviene resocializando, evalúa la extensión del daño psicológico en las víctimas causado por el daño delictivo, diseña técnicas de interrogatorio, técnicas de entrevista para decepcionar la indagatoria y los testimonios, aplica pruebas destinadas a servir de apoyo al peritaje forense, establece perfiles, etc. o cómo terapeuta tanto de las victimas como de los victimarios, también en los nodos, redes del Buen trato, subcomités de infancia y familia, y en otros tantos espacios en los cuales pueden intervenir.


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