MENORES INFRACTORES: Dimensiones y alternativas

JAIME ERNESTO VARGAS MENDOZA

JORGE EVERARDO AGUILAR MORALES

ASOCIACIÓN OAXAQUEÑA DE PSICOLOGÍA

Introducción

I - El Problema

II - Las Causas

III – La Prevención

IV - El Tratamiento Institucional

V - El Tratamiento Comunitario

VI - La Evaluación

VII – Conclusión

Bibliografía

El comportamiento problemático de los adolescentes es motivo de preocupación para las instituciones dedicadas a la educación, a la salud mental y a la impartición de justicia, en cualquier país. En cada una de estas instancias se han desarrollado estrategias de intervención diseñadas con el propósito de reducir tales comportamientos o al menos para promover conductas alternativas adecuadas.

Las filosofías, ideologías y estrategias varían ampliamente y es un enfoque científico el que puede contribuir para evaluar qué intervenciones resultan de ayuda, cuáles son benignas y cuáles otras tienen efectos negativos para los jóvenes (Dishion, McCord y Poulin, 1999).

EL PROBLEMA.

La delincuencia juvenil es un problema con diferentes facetas. Se trata de un problema social, en cuanto que representa un fracaso de la sociedad en la educación de sus nuevos miembros, además de constituir un riesgo que atenta contra el estado de derecho, el respeto de las instituciones, las reglas para la convivencia pacífica y la seguridad de los ciudadanos. Es un problema económico, cuando los comportamientos delictivos atentan contra el patrimonio y la propiedad privada o cuando promueven una economía basada en negocios ilícitos como el narcotráfico, el secuestro, el robo de autopartes, la piratería, el fraude y el chantaje.

Es también un problema político que se constituye en un reto para las autoridades, quienes tienen que desarrollar estrategias para prevenirlo y para tratarlo. Deben presupuestar los gastos de estos esfuerzos, capacitar personal y mantener instituciones judiciales y de custodia.

Se trata de un problema científico, cuando se aborda la necesidad de explicar las causas de estos actos, de diseñar y poner en operación medidas preventivas y correctivas, así como de evaluar los resultados de dichas intervenciones.

El panorama longitudinal muestra un crecimiento continuo de estos problemas de comportamiento. Las primeras estadísticas, en los Estados Unidos, las vemos en los reportes como el de Wirt y Briggs (1965), quien citando fuentes del FBI nos dice que en los años 50’s se triplica la delincuencia juvenil, de cerca de 300,000 a millones de detenciones al año (Ullman y Krasner, 1969). En los años 60’s la proporción de crímenes cometidos aumentó un 80%, mientras que la población solo se incrementó en un 11% (Davison y Neale, 1983). Siendo esta tendencia una característica hasta nuestros días.

Los comportamientos delictivos mas frecuentes en los jóvenes se relacionan con el estupro y otras ofensas sexuales, el robo y los asaltos, así como infracciones vinculadas con la posesión, el consumo y el tráfico de drogas. Es mas frecuente observar estos comportamientos en varones de clase media-baja, con baja escolaridad. Normalmente provienen de hogares desintegrados o donde uno o ambos padres manifiestan también conductas antisociales. Muchas veces provienen de barrios característicos, donde proliferan las pandillas.

LAS CAUSAS.

Se han planteado causas hereditarias para la conducta sociopática, estudios como los de Lange (1929) y Krans (1936) compararon los niveles de concordancia en la criminalidad entre gemelos idénticos y fraternos, demostrando que la correlación era mucho mas alta entre los primeros, respaldando así la teoría de que pueden intervenir factores genéticos. Sin embargo, también es posible que estos gemelos recibieran durante su infancia un trato similar, que mas bien nos llevaría a ponderar la importancia de los factores ambientales.

También se ha divulgado el hecho de que en varones que cometieron crímenes particularmente violentos se haya encontrado un cromosoma masculino adicional (XYY) que, sin duda, es una aberración genética. Pero Rosenthal (1970) notó que del gran numero de criminales y delincuentes examinados hasta la fecha, solo cerca del 1.5% presentaron esta característica.

Otros enfoques examinan los patrones de actividad de las ondas cerebrales. Ellingson (1954) revisó los primeros estudios e informó en trece de catorce de estos reportes que, después de examinar aproximadamente 1500 sujetos, encontró que del 31 al 58% manifestaron algún tipo de anormalidad electroencefalográfica (EEG). El tipo mas frecuente de anormalidad fue una actividad caracterizada por ondas lentas, generalmente difundidas por todo el cerebro. Sin embargo, según Hill (1952), hay pruebas de que en los individuos muy impulsivos y agresivos, las anormalidades del EEG se hallan en los lóbulos temporales de los hemisferios cerebrales. Se trata de los llamados picos positivos, explosiones de actividad con frecuencias de 6 a 8 ciclos por segundo (cps) y de 14 a 16 cps. Es muy posible que estas anormalidades del EEG reflejen algún tipo de disfunción de los mecanismos temporales y límbicos subyacentes que intervienen en los procesos sensoriales y mnémicos y en la regulación que el sistema nervioso lleva a cabo sobre la conducta emocional y motivacional, que se traduzcan en una disfunción que haga que a estas personas les sea difícil aprender a evitar una conducta que pueda acarrear un castigo.

