SANCIÓN PENA Y CASTIGO

LUIS ALBERTO DISANTO

 

Resumen: Se intentará diferenciar y especificar los conceptos de sanción, pena y castigo como tres operaciones del aparato jurídico, también como tres dimensiones en relación del sujeto con la ley a través de la articulación con los aspectos subjetivos que determinan diferentes posiciones frente a las dimensiones mencionadas. Se establece desde la perspectiva de una lectura psicoanalítica una distinción entre culpabilidad y responsabilidad. Se propone el tratamiento singular del caso a través de la denominada apropiación subjetiva del hecho criminal como acto, para intentar establecer una sanción que no sea castigo.

Hay una perspectiva de la ley desde la especificidad propia del orden jurídico, hay otro punto de vista desde las contingencias de lo social y también la importancia de la incidencia de la ley en el sentido del sujeto del inconsciente, tal cual lo plantea el psicoanálisis. En cada campo se suelen plantear desafíos relativos a las fronteras de la ley cuando se encuentra con el límite de su eficacia, ese desborde convoca a la intersección, siendo lo propio a cada campo disciplinario lo que debe interrogarse y en cuyo nombre la intersección se haga presente.

Toda conceptualización referida a la locura ha sido definida socialmente, toda concepción del delito también. En el origen de la Psiquiatría se verifica la necesidad de precisar, determinar y administrar el lado oscuro del hombre concebido por la Ilustración, intentando controlar al sujeto socialmente peligroso pero sin capacidad de respuesta moral por sus actos.

A partir de la declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, el considerado loco no deberá encerrado sin garantías, debiendo constituirse en un internamiento, en un cuidado pensado para su curación. Así, Pinel inauguraba una práctica y teoría que se proponía desvincular locura de criminalidad, tal distinción fue resultando en la creación de la cárcel y el manicomio.

Desarrollándose así una instancia médica que procuró cubrir o subsanar esa dificultad no prevista por el nuevo orden social, estableciéndose una relación de características complejas y contradictorias, entre el Derecho y la Psiquiatría, uno de cuyos resultados es la Psiquiatría Forense. Siendo que a partir del Estado Moderno, una serie diversa de fenómenos y problemáticas como la infancia, ancianidad, epidemias producidas por enfermedades, problemas relacionados con los disturbios de la salud mental y por supuesto la cuestión criminal, todos ellos son abordados siendo trasladados a instituciones delimitadas por muros y tratados por dos disciplinas que se hacen cargo prácticamente de toda la cuestión: el discurso tradicional de la Medicina y del Derecho.

Precisamente, el nexo que conecta al Derecho Penal y a al Psiquiatría Forense es el par conceptual imputabilidad-inimputabilidad. Con referencia a este vínculo y su origen dice Jacques Lacan (1932) en su tesis doctoral: "...el interés por los enfermos mentales nació históricamente de necesidades de orden jurídico, estas aparecieron en el momento de la instauración formulada a base del derecho, de la concepción filosófica burguesa del hombre como ser dotado de una libertad moral absoluta y de la responsabilidad como atributo propio del individuo (vínculo de los derechos del hombre y de las investigaciones pioneras de Pinel y Esquirol)".

Los aportes del Psicoanálisis permiten situar la existencia humana en la encrucijada de las dimensiones del orden legal por un lado y de lo inconsciente por otro, donde el sujeto que el Psiconálisis considera es aquel que queda forcluido, precluido –términos de origen legal-, tanto para la ciencia médica como para el derecho.

En el discurso jurídico, el Juez debe determinar la infracción a la ley, el ilícito y establecer la pena correspondiente, debiendo evaluar el hecho, la acción y sus consecuencias, excluyendo todo elemento considerado subjetivo. No sólo deberá quedar por fuera la subjetividad del acusado, sino también la del juez. Así, se suele presentar la objetividad de la ley y el legislador, aspecto independiente de la ley en relación a los seres humanos concretos a los que se impone.

Entonces, las "ficciones" se presentan como necesarias para el armado del cuerpo jurídico y para hacerlo verosímil, "fictio figura veritatis": similar a la verdad.

El juez debe sujetarse a la ley del código, a la ley escrita, pero dispone de la interpretación de la misma en la decisión de cada caso. La palabra enunciada debe acompañarse de cierto efecto simbólico que suplirá las insuficiencias de la lógica y del lenguaje, como si fuera verdad; pues todas las imprecisiones del sistema lingüístico se trasladan a lo jurídico. Siendo la interpretación lo que viene a suplir aquello que la ley no contempla, pues no todo está en el enunciado de la ley.

