PERFIL PSICOLÓGICO DE LOS PEDÓFILOS

FRANCESC XAVIER MORENO OLIVER

Doctor en Psicología

Profesor de la Universitat Autònoma

de Barcelona (España)

1.- Qué es un pedófilo:

Etimológicamente, la "pedofilia" es el "amor por los niños". Este amor se considera como anomalía grave en el comportamiento en su aspecto erótico, lo cual marca ya una concreción restrictiva que dirige y encauza el rechazo que la pedofilia y sus practicantes reciben.

A partir de esta puntualización, la pedofilia es una forma de la sexualidad que los psiquiatras consideran como una perversión; en tanto que las asociaciones de pedófilos la justifican aduciendo que únicamente se trata de una de las múltiples formas en que se puede manifestar la sexualidad en el ser humano.

Es importante no confundir la pedofilia con la pederastia, que designa al "abuso deshonesto cometido contra los niños" o a las relaciones sexuales con niños. En la pedofilia hay un componente afectivo que complica desde el punto de vista psicológico la situación, pues pone en acción los complejos mecanismos del comportamiento individual y que no existe en la pederastia, la cual se circunscribe al ámbito de lo puramente sexual, con lo de obsesión e incluso negación de la dignidad del ser que esto puede conllevar.

2.- Más allá de la imagen tradicional del pedófilo:

La imagen popular del pedófilo es la de un ser de cierta edad, con apariencia que puede llegar a lo repulsivo y otras alteraciones en su comportamiento sexual, tales como el voyeurismo u otras parafilias; es decir, lo que en resumen y en lenguaje de la calle se denomina, de modo denigratorio, un "viejo verde". Esta imagen choca con la realidad, pues las tendencias pedófilas pueden iniciarse en un individuo a edades tempranas (Oliverio y Ferraris señalan una edad en torno a los 15-16 años, OLIVERIO y FERRARIS: 2004,72), en personas aparentemente normales y próximos, en la mayoría de ocasiones, a los círculos familiares o de amistad del niño que se convertirá en su objetivo.

Por otro lado, está comprobado que solo una minoría de los pedófilos llega a mantener relaciones sexuales totales con niños, sin que entren en el campo de la pederastia, y que la mayoría de ellos se conforma con actividades más "inofensivas" como el exhibicionismo, las caricias, o a lo sumo la masturbación. Los pedófilos que practican el sexo con los niños aducen para ello una serie de excusas o justificaciones: entre ellas, la necesidad de concreción de los lazos de afecto creados entre el adulto y el niño, como si se tratase del estadio final de un "diálogo" entre seres con la misma capacidad de interlocución, una intención "educativa" por parte del adulto, que así contribuye a la "maduración" del niño en algunos de sus aspectos vitales... y aducen que en determinadas épocas históricas y en contextos culturales concretos la pedofilia era admitida sin menosprecio y no era categorizada como una grave aberración inadmisible y por ende estrictamente perseguible.

3.- Trato hacia el niño. La violencia es un factor inusual:

En general, y contra la percepción general, los pedófilos no utilizan la violencia física contra sus "víctimas", no las maltratan de ese modo. Dejamos aparte las secuelas psicológicas en los niños e incluso los procedimientos de "acoso", que pueden llegar a constituir maltrato psicológico, lo cual no deja de ser un tipo de violencia.

Este no uso de la violencia física se inscribe dentro de la lógica de los pedófilos, pues sostienen la reivindicación primordial de que tienen derecho a amar a los niños, por lo cual queda ajena a ella y es absurda la intención de dañarlos físicamente, ya que no es racional dañar lo que se estima por encima de todo.

Además, en su justificación, hacen hincapié en que en la mayoría de los casos en que llegan a la consumación sexual de sus deseos el niño debe ser calificado de "consintiente", por lo que no es objeto de violencia alguna. De hecho, mediante el convencimiento a que el pedófilo somete al niño, éste accede al mantenimiento de las relaciones sexuales que aquél apetece. En este razonamiento, la inmadurez del pedófilo (que comentaremos más adelante) no llega a admitir que el niño no es capaz de decidir acerca del mantenimiento de relaciones sexuales con un adulto porque no ha alcanzado la madurez necesaria para sustraerse a las situaciones de dominio protagonizadas por el adulto solicitante, ni para establecer y mantener de forma independiente y autónoma sus propias decisiones y conductas al respecto.