Así, Cleckley (1964) afirma que un criterio para la definición del síndrome sociopático es la incapacidad de los sociópatas para aprender en base a la experiencia. En lo particular, no parecen sentir la necesidad de evitar las consecuencias de su conducta antisocial . En esa línea de pensamiento, Likken (1957) dedujo que el sociópata podía tener pocas inhibiciones para cometer actos antisociales debido a que era poco ansioso. Aplicó diversas pruebas a fin de determinar si los sociópatas realmente tenían niveles bajos de ansiedad. Una de estas pruebas implicó el aprendizaje de evitación. Los datos de la investigación de Schachter y Latané (1964) añadieron apoyo a esta interpretación. No obstante, la investigación de Schmauk (1970) cuestiona estas interpretaciones, al demostrar que los sociópatas sí pueden aprender a evitar castigos, mientras estos sean relevantes a sus sistema de valores (perder dinero vs. castigo físico, tangible o social).

Debemos consignar también que los sociópatas suelen describirse como personas que no pueden responder emocionalmente al afrontar situaciones familiares o nuevas juzgadas como angustiantes o desagradables por la mayoría de la gente. Esta descripción es notablemente congruente con el descubrimiento de Schachter y Latané en el sentido de que los sociópatas no evitan normalmente las descargas eléctricas, pero que sí lo llegan a hacer cuando aumenta la excitación de su sistema nervioso autónomo por inyecciones de adrenalina. De esta manera, Quay (1965) sugirió que la impulsividad del sociópata, su sed de emociones fuertes, y su incapacidad de tolerar la rutina y el aburrimiento son propiciadas por su estado de baja excitación. Skrzypek (1969) probó esta hipótesis con una muestra de reclusos sociopáticos y no sociopáticos y descubrió que los sociópatas efectivamente manifestaron una preferencia algo mayor que los demás reclusos hacia la novedad y la complejidad (Davison y Neale, 1983).

La atmósfera familiar de los jóvenes delincuentes también se argumenta que es un factor responsable de su conducta inapropiada. Investigaciones iniciales como las de Partridge (1928), Knight (1933) y Haller (1942) consideran que el rechazo, generalmente de la madre, es un factor causal de este fenómeno. Otro grupo de investigadores (Szurek, 1942; Lindner, 1944; Greenacre, 1945, Bowlby, 1952) también plantean el rechazo, pero del padre. Uno de los estudios mas amplios sobre la conducta criminal, McCord, McCord y Zola (1959) reporta una fuerte liga entre la presencia de conducta psicopática y la privación emocional que produce el conflicto con los padres, la crueldad, el castigo errático y la falta de reconocimiento.

Mas recientemente, Buss (1966) argumenta que hay dos clases de modelos parentales que llevan al desarrollo de la psicopatía. Primero, cuando el padre es frío y distante del niño. Buss dice que el pequeño imita al padre y se vuelve frío y distante en sus propias relaciones. En segundo lugar, cuando los padres son inconsistentes en su entrega de recompensas y castigos, lo que hace difícil para el niño aprender a definir el rol modelado, teniendo como resultado que no se desarrolle consistentemente un modelo de sí mismo. Estas persona parecen privados de estimulación (Quay, 1965), pues aquello que podría ser adecuado para moldear la conducta de muchas personas en la sociedad, no les resulta suficiente para mantener un comportamiento de conformidad. El resultado es la extinción y no el reforzamiento. Estas personas actúan impulsivamente debido a que la cantidad de reforzamiento efectivo es insuficiente para mantener su conducta (Ullman y Krasner,1969).

Hace poco que empieza a cobrar importancia la teoría general de la tensión emocional, desarrollada por Agnew (2001), donde se argumenta que los estresores aumentan la probabilidad de que emociones negativas como la rabia y la frustración ocurran. Estas emociones hacen presión para que se den acciones correctivas y el crimen es una posible respuesta. Se trata de un enfoque cognoscitivo que pretende explicar el fenómeno del aprendizaje de la conducta delictiva. Se dice que el crimen es una forma de reducir la tensión (ejemplo: robar el dinero que uno necesita), buscar venganza o aliviar emociones negativas (ejemplo: mediante el consumo de drogas). La teoría apunta a varias categorías nuevas de estresores como la pérdida de estimulación positiva (ejemplo: pérdida de la pareja romántica, muerte de un amigo), la presentación de estimulación negativa (ejemplo: asalto físico o insultos verbales) y nuevas categorías de obstáculos para alcanzar metas (ejemplo: el no lograr que se haga justicia). En particular, es mas probable que la tensión lleve al crimen cuando el individuo carece de habilidades y recursos para enfrentarla de manera legítima, cuenta con poco apoyo social, tiene poco control social, maldice que traten mal a otros y está dispuesto a ser criminal.

Eventos negativos en la vida, sentirse hastiado, relaciones negativas con los adultos, peleas entre los padres, se asocian significativamente con la delincuencia. Es mas probable que los estresores lleven al crimen cuando estos se perciben como (a) injustos, (b) intensos, (c) asociados con poco control social o (d) como incentivos para formas criminales de enfrentarlos.