La ley del código es equivalente a la razón, como así también uno de los nombres de la responsabilidad es la razón, la decisión de si esta se extravió parcial ó totalmente, temporaria ó definitivamente, definirá las modalidades del desvanecimiento del sujeto de Derecho. Donde al articular la concepción del libre albedrío con la llamada función sintética de la conciencia, se configura un sujeto dueño de su acto, un sujeto con existencia anterior y contemporánea a ese acto, el sujeto de la conciencia. Sujeto que será responsable, en tanto pueda responder por sus actos, respecto de los cuales es anterior y contemporáneo.

Desde otra perspectiva, para el Psicoanálisis, el sujeto es resultado de su acto, producto de su acto. Se hace necesaria la articulación de su decir con ese acto,

posibilitando en el mejor de los casos, que un acto desprovisto de palabra acerca del mismo, devenga en un discurso. Movimiento propiciatorio para la asunción subjetiva de su responsabilidad y mediante este proceso saber algo de la verdad en juego para sí.

La referencia aquí a la ética del Psicoanálisis nos permite situar al sujeto en términos de sujeto deseante, ética entonces del deseo planteada entre la ética de los bienes y la ética del bien hacer. Y la referencia a lo jurídico en Psicoanálisis, a pensar al sujeto en términos de responsabilidad subjetiva. Responsabilidad y deseo como coordenadas que situen a un sujeto de derecho, responsable de su inconsciente.

Consideremos en este punto, a la ley del código como un aparato jurídico que realiza una triple operatoria:

primera operación de lectura

segunda operación de escritura

tercera operación de ejecución

Ante determinado hecho, la lectura permitirá corroborar si ese hecho desencadena según el código, una pena. Si se trata de una conducta punible. Primera operación, de lectura.

Si de esta surge efectivamente que se trata de un hecho ó conducta punible, se afirmaría el mismo como delictivo, se afirma, se sanciona como delictivo. Sanción que posee la cualidad de ser confirmatoria y en tanto afirmación, del orden de la escritura, de una inscripción sujeta a una ley. Segunda operación, de escritura.

La consecuencia de la misma abrirá la posibilidad del castigo como instancia de orden ejecutorio inherente a la característica del hecho, ejecución de un castigo que no recaerá sobre el hecho sino sobre el autor, será preciso entonces que alguien responda, que de cuenta de lo sucedido y su implicancia en ello.

Siendo en el plano de la responsabilidad, en el nivel en que alguien puede o no responder, donde la cuestión se zanjará. Será imputable o inimputable, si dispone de la habilidad, posibilidad, de responder o no.

La trilogía de la sanción, la pena y el castigo podría funcionar entonces como una bisagra conceptual del campo psi-jurídico, cuya resultante es el concepto de responsabilidad. En el campo jurídico ubicamos el par de la imputabilidad e inimputabilidad; y por otro lado en el campo "psi", la responsabilidad subjetiva.

Articulación posible de ser soportada en el concepto de ética freudiano, que presenta a un sujeto responsable de sus síntomas, del contenido de sus sueños, que reafirma Lacan cuando en "La ciencia y la verdad" enuncia que de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables.

En cuanto a las posibles distinciones entre sanción, pena y castigo; digamos que la sanción es una operación de escritura que predica algo sobre un hecho a partir de un aparato de lectura constituido por códigos y leyes, destacándose el sentido del acto confirmatorio de la sanción, estableciéndose una diferencia con la penalidad, siendo la pena la condición emergente de la sanción.

Hay entonces, un sujeto de la pena que cobra existencia precisamente si desobedece la norma, produciéndose entonces un deslizamiento de la pena hacia el castigo, que suele recaer sobre el cuerpo. La pena es una sanción que frecuentemente se inscribe en el cuerpo, sanción que suele resultar ineficaz dado que no propicia la subjetivización y aliena al propio sujeto a la hora de asumir las consecuencias de su acto, con el correlato de confundir culpa consciente con responsabilidad subjetiva, siendo la asunción consciente de culpa muy próxima a un sistema de corte confesional-punitivo y desresponsabilizante.

Habría que en un proceso de desconstrucción, diferenciar el castigo, la sanción y el cuerpo. En cuanto se pegotea el cuerpo a la sanción, lo simbólico a lo imaginario y a lo real, podemos ir hacia lo peor.

El castigo suele presentarse como un exceso de la pena, que no está escrito en las leyes y normas, con sus manifestaciones frecuentes en el hacinamiento, las violaciones, los castigos corporales. También todo el repertorio del código carcelario, la llamada ley de la cárcel, ecosistema tolerado mientras no rebase los diques institucionales formales.

Dice Vigarello (1999), que la investigación realizada entre 1993 y 1996 por el OIP (Observatorio Internacional de Prisiones) sobre las "Sexualidades y violencias en prisión", ubica a la violencia sexual en una estricta relación de poder. Sistema sutil que alcanza a los que escapan a las normas viriles y homófobas, los débiles, los violadores de niños, de mujeres o de personas de edad, los travestis, los homosexuales; sirve "no solamente para castigar a los individuos "diferentes" sino para proveer de una mano de obra doméstica a los más fuertes, a los caudillos.