El "pedosadismo" merece una mención específica. Aparece en individuos "carentes de sentimientos morales (...), afectados por trastornos mentales, que han crecido en un ambiente de degradación ambiental y/o psicológica" (OLIVERIO y FERRARIS: 2004,74); además estos individuos tienen una tendencia cierta a la violencia, pues experimentan placer sometiendo a los más débiles y causándoles daño, por ello la violencia contra los niños es un modo más de materializar la violencia que les es necesario manifestar en sus actos. La repercusión pública que alcanzan estos hechos violentos aumenta en la sociedad la sensación de su importancia porcentual. Hecha esta aclaración, hay que admitir que no es descartable que el pedófilo, en múltiples ocasiones llevado por el pánico e incapaz de controlar sus reacciones, acabe con la vida del niño frente al temor a verse descubierto o ser delatado por el menor.

En realidad, un pedófilo, pese a no ser violento, por la mecánica de su búsqueda, acercamiento y obtención de los niños que son su objetivo, se asemeja –en un símil zoológico muy expresivo- a un predador de sangre fría, capaz de detectar y explotar toda la vulnerabilidad de las víctimas, pues observa minuciosamente el entorno y sólo pasa a la acción cuando cree que tiene amplias posibilidades de éxito.

Por lo que respecta a los pedófilos violentos, se ha detectado en ellos un trastorno narcisista de la personalidad asociado a graves rasgos asociales: así, la conquista sexual del niño sería un instrumento de venganza por los abusos sufridos en la infancia y su modo de ejercer dominio sobre otro ser humano (DONINI Y OTROS, 1999). Así, "el niño es visto como un objeto que puede ser fácilmente orientado y aterrorizado, que no provoca frustración y no tiene posibilidad de vengarse" (OLIVERIO y FERRARIS: 2004,93).

Está comprobado que factores que favorecen la pedofilia violenta en los adultos son el haber sido violados o tratados con crueldad en la infancia, la pertenencia a ambientes familiares disgregados, o/y el haber asistido como espectador incapaz o imposibilitado de reacción a acciones violentas contra familiares o allegados. Otros factores de riesgo más indeterminados y con mayor variedad cuantitativa y cualitativa en la configuración de personalidades pedófilas son el temperamento, la edad, la calidad de lazos afectivos en la infancia, o la capacidad de reacción y distanciamiento frente a experiencias angustiantes. De hecho está comprobado que personas que han sufrido situaciones como las descritas, gracias al grado de madurez asumido en cada etapa vital, la ayuda de alguna persona de confianza que le ha dado fuerza y posibilidad de reacción personal, no caen en la pedofilia. Ante este listado hay que recordar, como siempre, que la existencia de alguno o varios de esos factores de riesgo en un individuo no es sinónimo irremediable de padecer la alteración.

4.- Concreción de los rasgos psicológicos de los pedófilos:

Los pedófilos presentan rasgos psicológicos de amplitud e inestabilidad comprobados, pues son individuos de personalidad polimorfa, gran capacidad de adaptación a las circunstancias y superficialidad cierta ("aunque les unen algunos rasgos, los pedófilos pueden ser muy distintos entre sí", OLIVERIO y FERRARIS: 2004,95). Todo ello viene motivado por su inmadurez, su anclaje en periodos de su propia infancia, etapa que llegan a sublimar como idílica y utópicamente ideal, y la necesidad de ceñirse a las situaciones variadas en las que se ve envuelta su actividad.

Entre estas características no puede extrañar el que sean capaces de utilizar técnicas de atracción diferentes en función de las dificultades que encuentre a la hora de concretar sus lazos con el niño convertido en su objetivo. Normalmente en estas técnicas el apresuramiento no es un factor determinante, pues el pedófilo teme verse afectado por un rechazo del objeto de su deseo.