La conducta delictiva se facilita si uno se expone a modelos o ejemplos de ella (en los medios), si se premia el crimen (en las sub-culturas o pandillas) o si se generan pseudo-valores (como el "machismo"). Esta teoría de la tensión emocional señala como factores de riesgo para la conducta delictiva: (1) el rechazo de los padres, (2) la supervisión y la disciplina estricta, (3) el haber recibido abuso por parte de otros, (4) las experiencias negativas en la escuela, malas calificaciones, problemas con los maestros y el ver la escuela como aburrida o inútil, (5) el sub-empleo. (6) el hogar desintegrado o la falta de hogar, (7) el abuso de parte de compañeros o "amigos", (8) el haber sido víctima de un crimen, (9) las experiencias de discriminación por causas raciales, religiosas u otras.

Un trabajo verdaderamente esclarecedor de la etiología de la conducta antisocial, es el de Patterson (2002). Asume que esta conducta es aprendida por reforzamiento y aclara la naturaleza de los reforzadores, quienes los otorgan y qué determina que se les proporcionen.

En los estudios de campo realizados en guarderías se observó que 80% de los 2,583 eventos agresivos registrados, la agresión era seguida de "llanto de la víctima" o "de que la víctima le da el juguete". Estos son reforzadores positivos para el atacante, aunque a veces interviene el maestro o la víctima no cede. Los actos de estos niños les funcionan bien y cuando hay poco control de parte de los adultos, la víctima es quien proporciona el reforzamiento. Al verse premiado, el atacante lo vuelve a hacer de la misma forma y con la misma víctima. Cuando no obtiene el premio, cambia su forma de atacar o cambia de víctima.

También, en observaciones hechas en los hogares, se ha visto que el niño aprende a utilizar conductas aversivas para terminar conflictos con otros de sus familiares. Las familias problemáticas se involucran en relaciones aversivas una vez cada 16 minutos, siendo entre 10 y 15% de estas de tipo agresivas. Antes de que el niño agreda, generalmente ha sido agredido por otro de sus familiares. Los estudios mediante observación directa muestran que el entrenamiento de los agresores se inicia en la casa, tomando la forma de las relaciones coercitivas.

Otros estudios muestran como resulta el antecedente aversivo el que la mamá no esté disponible y cuando el niño arremete (al hermano, por ejemplo), la disponibilidad de la madre sirve como reforzamiento.

También se ha visto que los niños son reforzados negativamente por los adultos cuando su conducta agresiva hace que las solicitudes de los adultos terminen. Este mecanismo también es útil tanto para fortalecer conductas apropiadas, como otras muchas conductas desviadas.

Los niños antisociales usualmente son detectados en la escuela y son rechazados por el grupo de compañeros normales. Entonces, estos buscan un grupo de amigos que sean igualmente problemáticos o desviados. Este proceso se continúa durante la adolescencia, donde el individuo antisocial cuidadosamente selecciona tanto amigos como pareja romántica, que igualen (y refuercen) su comportamiento desviado. Compañeros desviados modelan y refuerzan formas cubiertas de conducta antisocial (como el uso de sustancias, el robo, hacer trampa o mentir, defraudar y comprometerse en conducta sexual de alto riesgo).

Ribes (1972) lo ha descrito diciendo que hay dos factores que determinan la conducta delictiva : (1) el reforzamiento intermitente que recibe y (2) las consecuencias aversivas demoradas que establece la comunidad. La génesis directa de la conducta delictiva se encuentra, pues, en la incapacidad de la sociedad para procurar contingencias adecuadas que promuevan el desarrollo de repertorios pertinentes en todos los miembros del grupo, que les posibiliten el acceso a fuentes de reforzamiento sancionadas positivamente por dicha sociedad.

LA PREVENCIÓN.

Niños y jóvenes aprenden a ser delincuentes en tres escenarios frecuentes: el hogar, la escuela y el grupo de amigos. Evitar el efecto de los factores causales de este problema en estos ambientes, sin duda es de principal importancia.

Una modalidad de intervención preventiva basada en la familia la encontramos en el programa de "educadores tempranos" o "programa FLEX", en el reporte de August, Realmuto, May y Lee (2003). Típicamente estas intervenciones se enfocan en fortalecer factores protectivos en la población, con objeto de ayudar a jóvenes de bajo riesgo, de influencias desviadas que puedan llevarlos a la conducta antisocial. Como ejemplos de intervenciones diseñadas para alcanzar una prevención universal están los mensajes en los medios sobre salud pública, políticas de disciplina en todas las escuelas, currículo de clases que enseñan solución de conflictos, manejo de la ira, asertividad y habilidades de auto-control.

El programa se basa en la teoría del desarrollo para prevenir la violencia y la conducta antisocial. Se dirige a alumnos de edad escolar elemental, cuyo riesgo está indicado por una constelación de conductas agresivas, opositoras y disruptivas. Tiene dos grupos de afectación, los niños (CORE) y los padres (FLEX). Con los niños se usan procedimientos conductuales para promover competencia en habilidades sociales, logros académicos y auto-control. Incluye: (a) 6 semanas en una escuela de verano, (b) un programa escolar denominado "evalúa y conecta" y (c) un programa familiar con educación para padres. Es particularmente importante en comunidades o áreas empobrecidas, con familias desintegradas y/o vecindarios hostiles. Con los padres, el programa contempla: (a) un ajuste a las necesidades y preferencias de las familias específicas, (b) un enfoque mas hacia fortalecer su cohesión y competencia, que a corregir sus errores, (c) los padres participan para promover su propia salud, (d) se fortalecen los lazos comunitarios y (e) los logros dependen del propio esfuerzo de los participantes.