También comprender puede ser un castigo, por lo menos en condenar a un sujeto a un sentido que no sea el suyo.

Las sanciones son escrituras, inscripciones con diversas modalidades discursivas.

A veces se piensa que toda modalidad de sanción tiene la forma de la denuncia, de la proclama, solo es una forma, es aquella donde la estructura histérica tiene algo que decir del Amo y su castración. Pero suele suceder que si esa denuncia no se inscribe y se cambia de discurso, solo tiene inscripción en el cuerpo del denunciante a la manera de un síntoma, o sea que se convierte en una sanción que vuelve sobre sí misma.

El discurso universitario sanciona de otra manera, sanciona explicando, siendo la verdadera sanción universitaria aquella que produce alguna diferencia con el discurso anterior.

De cotidiano, el saber que circula en determinada estructura de poder responde a una regulación económica, donde poder y saber se retroalimentan. Por ejemplo, las respuestas de la psicología conductual ofrecen una verdad observable, medible y eficaz, evaluando una acción como conducta sin considerar las nociones de acto y responsabilidad, invirtiendo dicha ecuación en la dupla de la culpa consciente y conducta.

Pero todo dispositivo de tratamiento manicomial ó carcelario se enfrenta con la tensión que va de esta posición a su aplicación en cada caso.

La causalidad para las ciencias positivas se presenta como eficaz, es decir, para una consecuencia existe una causa, uni o pluricausal. Relación de sentido, con dirección determinada y con capacidad de evaluar entre causa y efecto.

Para las ciencias conjeturales la causalidad puede abordarse desde otra perspectiva, Lacan reformula el axioma aristotélico "ablata causa tollitur efectus" (suprimida la causa se levanta el efecto). Antes teníamos la causa y luego el efecto, ahora los efectos no se sostienen más que en ausencia de la causa.

Ahora bien, las operaciones mencionadas de lectura, escritura y ejecución, no nos dicen mucho acerca de la posición de un sujeto en relación a la posibilidad de subjetivar su acto, sea criminal ó no. Es del lado del sujeto del cual surgirán las diferentes respuestas posibles. Los que nos interesa del acto son sus consecuencias como la producción de un sujeto que es actor y resultado del mismo.

Se situará el sujeto cuando pueda responder, se puede afirmar que el sujeto mismo es una respuesta, sujeto de la enunciación que pueda responder por sus enunciados sin confundirse con ellos. Responder de su posición de sujeto más allá de su condena ó absolución.

Entonces del lado de la pena podemos situar la culpabilidad y por el lado de la sanción, la responsabilidad. Sanción en su doble vertiente: como acto de escritura cuando se sanciona una ley, y también como escritura sobre un acto.

Las consecuencias son el peso mayor de la responsabilidad subjetiva y la posibilidad de existencia de sanciones que no impliquen reclusión del cuerpo.

El castigo por su parte puede padecerse como un exceso de la pena, exceso que la pena no puede sancionar, que no está ni en la letra, ni en el espíritu de la letra.

Suele ser la lectura del castigo como la pura expresión de la venganza social, que subyace en el texto del Derecho la que probablemente y en conjunto con las determinaciones históricas y culturales de determinada sociedad, la que hacen al

tropiezo de la reinserción, la rehabilitación de aquel que como se suele decir "ha pagado su deuda con la sociedad".

Por supuesto que no existen garantías respecto del acto, dado que cualquier acto puede ser considerado como una pena, un castigo o una sanción. Es vía la ética, como juicio sobre la propia acción que en cada caso se podrá decidir si se actuó penando, castigando o sancionando. Aquí ya estamos en la dimensión del agente: funcionarios judiciales, personal penitenciario, agentes de sanidad, docentes, sacerdotes, etc.

Concepción que apuesta a que surja un sujeto responsable para que no lo tramite como castigo y si como sanción, dependiendo del discurso que se atraviese para poder situar que modalidad de sanción hay en juego, dado que no es la misma sanción, la que pide un neurótico, un Amo, un analista o la que pide un universitario.

De esta forma, el campo psi-jurídico convoca a aquel que este en posición de lector crítico, sea el oficio o profesión que sostenga a producir una lectura crítica y como consecuencia una escritura de la posición del sujeto frente a cada una de las coordenadas situadas, que denominamos atribución subjetiva o sea, la posición del sujeto frente a determinada ley.

Este texto toma basamento en "Hacia una sanción que no sea castigo" de Luis A. Disanto & Alejandro Conrad, publicado en "Secuestros institucionales y derechos humanos: la cárcel y el manicomio como laberintos de obediencia fingida", Ed. Bosch, Barcelona, l997.

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