Pese a que tienen claro conocimiento de lo que hacen, según muestra la encuesta de Conte (CONTE y otros, 1989: 293-296), no se consideran enfermos y por ello no admiten ser objeto de cualquier tipo de terapia: "La pedofilia no es una enfermedad y no debe ser tratada", se lee en la página de Internet de la Danish Pedophile Association (citado en OLIVERIO y FERRARIS: 2004,82) y justifican su situación con argumentos de tipo histórico, cultural o incluso educativos como los ya reseñados.

Según muchos psicólogos y psiquiatras y tal y como se materializa en buena parte de sus argumentos justificatorios, muchos pedófilos presentan una personalidad inmadura, problemas de relación o incluso sentimientos de inferioridad que les incapacitan para una relación amorosa adulta e igualitaria (OLIVERIO y FERRARIS, 2004,87), por lo cual son incapaz de mantener relaciones amorosas con quienes en realidad son "sus iguales" y deben intentarlas con niños a los que ven más débiles o inmaduros y a quienes pueden dominar.

También es posible observar en los pedófilos posibles trastornos narcisistas en los que el niño actúa como reforzador de la autovaloración del pedófilo (al exteriorizar admiración o valoración positiva hacia el adulto), una autoestima frágil que necesita ser reafirmada con la vivencia de la situación de dominio que el pedófilo tiene y la incapacidad para asumir un rol responsable (de ahí el enorme temor del pedófilo a ser descubierto y mostrarse públicamente responsable de sus actos). Tampoco son ajenos a los pedófilos, en muchos casos, el placer de la trasgresión (el ir contra lo socialmente establecido refuerza sus mecanismos de defensa contra la inseguridad) y la fantasía inconsciente de fusión con un objeto ideal representado por el niño objeto del afecto, puesto que en él sublimarían un ego joven e idealizado (OLIVERIO y FERRARIS, 2004,87-88).

Hay autores que relacionan los problemas íntimos del pedófilo con los modelos de apego que los niños de 1 ó 2 años muestran con su madre (Ward y otros, 1995) y por ello los clasifican en los siguientes tipos:

-Ansiososos-resistentes: resultan adultos con baja autoestima y que buscan continuamente la aprobación de los demás. Por eso se sienten seguros con una pareja a la que pueden controlar y sobre la que sienten con claridad una superioridad segura.

Evitadores-temerosos: cuando son adultos, tienen fuerte deseo de contacto y mucho miedo al rechazo, por lo que optan por evitar las relaciones íntimas con adultos y buscan mantenerlas con seres a los que sienten inferiores o dependientes y sin capacidad de rechazarles.

Evitadores-desvalorizadores: en edades maduras, desean la consecución de su autonomía y su independencia por lo que buscan relaciones impersonales en las que pueden imponerse con comportamientos coercitivos.

En todos los casos, podemos apreciar que los comportamientos pedófilos resultan una compensación de las carencias deficiencias experimentadas en las relaciones de apego con las madres. De ahí derivan los comportamientos considerados anómalos o no correspondientes a la madurez propia de un adulto capaz de tomar decisiones de manera autónoma y no constreñidos por una evolución emocional deficitaria que no ha logrado transitar por las etapas de asunción progresiva de la autonomía y la capacidad de ir estableciendo, poco a poco, mecanismos de respuesta capaces de sobrepasar las situaciones incómodas o que pueden serle agresivas aunque sea a nivel emotivo.

BIBLIOGRAFÍA

CONTE, J., WOLF, S. y SMITH, T. (1989): "What Sexual Offenders Tell Us about Prevention Strategies", Child Abuse and Neglect, nº 13, págs. 293-296.

DONINI, G., MALTA V. y MANSI, G. (1999): "Pedofilia necrofilia, tratti comuni e differenziali", Psichiatria e Psicoterapia analítica, vol. 18, nº 2, junio, págs. 135-144.

OLIVERIO FERRARIAS, ANNA y GRAZIOSI, BÁRBARA (2004): ¿Qué es la pedofilia? Barcelona, editorial Piados. (1ª edición en italiano: Pedofilia (2001) Roma-Bari, Gius, Laterza & Figli S.p.a.

WARD, T., HUDSON M. y MASHALL, W. L. (1995): "Attachment Style and Intimacy Deficits in Sexual Offenders", Sexual Abuse nº 7, págs. 317-336

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