FLEX funciona mediante visitas domiciliarias y se apoya en contratos negociados, tratando de reducir el estrés crónico que reduce la capacidad de los padres de brindar cariño y apoyo a sus hijos. Tiene 4 etapas: (1) asesoría a sus necesidades, (2) planteamiento de metas y planeación estratégica, (3) intervenciones breves, dotación de recursos y canalización a otros servicios y (4) supervisión del progreso.

En la primera etapa se aplican cuestionarios especiales (tests), dirigidos uno a los niños (CH-ART) y otro a los padres (P-ART), ambos enfocados a tres áreas: necesidades básicas de la vida, salud personal y funcionamiento familiar y calidad en las practicas de crianza.

Los resultados de este programa muestran que los niños mas agresivos tienen reducciones en sus conductas agresivas, impulsivas e hiperactivas. Los padres reportan mejorías en sus practicas disciplinarias y reducciones en el estrés. En diseños de grupos aleatorios, tanto con niños caucásicos, como afro-americanos, se ven mejorías notables, en comparación con los grupos control, tanto en competencia social como en adaptación escolar.

La prevención también debe llevarse a cabo en las escuelas. Los maestros saben que los problemas de conducta pueden impedir el buen funcionamiento de sus alumnos. Diversos casos de estudiantes que no progresan en el salón y se comportan agresivos, violentos o caprichosos por demandarles que hagan su trabajo, ejemplifican esta necesidad. Un programa bien implementado, con este propósito, es el desarrollado por Mary Magee Quinn y colaboradores (1998-2000). Se trata de un sistema de asesoría funcional y desarrollo de planes de intervención conductual, mediante equipos de profesionales que se encargan de desarrollar programas de educación individualizada. Procedimientos reactivos, como expulsar o castigar al alumno, no son de ayuda para resolver estos problemas a fondo. La asesoría conductual funcional busca más allá de la topografía de la conducta y se enfoca en identificar los factores biológicos, sociales, afectivos y ambientales, que inician, mantienen o terminan los comportamientos en cuestión.

La idea general es la de dotar a los alumnos de conductas alternativas que tengan la misma función que sus malos comportamientos, para "conseguir" o "evitar" algo. Son 10 los pasos que conforman el método para realizar asesoría conductual funcional en las escuelas y prevenir la ocurrencia de conducta antisocial en los estudiantes:

Describir y verificar la gravedad del problema.

Refinar la definición del problema conductual.

Recolectar información sobre la posible función de la conducta problema.

Analizar la información, triangulándola o mediante el enfoque de la solución de problemas.

Generar hipótesis respecto a la posible función de la conducta problema.

Comprobar la hipótesis.

Desarrollar e implementar planes de intervención conductual.

Supervisar la implementación del plan.

Evaluar la efectividad del plan.

Si fuera necesario, hacer las modificaciones pertinentes al plan.

Solo recientemente los maestros han empezado a introducir programas diseñados para enseñar a sus estudiantes comportamientos mas aceptables y se ha hecho popular el área de desarrollo de las habilidades sociales.

Por lo que toca a la prevención de la conducta antisocial en el grupo de amigos, uno de los reportes mas interesantes es el de Dishion, McCord y Poulin (1999), que nos advierte que esta estrategia genera resultados negativos (iatrogénicos). En la revisión de la literatura que hacen estos autores, 29% de las intervenciones reportadas muestran efectos negativos. Nos dicen ellos mismos, que se trata de una subestimación ya que usualmente no se publican estudios con efectos negativos. El consejo grupal y la intervención guiada de grupos de muchachos de alto riesgo, producen efectos negativos en la conducta delictiva y antisocial.

Los estudios longitudinales sobre el desarrollo de conducta problema en adolescentes, muestran que tal comportamiento se promueve en el grupo de amigos y con el modelamiento o la asociación con compañeros desviados, aumentan los problemas de conducta. Así lo demuestra el Estudio de Jóvenes de Oregon (OYS) y el Programa de Transición para Adolescentes. Otro estudio similar que mostró resultados negativos fue el del Campamento de Verano de Cambridge. Parece, pues, que el agrupar jóvenes de alto riesgo para intervenir sobre ellos produce un afecto iatrogénico, por lo que, en caso de intervenir sobre grupos de jóvenes, es mejor hacerlo cuando estos grupos son mixtos e incluyen tanto jóvenes agresivos como pro-sociales.

EL TRATAMIENTO INSTITUCIONAL.

En la actualidad, las opciones para corregir la conducta delictiva son: la libertad bajo palabra, la libertad preliberacional, los penales abiertos, el trabajo en las prisiones, el tratamiento dentro de la comunidad y los hogares sustitutos.

Las instituciones creadas por el hombre para corregir a quienes en un momento dado cometen infracciones catalogadas como delitos no han cambiado mucho con el paso del tiempo. Actualmente pocos especialistas afirmarán que las instituciones de custodia estén cumpliendo con las actividades de rehabilitación y corrección que la sociedad les tiene asignadas. El resultado de este tipo de instituciones es un ejército cada vez mayor de personas inconformes y rencorosas (Domínguez, Rueda, Maklouf y Rivera, 1975).

La mayoría de los tratamientos institucionales están basados en un modelo de la conducta desviada como enfermedad mental, de los conceptos de psicopatía y sociopatía desarrollados por los psiquiatras. Por ello, uno de los tratamientos que se ofrecen en instituciones son los relacionados con la psicoterapia. Los desarrollos mas recientes se deben a la aplicación de la psicoterapia de "Desactivación del Modo Emocional" (Apsche, Ward y Evile, 2003). La teoría está basada en el trabajo de Beck (1996) y sugiere que las personas aprenden de sus componentes experenciales inconscientes y de sus componentes cognitivos de procesamiento estructural. Por lo que, para cambiar la conducta de alguien, se requiere reestructurar el componente experencial y reformar el componente estructural cognitivo. Esta terapia se aplica con adolescentes involucrados en comportamientos agresivos, delictivos y ofensas sexuales. Es una metodología que localiza esquemas disfuncionales y los modifica, supervisando y reestructurando los componentes disfuncionales de las creencias de estas personas. Los "modos" ayudan a adaptarse en la solución de sus problemas, como serían las estrategias protectivas y desconfiadas, cuando se ha abusado de alguien. Consisten en "esquemas" (creencias) que se activan por el paradigma miedo-evitación. Un aprendizaje experencial y estructural disfuncional (consciente o inconsciente) produce esquemas disfuncionales que generan niveles altos de ansiedad, miedo y pensamientos irracionales, que a su vez producen conductas aberrantes. Esta terapia incluye el uso de la relajación y la imaginación, para facilitar el pensamiento cognitivo y un entrenamiento balanceado que enseña a equilibrar la percepción y la información. El tratamiento se apoya en un libro de trabajo y cintas de audio, en los que se avanza a su propio paso. Están los contenidos graduados en orden creciente de complejidad. Al principio, cada uno necesita identificar sus verbalizaciones y pensamientos negativos y apuntarlos en su libro. Luego examinan como sus cogniciones afectan sus creencias, sentimientos y conductas. En un estudio evaluativo (Apsche y Ward, 2002), se trabajo con 14 delincuentes entre 12 y 19 años de edad, que no se habían sometido a terapia previamente. Se ocuparon cuatro instrumentos para evaluarlos: Child Behavior Checklist (CBCL), Devereux Scales of Mental Dosorders (DSMD), Juvenile Sex Ofender Adolescent Protocol (J-SOAP) y Fear Assesment. Se utilizó un diseño de 2 grupos, control y experimental. El control recibió terapia usual y el experimental la terapia de desactivación del modo emocional. Los datos demuestran en forma significativa, un mejor resultado del grupo sometido a la desactivación del modo.

También se han ensayado procedimientos basados en el modelamiento (imitación), como es el caso de los estudios piloto efectuados por Irwin G. Sarason (1975) en el centro de Recepción y Dianóstico Juvenil Cascadia de Tacoma, Washington. Ahí a cada niño lo estudia diagnósticamente un equipo de psicólogos, trabajadores sociales, profesores y consejeros. La mayoría participa en programas de terapia de grupo, a los que se agrega la terapia individual aplicada por miembros del personal clínico. Hay también un excelente programa escolar. Los sujetos fueron 192 delincuentes varones. Con ellos se formaron tres grupos: el de modelamiento, el de discusión y el de control. El promedio de edad de los sujetos era de 16 años.

Sarason (1968) ha descrito ya el procedimiento general seguido en las sesiones de modelamiento. A cada sesión asistieron cuatro o cinco muchachos y dos modelos. Cada sesión tuvo un tema específico, como solicitar empleo, la manera de hacer frente a las tentaciones puestas por los compañeros para realizar actos antisociales, la forma de presentar problemas a un profesor o a un consejero y la manera de rechazar la gratificación inmediata y sentar las bases para alcanzar metas futuras mas importantes. Luego que los muchachos recibían breves instrucciones sobre los aspectos específicos del modelamiento a los cuales deberían prestar atención, los modelos representaban la escena del día mientras los muchachos observaban. Luego, se comentaba y analizaba brevemente la escena. En seguida, los demás muchachos representaban las situaciones de modo que todos participaban en la sesión. Cada reunión concluía con los resúmenes y comentarios finales sobre la escena, los aspectos sobresalientes de esta y la posibilidad de generalizarla.

En el grupo de discusión se procedía igual, salvo que se omitió la representación de papeles.

Se hicieron varias mediciones como variables dependientes para comparar a los grupos de tratamiento. Tales mediciones eran informes de sí mismo, evaluaciones de varias dimensiones conductuales hechas por el personal, variables clínicas, entrevistas de seguimiento y reincidencia.

En los resultados no se apreció diferencias significativas en los tres grupos, luego de un análisis de varianza, sin embargo el grupo de modelamiento mostró una reducción de la actividad de ansiedad o emocional. Los grupos de discusión y modelamiento mostraron un cambio significativamente mayor hacia la internalización (como medida de el lugar percibido de control que se ejerce sobre los acontecimientos de la propia vida), que el grupo control. Hubo mas reincidentes en el grupo de control, que en el de modelamiento y en el discusión. Los resultados fueron alentadores.

Al considerar cuál sería la estrategia mas adecuada para afrontar el problema de la conducta delictiva, una opción está en el diseño de ambientes prostéticos. En este caso, se toma a los sujetos que muestran conducta delictiva y se les somete a un reentrenamiento, en condiciones óptimas, en un ambiente planeado ex profeso con este propósito. Este método es aplicable a las instituciones penales, cárceles y reformatorios existentes. El objetivo sería reprogramar su funcionamiento convirtiendo a las instituciones tradicionales, de tipo reclusorio, en centros de rehabilitación conductual cuidadosamente diseñados y con un personal adiestrado en el uso y manejo de contingencias (Ribes,1972).

El trabajo, en México, de Benjamín Domínguez es ejemplificante de esta opción (Domínguez, Rueda, Makhlouf y Rivera, 1975). El programa impuesto en la Cárcel Preventiva de "Villa A. Obregón", dentro de la ciudad de México se basaron en la observación de que las prisiones se crean (como ejemplo de instituciones totales) para la seguridad de los guardias, directores y ciudadanos, pero casi sin considerar la "seguridad" de los internos. Conocidos los efectos indeseables de las instituciones totales, una alternativa sería que estas respondiesen, primeramente, a las necesidades de quienes están bajo su tutela. Estos investigadores plantearon un programa de "Rehabilitación integral" consistente en planear una prisión completamente dedicada al beneficio (social, educativo y laboral) de sus internos. Se reportó el resultado de dos experimentos. En el primer caso, se analizaron las relaciones entre la actividad ocupacional de los internos y los efectos de la introducción de un periodo fijo de descanso a la mitad de la jornada matutina. En el segundo caso, se analizaron también las relaciones entre el trabajo de los internos y un sistema de fichas junto con dos opciones para obtener la "hora del almuerzo". Se utilizaron procedimientos de registro observacional (pla-check) y un diseño experimental de línea base múltiple. Los resultados fueron interpretados como una muestra de que se pueden analizar los efectos que la institución de custodia ejerce sobre los internos. Análisis que debe fundamentarse en la estimación objetiva de variables situacionales (por ejemplo, la planeación de actividades), y luego proseguir con la variación sistemática de éstas, persiguiendo el objetivo de desglosar los aspectos que puedan configurar un "sistema armonioso de vida", meta primordial en el caso de una prisión.

Otro ejemplo importante en esta línea de actividad es el que reporta Webb (2003). Este autor utiliza la aplicación del análisis conductual en una prisión de alta seguridad.

En 1974, B.F. Skinner planteó la posibilidad de construir ambientes adecuados en prisiones en una "carta al editor" del N.Y. Times. Los primeros esfuerzos fueron de John McKee con 16 reclusos. Otro trabajo fue el de Levinson (1968) usando reforzamiento negativo con 15 reclusos bajo terapia de grupo, de la que podían "escapar", portándose bien durante 3 meses.

En el estudio de Webb, al interno se le entrena en habilidades globales, que incluyen: habilidades de comunicación, sociales, académicas y de enfrentamiento y manejo del estrés. A cada uno se le diseña un Plan Básico de Acción, con dos categorías: manejo macro-conductual y manejo micro-conductual.

El manejo macro consiste de varios paquetes "en la celda" y de participaciones en programas grupales. Se trabaja con varias conductas problema, un ejemplo sería el "manejo del coraje", donde aprenden técnicas de relajación, reconocimiento y respuesta adecuada ante estímulos antecedentes. Los paquetes abarcan información sobre: manejo de la ira, administración del tiempo en prisión, lectura y redacción de revistas impresas y tratamiento del alcoholismo y drogadicción. Tienen que aprender un 80% para recibir nuevos paquetes. Si reprueban 2 veces, se les asigna a otros programas de trabajo: mas tiempo en prisión, restricción de privilegios y pertenencias, menos visitas y llamadas telefónicas. Los presos son supervisados individualmente cada semana en el nivel 1 y cada mes en el nivel 2.

El manejo micro, es un plan personalizado para enfrentar ciertas conductas problema como el auto-daño y el asalto. Se analizan las contingencias en busca de los estímulos antecedentes y las consecuencias de la conducta. La conducta se observa y registra por personal entrenado mediante videos. Se usan computadoras con estas bases de datos y se grafican las conductas. Cuando los presos han superado los 4 niveles del programa, se les cambia de un ambiente de máxima seguridad a uno menos restrictivo.

Así, es falso que no se pueda hacer nada con los reos mas peligrosos.

EL TRATAMIENTO COMUNITARIO.

Como consigna el libro de Bandura y Ribes (1975), si las metas de los programas de tratamiento de nuestras instituciones consisten en convertir al niño en un miembro positivamente activo de su comunidad, entonces el programa de tratamiento deberá enseñarle a vivir en un mundo bisexual, a adquirir las habilidades sociales necesarias para las vidas familiar y comunitaria, a cumplir con los requisitos vocacionales y académicos con objeto de obtener y conservar un empleo, a trabajar para ganar dinero y gastarlo o ahorrarlo según sus necesidades; pero casi ninguna de estas destrezas puede ser enseñada en una institución de custodia. Gran parte de estos resultados indeseables pueden atribuirse al hecho de que los programas de tratamiento institucionales están basados, en su mayoría, en el modelo de la conducta desviada como enfermedad mental.

La moderna teoría conductual, por otro lado, sugiere un modelo de conducta desviada como deficiencia conductual, en donde los problemas de comportamiento de los niños se consideran deficiencias de destrezas esenciales. Hay ahora en todo el mundo la tendencia a descartar los programas institucionales porque los tratamientos de la conducta desviada infantil basados en la comunidad, parecen ser más eficaces, menos onerosos y más humanitarios que la reclusión de los niños.

El proyecto Burlington-Hunt (Burchard, Harig, Miller y Amour, 1975) es una muestra de estas nuevas estrategias de intervención basadas en la comunidad. El primer paso en este enfoque consiste en reducir al mínimo el estigma social relacionado con el tratamiento y acrecentar al máximo el efecto del ambiente ordinario del joven sobre el cambio comportamental. Actualmente se practican 3 tipos de investigación conductual ante los problemas que generan los jóvenes agresivos: (1) programas residenciales u hogares grupales en la propia comunidad, (2) contratos conductuales en los que interviene el joven y los miembros importantes de su medio social y (3) programas de entrenamiento para padres, destinados a mejorar las relaciones entre ellos y sus hijos.

Burchard y colaboradores se desempeñaron en un Centro para Adolescentes, sesionando 2 veces a la semana, en la tarde, en un local de la escuela secundaria. El centro creció en torno a una economía de fichas, en donde los puntos se usaron como artículos intercambiables por actividades especiales, premios y refrescos. Es importante destacar que los asistentes lo hacían voluntariamente, es decir, que eran libres de llegar y de irse cuando quisieran. Los objetivos del estudio fueron: promover y mantener la asistencia regular, analizar las características reforzantes naturales e introducir, por medio de un sistema de puntos, un método para incrementar el tiempo pasado por los muchachos en áreas no preferentes. Los participantes tenían problemas de ajuste a la escuela y a la comunidad, tenían bajo promedio o habían tenido contacto con la policía debido a su comportamiento antisocial. El personal eran estudiantes de psicología en un curso de modificación de conducta, con dos "coordinadores de programa". Se trabajaba de 7 a 10 de la noche, los lunes y los miércoles. Había 4 áreas de actividad: el gimnasio, el salón de fumar, el taller de artes y la biblioteca. Los resultados mostraron una asistencia sostenida de jóvenes, que el sistema de puntos funcionaba bien para mantenerlos en áreas no preferentes (como en la biblioteca), aunque el gimnasio fue el área mas popular.

Otro reporte interesante de un sistema de apoyo en la comunidad, es la experiencia de Harold L. Cohen (1975), con el proyecto BPLAY (Behavioral Programs in Learning Activities for Youth). Se trató de un programa de investigación de 3 años, que se propuso manejar las actividades de los adolescentes durante su tiempo libre, a fin de reducir al mínimo las conductas problema. Se proponía establecer programas de prevención de la delincuencia en una comunidad urbana/suburbana, que estaba pasando por un rápido crecimiento de su población. El antecedente de este proyecto lo fue el denominado LEAP (Legal and Educational Alternatives to Punishment in Maintaining Law and Order). Se promovió como un recurso de esparcimiento y no como un programa para delincuentes. Se pretendía dotarlos de repertorios adecuados de técnicas para solucionar problemas, manejo de la frustración y el aburrimiento. El programa ofreció sus servicios a todos los jóvenes, no solo aquellos rebeldes o de bajo rendimiento.

Los objetivos que se plantearon eran: obtener una línea base sobre conductas delictivas, en un área específica, establecer un programa piloto de actividades extra-escolares, organizado por personal de la comunidad entrenado en técnicas conductuales e impartir un curso de leyes. Se abarcó un área donde había 4 preparatorias y 11 secundarias. Se involucró a todos los jóvenes entre 12 y 17 años. Los datos fueron recolectados a partir de un sistema de códigos y se referían a información respecto al estudiante involucrado en cada reporte de conducta problema, la descripción de la conducta inapropiada y datos sobre la persona que hacía el reporte.

El proyecto, en su primera etapa, pudo obtener líneas base con datos sobre el número de incidentes, su distribución, la edad de los infractores de primera vez, la distribución de incidentes por día de la semana, por mes del año, la distribución mensual de dos años de incidentes que implicaban consumo de alcohol u otras drogas.

Es posible que el mejor programa de modificación conductual de estilo familiar (para delincuentes), basado en la comunidad sea el Achievement Place (La Familia Enseñante), desarrollado por Phillips, Wolf, Fixsen y Bailey (1975). Desde el punto de vista físico, el Achievement Place se asemeja a un grupo hogareño típico (familia). Consiste en una casa (de 325 m2 en cada uno de sus dos pisos), con dos adultos y comúnmente siete adolescentes. Los padres en este sistema son padres docentes profesionales (en realidad profesores), cuyo objetivo explícito está en educar a los jóvenes en destrezas sociales, de cuidados personales, académicos y pre-vocacionales.

El modelo está concentrado en 8 áreas:

El programa de tratamiento está controlado por la comunidad mediante una Junta Local de Directores.

El programa está basado en la comunidad. Los problemas de un muchacho se dan en su comunidad y ahí es donde deben ser tratados: en su escuela, en su hogar y entre su grupo de compañeros.

El programa ofrece un tratamiento de estilo familiar (lo que le permite implantarse en comunidades de cualquier tamaño).

El programa está dirigido por una pareja de padres docentes entrenados profesionalmente (con nivel de maestría).

En el modelo se pone de relieve el tratamiento individual.

Se procura un autogobierno supervisado, es decir que se enseña al grupo a tomar decisiones, así como las destrezas necesarias para efectuar gestiones, confrontar avenencias y llevar a cabo discusiones, las cuales pueden ser útiles a los muchachos en otros ambientes familiares y sociales.

Se efectúa la evaluación del progreso individual de los jóvenes mediante un sistema motivacional que proporciona retroalimentación constante, también se evalúa el programa total haciendo seguimiento de los egresados y se valora, finalmente, la eficiencia de procedimientos específicos para modificar conductas concretas en sujetos particulares.

Se trata de un programa práctico que es susceptible de ser aplicado por padres docentes entrenados, que llegan a convertir a sus alumnos en "instructores compañeros" de cada nuevo joven admitido.

 

Con objeto de poder medir las conductas a afectar, éstas fueron definidas objetivamente y su confiabilidad evaluada mediante el acuerdo de dos observadores independientes. Todos los jóvenes que participaron en el proyecto eran definidos como delincuentes por un Tribunal Juvenil, provenían de familias de bajos ingresos, debían tener entre 12 y 16 años de edad, no haber cometido delitos violentos (asesinato, rapto) y no tener impedimentos físicos o mentales graves. La estancia promedio de un muchacho era de 10 meses, con un rango entre 3 y 40 meses.

El programa de educación para padres docentes duró 9 meses, concediendo grado de Maestría en desarrollo Humano, por la Universidad de Kansas.

Los resultados son sumamente alentadores para ampliar y difundir esta estrategia. Finalmente, la prueba crítica de cualquier programa está en la manera como los jóvenes se desempeñen en la escuela, en el trabajo o en la calle.

LA EVALUACION.

Toda intervención requiere de la evaluación de sus efectos. La conducta antisocial es definida en base a diversas dimensiones culturales y jurídicas, por lo que la evaluación de las intervenciones que pretenden reducirla, también se debe dar en mas de una dimensión.

En el nivel mas amplio, es necesario contar con un registro de incidencias de comportamiento delictivo por parte de las agencias gubernamentales y los departamentos de policía. Los datos de esta estadística descriptiva deberían de abarcar los escenarios de la calle, el hogar y la escuela. Además, habría que consignar información acerca del infractor (su ambiente familiar, grado de escolaridad, ficha médica), de su conducta antisocial (descripción de hechos, grado de peligrosidad, tipo de delito) y de la agencia que hace el reporte (marco legal, criterios utilizados, asesorías recibidas).

 

En el nivel del tratamiento que se pudiera imponer a los menores infractores, se requiere una aproximación pre experimental con un diseño pre y post-test, además de el seguimiento de los efectos a mediano y largo plazo de los programas aplicados como tratamiento. Las variables a evaluar pueden depender del enfoque utilizado. Son frecuentes las evaluaciones de diversos rasgos de personalidad mediante pruebas psicométricas, aunque es posible hacer evaluaciones mas finas a través de técnicas de observación directa de la conducta, lo que permite el uso de diseños experimentales que dan a los datos mayor confiabilidad y generalidad, como sería el uso de diseños de línea base múltiple, observando la conducta de un solo sujeto en diversos escenarios o la de varios sujetos en un mismo escenario.

Para conducir estos procedimientos de evaluación es indispensable contar con personal capacitado, así como otros recursos técnicos y materiales. Hoy en día, no es posible enfrentar la problemática de la delincuencia juvenil desde el prejuicio o las buenas intenciones.

CONCLUSION.

Sin la menor duda, la conducta antisocial de los jóvenes representa un problema complejo y un reto para muchos grupos organizados, que luchan por mejorar las condiciones de vida de la población en general y de sus comunidades. No es un problema reciente y por ello, contamos con alguna experiencia sobre la forma en que se ha enfrentado. Lamentablemente, los resultados no han sido lo suficientemente efectivos para darnos por satisfechos. Contamos con poco personal calificado. Seguimos manteniendo instituciones de custodia donde no se proporcionan tratamientos especializados, ni se evalúan sus efectos. Hay muy diversos factores que promueven en los jóvenes la violencia y otras formas de conducta antisocial, en lugar de promover el comportamiento socialmente adecuado. En otras ocasiones, más lamentable aún, los encargados de educar y supervisar a los jóvenes son los directos inductores de su conducta delictiva, como ocurre con algunos padres de familia, educadores y policías. A veces este fenómeno se presenta como un "hecho natural", pero otras veces ocurre como resultado de una llamada "cultura de la corrupción". A pesar de todo, estos son los ángulos de la realidad que debemos transformar y la psicología científica ha demostrado que cuenta con alternativas que nos permiten considerar la posibilidad de enfrentar el problema con éxito. Así que redoblemos el esfuerzo y seamos tenaces en nuestro empeño.

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